Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
Solo quedan estas tres - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Solo quedan estas tres

Электронная книга - «Solo quedan estas tres». Краткое содержание книги:

Uno de los héroes más queridos de la literatura romántica sigue siendo un misterio incluso para los fans más devotos de Jane Austen… hasta ahora. Pamela Aidan nos relata, con magistral pluma, los conocidos acontecimientos de Orgullo y Prejuicio desde el punto de vista de su protagonista, Fitzwilliam Darcy.
En Sólo quedan estas tres, la última entrega de esta trilogía, Darcy continúa con el viaje en el que está intentando conocerse a sí mismo, después de que Elizabeth Bennet rechace su propuesta de matrimonio, y en el que tratará de convertirse en el caballero que desea ser. Afortunadamente, el destino les concederá a ambos una nueva oportunidad cuando se vuelven a encontrar en su finca de Derbyshire. Allí, Darcy intentará convencer de nuevo a su amada… si su antiguo némesis, George Wickham, se lo permite.
1 ... 90 91 92 93 94 95 96 97 98 ... 122
Перейти на страницу:

– ¡Ah, esto será de gran ayuda! -exclamó el gigante, mientras desenvolvía el paquete y acercaba la miniatura a la luz de la vela-. ¿Cómo podré ponerme yo en contacto con usted, señor? Como se imaginará, no debe volver aquí.

Darcy asintió con la cabeza.

– Dele los mensajes a uno de mis cocheros, Harry, en el callejón que conduce a los establos de Erewile House, en Grosvenor Square. Harry no tiene ni idea de este asunto, pero hará llegar oportunamente lo que le entreguen.

– Así lo haré, señor. Haya noticias o no, le mandaré recados por la mañana, por la tarde y por la noche, para informarle de lo que se ha hecho y lo que se ha descubierto.

– ¡Excelente! -Darcy se puso en pie-. ¡No puedo pedir más! -Volvió a mirar a su alrededor, sintiendo una enorme curiosidad por aquel hombre que probablemente sabía más que él sobre el verdadero Dy Brougham. Posó su mirada en el montón de papeles que había sobre la mesa, algo bastante inusual, sin duda-. Ésa es una cantidad considerable de papeles. No tenía ni idea de que un sacristán… -Darcy guardó silencio, dándose cuenta de que su curiosidad había superado toda precaución-. Si eso es realmente lo que usted es.

Tanner sonrió con cautela.

– Ah, yo soy el sacristán, señor, cuando hay tiempo. Pero la gente no molesta al sacristán en un lugar como éste, en especial a uno que habla tan mal.

– ¿Cómo has llegado hasta aquí, Tyke? -Fletcher se reunió con ellos-. Mi padre me escribió cuando te fuiste hace ocho años, y desde entonces no ha tenido noticias tuyas.

Tanner suspiró.

– Lem, fue la peor decisión que he tomado en mi vida y, sin embargo, la mejor, teniendo en cuenta la forma en que terminó. Dejé el grupo de tu padre y seguí a otra compañía hasta aquí, hasta Londres, atraído por las promesas de fama y fortuna del director. Nunca nos presentamos en un teatro respetable y pronto la situación fue tan difícil que había que elegir entre robar o morirse de hambre. Cuando dije que prefería morirme de hambre, me abandonaron. Luego contraje una neumonía. No tenía ningún sitio adonde ir y estaba enfermo como un perro y débil como un gatito. -A Tanner se le nublaron los ojos-. El pastor de esta iglesia me encontró en la calle y me recogió. Me cuidó con sus propias manos y fue recompensado contagiándose él mismo la enfermedad. -Tanner se secó las lágrimas y suspiró-. Perdóneme, señor -le dijo a Darcy-. Peter Annesley… -Al oír ese nombre, Fletcher se sobresaltó, pero enseguida Darcy lo miró y el ayuda de cámara guardó silencio-. Peter Annesley resultó ser la mejor persona del mundo. Él me presentó al señor Dyfed, y entre ambos… Bueno, muchas cosas han cambiado en mi vida. Señor Darcy… -Tanner se dirigió otra vez al caballero-. ¿Se quedará usted aquí mientras le busco un carruaje? Lo más probable es que la calle esté vacía, tan vacía como puede estar una calle en esta parte de Londres; pero ya ha podido comprobar usted la rapidez con la que un hombre de su apariencia puede llamar la atención.

– Le pedí al coche en el que vinimos que volviera a buscarnos. No debe de faltar mucho para que llegue -afirmó Darcy con más convicción de la que tenía.

Tanner lo miró con incredulidad.

– Bueno, puede ser, señor; pero yo prefiero dar una vuelta y asegurarme, antes de que usted se aventure a salir. Si tiene la bondad, señor -añadió, en tono conciliador, a pesar de que los dos sabían que Darcy tenía el privilegio de hacer lo que quisiera.

Darcy asintió.

– Como quiera, pero nosotros lo acompañaremos hasta la puerta. Fletcher -dijo por encima del hombro.

– Aquí estoy, señor. -Fletcher dejó su taza de té enseguida, se alisó las arrugas de la chaqueta y se presentó de inmediato ante su patrón. Tanner retiró la tranca de la pesada puerta y la abrió con un ligero crujido para que pudieran dirigirse a la entrada en silencio.

– Tenga la bondad de esperar aquí un momento, señor. -Las palabras de Tanner resonaron ligeramente autoritarias. Y antes de que Darcy pudiera contestar, ya había salido cerrando la puerta detrás de él. Molesto por el tono del gigante, Darcy se volvió hacia Fletcher, que desvió la mirada tan pronto como sintió encima los ojos de su patrón. Ah, sí… Fletcher. Entusiasmado con ese nuevo misterio, Darcy centró toda su atención en su ayuda de cámara.

– Fletcher, ¿tendrá usted la bondad de explicarme de qué conoce exactamente este hombre? -Darcy cruzó los brazos y retrocedió un paso, con las cejas enarcadas-. Le aseguro que estoy ansioso por oírlo.

– Ah… bueno, señor -comenzó a decir el ayuda de cámara, pero luego se quedó callado-. Ya sabe usted, señor Darcy…

– No, no sé; ésa es la razón por la cual usted me va lo a contar… ¡Quiero la verdad! Según he podido entender, Tanner formaba parte de una compañía de actores antes y después de haber dejado a su familia. -Darcy miró a su ayuda de cámara con ojos inquisitivos.

Después de soltar un pesado suspiro, Fletcher asintió con la cabeza, encogiéndose de hombros.

– Sí, señor. Ésa es la verdad, señor. Mis padres son, o mejor, eran… actores.

– Supongo que actores shakespearianos. -Darcy esperó la confirmación que ya conocía de antemano. ¡Aquello explicaba muchas cosas! Con razón Fletcher citaba a Shakespeare como si fuera su hijo: ¡había sido criado con sus obras!

– Sí, señor Darcy, aunque nunca fueron lo que uno podría decir «famosos». El grupo sólo se presentaba en pueblos pequeños o medianos, nunca en Londres y ni siquiera en York o Birmingham. Pero conocían a Shakespeare, señor, todas las comedias y algunas otras obras. Ahora están retirados. -Fletcher enfatizó la palabra «ahora»-. Eran respetables a su manera, señor. Nunca engañaron a un cliente ni robaron. -Se puso dolorosamente rígido-. Pero comprenderé perfectamente que usted decida prescindir de mis servicios.

– No diga tonterías, Fletcher -protestó Darcy, resoplando-. Estoy seguro de que su origen no tiene ninguna influencia sobre su posición actual. Eso podrá explicar su extravagante actitud con respecto a las corbatas y su capacidad para citar a Shakespeare con increíble facilidad, pero no hay ninguna razón para que lo despida. Y -concluyó- no tengo duda de que sus padres son personas excepcionales.

– Gracias, señor Darcy. -Fletcher relajó los hombros.

El pomo de la puerta giró y Tanner deslizó su impresionante cuerpo a través del umbral.

– El coche está esperando, señor. Debe usted irse enseguida, antes de que llame la atención.

– Gracias, Tanner. -Darcy le tendió la mano al sorprendido gigante, que la tomó con aire asombrado-. Confío en usted. Todos los gastos en los que incurra serán cubiertos, desde luego; así que no tema gastar lo que sea necesario para conseguir lo que quiero.

– Sí, señor, no se preocupe. Ahora, ¡debe irse! Pronto tendrá noticias mías. -Tanner abrió la puerta y los acompañó hasta el coche-. Grosvenor Square y ¡mucho cuidado, Jory! -le rugió al cochero-. Es amigo del señor Dyfed. ¡Nada de trucos!

El lunes por la mañana, Darcy se encontraba en el estudio de lord***, exponiéndole el caso de Lydia Bennet, en calidad de presidente de la Sociedad para devolver a las jovencitas del campo a sus familias. Su señoría escuchó con atención y tomó notas, mientras Darcy le explicaba todos los detalles que podía, sin poner en peligro la identidad de la hermana de Elizabeth.

– Un caso difícil, en verdad -dijo su señoría con un suspiro, dejando a un lado la pluma-. Desgraciadamente, no es el único. Al contrario, es bastante frecuente. Una muchacha se encuentra con un deslumbrante oficial mundano y rebosante de excitantes promesas, y no hay manera de evitar el desastre que se produce. Usted se da cuenta -miró a Darcy con seriedad- de que es probable que ella no desee dejar al oficial todavía. Dependiendo de lo directo que sea él, puede pasar algún tiempo antes de que se produzca la desilusión o hasta que él se canse de ella.

1 ... 90 91 92 93 94 95 96 97 98 ... 122
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)