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Solo quedan estas tres

Электронная книга - «Solo quedan estas tres». Краткое содержание книги:

Uno de los héroes más queridos de la literatura romántica sigue siendo un misterio incluso para los fans más devotos de Jane Austen… hasta ahora. Pamela Aidan nos relata, con magistral pluma, los conocidos acontecimientos de Orgullo y Prejuicio desde el punto de vista de su protagonista, Fitzwilliam Darcy.
En Sólo quedan estas tres, la última entrega de esta trilogía, Darcy continúa con el viaje en el que está intentando conocerse a sí mismo, después de que Elizabeth Bennet rechace su propuesta de matrimonio, y en el que tratará de convertirse en el caballero que desea ser. Afortunadamente, el destino les concederá a ambos una nueva oportunidad cuando se vuelven a encontrar en su finca de Derbyshire. Allí, Darcy intentará convencer de nuevo a su amada… si su antiguo némesis, George Wickham, se lo permite.
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– George -le dijo Darcy, dirigiéndose a él por el nombre de pila, como solía hablarle en la infancia.

Wickham levantó la vista al oírlo. Luego se limpió la boca y se recostó contra el respaldo.

– Darcy -respondió, con la voz un poco tensa-, tal vez ahora tengas la bondad de decirme por qué estás aquí. Debe de haberte costado trabajo encontrarme. ¿Vienes en nombre del coronel Forster? Yo pensé que él estaría contento de deshacerse de un oficial tan mediocre como yo.

– ¿En serio no puedes adivinar la razón por la que he venido? -Darcy miró a Wickham con una mezcla de asombro y disgusto que tuvo que ocultar-. ¡La razón es, desde luego, la jovencita que está arriba! ¿En qué demonios estabas pensando para jugar con tanta despreocupación con una muchacha tan joven y de buena familia?

– ¡Yo no tengo la culpa! -protestó Wickham indignado-. O al menos, no toda. ¡Ella quiso venir conmigo! ¡Chiquilla estúpida!

– ¿Por qué dejaste el regimiento, entonces, si no fue para aprovecharte de ella?

– ¡Tú sabes muy bien por qué! -Wickham hizo una mueca de rabia-. Resulta que estoy horriblemente endeudado. Mi honor fue puesto en duda por ciertos mocosos malcriados, cuya renta trimestral me daría para vivir un año entero. Poco después exigieron el cumplimiento inmediato de mis obligaciones. Naturalmente, ¡tuve que huir!

Darcy apretó los labios para contener un profundo suspiro. Siempre sucedía lo mismo con George Wickham.

– ¿Y ahora qué, George? ¿Cuáles son tus planes?

– ¡Todavía no tengo la menor idea! -Wickham hizo una pausa para beberse el resto del contenido de su vaso y luego golpeó la mesa con la palma de la mano, para llamar la atención de la desaliñada mujer que estaba tras la barra-. Otra ronda, por favor. -Pero en lugar de la mujer, un chiquillo flacucho salió con una jarra de la espumosa bebida desde atrás del mostrador oscurecido por el humo y llenó con cuidado los vasos.

– ¿Todo bien, patrón? -preguntó lentamente e hizo un guiño que sólo Darcy pudo ver.

– Sí, así está bien. -Darcy reconoció al pilluelo que Tyke Tanner había mandado seguirlo. Bien, pensó, así Wickham no podrá desaparecer. El chico hizo una inclinación y se retiró al otro extremo de la taberna.

– Voy a renunciar, claro, pero todavía no sé adónde voy a ir o de qué voy a vivir. -Wickham puso cara de preocupación y le dio un sorbo a la espuma que amenazaba con desbordar el vaso.

– ¿Y la joven que está arriba? -insistió Darcy-. ¿Por qué no te has casado con ella todavía? ¡Aunque no se puede decir que su padre sea rico, podría hacer algo por ti!

– ¿Casarme con Lydia? ¡Por Dios! -Wickham miró a Darcy con fingido horror.

– Debes de sentir algo por ella, para haber conquistado su afecto hasta ahora y haberla convencido de que huyera contigo.

– Te aseguro que no fue necesario persuadirla de nada. -Le dio un sorbo a la cerveza-. Estaba muy entusiasmada con la idea de tener una aventura.

– ¡Aventura! ¡Wickham, ella es una muchacha de buena familia! Después de esto, no podrá volver a su vida de antes sin casarse.

– Yo no le prometí más que un poco de diversión y la oportunidad de molestar a aquellos que no apreciaban la vivacidad de su carácter. -Wickham se inclinó sobre la mesa, agarrando con fuerza su cerveza-. Su alocado comportamiento es el único responsable de las consecuencias. -Al ver que Darcy guardaba silencio, se recostó contra el respaldo y dio otro sorbo-. ¡Nunca pensé en casarme con esa chiquilla! -gruñó-. Su familia apenas tiene dinero para satisfacer mis exigencias. Créeme, Darcy. -Levantó el vaso como si fuera a brindar-. Finalmente, he comprendido mis limitaciones. Mi única salida es casarme bien, muy bien, y no es probable que eso ocurra en esta parte del país, con mis deudas ensombreciendo el camino. No, tendré que ir a algún otro lado. Escocia, tal vez, o tengo entendido que hay americanos extremadamente ricos que piensan que un yerno inglés es lo que necesitan para garantizar la respetabilidad de su apellido.

– Sabes que estamos en guerra con ellos.

Wickham se encogió de hombros.

– Entonces Sudamérica, o la hija de un rico hacendado de la India. Me da igual.

– Ya veo. -Darcy lo miró fijamente y se preparó para lanzar el anzuelo-. ¿Qué pasaría si hubiese una manera más inmediata de solucionar tu situación actual? No tan magnífica como la heredera de una plantación, claro, pero una solución cómoda.

La chispa de la codicia brilló en los ojos de Wickham, tal como Darcy esperaba.

– Podría dejarme persuadir, si la solución es adecuadamente «cómoda», como dices. -Hizo una pausa, miró a Darcy con astucia y luego preguntó-: Pero, vamos, Darcy, ¿cuál es tu interés en esto? ¿Por qué estás involucrado?

Allí estaba la pregunta que estaba esperando. Se inclinó lentamente sobre la mesa, siempre con los ojos fijos en los de Wickham.

– ¿Interés? Mi interés es sencillamente éste: que dejes de ser una amenaza para las jovencitas inocentes. Guardé silencio con respecto a la forma en que sedujiste a Georgiana y, al hacerlo, permití que te aprovecharas de otras jóvenes. Si yo hubiese hablado, la muchacha que está arriba, y posiblemente también otras, habrían estado a salvo de tu desconsiderado comportamiento. Pero no dije nada y tu indiferencia ante las consecuencias de tus apetitos ha echado por tierra la respetabilidad de una familia que conozco. Haré todo lo que esté en mi mano para corregir lo que mi silencio ha ocasionado.

– ¿Qué propones? -Wickham no se había sentido intimidado ni lo más mínimo ante aquel discurso, pero se inclinó hacia delante movido por la expectativa que anunciaban aquellas palabras. Darcy se recostó y esperó un momento, dejando que aquel canalla cargara con el peso de comenzar la negociación-. Supongo que se espera que haya una boda -dijo Wickham con cautela.

Darcy se levantó. Tenía la atención de Wickham y eso era todo lo que quería garantizar por el momento. Dejaría que se desesperara un poco, en medio de la incertidumbre.

– Ahora quisiera hablar con la señorita Lydia, si tienes la bondad.

– ¿Puedo entrar? -preguntó Darcy con voz suave, mientras Lydia Bennet dejaba de mirar a Wickham, que se marchaba, y dirigía hacia él la mirada con expresión confusa. Era tan joven… ¿Cómo habían permitido que esto pasara? Negligencia, respondió su conciencia, una negligencia no muy distinta a la tuya-. Le aseguro de la manera más solemne -siguió diciendo- que no tengo intención de hacerle daño, pero no quisiera que sus vecinos escucharan nuestra conversación.

– Si es necesario… -contestó ella y se apartó para que Darcy pudiera entrar en la estrecha habitación. En el interior sólo había una cama diminuta, una mesa y una lámpara, bastante deterioradas, y una silla inestable. El lugar estaba lleno de ropa, botellas y platos desperdigados por todos lados, en un desorden total. Cuando se volvió a mirar a la muchacha, parecía tan tensa que Darcy recordó la afirmación de Georgiana de que su presencia era intimidante incluso para aquellos que lo amaban. En un lugar tan estrecho, su estatura no podía más que resultar amenazante para una jovencita en esas circunstancias. Se sentó con cuidado en la silla, trató de poner una expresión afable y estudió a su protegida.

Era bastante obvio que Wickham no se había esforzado mucho en ofrecerle comodidades. El vestido que llevaba estaba arrugado y manchado y tenía el pelo enredado. Parecía como si hubiese huido con lo puesto. Se podría decir que parecían un par de indigentes. Darcy se sintió más esperanzado acerca del resultado de su entrevista.

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