La torre de la golondrina
- Автор: Сапковский Анджей
- Язык: испанский
- Жанр: Фэнтези
Электронная книга - «La torre de la golondrina». Краткое содержание книги:
La acción comienza con Ciri llegando a una cabaña de un ermitaño al que va contando su historia, y así en un enorme flashback nos pone al día de sus andanzas. A lo largo de los recuerdos de Ciri tendremos momentos llenos de acción, de crueldad, Ciri lo pasa mal, muy mal, de ternura, de humor. Todo esto esta narrado, no solo por Ciri, sino por los numerosos personajes que van apareciendo en sus andanzas, conformando un complejo puzle, que a veces es difícil de seguir, pero que consigue recrear un fresco de las aventuras de la joven en el que una vez que todo encaja asistimos a un final tan climático y abierto que nos dejará ansiosos por comenzar a leer La dama del lago, última entrega de la serie, donde suponemos que asistiremos a un final a la altura de las novelas, en realidad una sola, que conforman la serie.
Como en todas las entregas anteriores destaca la habilidad de Sapkowski para dotar de voces personales a todos y cada uno de los personajes que aparecen, tanto a los viejos amigos como a los nuevos que se incorporan en esta entrega, como el ermitaño o algunos de los bandidos,merito compartido con la excelente traducción, entrelazar una estructura narrativa alambicada en la que las distintas lineas de acción van concordando con la precisión de un reloj, aunque en esta ocasión flojean un tanto las historias de Geralt y Yennefer, mas que nada por lo poco que aportan al destino final de la serie, en comparación con la importancia del personaje de Ciri, lo que lastra el resultado final de esta entrega, que aun así es sin duda uno de los títulos imprescindibles de la fantasía.
– Sabes, Ciri, hay una cosa que no me deja dormir todo el tiempo. No he olvidado cómo después de que sanaras no pudimos ponernos de acuerdo en la fecha, y tu herida en la mejilla era el más perfecto calendario. La herida no podía tener más de diez horas, mientras que tú te empeñabas en que te habían herido cuatro días antes. Aunque estaba convencido de que se trataba de un simple error, no pude dejar de pensar en ello, y me hacía todo el tiempo la pregunta de dónde podían haberse metido los cuatro días perdidos.
– ¿Y qué? ¿Dónde se metieron, según tu opinión?
– No lo sé.
– Estupendo.
El gato dio un largo salto, el ratón clavado a sus uñas gimió bajito. El gato le mordió el cuello sin apresuramiento, le sacó las tripas y comenzó a comerlas con ganas. Ciri le miraba indiferente.
– El telepuerto de la Torre de la Gaviota -comenzó otra vez Vysogota- conduce a la Torre de la Golondrina. Y la Torre de la Golondrina…
El gato devoró todo el ratón, dejando el rabo para postre.
– El telepuerto de Tor Lara -dijo Ciri, dando un gran bostezo- está roto y conduce al desierto. Te lo he dicho cien veces.
– No se trata de eso, sino de otra cosa. De que hay una conexión entre ambos telepuertos. El portal de Tor Lara estaba roto, cierto. Pero todavía está el telepuerto de Tor Zireael. Si consiguieras llegar a la Torre de la Golondrina, podrías teleportarte de vuelta a la isla de Thanedd. Te encontrarías lejos del peligro que te acecha, lejos del alcance de tus enemigos.
– ¡Eh! Eso me vendría bien. Hay sin embargo un pequeño escollo. No tengo ni idea de dónde está la Torre de la Golondrina.
– Pues para eso puede que encuentre un remedio. ¿Sabes, Ciri, lo que le dan al ser humano los estudios universitarios?
– No. ¿Qué?
– La capacidad de utilizar las fuentes.
– Sabía que lo iba a encontrar -dijo Vysogota con orgullo-. Buscaba, buscaba y… Su puta madre…
Brazados de pesados libros se le cayeron de los dedos, incunables se estrellaron contra el suelo de tierra, hojas se escaparon de encuadernaciones enmohecidas y se repartieron en desorden.
– ¿Qué es lo que has encontrado? -Ciri se arrodilló a su lado, le ayudó a recoger las páginas caídas.
– ¡La Torre de la Golondrina! -El ermitaño espantó al gato, que se había aposentado descaradamente sobre una de las hojas-. Tor Zireael. Ayúdame.
– ¡Pero cuidado que está todo polvoriento! ¡Hasta se pega! ¿Vysogota? ¿Qué es esto? ¿Aquí, en este dibujo? ¿Este hombre colgando de un árbol?
– ¿Esto? -Vysogota miró la página suelta-. Una escena con la leyenda de Hemdall. El héroe Hemdall estuvo colgado durante nueve días y nueve noches en el Fresno de los Mundos para, a través del sacrificio y el dolor, poseer sabiduría y fuerza.
– He soñado varias veces con algo así. -Ciri se limpió la frente con la mano-. Una persona colgada de un árbol…
– El grabado ha caído, eh, de ese libro. Si quieres puedes leerlo luego. Ahora, sin embargo, es más importante que… Oh, por fin, lo tengo. Peregrinaciones por sendas y lugares mágicos de Buyvid Backhuysen, un libro considerado por algunos como un apócrifo…
– O sea, un timo.
– Más o menos. Pero también ha habido quienes han apreciado este libro… Escucha… Joder, qué oscuridad hay aquí…
– Hay luz de sobra, tú que estás cegato de viejo que eres -dijo Ciri con la verdadera crueldad que da la juventud-. Dame, yo misma lo leeré. ¿Desde dónde?
– Aquí -señaló con un dedo huesudo-. Lee en voz alta.
– Vaya una lengua rara con la que escribía este Buyvid. Assengard era un castillo, si no me equivoco. Pero, ¿cuál es ese país, Cien Lagos? Nunca he oído hablar de él. ¿Y qué es un trifolium?
– Un trébol. Y cuando termines de leer te contaré también acerca de Assengard y Cien Lagos.
– Y, oh pechada, apenas hubiera finiquitado el elfo Avallac´h de platicar, cuando de las aguas lacustres acudieran los tales pájaros, chicos y prietos, los cuales en el fondo de las honduras todo el invierno habíanse guardado del frío. Puesto que la golondrina, como es cosa sabida por la gente de ciencia, a la contra que otras aves no vuela hacia el mediodía y torna a la primavera, sino que, aferrándose de las patas, en grande grupo caen a lo profundo de las aguas, transcurren allá toda la estación de las nieves y a lo pronto en la primavera de bajo las aguas de profundis salen. Es por tanto esta ave no sólo símbolo de primavera y esperanza, mas y modelo de la limpieza no tocada, puesto que nunca pósase en la tierra y con la suciedad y el asco terrenales no ha contacto alguno.
«Tornemos pues al nuestro lago. Diríase que las tales aves con sus alas la niebla toda aventaron, puesto que tándem sin haberlo esperado elevárase de la bruma una portentosa torre, necromántica, y nuestros pechos hubieron de lanzar un suspiro de asombramiento puesto que la tal torre era como si hubiérase arrancado del rocío, habiendo la niebla como fundamentum y a lo más alto brillaban luceros, una necromántica aurora borealis. Ciertamente, poderoso artefacto mágico había de ser aquella torre, fuera de la razón humana.
«Contemplara el elfo Avallac'h nuestra admiración y dijo: «He aquí Tor Zireael, la Torre de la Golondrina. He aquí la Puerta de los Mundos y el Portón del Tiempo. Alégrate, humano, que los tus ojos esto vean, puesto que no a todos ni en todo tiempo les es dado verlo».
«Preguntado pues por nosotros si acaso pudiérase acercar a la tal torre, y de cerca verla y acaso tocarla propria manu, sonriérase el elfo Avallac'h y dijera: «Tor Zireael es un sueño, no se toca un sueño. Y bien está», añadiera, «puesto que la Torre a los Sabedores sirve y aun a unos pocos Elegidos para los que el Portón del Tiempo son portones de esperanza y resurrección. Mas para los profanos son puertas a la pesadilla».
«Apenas dijera estas palabras cayeron las nieblas nuevamente y la vista de aquel prodigio fue vedada a nuestros ojos…
– El país de Cien Lagos -aclaró Vysogota- se llama hoy Mil Trachta. Es una región lacustre en la parte norte de Metinna, cerca de la frontera con Nazair y Mag Turga. Buyvid Backhuysen escribe que salieron hacia el lago desde el norte, desde Assengard… Hoy no existe Assengard, sólo han quedado ruinas, la ciudad más cercana es Neunreuth. Buyvid contó seiscientas leguas desde Assengard. Se han venido usando distintos tipos de leguas, pero podemos tomar la más popular según la cual seiscientas leguas son, redondeando, cincuenta millas. Al sur de Assengard, que de aquí, de Pereplut, está alejado como unas trescientas cincuenta millas. Por decirlo de otro modo, de la Torre de la Golondrina te separan más o menos trescientas millas, Ciri. En tu Kelpa, como dos semanas de camino. Por supuesto en primavera. No ahora, cuando en uno o dos días vendrán los hielos.
– De Assengard, por lo que he leído -murmuró Ciri, frunciendo la nariz pensativa-, no han quedado de aquellos tiempos más que ruinas. Y yo he visto con mis propios ojos la ciudad élfica de Shaerrawedd en Kaedwen, estuve allí. Los humanos habían robado y saqueado todo, no habían dejado más que piedras desnudas. Apuesto a que de tu Torre de la Golondrina tampoco han quedado más que piedras, y sólo las grandes, por que las pequeñas seguro que las robaron. Y si para colmo allí había un portal…
– Tor Zireael era mágica. No era visible para todos. Y los telepuertos no son nunca visibles.
– Cierto -reconoció y se sumió en sus pensamientos-. El de Thanedd no lo era. Apareció de pronto en la pared desnuda… Y además justo a tiempo, porque aquel hechicero que me perseguía ya estaba cerca… Ya lo oía venir… Y entonces, como respondiendo a una llamada, apareció un portal.
– Estoy seguro -dijo Vysogota en voz baja- de que si consiguieras llegar a Tor Zireael, también se te aparecería aquel telepuerto. Aunque fuera en las ruinas, entre las piedras desnudas. Estoy seguro de que conseguirías encontrarlo y activarlo. Y él, estoy seguro, obedecería tus órdenes. Porque yo pienso, Ciri, que tú eres una elegida.