A barlovento [Look to Windward - es]
- Автор: Бэнкс Иэн М.
- Год: 2008
- Язык: испанский
- Год: La Factor
- ISBN: 978-84-9800-339-0
- Переводчик: Paula Gamissans Serna
- Жанр: Космическая фантастика
Электронная книга - «A barlovento [Look to Windward - es]». Краткое содержание книги:
Provocó la destrucción de dos soles y de los miles de millones de vidas que sustentaban.
Ahora, ochocientos años después, la luz del primero de estos antiguos errores ha llegado al orbital de la Cultura Masaq. La luz del segundo podría no llegar a hacerlo.
Un Vehículo General de Sistemas armado era una máquina de luchar poderosísima que podía sobrepasar en potencia de fuego a cualquier unidad del lado idirano sin dificultades, pero no era solo inherentemente menos flexible como instrumento de guerra, comparada con una flota de naves más pequeñas, también era única en la naturaleza binaria de su capacidad de supervivencia. Si una flota se encontraba con problemas serios, por lo general algunas de sus naves podían huir para seguir luchando otro día, pero un VGS acosado de forma similar o bien triunfaba o sufría una destrucción total, a petición propia si no era a causa de las acciones del enemigo.
Ya solo la contemplación de una pérdida de semejante magnitud era suficiente para provocarles a las Mentes de planificación estratégica del mando de guerra de la Cultura el equivalente a úlceras, noches sin dormir y rabietas varias.
Durante uno de los enfrentamientos más desesperados, para ganar tiempo mientras un grupo de orbitales culturales se preparaba para escapar e iban adquiriendo poco a poco la velocidad suficiente para garantizar la huida de los mundos del volumen de espacio amenazado, la nave Daño permanente se había metido en un entorno especialmente salvaje y peligroso de las profundidades de la naciente esfera de hegemonía idirana.
Antes de partir para lo que la mayor parte de los interesados, incluida la propia nave, pensaba que sería su última misión, transmitió automáticamente su estado mental (de hecho, su alma) a otro VGS que después envió la grabación a otra Mente de la Cultura, al otro lado de la galaxia, donde podría quedar guardada, inactiva y a salvo. Después, junto con unas cuantas unidades auxiliares (unidades que apenas merecían el nombre de naves de guerra, más bien cápsulas de armas con motor a medio desarrollar), emprendió la incursión, subió y se alzó sobre la lente de la galaxia dibujando un rumbo alto y corvo, aferrándose a la curva de las estrellas como una garra.
La nave Daño permanente se arrojó sobre la telaraña de los suministros idiranos, sobre su apoyo logístico y sus rutas de refuerzos como un ave raptora desquiciada que cayera sobre un nido de garitos en plena hibernación, devastando y trastocando todo lo que pudo encontrar en una serie errática de ataques asesinos a toda velocidad que lo pulverizaban todo y que se extendieron por siglos enteros de espacio que los idiranos ya hacía mucho tiempo que pensaban que estaba libre de naves de la Cultura.
Se había acordado que no habría ninguna comunicación por parte del VGS a menos que por algún milagro consiguiera volver a la cada vez más retraída esfera de influencia cultural; la única señal que les llegó a sus compañeras de que había evitado una detección inmediata y su consiguiente destrucción fue que la presión sobre las unidades que se habían quedado atrás para contener el empuje directo de las flotas de batalla idiranas que se redujo de forma apreciable a medida que los navíos enemigos o bien eran interceptados antes de llegar al frente, o desviados de este para enfrentarse a la amenaza que acababa de surgir.
Entonces empezaron a oírse rumores entre algunas de las naves refugiadas neutrales que huían de las hostilidades, hablaban de un grupo de flotas idiranas que se habían arremolinado alrededor de un volumen de espacio cerca de la ubicación de una incursión reciente en las mismísimas afueras de la galaxia, seguido por una batalla feroz que había culminado con una explosión aniquiladora gigantesca cuya signatura, cuando al fin se había recogido y analizado, era exactamente igual a la que producía un VGS militar asediado de la Cultura cuando había tenido tiempo de orquestar una secuencia de destrucción ajena máxima.
La noticia de la batalla, del éxito marcial del VGS y de su sacrificio final ocupó todos los titulares y fue el objetivo principal de todos los menús durante menos de un día. La guerra, como las flotas de batalla idiranas, continuó adelante, y florecieron las distracciones y las tretas, los incidentes y los estragos, el horror y el espectáculo.
Poco a poco, la Cultura implementó el cambio a una producción de guerra a gran escala; los idiranos (ya ralentizados por los compromisos que habían tenido que adquirir para controlar el colosal volumen de territorios recién conquistados) vieron cómo el ritmo de su avance titubeaba en algunos sitios, en un principio debido a su propia incapacidad para emplear los equipos de combate requeridos, pero cada vez más por la creciente capacidad de la Cultura para hacerlos retroceder; las fábricas de los orbitales de la Cultura, lejos de la guerra, habían comenzado a producir y enviar flotas enteras de naves de guerra nuevas.
Nuevas pruebas de la destrucción del VGS Daño permanente (y de los navíos de guerra idiranos que se había llevado con él) llegaron con una nave neutral de otra especie Implicada que había pasado cerca del lugar de la batalla. La personalidad almacenada de Daño permanente se resucitó como estaba previsto en la Mente en la que se había almacenado y se colocó en otra nave de la misma clase. Se unió (de nuevo) a la lucha que todo lo cercaba, se lanzó a batalla tras batalla, sin saber cuál podría ser la última para ella y conteniendo en su interior todos los recuerdos de su anterior encarnación intactos, hasta el instante en que se había deshecho de sus campos y había puesto rumbo con una trayectoria circular hacia el espacio idirano, todo un año antes.
Solo hubo una pequeña complicación.
La Daño permanente, la Mente de la nave original, no había quedado destruida. Como VGS había luchado hasta el final y había peleado hasta el último momento, con lealtad y determinación, y sin pensar en su propia seguridad, pero al final, como Mente individual, había escapado en una de sus cápsulas armamentísticas esclavas.
Tras haber sufrido su parte de las profundamente centradas atenciones no de una, sino de varias flotas de guerra idiranas, a aquellas alturas, la nave de guerra que no lo era del todo era poco más que un desecho, una nave de guerra que no lo era del todo…
Arrojada por el estallido de energía de la autodestrucción del VGS, expulsada del cuerpo principal de la galaxia con energía apenas suficiente para mantener su estructura, la nave se alejó volando por encima del plano de la galaxia, más parecida a un trozo gigante de metralla que a una nave, desarmada en su mayor parte, casi ciega y totalmente muda, sin atreverse a utilizar los motores, demasiado toscos y apenas listos para funcionar, por miedo a que la detectasen hasta que, al final, no le quedó más remedio. Incluso entonces conectó los motores solo durante el periodo de tiempo mínimo requerido para evitar chocar con la rejilla de energía que había entre los universos.
Si los idiranos hubieran tenido más tiempo, habrían buscado cualquier fragmento superviviente del VGS y es muy probable que hubieran encontrado a la náufraga. Pero el caso era que había habido asuntos más urgentes que atender. Para cuando a alguien se le ocurrió que había que comprobar otra vez que la destrucción del VGS había sido tan completa como había parecido en un principio, el navío medio destrozado, a un milenio de distancia ya del límite superior del gran disco de estrellas que era la galaxia, estaba lo bastante lejos como para evitar que lo detectaran.
Comenzó a repararse a sí misma poco a poco. Pasaron cientos de días. Con el tiempo, se arriesgó a utilizar sus muy trabajados motores para que la arrastraran hacia las regiones del espacio donde esperaba que la Cultura siguiera dominando. Sin saber muy bien quién estaba dónde, se abstuvo de enviar señales hasta que, al final, regresó a la galaxia en sí, en una región que estaba razonablemente segura de que todavía debía permanecer fuera del control idirano.