A barlovento [Look to Windward - es]
- Автор: Бэнкс Иэн М.
- Год: 2008
- Язык: испанский
- Год: La Factor
- ISBN: 978-84-9800-339-0
- Переводчик: Paula Gamissans Serna
- Жанр: Космическая фантастика
Электронная книга - «A barlovento [Look to Windward - es]». Краткое содержание книги:
Provocó la destrucción de dos soles y de los miles de millones de vidas que sustentaban.
Ahora, ochocientos años después, la luz del primero de estos antiguos errores ha llegado al orbital de la Cultura Masaq. La luz del segundo podría no llegar a hacerlo.
La señal que anunciaba su llegada causó alguna confusión al principio pero un VGS fue a su encuentro y la acogió a bordo. Le informaron que tenía una hermana gemela.
Fue la primera, pero no la última vez que iba a ocurrir algo parecido durante la guerra, a pesar del cuidado que tuvo la Cultura a la hora de confirmar las muertes de sus Mentes. La Mente original se volvió a colocar en otro VGS recién construido que tomó el nombre de Daño permanente I. La nave sucesora se puso un nuevo nombre, Daño permanente II.
Se convirtieron en parte de la misma flota de batalla tras una solicitud conjunta y lucharon juntas durante otras cuatro décadas de guerra. Hacia el final, las dos estaban presentes cuando tuvo lugar la batalla de las Dos Novas, en la región del espacio conocida como Arma Uno-Seis.
Una sobrevivió, la otra pereció.
Habían intercambiado sus estados mentales antes de que comenzara la batalla. La superviviente incorporó el alma de la nave destruida a su propia personalidad, como habían acordado. Esta también estuvo a punto de ser aniquilada en la lucha y una vez más tuvo que coger una nave más pequeña para salvarse tanto ella como el alma rescatada de su gemela.
—¿Cuál murió? —preguntó Ziller—. ¿La I ó la II?
El avatar esbozó una sonrisa cohibida.
—Estábamos muy cerca en el momento en que ocurrió y fue todo muy confuso. Pude ocultar quién murió y quién sobrevivió durante muchos años, hasta que alguien hizo el trabajo policial relevante. Fue la II la que murió, la I la que vivió. —La criatura se encogió de hombros—. No importaba. Fue solo la estructura de la nave que albergaba el sustrato lo que quedó destruido, y el cuerpo de la nave superviviente sufrió el mismo destino. El resultado fue el mismo que si hubiera sido al revés. Ambas Mentes se convirtieron en una sola Mente, yo. —El avatar pareció dudar, después hizo una reverencia exquisita.
Ziller observó el orbital, que pasaba a toda velocidad sobre sus cabezas. Las hileras de vagones pasaban disparadas, casi demasiado rápido para poder seguirlas. Solo se veían las impresiones más vagas de los vagones, incluso en los trenes largos, a menos que se movieran en la misma dirección que parecía moverse el módulo. Luego parecían moverse más despacio durante un rato, antes de apartarse, adelantarse, quedarse atrás o dibujar una curva hacia alguno de los dos lados.
—Me imagino que la situación debía de ser muy confusa si pudiste ocultar quién había muerto —dijo Ziller.
—Era bastante mala —asintió el avatar con ligereza. Estaba observando la superficie inferior del orbital, que pasaba zumbando, con una sonrisa vaga en la cara—. Como suele ocurrir en la guerra.
—¿Qué hizo que quisieras convertirte en la Mente de un Centro?
—¿Quiere decir aparte de la necesidad de asentarme y hacer algo constructivo después de todas las décadas que me había pasado cruzando como un rayo la galaxia para destruir cosas?
—Sí.
El avatar se giró para mirarlo.
—He de suponer que ha hecho sus deberes, compositor Ziller.
—Sé algo de lo que ocurrió. Pero piensa en mí como alguien lo bastante anticuado, o lo bastante primitivo, como para querer oír las cosas directamente de la persona que estaba allí.
—Tuve que destruir un orbital, Ziller. De hecho, tuve que bombardear tres en un solo día.
—Bueno, la guerra es un infierno.
El avatar lo miró como si quisiera averiguar si el chelgriano se estaba esforzando demasiado para quitarle importancia a la situación.
—Como ya he dicho, los acontecimientos se encuentran todos en los archivos públicos.
—¿He de entender que no había alternativa?
—Así es. Ese fue el criterio con el que tuve que actuar.
—¿El tuyo?
—En parte. Formé parte del proceso de toma de decisiones, aunque si no hubiera estado de acuerdo, quizá hubiera actuado de todos modos como lo hice. Para eso está la planificación estratégica.
—Debe de ser una carga, no poder decir siquiera que solo estabas obedeciendo órdenes.
—Bueno, eso siempre es mentira, o señal de que se está luchando por una causa indigna, o que todavía le falta mucho para desarrollarse de una forma civilizada.
—Un desperdicio terrible, tres orbitales. Una responsabilidad.
El avatar se encogió de hombros.
—Un orbital no es más que materia inconsciente, aunque represente un gran esfuerzo y un gran empleo de energía. Sus Mentes ya estaban a salvo, hacía tiempo que se habían ido. Fueron las muertes humanas lo que me afectó.
—¿Murió mucha gente?
—Tres mil cuatrocientas noventa y dos.
—¿De cuántas?
—Trescientos diez millones.
—Una proporción pequeña.
—Siempre es el cien por cien para los individuos en cuestión.
—Con todo.
—No, no hay ningún «con todo» —dijo el avatar sacudiendo la cabeza. La luz se deslizó por su piel plateada.
—¿Cómo sobrevivieron esos cientos de millones?
—Los sacaron de allí, en su mayoría. Alrededor de un veinte por ciento fue evacuado en vagones de metro, funcionan como botes salvavidas. Hay muchas formas de sobrevivir, se pueden trasladar orbitales enteros si tienes tiempo, o puedes sacar a la gente, o (a corto plazo) utilizar vagones de metro u otros sistemas de transporte, o simples trajes. En unas cuantas ocasiones se evacuaron orbitales enteros por medio de la transmisión/almacenamiento; los cuerpos humanos quedaron inertes después de que se transmitieran sus estados mentales. Aunque eso no siempre te salva, si el sustrato de almacenamiento también se ha convertido en escoria antes de poder transmitir la información.
—¿Y los que no escaparon?
—Todos sabían lo que estaban eligiendo. Algunos habían perdido seres queridos, algunos estaban, supongo, locos, pero nadie estaba lo bastante seguro como para negarles la posibilidad; otros eran viejos o estaban cansados de la vida, y algunos esperaron demasiado para escapar, ya fuera de forma corpórea o enviando la información después de ver el espectáculo, o tuvieron algún problema con su transporte o con el archivo o la transmisión de su estado mental. Algunos tenían creencias que les hicieron quedarse. —El avatar clavó los ojos en los de Ziller.
»Salvo por los que experimentaron fallos en el equipo, grabé todas y cada una de esas muertes, Ziller. No quería que fueran seres anónimos, no quería ser capaz de olvidar.
—Un poco morboso, ¿no?
—Llámelo como quiera. Fue algo que sentí que tenía que hacer. La guerra puede alterar tu percepción, cambiar tus valores. Yo no quería sentir que lo que estaba haciendo era cualquier otra cosa que no fuera trascendental y horrendo, incluso, en cierto sentido primario, una barbarie. Envié drones, micromisiles, plataformas con cámaras y micrófonos ocultos a esos tres orbitales. Vi morir a cada una de esas personas. Algunas desaparecieron en menos de un abrir y cerrar de ojos, destruidas por mis propias armas de energía o aniquiladas por las cabezas nucleares que había desplazado. Algunas tardaron solo un poco más, incineradas por la radiación o destrozadas por los estallidos. Algunas murieron muy despacio, cayendo al espacio para toser sangre, que se convertía en hielo rosa delante de sus ojos congelados, o se encontraron de repente ingrávidas cuando el suelo desapareció bajo sus pies y la atmósfera que las rodeaba se alzó en el vacío como una tienda atrapada en una galerna, de modo que ellos se encontraron buscando aire hasta que murieron.