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READ-E-BOOK » Космическая фантастика » A barlovento [Look to Windward - es]
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A barlovento [Look to Windward - es]

Электронная книга - «A barlovento [Look to Windward - es]». Краткое содержание книги:

Fue uno de los incidentes menos gloriosos de una antigua guerra.
Provocó la destrucción de dos soles y de los miles de millones de vidas que sustentaban.
Ahora, ochocientos años después, la luz del primero de estos antiguos errores ha llegado al orbital de la Cultura Masaq. La luz del segundo podría no llegar a hacerlo.
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»A la mayoría los podría haber rescatado, los mismos desplazados que estaba usando para bombardear el sitio podrían haberlos absorbido y como último recurso mis efectores podrían haberles extraído los estados mentales de la cabeza al tiempo que los cuerpos se congelaban o ardían a su alrededor. Hubo tiempo de sobra.

Pero las dejaste allí.

Sí.

Y las observaste.

Sí.

Con todo, la decisión de quedarse fue suya.

Así es.

¿Y les pediste permiso para grabar su agonía?

No. Ya que me daban la responsabilidad de matarlos, al menos podían complacerme en eso. Sí que les dije antes a todos los interesados lo que iba a hacer. Esa información salvó a unos cuantos. Aunque atrajo bastantes críticas. Algunas personas pensaban que era un acto de insensibilidad.

¿Y tú cómo te sentiste?

Espeluznado. Compadecido. Desesperado. Distanciado. Eufórico. Endiosado. Culpable. Horrorizado. Miserable. Contento. Poderoso. Responsable. Manchado. Apenado.

¿Eufórico? ¿Contento?

Esas son las palabras que más se acercan. Hay una euforia innegable cuando se provoca el caos, cuando se produce una destrucción tan masiva. En cuanto a lo de sentirme contento, me satisfizo que algunos de los que murieron lo hicieran porque fueron lo bastante estúpidos como para creer en dioses o en un más allá que no existe, aunque sentí una pena terrible por ellos cuando murieron en la ignorancia y por culpa de sus disparates. Me sentí contento porque mis sistemas armamentísticos y sensoriales estaban funcionando como se suponía que debían funcionar. Me sentí contento porque, a pesar de mis recelos, fui capaz de cumplir con mi obligación y actuar como había determinado que debía hacerlo un agente moralmente responsable, dadas las circunstancias.

¿Y eso te convierte en el ser más adecuado para regir un mundo de cincuenta mil millones de almas?

Desde luego dijo el avatar sin inmutarse. He saboreado la muerte, Ziller. Cuando mi gemela y yo nos fusionamos, estábamos lo bastante cerca como para que la nave que estaba siendo destruida mantuviese un enlace en tiempo real con el substrato de la Mente de su interior al tiempo que la destrozaban las fuerzas mareomotrices producidas por un arma de línea. Todo terminó en un microsegundo, pero la sentimos morir poco a poco, zona por zona distorsionada, recuerdo por recuerdo desaparecido, todos continuaron adelante hasta el final amargo y absoluto gracias al ingenio del diseño de la Mente, todos retrocedieron, se replegaron, se cerraron, retiraron, reagruparon, comprimieron, abandonaron, abstrajeron y se hicieron valer de artificios, intentando siempre y por cualquier medio posible, mantener la personalidad de la nave, su alma intacta, hasta que ya no quedaba nada más que sacrificar, ningún otro sitio al que ir y ya no quedaban estrategias de supervivencia que aplicar.

»Al final fue desapareciendo en la nada, fue haciéndose añicos hasta que se disolvió convertida en una bruma de partículas subatómicas y la energía del caos. Las últimas dos cosas coherentes a las que se aferró fueron su nombre y la necesidad de mantener el enlace que comunicaba todo lo que le estaba pasando y nos lo enviaba. Experimentamos todo lo que experimentó esa nave, todo su desconcierto y terror, cada pizca de cólera y orgullo, hasta el último matiz de dolor y angustia. Morimos con ella, nosotras éramos ella y ella era nosotras.

»Así que ya ve que ya he muerto y puedo recordar y revivir la experiencia con todo detalle cada vez que lo desee. El avatar esbozó una sonrisa sedosa al inclinarse sobre el compositor, como si quisiera hacerle una confidencia. No olvide jamás que no soy este cuerpo plateado, mahrai. No soy un cerebro animal, ni siquiera soy un intento de producir una IA a través de un programa que se ejecuta en un ordenador. Soy una Mente de la Cultura. Somos casi dioses, y estamos muy por encima.

»Somos más rápidos, vivimos más deprisa y de una forma más completa que vosotros, con muchos más sentidos, una reserva mucho mayor de recuerdos y con un nivel mucho más refinado de detalles. Morimos con más lentitud y también de una forma mucho más completa. No se olvide que he tenido la oportunidad de comparar y contrastar las formas de morir.

Miró hacia otro lado durante un momento. El orbital corría sobre sus cabezas. Nada permanecía ante ellos más de lo que duraba un parpadeo. Los raíles del metro eran contornos borrosos. La impresión de velocidad era colosal. Ziller bajó la cabeza. Las estrellas parecían inmóviles.

Había echado cuentas mentalmente antes de entrar en el módulo. La velocidad que llevaban en relación con el orbital era de unos ciento diez kilómetros por segundo. Los trenes expresos de largo recorrido todavía serían capaces de adelantarlos, al módulo le llevaría un día entero rodear el mundo que se cernía allí, mientras que la garantía de tiempo de viaje que daba el Centro era solo de dos horas de un puerto de tren expreso a otro, y un viaje de tres horas desde cualquier punto de acceso de una plataforma dada a otro.

He visto morir a las personas con todo detalle, exhaustivo y penetrante continuó el avatar. Lo he sentido con ellos. ¿Sabía usted que el verdadero tiempo subjetivo se mide en la duración mínima de pensamientos independientes demostrados? Por segundo, un humano (o un chelgriano) quizá tenga veinte o treinta, incluso en el estado enaltecido de angustia extrema que se asocia con el proceso de morir de forma dolorosa. Los ojos del avatar parecían brillar. Se adelantó, quedó separado de la cara del compositor solo por la anchura de una mano.

»Mientras que yo susurró, tengo billones. Sonrió y hubo algo en su expresión que hizo que Ziller apretara los dientes. Vi morir a esos pobres desgraciados a cámara muy, muy lenta y sabía, incluso mientras miraba, que era yo el que los había matado, el que estaba en esos momentos ocupado en el proceso de matarlos. Es muy, muy fácil que algo como yo pueda matar algo como ellos, o como usted; y, como descubrí, algo absolutamente repugnante. Igual que no me hace falta preguntarme qué se siente al morir, tampoco me hace falta preguntarme qué se siente al matar, Ziller, porque lo he hecho y es un desperdicio, un acto torpe, indigno y odioso.

»Y como quizá se imagine, considero que tengo una obligación que cumplir. Tengo intención de pasar el resto de mi existencia aquí, siendo el Centro de Masaq durante el tiempo que me necesiten o hasta que ya no me quieran, oteando para siempre a barlovento por si se acercan tormentas y protegiendo, en general, este pintoresco y pequeño círculo de cuerpecitos frágiles, y los vulnerables cerebritos que albergan, para evitarles cualquier daño que un gran universo mecánico y tonto, o cualquier fuerza consciente malévola, les pueda o desee infringir, sobre todo porque sé lo espeluznantemente fácil que es destruirlos. Daré mi vida para salvar la suya, si en algún momento se llega a eso. Y además la daré encantado, con alegría, sabiendo que el intercambio puede saldar la deuda que adquirí hace ochocientos años, allá en Arma Uno-Seis.

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Сюжет
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Главный герой
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