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Электронная книга - «Carolina se enamora». Краткое содержание книги:

Regresa el fenómeno, regresa Moccia. La esperada nueva novela del best-seller italiano, Carolina se enamora, desembarca en nuestro país con un sólo objetivo: volver a arrasar. Con A tres metros sobre el cielo, Tengo ganas de ti, Perdona si te llamo amor y Perdona pero quiero casarme contigo, Moccia ha superado ya la cifra de 1.000.000 ejemplares vendidos en nuestro país, seduciendo tanto a jóvenes como a no tan jóvenes con sus relatos de amor adolescente.
Carolina no sólo tendrá que lidiar con este primer desengaño, que la alejará poco a poco de su infancia, sino que deberá enfrentarse a las difíciles relaciones familiares en la novela más intergeneracional de Moccia. La adolescente, como muchas otras de su generación, aprenderá a comprender las preocupaciones de su madre o a entender a su violento, aunque en el fondo adorable, hermano. Gracias a su admirada abuela, Carolina paso a paso irá averiguando qué significa crecer, hacerse adulto.
Como sus obras anteriores, Carolina se enamora, narrada en primera persona, conecta con los adolescentes, enganchados al iPod y a sus móviles. Aunque también deviene un libro imprescindible para los padres que quieran conocer qué hacen y sienten sus hijos cuando salen por la puerta de casa. Sin duda, los libros de Moccia radiografían con humor, ritmo y cascadas de emociones la juventud mediterránea de principios del siglo XXI. Los adultos del mañana.
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Soy la abuela de Carolina. Me llamo Lucilla, aunque ella me ha puesto el apodo de «abuela Lucí». Amo mi terraza, las flores que me saludan por la mañana en cuanto subo las persianas, y mi taza de té, que, en esta ocasión, es de flores silvestres. Me encanta estar aquí, sobre todo a última hora de la tarde, cuando el cielo se tiñe de naranja y se levanta esa brisa… La casa, las habitaciones, la cocina donde me gusta estar preparando algo apetitoso. Los cuadros en las paredes, las fotografías de Tom y mías, mi Tom. En fin, mis costumbres, mis puntos de referencia, cuando uno se convierte en anciano, en una persona madura o de la tercera edad, como prefieren decir hoy en día, que, a fin de cuentas, la sustancia no cambia. Es bonito mirar alrededor y sentirnos a gusto en medio de lo que conocemos tan bien. Así resulta más agradable recordar la vida y todas las cosas que ésta nos ha regalado. En particular, el amor; me refiero al verdadero. Y yo me siento afortunada porque lo encontré. Ahora me divierto mucho con mi nieta favorita, Carolina, que me hace recordar mi juventud, si bien no viene a verme muy a menudo. Me gustaría que siempre estuviese aquí. Pero la entiendo: es joven, tiene la edad de las novedades, de los descubrimientos en los que el tiempo y el espacio nunca son suficientes. Es divertida, simpática y realmente inteligente. Además, me escucha con curiosidad, y eso es muy importante cuando uno tiene el pelo cano, es agradable. Si bien a veces tengo la impresión de que la aburro; entonces, le digo: «Vete, sal con tus amigas, te divertirás mucho más que escuchando todas estas viejas historias.» Pero ella hace caso omiso, se queda, como mínimo hasta que llega la hora de volver a su casa para evitar el sermón de su padre. Lamento que él tenga un carácter tan brusco y desconfiado, creo que Carolina sufre un poco por ese hecho, al igual que Giovanni, o Rusty James, como lo llama ella. Los dos son muy sensibles y noto que necesitan hablar, contar sus cosas simplemente, como cuando uno se siente verdaderamente relajado y no tiene la impresión de estar diciendo tonterías. No obstante, a veces, cuando el padre es un poco expeditivo, uno se avergüenza y tiende a decir tan sólo lo que él quiere oír. Mi hija es diferente, sé que ella, Carolina y Giovanni siempre han hablado un poco más entre sí, pese a que no han logrado tener la misma confianza que tienen con nosotros, sus abuelos. Por eso me alegro de verlos. De alguna manera, me siento como una segunda madre. En particular me gusta cuando Carolina y yo podemos cocinar juntas. Sin ir más lejos,focacce. A ella le encantan. Cocinar juntas es un momento mágico porque mientras preparamos los ingredientes, los cocinamos y, a continuación, esperamos el resultado, nos sentimos en sintonía. Creamos algo que luego comeremos juntos. Es precioso. Trescientos gramos de harina, un sobrecito de levadura, una pizca de romero y aceite. Carolina empieza echando la harina formando un hueco en el centro de la artesa, yo añado la levadura que previamente he disuelto en agua tibia, un pellizco de sal y después ella lo mezcla todo bien. Cuando llega el momento de dividir la masa en cuatro partes y estirarla, Carolina me pasa el testigo alegando que ella no lo hace bien. Entonces yo unto la masa con un poco de aceite y echo por encima el romero y la sal. Luego viene la cocción. Están ricas así, sin más. Sin rellenos u otros condimentos. En parte como el amor, crudo y desnudo. Sí, quizá sea una abuela muy sincera y quizá ése sea el motivo de que me lleve tan bien con mi nieta. Cuando salen las focacce, nos las comemos todos juntos, tal vez incluso con Giovanni, porque Carolina le manda siempre un sms para avisarlo y él, si puede, pasa por casa y está un rato con nosotros. Giovanni y su sueño de escribir. Cómo me gustaría que se realizase y que fuese feliz. A veces me deja leer algo, es realmente bueno, intenso y capaz. Pero su padre no lo entiende, quiere para él un futuro más cierto, más seguro. Que sea médico. Y él no, ha decidido que no quiere seguir ocultando su verdadera pasión y se ha marchado de casa. Qué valor. Lo admiro, aunque al mismo tiempo temo por él. Lamentaría que sufriese. Espero que pueda transformar su sueño en un auténtico trabajo, se lo merece de verdad. Mi nieta Alessandra, sin embargo, es el verdadero misterio de esa casa. No acabo de entenderla. Aun así, la quiero mucho. Como siempre digo, cada uno de nosotros se comporta como sabe, de nada sirve enojarse demasiado. Cada uno sigue su camino y su manera de vivir y, si bien a veces no nos sentimos en sintonía con alguien, no debemos juzgarlo. ¿Cómo podemos saber a ciencia cierta lo que piensan los demás? Así pues, confío en que también Alessandra encuentre su camino, el que más le guste. Tom y yo hemos coincidido siempre en esta manera de ver las cosas. Mi Tom. El amor de mi vida. La persona con la que lo he compartido todo, que me comprende, y me hace reír y soñar. Vivir con él, levantarse todas las mañanas mirándolo a los ojos, compartir alegrías y penas, dificultades y sorpresas, además del deseo de seguir así un año tras otro, siempre juntos. Soy una mujer afortunada. Amo y me aman. Y la cotidianidad no ha menoscabado nuestra relación, no le ha restado magia. Nuestro amor ha ido evolucionando con el tiempo, ha sabido crecer gracias a nuestra voluntad. Porque las historias sólo funcionan con el esfuerzo, el sentimiento y la colaboración. No bastan las mariposas en el estómago, como dice a veces Carolina. Ése es el punto de partida. Luego es necesario el deseo de construir un proyecto. Nosotros lo hemos logrado. Y espero que mis nietos puedan vivir tanta belleza y felicidad.

Ahora hay un problema en el que prefiero no pensar. Tengo confianza. Quiero tenerla, entre otras cosas porque no me queda otro remedio.

Febrero

Si fueses una cantante, ¿cómo te llamarías? Caro X.

¿Cómo te llama tu madre? Pequeña.

¿Qué edad te gustaría tener? Dieciocho años.

¿Qué serás «de mayor»? Espero que yo misma.

¿Haces realmente lo que te gusta? Casi nunca.

¿Tienes algún «sueño en el cajón»? Ser fotógrafa.

¿Intentarás abrirlo alguna vez? Si encuentro la llave…

¿Tienes novio? No.

¿Estás enamorada? Eso creo.

¿Cuál es tu canción preferida este mes? Goodbye Philadelphia, de Peter Cincotti.

¿Cómo es él? ¿Rubio, moreno…? ¡Moreno y guapo!

¿Tienes éxito con los chicos? Cuando no me interesan, sí.

¿Qué es la última cosa que has comprado? Un cinturón plateado de esos blandos.

¿Un adjetivo para describirte? Nice.

¿Tienes animales en casa? Sí, mi hermana.

Dentro de un mes será primavera. Cuánto me gusta esta época del año… ¡Los primeros colores, la idea de que el verano ya no queda tan lejos! ¡Todo resulta cada vez más ligero! Los domingos hacemos las primeras excursiones a las afueras de Roma con los coches de Alis y Clod, pero, sobre todo, con la moto de mi hermano, ¡A veces me parece increíble que él, precisamente él, me dedique un domingo! Sí, en ocasiones sucede que, después de comer, y a menos que yo no haya quedado con Alis y Clod y él no tenga a alguna tipa rondándole, me pregunta si me apetece salir un rato a probar la moto. ¡Qué guay! Lo abrazo con todas mis fuerzas y me siento segura. Vamos por esa carretera que lleva al campo que se encuentra en los alrededores de Bracciano, circulando a toda velocidad mientras contemplo el paisaje que desfila por mi lado. Cuando acelera, agacho la cabeza porque tengo la impresión de que el casco va a salir volando y me acurruco contra su cuerpo mientras todo va quedando rápidamente a nuestras espaldas. Será que hoy es un bonito día soleado, el primero de este mes. Cudini nos ha hecho reír como locos. Faltaba en clase Triello, el famoso empollón, peor aún que Raffaelli. ¡Si no ha venido es que debe de estar verdaderamente enfermo! En fin, que llega el profe Pozzi, que enseña arte, con un programa muy preciso, muy bien estudiado, supermetódico. ¿Recordáis ese juego de hundir barcos? Pues aún peor. Todos los pupitres están numerados: 1A. 1B, 2A. 2B, etcétera, por nombres y apellidos, y también en función de los exámenes que hemos hecho o de los que nos faltan.

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