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Электронная книга - «Carolina se enamora». Краткое содержание книги:

Regresa el fenómeno, regresa Moccia. La esperada nueva novela del best-seller italiano, Carolina se enamora, desembarca en nuestro país con un sólo objetivo: volver a arrasar. Con A tres metros sobre el cielo, Tengo ganas de ti, Perdona si te llamo amor y Perdona pero quiero casarme contigo, Moccia ha superado ya la cifra de 1.000.000 ejemplares vendidos en nuestro país, seduciendo tanto a jóvenes como a no tan jóvenes con sus relatos de amor adolescente.
Carolina no sólo tendrá que lidiar con este primer desengaño, que la alejará poco a poco de su infancia, sino que deberá enfrentarse a las difíciles relaciones familiares en la novela más intergeneracional de Moccia. La adolescente, como muchas otras de su generación, aprenderá a comprender las preocupaciones de su madre o a entender a su violento, aunque en el fondo adorable, hermano. Gracias a su admirada abuela, Carolina paso a paso irá averiguando qué significa crecer, hacerse adulto.
Como sus obras anteriores, Carolina se enamora, narrada en primera persona, conecta con los adolescentes, enganchados al iPod y a sus móviles. Aunque también deviene un libro imprescindible para los padres que quieran conocer qué hacen y sienten sus hijos cuando salen por la puerta de casa. Sin duda, los libros de Moccia radiografían con humor, ritmo y cascadas de emociones la juventud mediterránea de principios del siglo XXI. Los adultos del mañana.
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– ¡Papá ha dicho que puedes ir!

Mi madre es genial. La abrazo aún más fuerte.

– Eh…, quieta, quieta, ¡que me voy a caer! ¿A qué viene tanta euforia? ¿Acaso debo preocuparme?

Vaya, es cierto. Me he comportado como una estúpida. Me controlo.

– No, es que me alegro de que entiendas hasta qué punto es importante para mí la amistad de… Alis y Clod…

Mi madre me mira.

– Cuando yo tenía tu edad tenía una amiga, Simona. Un día, de repente, no quiso volver a verme.

– Quizá le parecías demasiado guapa.

Sonríe y ladea la cabeza.

– No bromeo. El caso es que la busqué para pedirle una explicación. Le pregunté si había hecho algo malo, pero ella se limitó a decirme: «No, no. en absoluto. Supongo que he estado muy ocupada.» No obstante, a partir de ese día nunca volvió a llamarme.

La miro perpleja.

– ¿Qué quieres decir, mamá?

– Que yo consideraba a Simona mi mejor amiga. Para ella, en cambio, yo no significaba nada, sólo que yo no lo había entendido.

– Sí, mamá, pero Alis, Clod y yo nos lo contamos todo, estamos verdaderamente unidas, es un caso distinto… El problema es que no estás con nosotras… Tú no puedes entenderlo.

– Ah, claro, yo nunca comprendo nada. ¿Sabes lo que solía decirme mi madre? «A veces hace falta golpearse contra un cristal para saber que está ahí.»

– Eso es porque la abuela no veía nada… Yo veo de maravilla.

Me escabullo.

– Llámame cuando llegues.

– Sí, mamá. Bajo la escalera como un rayo y, tal y como hemos acordado, veo que Clod me está esperando fuera.

– ¡¡¡¡Holaaaa!!!!

Subo al coche, pero antes saludo a mi madre, que, como no podía ser de otro modo, se ha asomado a la ventana.

– Vamos. ¡Venga, Clod, vamos!

Arranca a toda velocidad.

– ¡No tan de prisa, que mi madre está asomada!

– Pues sí que… Primero de prisa…, luego no. ¡No hay quien te entienda!

– ¿Qué te pasa? ¿Estás enfadada?

– ¿Yo?

– ¿Quien, si no?

– No me pasa nada.

– ¡No es cierto!

– Está bien… Lo que pasa es que podría haber ido con Aldo a la fiesta. Hemos hablado y ¡lo han invitado!

– ¿En serio? ¿Y cómo es que la conoce?

– Por lo visto es amiga de un amigo suyo. Esta noche habrá un montón de gente allí…

– Bueno, mejor así. Ya lo verás en la fiesta.

– Eso…, por una vez que podemos quedar fuera del gimnasio… ¡tengo que verlo allí! ¿Y si luego no lo encuentro?

– Mira que eres pesada… Mejor. ¡Así te deseará más!

– Pero ¿y si no me desea?

– Si empiezas así, estás perdida… No funcionará de ninguna manera.

Clod se encoge de hombros.

– Si tú lo dices…

– ¡Confía en mí!

La miro, parece un poco desconsolada. Intento cambiar de tema.

– Eh, ¿has traído la bolsa? -Dicho así, esto parece una película de esas en las que todos disparan, corren, huyen, tienen unos cuerpos que quitan el hipo, son negros y hay de por medio un lío de drogas.

– Sí, sí, está aquí detrás…

Me vuelvo. ¡Dentro de las bolsas de Catenella están nuestros supervestidos! Los tops de lentejuelas, las minifaldas y las botas con el calcetín incorporado.

– ¡Caray! Será una noche fantástica.

Clod me mira y al cabo de un instante recupera la sonrisa.

– ¡Si, será genial!

Pasados unos minutos llegamos a casa de Alis. Nos abre la puerta y se abalanza sobre nosotras gritando.

– ¡Yujuuu! ¡Qué bien que ya estéis aquí! ¡Vayamos a vestirnos, vamos!

Nos arrastra dentro. Su madre aparece en el pasillo.

– ¡No corras de ese modo, Alis, vas a romper algo!

– Mira que eres plasta, mamá, dijiste que nos dejarías solas.

Alis acompaña a su madre hasta la puerta del salón, donde la espera una amiga. Casi la saca a empellones desu casa.

– Sí, sí, ya me voy… Con tal de que no destroces las cosas de casa…

– ¡Qué más te da! Pues compramos otras. ¡Tú tráeme una bonita sorpresa, que todavía no hemos hecho las paces!

Y tras decir esto las echa de casa y cierra la puerta. La amiga de su madre sacude la cabeza.

– ¿Tu hija se comporta siempre así?

– ¡Huy, esto no es nada! ¡Últimamente ha mejorado mucho!

Segundos después, Alis entra a toda prisa en el salón y pone Tokio Hotel.

– ¡Vamos! -Empieza a bailar como una loca, saltando sobre los sofás, pasando por delante de nosotras, mareándonos tanto a Clod como a mí-. ¡Esta noche va a ser alucinante! Venid, vamos.

Entramos en una habitación enorme en la que hay una gran cantidad de espejos. Nos probamos los vestidos, uno, dos, a continuación otros, todos diferentes.

– ¡Verás cómo éste te sienta de maravilla!

Alis tiene muchos más, y ha cogido sin decimos nada otras prendas para nosotras. Al final, organizamos mucho más que un destile. Un mayordomo impecable se acerca de puntillas.

– Señorita, le he preparado té verde, tisanas y chocolate.

– Déjalos ahí y esfúmate. – Alis ve que la miro con aire de reprobación. Entonces corrige la frase-: Por favor.

Y probamos también a maquillarnos poniéndonos un sinfín de coloretes y sombras de ojos.

– Éste… Éste más oscuro. Prueba este lápiz azul.

– Éste plateado me queda fenomenal.

Alis se aproxima.

– Es cierto… Rebájalo aquí arriba. Un poco más…

Acto seguido, me miro al espejo.

– Yo me pondría el celeste, luego el azul claro y a continuación el blanco para difuminarlo…

– ¡Pero vas a parecer una loca!

– ¡Por eso mismo!

Alis sube el volumen de la música y seguimos así, riéndonos, empujándonos, maquillándonos y bailando como tres auténticas chilladas.

Son las ocho. Ya estamos listas.

– ¡Estamos buenísimas!

De eso nada, y lo mismo piensa el portero, que, cuando nos ve salir, se lleva la mano a la frente.

– ¡Hola, guapo! ¡¿Qué tal estamos, eh?!

Alis y su manera de comportarse. Al menos bromea, se ríe y no lo trata mal.

Bajamos hasta llegar a los coches. Clod tiene un aspecto muy cómico con su vestido corto. ¡Su elegancia, por decirlo de alguna forma, resulta simpática!

– ¿Por dónde vamos?

Alis arquea las cejas.

– Yo tengo que pasar antes por un sitio. Nos vemos allí.

– ¿Allí, dónde? ¿Y si no nos dejan entrar?

– Venga ya, estáis en la lista. Está en el centro, al lado del cine Barberini: bajando, a la derecha… Supper, ¡todo el mundo lo conoce!

Desaparece en el interior de su coche rosa con todos los accesorios posibles de Hello Kitty, y arranca casi derrapando.

– A saber adónde va.

– Bah,…, siempre tiene alguna extraña sorpresa…

Clod es más dura:

– Yo creo que está como una cabra.

– Para mí es Alis y punto.

– Sí, vale. -Se da por vencida- Busquemos ese Supper.

Bajamos por la cuesta de la piazza Barberini.

– Tienes que ir por ahí.

– No, Alis dijo a la derecha.

Clod se para.

– Pero ¿qué haces?

– Pregunto…

– ¿A un marroquí?

– Eh, disculpe, ¿sabe dónde está Supper?

El marroquí se acerca al coche.

– ¿Qué?

Clod insiste:

– Supper.

– Ah. perdona, ¡no entender antes! Local estupendo, segunda calle a la derecha y lo verás. -¡Gracias!

El marroquí se aleja. Clod me mira satisfecha. -¿Has visto?

– ¡Sí, pero yo ya te había dicho que era a la derecha! Encontramos aparcamiento, después el local, nuestros nombres en la lista y, en un pispás, estamos dentro.

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