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Cincuenta Sombras Liberadas

Электронная книга - «Cincuenta Sombras Liberadas». Краткое содержание книги:

La tercera entrega de la exitosa trilogía Cincuenta sombras
Cuando la joven Anastasia conoce al poderoso y enigmático Grey, comienzan un excitante, sensual y atormentado romance. Erótica, entretenida y profundamente conmovedora, la serie Cincuenta sombras es una historia que te cautivará, te poseerá y se quedará contigo por siempre.
Para público adulto.
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– No te corras -me advierte con el aliento suave sobre mi carne cálida y húmeda mientras ignora mis dedos-. Te voy a azotar si te corres.

Gimo.

– Control, Ana. Es todo cuestión de control. -Su lengua retoma la incursión erótica.

Oh, sabe muy bien lo que está haciendo… Estoy indefensa, no puedo resistirme ni detener mi reacción ciega. Lo intento, lo intento con todas mis fuerzas, pero mi cuerpo explota bajo sus incesantes atenciones. Aun así su lengua no para hasta arrancar hasta el último gramo de placer que hay en mí.

– Oh, Ana -me regaña-, te has corrido. -Su voz es suave al echarme esa reprimenda triunfante. Me gira para que quede boca abajo y yo me apoyo en los antebrazos, aún temblorosa. Me da un azote fuerte en el culo.

– ¡Ah! -grito.

– Control -repite. Y me coge las caderas para hundirse en mi interior.

Vuelvo a gritar; mi carne todavía se convulsiona por las consecuencias del orgasmo. Se queda muy quieto dentro de mí y se inclina para soltarme primero una esposa y después la otra. Me rodea con el brazo y tira de mí hasta sentarme en su regazo. Tiene el torso pegado a mi espalda y la mano apoyada bajo mi barbilla y sobre la garganta. Me siento llena y eso me encanta.

– Muévete -me ordena.

Gimo y subo y bajo sobre su regazo.

– Más rápido -me susurra.

Y me muevo más rápido y después más. Él gime y me echa atrás la cabeza con la mano para mordisquearme el cuello. Su otra mano va bajando por mi cuerpo lentamente, desde la cadera hasta el sexo y después se desliza hasta mi clítoris, que todavía está muy sensible por sus generosas atenciones de antes. Suelto un gemido largo cuando sus dedos se cierran sobre él y empieza a excitarlo de nuevo.

– Sí, Ana -me dice en voz baja al oído-. Eres mía. Solo tú.

– Sí -jadeo cuando mi cuerpo empieza a tensarse de nuevo, apretándole y abrazándole de la forma más íntima.

– Córrete para mí -me pide.

Yo me dejo llevar y mi cuerpo obedece su petición. Me agarra mientras el orgasmo me recorre el cuerpo a la vez que grito su nombre.

– Oh, Ana, te quiero.

Christian gime y sigue el camino que yo acabo de abrir. Se hunde en mí y llega también a la liberación.

Me da un beso en el hombro y me aparta el pelo de la cara.

– ¿Esto también va a formar parte de esa lista, señora Grey? -me susurra. Yo estoy tumbada boca abajo sobre la cama, apenas consciente. Christian me acaricia el culo suavemente. Está tumbado de lado junto a mí, apoyado en un codo.

– Mmm.

– ¿Eso es un sí?

– Mmm. -Le sonrío.

Él sonríe y me da otro beso. Yo de mala gana me giro para poder mirarle.

– ¿Y bien? -insiste.

– Sí. Esto se incluye en la lista. Pero es una lista larga.

Su cara casi queda partida en dos por su enorme sonrisa y se inclina para darme un beso suave.

– Perfecto. ¿Y si cenamos algo? -Le brillan los ojos por el amor y la diversión.

Asiento. Estoy famélica. Estiro la mano para tirarle cariñosamente del vello del pecho.

– Quiero decirte algo -le susurro.

– ¿Qué?

– No te enfades.

– ¿Qué pasa, Ana?

– Te importa.

Abre mucho los ojos y desaparece el destello de buen humor.

– Quiero que admitas que te importa. Porque al Christian que yo conozco y al que quiero le importaría.

Se pone tenso y sus ojos no abandonan los míos. Yo puedo ver la lucha interna que se está produciendo, como si estuviera a punto de emitir el juicio de Salomón. Él abre la boca para decir algo y después la vuelve a cerrar. Una emoción fugaz cruza su cara… Dolor quizá.

Dilo, le animo mentalmente.

– Sí. Sí me importa. ¿Contenta? -dice y su voz es apenas un susurro.

Oh, menos mal. Es un alivio.

– Sí. Mucho.

Frunce el ceño.

– No me puedo creer que esté hablando contigo de esto ahora, aquí, en nuestra cama…

Le pongo el dedo sobre los labios.

– No estamos hablando de eso. Vamos a comer. Tengo hambre.

Suspira y niega con la cabeza.

– Me cautiva y me desconcierta a la vez, señora Grey.

– Eso está bien. -Me incorporo y le doy un beso.

De: Anastasia Grey

Fecha: 9 de septiembre de 2011 09:33

Para: Christian Grey

Asunto: La lista

Lo de ayer tiene que encabezar la lista definitivamente.

:D

Ana x

Anastasia Grey

Editora de SIP

De: Christian Grey

Fecha: 9 de septiembre de 2011 09:42

Para: Anastasia Grey

Asunto: Dime algo que no sepa

Llevas diciéndome eso los tres últimos días.

A ver si te decides.

O… podemos probar algo más.

;)

Christian Grey

Presidente de Grey Enterprises Holdings, Inc., disfrutando del juego.

Sonrío al ver lo que hay escrito en la pantalla. Las últimas noches han sido… entretenidas. Hemos vuelto a relajarnos y la interrupción provocada por la aparición de Leila ya ha quedado olvidada. Todavía no he reunido el coraje para preguntarle si alguno de los cuadros del salón es suyo… Y la verdad es que no me importa. Mi BlackBerry vibra y respondo pensando que debe de ser Christian.

– ¿Ana?

– Sí.

– Ana, cariño. Soy José padre.

– ¡Señor Rodríguez! ¡Hola! -Se me eriza el vello. ¿Qué querrá de mí el padre de José?

– Perdona que te llame al trabajo. Es por Ray. -Le tiembla la voz.

– ¿Qué pasa? ¿Qué ha ocurrido? -El corazón se me queda atravesado en la garganta.

– Ray ha tenido un accidente.

Oh, no, papá… Dejo de respirar.

– Está en el hospital. Será mejor que vengas rápido.

17

Señor Rodríguez, ¿qué ha pasado? -Tengo la voz ronca y un poco pastosa por las lágrimas no derramadas. Ray, mi querido Ray. Mi padre.

– Ha tenido un accidente de coche.

– Vale, voy… Voy para allá ahora mismo. -La adrenalina me corre por todo el cuerpo y me llena de pánico a su paso. Me cuesta respirar.

– Le han trasladado a Portland.

¿A Portland? ¿Por qué demonios le han llevado a Portland?

– Le han llevado en helicóptero, Ana. Yo ya estoy de camino. Hospital OHSU. Oh, Ana, no he visto el coche. Es que no lo vi… -Se le quiebra la voz.

El señor Rodríguez… ¡no!

– Te veré allí -dice el señor Rodríguez con voz ahogada y cuelga.

Un pánico oscuro me atenaza la garganta y me abruma. Ray… No. No. Inspiro hondo para calmarme, cojo el teléfono y llamo a Roach. Responde al segundo tono.

– ¿Sí, Ana?

– Jerry, tengo un problema con mi padre.

– ¿Qué ha ocurrido, Ana?

Se lo explico apresuradamente, sin apenas detenerme para respirar.

– Vete. Debes irte. Espero que tu padre se ponga bien.

– Gracias. Te mantendré informado. -Cuelgo de golpe sin darme cuenta, pero ahora mismo eso es lo que menos me importa.

– ¡Hannah! -grito, consciente de la ansiedad que hay en mi voz. Un segundo después ella asoma la cabeza por la puerta mientras voy metiendo las cosas en mi bolso y guardando papeles en mi maletín.

– ¿Sí, Ana? -pregunta frunciendo el ceño.

– Mi padre ha sufrido un accidente. Tengo que irme.

– Oh, Dios mío…

– Cancela todas mis citas para hoy. Y para el lunes. Tendrás que acabar tú de preparar la presentación del libro electrónico. Las notas están en el archivo compartido. Dile a Courtney que te ayude si te hace falta.

– Muy bien -susurra Hannah-. Espero que tu padre esté bien. No te preocupes por los asuntos de la oficina. Nos las arreglaremos.

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