La paja en el ojo de Dios [The Mote in God's Eye - es]
- Автор: Нивен Ларриё, Пурнель Джерри
- Год: 1994
- Язык: испанский
- Год: Mart
- ISBN: 84-270-1909-2
- Переводчик: Jose M. Alvarez Florez
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «La paja en el ojo de Dios [The Mote in God's Eye - es]». Краткое содержание книги:
Se oyeron más gritos. Apareció un oficial en el pasillo exterior y comenzó a gritar con voz innecesariamente alta. Los civiles debían abandonar la MacArthur. Podría llevar una bolsa cada uno de ellos pero tendrían que tener una mano libre.
¡Por las barbas del Profeta! ¿Cuál podía ser el motivo de todo aquello? ¿Habrían salvado el metal aurífero asteroidal, el superconductor de calor?
Desde luego, no salvarían la preciosa cafetera que se limpiaba automáticamente. ¿Qué salvaría él?
La gravedad de la nave disminuyó notablemente. Giraban dentro de ella los motores eliminando la rotación. Bury se apresuró a reunir los artículos que necesitaba cualquier viajero sin considerar su precio. Podrían adquirir nuevamente las cosas superfluas, pero…
Las miniaturas. Tenía que sacar aquel tanque de aire de la cámara neumática D. ¿Y si le asignasen a una cámara neumática distinta?
Empaquetó sus cosas rápidamente. Dos maletas, una de ellas para que la llevara Nabil. Ahora que tenía órdenes, Nabil actuaba con bastante rapidez. Fuera se oían más gritos confusos, y pasaban constantemente los soldados. Todos llevaban armas y armadura de combate.
El traje comenzó a hincharse. La nave perdía presión, y Bury perdió toda esperanza de que se tratase de un simulacro o un ejercicio. Parte del equipo científico no podía soportar el vacío intenso… y nadie había ido a la cabina para comprobar su traje de presión. La Marina no arriesgaba las vidas de los pasajeros en un simple ejercicio de entrenamiento.
Entró un oficial en el pasillo. Bury oyó su áspera voz hablando en tono mortalmente frío. Nabil permanecía vacilante y Bury se acercó a él y conectó el sistema de comunicaciones de su traje.
—TODO EL PERSONAL CIVIL DEBE DIRIGIRSE A LA CÁMARA NEUMÁTICA MÁS PRÓXIMA EN EL FLANCO DE ESTRIBOR —decía aquella voz sin emociones; la Marina siempre hablaba así cuando había auténtico peligro; esto convenció del todo a Bury—. LA EVACUACIÓN DE CIVILES SE REALIZARÁ SÓLO A TRAVÉS DE LAS CÁMARAS DE ESTRIBOR. Si NO ESTÁ SEGURO DE LA DIRECCIÓN QUE DEBE SEGUIR, PREGUNTE A CUALQUIER OFICIAL O A CUALQUIER SOLDADO. ACTÚEN CON CALMA, POR FAVOR. HAY TIEMPO SUFICIENTE PARA EVACUAR A TODO EL PERSONAL. —El oficial pasó flotando y penetró en otro pasillo.
¿Estribor? Bien. Inteligentemente, Nabil había ocultado el tanque en la cámara neumática más próxima. Bendito sea Alá… Aquella cámara quedaba del lado de estribor. Avanzó hacia su criado y comenzó a arrastrarse apoyándose en una agarradera tras otra. Nabil avanzaba grácilmente; había adquirido mucha práctica durante el tiempo que llevaban confinados.
En el pasillo, había una confusa multitud. Bury vio tras él un escuadrón de infantes de marina que penetraba en el pasillo. Miraban hacia atrás y disparaban en la misma dirección de la que venían. Respondió otro fuego y brotó sangre brillante formando glóbulos decrecientes al correr sobre el acero de la nave.
Arriba parpadeaban las luces.
Un suboficial bajó flotando por el pasillo y cayó detrás de ellos.
—No se detengan, no se detengan —murmuró—. Dios bendiga a los muchachos.
—¿Contra qué disparan?—preguntó Bury.
—Miniaturas —masculló el suboficial—. Si toman este pasillo, vayase rápidamente, señor Bury. Esos cabrones tienen armas.
—¿Son Marrones? —preguntó incrédulo Bury—. ¿Marrones?
—Sí, señor. Hay una auténtica plaga de esos pequeños hijos de puta en la nave. Cambiaron las plantas aéreas para que se ajustaran a ellos… Continúe, señor. Por favor. Los muchachos no podrán contenerles mucho tiempo.
Bury se agarró a un soporte y se lanzó hasta el final del pasillo, donde le sujetó diestramente un técnico espacial. ¿Marrones? Pero si habían limpiado la nave de ellos…
En la cámara neumática había una auténtica multitud. Seguían llegando civiles y personal de la Marina no combatiente. Bury se abrió camino a empujones hasta el depósito. Menos mal. Aún seguía allí. Lo cogió y se lo entregó a Nabil. Nabil lo fijó en el traje de su amo.
—Eso no será necesario, señor —dijo el oficial.
Bury comprendió que estaba oyéndole a través de la atmósfera. Allí había presión… pero no habían atravesado ninguna puerta de presión… ¡Los Marrones! Ellos habían construido la barrera de presión invisible que tenía en su nave la minera. ¡No podía desprenderse de aquello!
—Uno nunca sabe —murmuró Bury dirigiéndose al oficial. Éste se encogió de hombros e introdujo a otros dos en el mecanismo de ciclaje. Luego le tocó a Bury. El oficial les hizo una seña para que pasasen.
La cámara cicló. Bury tocó a Nabil en el hombro y le hizo una señal. Nabil fue, arrastrándose por el cable, hacia el negro exterior. Delante sólo había negrura, sin estrellas, sin nada. ¿Qué había allí fuera? Bury se dio cuenta de que estaba conteniendo el aliento. Alabado sea Alá, él es el único… ¡No! Llevaba el tanque sobre los hombros… ¡Dentro de él había dos criaturas en animación suspendida! Eran de un valor incalculable. ¡Su tecnología era superior a todo lo que había hecho el Primer Imperio! Un río interminable de nuevos inventos y proyectos y mejoras. Sólo que… ¿Qué clase de botella mágica había abierto?
Cruzaban el agujero del Campo de la MacArthur, que estaba estrechamente controlado. Fuera se veía sólo la negrura del espacio, y delante una forma negra más oscura. Otros cables llevaban a ella desde otros agujeros del campo de la MacArthur. Y minúsculas arañas corrían a través de ellos. Detrás de Bury había otro hombre con traje espacial y detrás de aquél, otro más. Nabil y los demás estaban delante de él y… sus ojos se ajustaban ahora rápidamente. Podía ver matices rojo intenso del Saco de Carbón, y el borrón que había delante debía de ser el Campo de la Lenin. ¿Iba a tener que recorrer arrastrándose por el cable todo aquello? No, había botes fuera, las arañas espaciales se amontonaron en ellos.
El bote se acercaba. Bury se volvió para echar una mirada de adiós a la MacArthur. En el transcurso de su larga existencia había dicho adiós a innumerables casas temporales. La MacArthur no había sido la mejor de ellas.
Pensaba en la tecnología que estaba destruyéndose. La maquinaria perfeccionada por los Marrones, la cafetera mágica. También lamentaba un poco lo sucedido. La tripulación de la MacArthur le estaba sinceramente agradecida por la ayuda que les había prestado con el café, y su demostración le había hecho muy popular entre los oficiales. Había ido bien… quizás… Quizas en la Lenin…
Ahora la cámara neumática era pequeña. Una hilera de refugiados le seguía a lo largo del cable. No podía ver el transbordador donde debía de estar su pajeño. ¿No volvería a verle?
Contemplaba directamente al individuo de traje espacial que iba detrás de él. No llevaba equipaje, y estaba adelantando a Bury porque tenía las dos manos libres. En su placa facial brillaba la luz de la Lenin. Cuando Bury observaba, la cabeza de la figura se movió ligeramente y la luz relumbró directamente sobre la placa facial.
Bury vio que por lo menos tres pares de ojos le miraban fijamente. Atisbo las pequeñas caras.
Más tarde Bury pensaría que nunca en su vida había pensado tan deprisa como entonces. Contempló por un instante a la figura que se acercaba a él mientras su mente giraba en un torbellino, y luego… Pero los hombres que oyeron su grito dijeron que era el alarido de un loco, o de un hombre al que están desollando vivo.