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Sharon Fields, estrella de cine, es una mujer cuyo éxito parece irresistible a todo el mundo. Existe un silecioso grupo masculino de fans que está planeando raptarla. Su meta retorcida, sus aspiraciones, son satisfacer sus más oscuros deseos y frustraciones con ella. Sharon, a quien la vida sonreía, se ve secuestrada, atada, humillada y, lejos de rendirse, planea su propia escapada. Uno por uno engatusa a los secuestradores para salir sana y salva de su prisión.
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– Cállate ya, maldita sea -dijo Malone enfurecido-. No le he puesto la mano encima. He entrado para ver cómo estaba.

– ¿Y cómo estaba? -preguntó Yost secándose la boca con la servilleta de papel.

– Exactamente igual que ayer. Malhumorada y triste. No ha querido hablar conmigo. He pensado que armaría un alboroto cuando la desatara para permitirle ir al lavabo.

Pero se sentía demasiado débil. He querido darle algo de comer pero sólo ha aceptado un zumo de naranja.Después he vuelto a atarla.

– ¿Cómo estaba? -preguntó Yost.

– ¿Que cómo estaba?

– Si todavía estaba guapa.

– Más que nunca -repuso Malone con serena sinceridad.

– ¿Entonces por qué no te has acostado con ella? -le preguntó Shively.

Malone le dirigió al tejano una mirada despectiva.

– ¿Y eso qué tiene que ver? Si quieres que te diga la verdad, de esta manera no tiene gracia, hacérselo a la fuerza contra su voluntad.

– Vaya por Dios -dijo Shively mirando a los demás-, ya tenemos aquí otra vez al jefe "scout".

Por mi parte, yo gozo del placer de la manera que sea.

Brunner se apresuró a salir en defensa de Malone.

– Vuelvo a estar de acuerdo con Adam. A mí tampoco me gusta forzar a una persona indefensa. No se trata de un acto sexual normal.Es más bien como una masturbación o como violar un cadáver. Me pongo nervioso de sólo pensarlo.

– Eso es exagerar un poco, Leo -repuso Yost-. Yo no experimento sentimiento alguno de culpabilidad teniendo en cuenta su historial. Naturalmente, tengo que reconocer que no es la mejor forma de hacerlo estando ella atada, acoceándome e insultándome. -Se dirigió a Shively-. Eso te priva un poco del placer. Tienes que reconocerlo, Shiv.

– No sé -dijo Shively encogiéndose de hombros-. No me importa que se me resistan un poco. Me estimula la pasión. Pero sí, Howie, creo que resulta más agradable cuando la chica se muestra de acuerdo.

Perdí mucha energía intentando vencer la resistencia de esta perra. Y toda aquella energía hubiera debido estar dirigida donde le corresponde, es decir, hacia su interior.

Malone tomó la bandeja en la que todavía quedaban huevos y salchichas y se dirigió a la cocina para volver a calentar la comida.

No le apetecía escuchar las groserías de Shively.

Pero no consiguió aislarse del diálogo.

– Ojalá pudiéramos conseguir su colaboración -estaba diciendo Yost tristemente-, entonces eso se convertiría en una auténtica fiesta.

– Yo sé que me sentiría menos culpable -dijo Brunner removiendo el yogourt.

– Bueno, qué demonios -dijo Shively-, si no quiere, no quiere y no se puede hacer nada al respecto.

– Si no accede a colaborar -dijo Brunner-no creo que me interese seguir adelante. Anoche no era yo. Y ahora, a la luz del día, me repugna lo que hice.

– Yo no diría eso precisamente -dijo Yost-. Me acostaré con ella mientras la tengamos aquí. Pero, sin estar ella de acuerdo, no es que sea precisamente mi deporte preferido. Mejor dicho, sí lo es pero podría ser cien veces mejor.

– Oye, Adam -gritó Shively en dirección a la cocina-, ¿tú qué dices? Malone se acercó a la puerta.

– No, si va a tener que ser por la fuerza, ya he terminado. Me doy por vencido. No puedo soportar la violación y no comprendo cómo la soportáis vosotros.

Si colaborara tal como yo había esperado, bueno, entonces sería distinto. -Se volvió-. Perdonadme, no quiero que se quemen los huevos.

– ¡Oye, un momento! -dijo Shively poniéndose en pie y acercándose a la puerta de la cocina-. ¿Para quién estás guisando? ¿Qué estás haciendo ahí? Retrocedió al ver salir a Malone con una bandeja de comida y fue tras él.

– ¿A quién le llevas eso?

– A Sharon.

– ¿A Sharon? -repitió Shively.

– Pues claro. Hace casi treinta horas que no ingiere alimento sólido. Debe estar muerta de hambre. Creo que se alegrará de comer.

– Vaya si se alegrará -dijo Shively-, sólo que no comerá. Dame esta maldita bandeja. -Antes de que el sorprendido Malone pudiera reaccionar, Shively se adueñó de la bandeja-.

Escuchadme, chicos, acaba de ocurrírseme una idea prácticamente lo tengo resuelto la forma de conseguir que colabore.

– ¿De qué estás hablando, Shiv? -le preguntó Yost.

– Mira, es lo mismo que adiestrar a un perro, a una perra para ser más exactos. El mejor sistema es darle o quitarle la comida. Intentas enseñarle algo y llega a comprender que, cuando colabora, recibe la recompensa de una buena comida. A veces se tarda un poco pero nunca falla.

– Maldita sea, Kyle -protestó Malone-, ella no es un perro. Es un ser humano. -Quiso recuperar la bandeja pero Shively la mantuvo en alto lejos del alcance de sus manos-. Vamos, Kyle.

– Te digo que no existe diferencia alguna -insistió Shively-. Una perra y una mujer pueden adiestrarse siguiendo el mismo método. Mira, cuando estaba en el Vietnam y le echábamos el guante a algún comunista al que queríamos interrogar, le matábamos de hambre. Déjame hacerlo a mi manera, muchacho. Todo lo que se ha hecho aquí, se ha hecho siguiendo mis directrices.

– Tal vez Shiv tenga razón -le dijo Yost a Malone-. ¿Por qué no le damos la oportunidad?

– ¿Qué te propones hacer, Kyle? -preguntó Brunner muy perplejo.

– Ven a ver -le dijo Shively echando a andar con la bandeja en la mano-. Pero no me des la lata. La idea ha sido mía.

Todos siguieron a Shively atravesando el salón y el pasillo y se detuvieron ante la puerta del dormitorio.

– Ahora os quedáis aquí -les ordenó Shively a los demás guiñándoles el ojo-.

Si queréis ver como se hacen las cosas con estilo, observad al viejo Shively.

Se situó de cara a la puerta, se irguió, sostuvo en alto la bandeja con una mano y llamó a la puerta con los nudillos de la otra.

– Señora, es el mayordomo -anunció con voz de falsete imitando el acento inglés-. Su almuerzo está servido, señora. Miró a los demás, abrió la puerta y entró.

Malone se acercó más a la puerta para poder observarlo todo mejor. Se hallaba tendida en la cama cubierta todavía con la manta que él le había echado anteriormente encima.

Siguió mirando al techo haciendo caso omiso de la presencia de Shively, que se estaba acercando con la bandeja.

– Hola, preciosa -dijo Shively, ¿qué tal te encuentras esta mañana? Ella no contestó.

Shively apartó algunos objetos que había sobre la mesilla de noche y depositó cuidadosamente la bandeja encima de ésta.

– Debes estar muy hambrienta. Mira qué bien huele. Huevos con salchichas. Vaya si huele bien. ¿Y qué más tenemos? Vamos a ver. Zumo de naranja. Pan con mantequilla. Café caliente y crema de leche. ¿Qué te parece? Nos hemos imaginado que querrías conservar las fuerzas.

Muy bien, te soltaré una mano para que puedas comer. Pero yo que tú no intentaría hacer ninguna cochinada. Estaré al otro lado de la cama vigilándote.

Así -se sacó una reluciente pistola del bolsillo, un revólver Colt Magnum, y la sopesó en la palma de la mano-. Estamos de acuerdo, nada de tonterías.

Ella le miró pero guardó silencio.

– ¿Te apetecería alguna otra cosa, aparte de la comida? -le preguntó Shively volviendo a guardarse la pistola en el bolsillo.

Ella se mordió el labio y pareció como si le costara hablar. Al final decidió hablar.

– Si le quedara un gramo de decencia, me traería usted un tranquilizante, una píldora para dormir. De la clase que sea.

– Tenemos de las que tú usas -le dijo Shively con una sonrisa-.

Nembutal, ¿verdad? Como ves, hemos pensado en todo.

– ¿Puedo tomarme una ahora?

– Pues claro que sí, ahora mismo. Y también toda la comida que hay en esta bandeja.

Es más, a partir de ahora podrás tener todo lo que quieras pero por cada cosa que recibas tendrás que pagar una factura.

– ¿Pagar qué? No le entiendo.

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