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Juego del Depredador

Электронная книга - «Juego del Depredador». Краткое содержание книги:

Después de ser torturado, el ex SEAL y Caminante Fantasma, Jess Calhoun, regresa a su ciudad natal en Sheridan, Wyoming, donde posee una estación de radio local. Sus intenciones son vivir tranquilamente, escribir canciones y realizar su fisioterapia.
Saber Wynter contesta a un anuncio para la estación de radio… el trabajo perfecto de noche para ella. Es afortunada al alquilarle a Jess, el segundo piso de la estación, en donde también puede trabajar como un ama de casa de medio jornada.
Jess pasa la mayor parte de su tiempo encerrado y aislado en su oficina privada. Pero frente a la fragilidad e inocencia de Saber se despierta en su alma, el poderoso deseo de protegerla, cuidarla y… amarla.
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Su primer pensamiento había sido eliminar la amenaza. Había sido entrenada desde niña para matar y pensó que si se negaba, si simplemente se alejaba, sería como todos los demás. Se había detenido. Pero en todas partes donde fuera tenía que enfrentarse a ella misma y era una asesina, una asesina entrenada. Cada uno de sus instintos era destruir la amenaza.

Echó un vistazo a través del cristal a Brian. Estaba bromeando con Fred, el portero. El amable hombre mayor limpiaba la estación todas las noches, y Brian siempre, siempre, hablaba con él. Lo trataba con respeto. Incluso le llevaba comida, algunas cosas que había encontrado y pensaba que Fred podía necesitar. Brian incluso llegó con Les, el hombre que tomaba su puesto de trabajo durante el día.

Nadie llegó junto con Les. Se mantenía solo, era grosero e insultante con las mujeres y estaba resentido por tener que trabajar y recibir órdenes de un hombre en una silla de ruedas. Era bueno en su trabajo, pero básicamente era simplemente espeluznante…

Su aliento se aceleró. ¿Les? ¿Podría ser Les? Pero si había sido Les, ¿cómo sabía Brian que el intruso había arruinado su ropa? Patsy no lo sabía. Sólo los Caminantes Fantasmas y… cogió el teléfono. Jess respondió al tercer timbrazo.

– Hey, una pregunta rápida -echó un vistazo a su alrededor para asegurarse de que nadie podía escucharla. Brian estaba ocupado con Fred, sin prestarle atención-. ¿Quién sabía sobre el trabajo de destrucción en mi habitación?

– El equipo por supuesto.

– ¿Podrían haber dicho algo?

– No, por supuesto que no. ¿Por qué? -La voz de Jess se llenó de sospechas.

– Por ningún motivo. Estoy intentando resolver cosas ¿Alguien más lo sabe? Patsy, ¿por ejemplo?

– ¿Cómo diablos lo sabría Patsy? Lily y Eric lo sabían. Yo les informé cuando hablamos de… -él se detuvo, dudando y a continuación añadió-. Cosas.

– Tú me entiendes. Me discutes.

– Entre otras cosas. Eres demasiado sensible, Saber.

– Bueno, ¿cuántas personas saben acerca de ti, Jesse? ¿No tú puesto de SEAL sino lo de los Caminantes Fantasmas? ¿Patsy? ¿Tus padres? ¿Quién lo sabe? ¿Quién sabe sobre ti?

– ¿Qué te pasa esta noche?

– No puedo hablar ahora, tengo que hacer un programa.

Colgó, furiosa de nuevo. Maldito él por compartir su vida con los demás. Ella no los conocía. No confiaba en ellos. No eran parte de su mundo.

Brian llamó a la ventana y levantó las palmas como en una pregunta. Jurando por lo bajo, se apoyó hacia el micrófono y comenzó otro comentario, mientras su mente se revolvía entre una multitud de posibilidades o de ninguna en absoluto. ¿Cómo lo había averiguado Brian? Tenía que ser el intruso, pero seriamente, le estudió de nuevo a través del cristal, eso no cuadraba. Nadie que fuese tan asqueroso podría mantener ese tipo de farsa mucho tiempo, ¿verdad?

Se alegró cuando dieron las tres. Iba a tener que hablar de ello con Jess. Sólo la posibilidad de estar en estrecho contacto con un hombre que había irrumpido en su casa y había violado su intimidad de forma tan obscena hacía que su interior se retorciera.

Brady, el guardia de seguridad, la esperaba para acompañarla a su automóvil. Brian se paró a dar las buenas noches a Fred y Saber soltó un suspiro de alivio. No quería otra prolongada charla con él antes de que tuviera la oportunidad de hablar con Jess.

– Fue un buen programa -la felicitó Brady-. Lo he escuchado mientras hacía mis rondas.

Ella le echó un fuerte vistazo. Ahora estaba paranoica. Brady era amigo de Jess desde sus días como SEAL. Había sido un SEAL e iniciado un servicio de seguridad. ¿Por qué no iba a escuchar su espectáculo mientras hacía sus rondas? El trabajo tenía que ser aburrido la mayor parte del tiempo.

Forzó una cansada sonrisa.

– Gracias. No he estado como de costumbre por lo que me complace que el programa no sonara demasiado mal.

Brady era un gran hombre y ligero sobre sus pies. Tenía los inquietos ojos de muchos de los SEAL, escaneando a su alrededor a medida que cruzaban el parking hacia su coche. Ella se quedó cerca, acariciando con su mano el brazo de él de vez en cuando, un toque tan suave de modo que apenas se sintió, pero fue suficiente para sentir el ritmo de su corazón.

Saber tomó aire, lo dejó ir, concentrándose en sus pasos hacia el coche, todo el tiempo mirando a Brady, consciente de cada movimiento corporal. La tensión crecía y no podía detenerla. Todo se sentía mal. Un paso fuera de lugar, pero ella no estaba segura de por qué. El tiempo se frenó, se ralentizó, mientras su corazón latía al mismo ritmo que el de él. Brady era su guardia. La había acompañado a su coche durante casi un año y, sin embargo, de repente, ya no se sentía segura con él.

– ¿Qué es, Saber?

Su voz era tranquila. Sintió la preocupación de él y se obligó a sí misma a sonreír de nuevo.

– No sé. Estoy un poco nerviosa.

Brady puso su mano en su brazo y la mantuvo detrás de él mientras se acercaban a su coche.

– Deberías haber dicho algo. Cuando piensas que algo está mal, normalmente es así -cogió el arma de su hombro y avanzó hasta su coche.

– Brady, volvamos dentro -dijo Saber-. Me siento expuesta aquí.

Había poca cobertura en el estacionamiento. Algunos árboles y arbustos se extendían por allí, pero la mayoría era asfalto. Echó un vistazo tenso a su alrededor.

Brady inmediatamente caminó de vuelta con ella. La bala lo alcanzó en el muslo y le hizo girar. Se cayó, su gran cuerpo extendido, pero su arma todavía seguía firme en su mano como una roca. Saber se lanzó al suelo y se arrastró hasta donde estaba él.

– Ponte a cubierto.

– ¿Cómo es de malo? -puso ambas manos sobre su corazón para sentir la magnitud de los daños.

Brady la empujó.

– Él va a venir a terminar conmigo. Se va a desatar el infierno aquí Saber. No hay cobertura.

Ella le cogió del brazo.

– Empuja con los pies. Rápido.

– Déjame. Tienes que salir de aquí -pero empujó con sus talones mientras ella lo arrastraba entre los coches.

– Dispara a las luces.

Los cristales se hicieron añicos, lloviendo desde las cuatro esquinas de la parcela.

– Bueno, al menos eres bueno disparando -ella renovó su agarre del brazo-. Mantente en movimiento.

– Espero que tengas un plan.

– Siempre tengo un plan -Saber continuó arrastrándole, permaneciendo agachada-. Deja que el atacante piense que nos refugiamos entre los coches. Puedo ver en la oscuridad como un gato, Brady. Mantente en movimiento, solo tenemos que llegar al borde de aquí.

– Hay un desnivel.

– Sí, lo sé -había estudiado a fondo la zona durante el último año, manteniendo el paisaje en su memoria en caso de que tuviera que escapar rápidamente. Ella se figuró esta posibilidad.

– Saaaaber… -la voz sonaba misteriosa saliendo de la oscuridad-. Saaaaber

– Fantástico. Es el donante de esperma. Sheesh.

Brady amortiguó un resoplido.

Saber tiró de su brazo más fuerte, maldiciendo en silencio por no tener el tipo de fuerza necesaria para cargar hombres. Whitney la había mejorado físicamente, pero más con la habilidad de saltar, de meterse a ella misma en un agujero, encajando en espacios pequeños. Su fortaleza era más que suficiente para levantarse a sí misma y colgarse durante largos períodos de tiempo por su propia mano, pero Brady era casi un peso muerto. Ella estaba empezando a sudar, temiendo que no podría hacerlo.

– Cuando esto termine, pierde un poco de peso, Brady -siseó en su oído.

– Es todo músculo, señora.

Había poca luna, de modo que él no puedo apreciar su levantamiento de ceja. Ella podía ver la mancha extendiéndose ahora, tiñéndose de negro en la oscuridad.

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