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Juego del Depredador

Электронная книга - «Juego del Depredador». Краткое содержание книги:

Después de ser torturado, el ex SEAL y Caminante Fantasma, Jess Calhoun, regresa a su ciudad natal en Sheridan, Wyoming, donde posee una estación de radio local. Sus intenciones son vivir tranquilamente, escribir canciones y realizar su fisioterapia.
Saber Wynter contesta a un anuncio para la estación de radio… el trabajo perfecto de noche para ella. Es afortunada al alquilarle a Jess, el segundo piso de la estación, en donde también puede trabajar como un ama de casa de medio jornada.
Jess pasa la mayor parte de su tiempo encerrado y aislado en su oficina privada. Pero frente a la fragilidad e inocencia de Saber se despierta en su alma, el poderoso deseo de protegerla, cuidarla y… amarla.
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Él extendió las manos.

– Pero eso no es quién eres. Has vivido aquí más de un año, Saber, y puedo decírtelo, tengo más instinto asesino que tú. Brian sabía eso o no habría revelado su cobertura. Todavía nos estaría observando, informando a Whitney y viendo a mi hermana. Pero tú no matarías a Les.

– Habría matado a Chaleen. Cuando pensé que te estaba amenazando…

– Pero no lo hiciste. Y ese es el punto. No está en tu naturaleza. Te veo. Quién eres. Quién puedes ser. Por una vez en tu vida para de huir de ti misma y ten el valor de tomar lo que quieres. Estoy justo aquí. Delante de ti.

Saber se hundió en una silla y descansó su cabeza en el hueco de su brazo sobre la mesa.

– Estoy tan cansada, Jesse, no puedo pensar más. Vete a ver a Patsy y a asegurarte de que está bien y dormiré algún rato, y cuando vuelvas podremos hablar.

A Jess se le atascó la respiración en la garganta. Algo estaba muy mal. Saber no se cansaba, no de ese modo. Debería haberlo notado en el momento en que estuvieron solos. Rodó su silla acercándose y puso la mano en la frente. No estaba caliente por la fiebre y eso sólo podía significar que estaba sintiendo repercusiones por intentar sanar el músculo y los nervios dañados en sus piernas. No era inusual para un Caminante Fantasma tener problemas después de usar la habilidad psíquica. Muchos tenían hemorragias cerebrales y otros problemas físicos mayores. Debería haber considerado eso.

– Vamos, cariño, vamos a llevarte a la cama. Llamaré a Eric para que venga y te revise, por si acaso.

– No, no quiero a ese hombre cerca de mí, solo estoy exhausta. Apenas puedo funcionar y mucho menos pensar. Por favor sólo vete a ver a Patsy, no te preocuparás tanto si lo haces. Estaré bien aquí -le dejó sacarla de la silla y subirla a su regazo. Le acarició el cuello con la nariz-. Cuéntame sobre tus piernas. Ha pasado tanto que no he tenido oportunidad de preguntarte si piensas que ayudé.

– Creo que salvaste mis piernas para mí, cariño. He pasado la tarde mientras estabas trabajando nadando y reaprendiendo a usar mis piernas. Es interesante. Sé cómo caminar, pero en realidad tengo que recordarlo, pensar detenidamente cada paso. Pero sólo me caí unas pocas veces. -Había excitación en su voz.

Empujó la silla de ruedas por la casa hacia su dormitorio.

– Estoy descansando mis piernas ahora mismo. Eric dijo que no fuera estúpido y que no me excediera, aunque sin embargo en realidad quiero ir a correr -le besó la parte superior de la cabeza-. Ir a correr. ¿Oíste eso, Saber? Es posible que corra en pocos días y hiciste eso. . Eres un jodido milagro, nena. Mi ángel personal.

Ella suspiró suavemente y murmuró algo que no pudo captar, su pequeño cuerpo relajándose en el de él.

Jess desaceleró su paso. Ella se había quedado dormida en su regazo. Aun con su noticia asombrosa, ella se había derrumbado. Su boca se secó. No era un hombre que sintiera pánico, pero quería llamar a Lily y preguntarle si era normal que Saber tuviera esa reacción. Desafortunadamente Lily no estaba disponible. Ryland y ella habían pasado a la clandestinidad con el niño recién nacido. Un niño, Daniel Ryland Miller. Jess estaba seguro de que les vería en las montañas cuando compraran tierra en la misma vecindad.

Un delgado rayo rojo brilló intermitentemente a través del cuarto justo en frente y Jess paró de golpea la silla y se hundió en el suelo, llevando a Saber con él. Aterrizaron con fuerza, Saber debajo de él mientras media docena de rayos diminutos golpeaban la pared.

– Mierda. Mierda. Estamos bajo ataque. ¿Estás herida? ¿Te he hecho daño? -Permaneció abajo, intentando mirarla y moverse al mismo tiempo.

– Estoy bien -su voz estaba completamente tranquila-. Pero realmente me estoy hartando de esto. Saquémoslos esta vez, Jesse. Ésta es nuestra casa.

– Avanza a rastras, hacia el cuarto de ejercicios. Tengo cosas escondidas allí dentro que necesitaremos.

Ella no hizo preguntas, pero fue a toda prisa, más sobre su barriga que sobre las manos y rodillas, yendo veloz mientras la primera lata de gas volaba a través de la ventana y estallaba. Cerró los ojos y contuvo la respiración. Conocía el camino por la casa sin verlo y era infalible, Jess justo detrás de ella. Podía sentir su cuerpo por encima del de ella mientras se movían, Jess arrastrándose con ella, su cuerpo escudándola.

Los brazos y piernas de Saber se sentían como plomo, pero ahora comenzaba a perder la calma. ¿Es tu oficina segura?

Eventualmente pueden conseguir abrirla, pero cuando intenten volarla, y lo harán, tendrán algunas sorpresas desagradables. También detonará una fusión en el disco duro. Todo será limpiado totalmente.

No saben que puedes usar tus piernas. Puedes usarlas, ¿verdad? Esa era su ansiedad más grande. Si Jess necesitaba una silla de ruedas, estaban en problemas.

Podría no ser rápido, pero las puedo usar. Continúa, cariño, se pone malo aquí dentro.

La hizo pasar por la puerta del cuarto de ejercicio y la cerró de golpe. Se quedaron abajo en el suelo, tomando alientos profundos de aire limpio. Saber avanzó lentamente por encima del armario de las toallas, agarró un par y las empujó en la rendija.

– ¿Qué busco?

– Mueve el armario hacia fuera -instruyó Jess-. Habrá un teclado pequeño. El código en ‘bandera roja’. Cuenta diez segundos y marca 997342. Eso abrirá la puerta.

Saber tecleó en el código tan rápidamente como podía. Las trazadoras estaban silbando a través de la cocina y la sala de estar, y el golpe seco de las latas de gas podía oírse claramente mientras golpeaban el suelo o las paredes.

– Necesito el ordenador portátil. Apresúrate. Puedo clausurar este cuarto. Van a intentar matarnos, Saber. ¿Has estado alguna vez en una situación de combate?

– Me entrené con armas, pero sin un ancla tengo una reacción mala. Soy una tiradora experta, sin embargo, y soy muy buena con un cuchillo.

– No puedes vacilar, Saber. Vas a tener que disparar a matar. Y permanecer justo a mi lado para que podemos hacer esto.

Ella tenía la puerta de acero construida en el muro detrás del armario de las toallas abierta. Había un arsenal allí así como máscaras de gas y lo último en armadura del cuerpo. Metió el ordenador portátil en las manos de Jess y volvió a las armas.

Jess abrió la parte superior y lo puso en marcha.

– Este cuarto se construyó específicamente con este propósito.

Ella le envió una rápida mirada sobre el hombro.

– Agradable que me lo dijeras. ¿Qué otros secretos tienes?

– Está bien, lo tengo en plena marcha. Estoy cerrándolo.

Los revestimientos se deslizaron en su lugar en las ventanas, acero grueso para evitar que entraran las latas de gas y los asaltantes.

– Las balas no van a penetrar en las paredes y las puertas. Los revestimientos no los detendrán, pero los ralentizarán hasta que nuestro equipo aparezca.

– ¿Qué más hace esa cosa? -Comenzó a sacar armas y munición y a lanzárselas.

Saber empujaba armas y cuchillos en su pretina, los pegaba con cinta adhesiva en su tobillo y otro en su muñeca. Le tiró un chaleco y se vistió uno ella misma y luego añadió las máscaras de gas a su montón creciente.

– Necesito la maleta pequeña. Apresúrate, Saber.

Ella la arrastró fuera del estante y se la dio.

– Odio preguntar.

Él emitió una rápida sonrisa.

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