Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «Domada por Amor». Краткое содержание книги:

Los solteros más codiciados y aventureros de Londres se han unido para formar el Bastion Club, una sociedad de élite para caballeros dedicada a determinar el futuro de sus miembros en lo referente al matrimonio.
Los hombres del Bastion Club han demostrado su valor luchando secretamente por su país. Ahora su líder se enfrenta a la más peligrosa de todas las misiones: encontrar una novia.
Actuando como el misterioso líder del Bastion Club conocido como «Dalziel», Royce Henry Varisey, X duque de Wolverstone, ha servido a su país durante décadas, enfrentándose a innombrables peligros. Pero como poseedor de uno de los títulos de nobleza más augustos de Inglaterra, ahora debe cumplir con la labor más crucial de todas: el matrimonio.
No obstante, las jóvenes y las grandes damas que podrían ser apropiadas son predeciblemente aburridas. Mucho más tentadora resulta la terca y distante ama de llaves de su castillo, Minerva Chesterton. Bajo su sereno exterior se esconde una mujer de ardiente sensualidad, que colmaría sus días de comodidades y sus noches de puro placer. Decidido a reclamarla, se embarca en una seducción para demostrar su maestría sobre cada centímetro de su cuerpo… y cada fibra de su corazón.
1 ... 75 76 77 78 79 80 81 82 83 ... 111
Перейти на страницу:

La aspereza de su colcha brocada raspó la piel desnuda de sus piernas y su trasero… y de repente se le ocurrió por qué podría quererla desnuda sobre la cama, en lugar de bajo las sábanas.

Y ella no iba a discutir.

De cintura para abajo ya no estaba cubierta por el camisón, pero los pliegues protegían sus caderas, su estómago y el resto de ella, de su mirada.

Con la boca repentinamente seca, Minerva tragó saliva, y después dijo:

– Quítate la camisa, y yo me quitaré el camisón.

La mirada de Royce subió de sus muslos desnudos a sus ojos, donde se quedó un instante, y después cogió el borde de su camisa y se la sacó por la cabeza.

Minerva aprovechó el instante (el instante más fugaz) para deleitarse en la excitante visión de su ampliamente musculado pecho. Entonces Royce se liberó de las mangas, y tiró la camisa. Con sus dedos trabajando con los botones de su cintura, se dirigió a la cama.

Minerva cogió los pliegues de su camisón, tiró de ellos y se lo quitó.

Royce estuvo sobre ella antes de que pudiera liberar sus manos. Con una ola de músculos la dejó acostada sobre la cama.

Antes de que Minerva pudiera parpadear estaba extendida, desnuda, sobre su espalda, sobre la colcha dorada y escarlata, con él encima de ella, y una pesada mano cerrada sobre las suyas sujetándola y dejándola con los brazos extendidos sobre su cabeza.

Se alzó sobre ella y colocó su cadera junto a la de Minerva; apoyándose en el brazo que mantenía sus manos cautivas, miró el cuerpo de la ama de llaves mientras esta yacía a la vista, desnuda y desvalida, para su deleite.

Para su posesión.

Levantó la mano libre y la colocó sobre su carne. La usó para excitarla de forma rápida, eficiente, implacable, hasta que ella se retorció, hasta que su cuerpo se arqueó y se elevó sin poder evitarlo bajo aquella mano demasiado conocida, anhelando, buscando.

Con la mano ahuecada entre sus muslos, ocupada en su resbaladizo e hinchado sexo, con dos largos dedos enterrados en su vagina profundamente, bajó la cabeza y posó su boca sobre un pecho.

Lamió, chupó, mordisqueó, y después atrajo el dolorido pezón hasta su boca y lo succionó tan ferozmente que, arqueando el cuerpo, Minerva gritó.

Liberó su torturada carne y la miró a la cara, atrapó sus ojos, e introdujo los dedos con fuerza en su interior… observó cómo jadeaba e instintivamente levantaba las caderas, queriendo, deseando, alcanzar la conclusión.

A través del latir de su corazón en sus oídos, escuchó que murmuraba algo profundo, oscuro y gutural… Minerva no pudo descifrar las palabras.

Su piel estaba tan dolorida, tan insoportablemente sensible, que parecía que estaba ardiendo… ardiendo totalmente con insaciable deseo. Habían pasado apenas unos minutos desde que Royce la había extendido sobre la cama, y ya la había reducido a aquello… a necesitarlo en su interior más de lo que necesitaba respirar.

Sus dedos se retiraron de ella. Minerva abrió los ojos que no sabía que había cerrado mientras él se movía sobre ella.

Minerva tiró, intentando liberar sus manos, pero Royce no se lo permitió.

– Después -gruñó.

Entonces su cuerpo bajó sobre el de Minerva y sus pulmones se quedaron paralizados.

Royce estaba desnudo hasta la cintura (el vello en su torso erosionaba sus pechos, manteniendo sus pezones dolorosamente erectos) pero aún tenía los pantalones puestos. La tela de lana, aunque estaba delicadamente trabajada, raspó la piel desnuda de sus piernas, y la hizo jadear mientras le arañaba el interior de los muslos cuando Royce, con sus piernas, separaba las de Minerva y colocaba sus caderas entre ellas.

La piel de su espalda ya estaba en carne viva, acariciada por la ruda textura de la colcha. Sus sentidos se tambalearon bajo el impacto concertado de tanta estimulación sensorial… de su peso clavándola a la cama, de la anticipación que aumentaba mientras sentía que él se movía entre sus muslos y liberaba su erección.

Colocó el amplio glande en su entrada, y después agarró su cadera y empujó con fuerza hacia ella. La llenó con una única y poderosa embestida, y después salió y la penetró de nuevo incluso más profundamente.

La sostuvo abajo y la cabalgó, con largas, poderosas y fuertes embestidas; cada empujón la movía en parte bajo él, cada centímetro de su piel, cada nervio, se erosionaba cada vez.

Royce la observó, observó su cuerpo ondulándose bajo el suyo, tomándolo en su interior, deseoso y aceptante. Contempló su rostro, vio la pasión rebasando el deseo, lo vio reunirse y atravesarla, capturarla en sus calientes volutas, los vio tensarse, agarrarse, dirigirse.

Esperó hasta que Minerva estuvo cerca del clímax. Liberó su cadera, cerró su mano sobre su pecho, bajó la cabeza y tomó su boca, la reclamó, la poseyó, allí, también, mientras su cuerpo se movía sobre el de ella.

Minerva llegó al orgasmo bajo él con más intensidad que nunca antes.

Jadeó, gimió mientras su mundo se fracturaba, pero el clímax siguió y siguió. Royce lo mantuvo así, introduciéndose con fuerza en su interior, haciendo que su cuerpo se moviera ligeramente contra la áspera tela, dejando que sus nervios ardieran incluso mientras la satisfacción interior la atravesaba.

No se parecía a nada que hubieran compartido juntos antes. Más evidente, y más poderoso.

Más posesivo.

Minerva no se sorprendió del todo cuando, después de derrumbarse, agotada y exhausta, aunque con los nervios y los sentidos vivos, aún vibrando, él aminoró el ritmo, y después se detuvo y salió de ella.

Abandonó la cama, pero Minerva sabía que no había terminado aún con ella; no había reclamado aún su liberación. Por los sonidos que le llegaron, Royce estaba ocupándose de sus pantalones.

Cerró los ojos y se quedó allí extendida, desnuda y satisfecha, sobre su cama, esperando. No había liberado las manos de su camisón, no había podido reunir aún la energía suficiente.

Y entonces él volvió.

Se arrodilló sobre la cama, agarró sus caderas, y la giró. Minerva se dio la vuelta, preguntándose cómo… Flexionando sus piernas, deslizó una enorme mano sobre el vientre de Minerva, y entonces levantó sus caderas y su espalda de modo que quedó arrodillada ante él. Con las manos aún atrapadas, él tiró de sus brazos para que pudiera apoyarse en sus antebrazos. Se presionó tras ella, con sus rodillas contra la parte de atrás de las de ella, y entonces Minerva sintió la hinchada cabeza de su erección empujando en su entrada.

A continuación, la penetró.

La penetró más profundamente que nunca. Minerva se estremeció y entonces él se retiró y la penetró de nuevo, acomodándose incluso más profundamente en su interior.

Minerva luchó por recuperar su aliento, y perdió todo el que había ganado cuando él la penetró de nuevo con fuerza.

Sosteniéndola contra su cuerpo, abierta e indefensa, marcó un firme ritmo que hizo que tuviera que agarrarse a la colcha mientras él la embestía, y entonces varió la velocidad, luego la profundidad, luego el movimiento de sus caderas, acariciando de algún modo su interior.

Minerva habría jurado que lo había sentido en la garganta.

No estaba segura de que fuera a sobrevivir a aquello, no a aquel grado de escalofriante intimidad. A aquel grado absoluto de posesión física. Podía sentir el trueno en su sangre, podía sentir la ola de caliente necesidad y desesperación física levantarse y edificarse.

Cuando rompiese los arrastraría a los dos.

Jadeando frenéticamente, Minerva se aferró a la realidad cuando él se apoyó contra ella, con un puño hundiéndose en la cama junto a su hombro. Aún mantenía sus caderas arriba, sujetándola, manteniéndola cautiva para su implacable penetración.

Su vientre se curvó sobre la parte de atrás de sus caderas; Minerva podía sentir el calor de su pecho a lo largo de su espalda mientras Royce inclinaba la cabeza. Su aliento cortó su oído, y después se hundió en la curva de su cuello.

1 ... 75 76 77 78 79 80 81 82 83 ... 111
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)