Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «Memorias De Una Geisha». Краткое содержание книги:

En esta maravillosa novela escuchamos las confesiones de Sayuri, una de las más hermosas geishas del Japón de entreguerras, un país en el que aún resonaban los ecos feudales y donde las tradiciones ancestrales empezaban a convivir con los modos occidentales. De la mano de Sayuri entraremos un mundo secreto dominando por las pasiones y sostenido por las apariencias, donde sensualidad y belleza no pueden separarse de la degradación y el sometimiento: un mundo en el que las jóvenes aspirantes a geishas son duramente adiestradas en el arte de la seducción, en el que su virginidad se venderá al mejor postor y donde tendrán que convencerse de que, para ellas, el amor no es más que un espejismo. Apasionante y sorprendente, Memorias de una geisha ha batido récords de permanencia en las listas de superventas de todo el mundo y conquistado a lectores en más de veintiséis idiomas. Su publicación en Suma coincide con el estreno en España de la superproducción basada en esta novela.
1 ... 76 77 78 79 80 81 82 83 84 ... 135
Перейти на страницу:

– ¿No crees que le gustará al barón? -me preguntó-. La encontré la semana pasada y enseguida pensé en él, pero…

– Presidente, ¿cómo puede ni siquiera imaginar que una cosa tan bonita pueda no gustarle al barón?

– ¡Oh! ¡Tiene tantas colecciones ese hombre! Probablemente le parecerá que esto no tiene ningún valor.

Le tranquilicé diciéndole que nadie podría pensar algo así; y cuando se la devolví, la envolvió en un paño de seda y señaló con la cabeza en dirección de la puerta para indicarme que lo siguiera. En la entrada le ayudé a ponerse los zapatos. Mientras le metía el pie en el zapato, me encontré de pronto imaginándome que habíamos pasado la tarde juntos y que una larga velada se extendía ante nosotros. Este pensamiento me transportó de tal forma que no sé cuánto tiempo pasó hasta que volví a ser consciente de lo que estaba haciendo. El Presidente no dio muestras de impaciencia, pero yo me sentí terriblemente cohibida al calzarme mis okobo y terminé tardando más de lo que debía.

Me condujo por un caminito hasta el lago, donde encontramos al barón sentado en una estera bajo un cerezo con tres geishas de Tokio. Todos se pusieron en pie, aunque el barón tuvo cierta dificultad. Tenía la cara llena de ronchas rojas a causa de la bebida, así que parecía que le hubieran estado golpeando con un palo.

– ¡Presidente! -dijo el barón-. Me alegra tanto que haya venido a mi fiesta. Me encanta invitarlo, ¿lo sabía? Esa compañía suya no parará de crecer, ¿verdad? ¿Le ha dicho Sayuri que Nobu vino a mi fiesta de Kioto la semana pasada?

– Lo sé todo por Nobu, quien, estoy seguro, no dejó de ser el mismo de siempre.

– Lo fue, lo fue -dijo el barón-. Un hombrecito peculiar, ¿no?

No sabía en qué estaba pensando el barón, pues él mismo era más pequeño que Nobu. Al Presidente no pareció gustarle el comentario y entrecerró lo ojos.

– Lo que quiero decir -empezó el barón, pero el Presidente lo cortó en seco.

– He venido a darle las gracias y despedirme, pero antes quiero ofrecerle algo -y aquí le dio la caja de cosméticos. El barón estaba demasiado borracho para desenvolver la tela que lo cubría, pero se lo dio a una de las geishas, que lo hizo por él.

– ¡Qué cosa más bonita! -exclamó el barón-. ¿No creéis? Mirad. Puede que sea incluso más bonita que esa exquisita criatura que tiene a su lado. ¿Conoce a Sayuri? Si no, déjeme que se la presente.

– ¡Oh, nos conocemos bien, Sayuri y yo! -contestó el Presidente.

– ¿Cómo dice que se conocen? ¿No será de una forma que me haga envidiarlo? -el barón se rió de su propia broma, pero nadie más rió-. En cualquier caso este generoso regalo me recuerda que tengo algo para ti, Sayuri. Pero no te lo puedo dar hasta que estas geishas se vayan, porque se encapricharán con él y también querrán uno ellas. Así que tendrás que quedarte hasta que se vaya todo el mundo.

– El barón es muy amable -dije-, pero no querría ser una carga.

– Veo que Mameha te ha enseñado a decir no. Sólo tienes que reunirte conmigo en la entrada principal después de que se hayan ido mis invitados. Usted la convencerá de que lo haga, Presidente, mientras ella lo acompaña hasta su coche.

Si el barón no hubiera estado tan borracho, estoy segura de que se le habría ocurrido acompañarlo él mismo. Pero los dos hombres se despidieron, y yo seguí al Presidente de vuelta a la casa. Mientras su chofer le abría la puerta, yo le hice una reverencia, agradeciéndole toda su amabilidad conmigo. Iba a subir al coche, cuando se paró de pronto.

– Sayuri -empezó a decir, y luego pareció que no sabía cómo seguir-. ¿Te dijo algo Mameha sobre el barón?

– No mucho, señor. O al menos… bueno, creo que no sé muy bien a qué se refiere el Señor Presidente.

– ¿Es Mameha una buena hermana mayor? ¿Te dice todo lo que tienes que saber?

– ¡Oh, sí! Mameha me ha ayudado más de lo que puedo decir.

– Bueno, bueno -dijo él-. Pero cuando un hombre como el barón te dice que tiene algo para ti… En tu lugar, yo me andaría con cuidado.

No se me ocurrió una respuesta, así que dije algo así como que el barón era muy amable por haberme invitado a su fiesta.

Pasé la siguiente hora paseando entre los pocos invitados que iban quedando, recordando una y otra vez todas las cosas que me había dicho el Presidente durante nuestro encuentro. En lugar de estar preocupada por la advertencia que me había hecho, me sentía feliz de haber hablado con él tanto rato seguido. En realidad apenas había pensado que tenía que reunirme con el barón, pues toda mi mente había estado ocupada en pensar en el Presidente, hasta que me encontré sola en el vestíbulo principal en la penumbra del atardecer. Me tomé la libertad de ir a arrodillarme en una habitación contigua y contemplar los campos al otro lado de la ventana.

Pasaron diez o quince minutos; finalmente, apareció el barón en el vestíbulo, con paso apresurado. En cuanto lo vi empecé a marearme del susto, pues no llevaba nada encima, salvo un albornoz de algodón. En una mano llevaba una toalla, con la que se secaba los largos pelos que le crecían en la cara a modo de barba. Claramente acababa de salir del baño. Me puse de pie y le hice una reverencia.

– Sayuri, ¡ya sabes lo alocado que soy! -me dijo-. He bebido demasiado -eso era sin duda cierto-. Y he olvidado que me estabas esperando. Espero que me perdones en cuanto veas lo que te he reservado.

El barón atravesó el vestíbulo hacia el interior de la casa, esperando que yo lo siguiera. Pero yo me quedé donde estaba, pensando en aquello que me había dicho Mameha, que una aprendiza a punto de pasar su mizuage es como una comida dispuesta en una bandeja. El barón se detuvo.

– ¡Venga! -me dijo.

– ¡Oh, barón! No debo acompañarlo. Por favor, permítame que lo espere aquí.

– Quiero darte algo. Ven a mis aposentos, y no te hagas la tonta.

– ¡ Ay, barón! -exclamé yo-, no puedo evitarlo, pues eso es lo que soy, una niña tonta.

– Mañana volverás a estar bajo la estrecha vigilancia de Mameha, ¿eh? Pero aquí no te vigila nadie.

De haber tenido un mínimo de sentido común en ese momento, le habría agradecido al barón que me hubiera invitado a su encantadora fiesta y le habría dicho cuánto sentía tener que volver a abusar de su amabilidad, pero que necesitaba utilizar uno de sus coches para retirarme a la hospedería. Sin embargo, todo parecía irreal, como en sueños… Supongo que estaba un tanto perturbada. Lo único que sabía era que estaba muerta de miedo.

– Ven conmigo mientras me visto -me dijo el barón-. ¿Has bebido mucho sake esta tarde?

Pasó un largo rato. Yo era consciente de que mi cara no mostraba expresión alguna, sencillamente era algo pegado a la cabeza.

– No, señor -logré decir.

– Ya me lo suponía. Te daré todo el que quieras. Venga, ven.

– Barón -le dije-, por favor, estoy segura de que me aguardan en la hospedería.

– ¿Que te aguardan? ¿Quién te aguarda?

No respondí.

– Te estoy preguntando que quién te aguarda. No sé por qué te comportas de este modo. Tengo algo para ti. ¿Prefieres que vaya a buscarlo y lo traiga aquí?

– Lo siento mucho -respondí yo.

1 ... 76 77 78 79 80 81 82 83 84 ... 135
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)