Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
Sensitiva Amorosa - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Sensitiva Amorosa

Электронная книга - «Sensitiva Amorosa». Краткое содержание книги:

Novela motivo de escándalo en Suecia durante años, el malsano néctar de la planta Sensitiva amorosa impregna todas las páginas de este libro que toma su título de dicha especie vegetal imaginaria, y que con su desbordado lirismo, sus entonces audaces referencias sexuales, su elaborado e innovador lenguaje y su estética decadente provocó confusión e indignación entre sus contemporáneos.
¿Conduce la posesión física irremediablemente al desamor y al hastío? ¿Qué fuerzas inconscientes gobiernan nuestros impulsos eróticos y provocan su muerte? ¿Es que sólo en el silencio y la distancia puede florecer el amor? Los sucesivos episodios de esta atípica novela plantean con una extraordinaria penetración psicológica estas cuestiones que, si bien no escandalizan como hace un siglo, son aún capaces de causar un profundo impacto en el lector de hoy.
Con Sensitiva amorosa, Hansson, al igual que su compatriota y coetáneo Strindberg, rompió con las convenciones sociales y artísticas, creando una única y personal prosa poética que hoy es considerada una de las cumbres de la literatura sueca.
1 ... 4 5 6 7 8 9 10 11 12 ... 14
Перейти на страницу:

Una docena de huéspedes del balneario habían salido a dar su habitual paseo matutino en un caluroso día de plena canícula. Traspasaron la cerca de la linde del bosque, se desviaron de la carretera principal y se adentraron en el pinar desperdigándose a la buena de Dios, por parejas o en grupos. Él y ella se habían mantenido a cierta distancia de los demás, según solían, de modo meramente instintivo y como por acuerdo tácito, a fin de poder estar más juntos y al mismo tiempo evitar que alguien les espiara. Pronto todos los demás desaparecieron en diferentes direcciones. Ellos dos caminaban solos por una vereda que serpenteaba entre los pinos, y, como una gran cabaña de techo bajo y aire denso, el bosque los envolvía de manera asfixiante: a través de ese enorme tejado apuntalado por los árboles a modo de pilares gigantescos, el sol trazaba pinceladas y puntos de color en la suave y tupida alfombra que las cortezas y espinas formaban en el suelo. Caminaron durante un buen rato sin intercambiar palabra, mientras en su interior hervía un tumulto de sentimientos y emociones, hasta que, como sin querer, se detuvieron en un claro cubierto de brezo en la cima de una pequeña colina que, iluminada por el sol en medio de la penumbra del bosque, se asemejaba a una cabeza calva. En torno a ellos reinaba el silencio, y estaban solos, él y ella, sintiendo como si el mundo se hubiera quedado deshabitado y los únicos supervivientes fueran ellos dos, él y ella, Adán y Eva en el Paraíso. El silencio, y el calor, y el aroma seco y dulzón del brezo les arropaban como una gruesa manta y les hacía apretarse el uno contra el otro. Mientras la complicada maquinaria de la existencia civilizada zumbaba vertiginosa en torno a ellos como una hélice, el motor básico de los instintos primitivos se puso en marcha con gran potencia y ruido en los abismos subterráneos de su ser: hasta que les invadió algo así como un ardiente anhelo, el voraz deseo sexual de las fieras, del macho y de la hembra, de nuestros primeros ancestros deambulando y apareándose en la selva primigenia. El no se dio cuenta de que la había rodeado con el brazo ni de que aun antes, abandonándose a la pasión, había susurrado su nombre: sintió su firme y exuberante cuerpo femenino apretarse fuertemente contra él, al tiempo que le acercaba su cálido rostro y su boca húmeda y trémula y le miraba con aquellos ojos grandes, ardientes y turbios. No habría hecho falta sino un solo momento más de delirio, un grado más de ardor, una sola leve oscilación de la balanza, para que se hubieran arrojado al suelo y, de modo brutal, hubieran saciado su apetito. Pero hubo algo que de pronto disipó la niebla de su mente y le hizo echarse atrás: más tarde habría de reflexionar sobre ello, analizando cuál había sido su estado anímico en ese instante decisivo y durante el camino de vuelta, que hicieron estrechamente entrelazados y con ella en un callado arrebato, mirándole y deteniéndose a cada paso para abrazarse a su cuello y ofrecerle sus húmedos y temblorosos labios. Y entonces halló el núcleo y corazón de todo aquello: el miedo. ¿De qué? De todo y de nada. La voz que, suavemente y en tono de advertencia, le decía al oído su nombre: angustia.

Nada de esto cambió cuando después se reunieron con los demás. Allí sentado en silencio entre ellos, oyendo su parloteo, temblaba y se estremecía de deseo, y era consciente de llevar dentro de sí una cosa que a ellos les faltaba y que desconocían: estaba solo con su enorme y secreta dicha. Mas, frente a la alegre despreocupación de los otros, algo le seguía royendo las entrañas: una sensación de desagrado, la desazonante conciencia de no ser libre, sino de estar atado a partir de entonces y de verse compelido a comportarse de determinada manera, sin posibilidad de variar su conducta a voluntad. A menudo, cuando se encontraba con la mirada henchida de júbilo o de ensueño por ella, sentía una suerte de rencor en el corazón, le dolía el ver en esa mirada la convicción íntima de que sus vidas se hallaban irremisiblemente unidas y la creencia -como si fuera lo más natural del mundo y no pudiera ser de otra forma- de que él sentía lo mismo que ella: de modo que se retraía en su protectora ansiedad, como un erizo asustado y maltratado. Por la noche, bajo la fresca y mágica luz de la luna, este lacerante estado de ánimo se diluía en una fría calma, pero cuando más tarde se quedaba a solas consigo mismo, le sobrecogía una violenta y repentina reacción que le hacía casi desplomarse en un gélido terror bajo el efecto de esta angustia salvaje que le azotaba: como cuando muy tarde en la noche uno da vueltas en la habitación, solo y sumido en cavilaciones, y de pronto al volverse percibe un rostro desconocido aplastado contra el cristal de la ventana.

Cada día que pasaba esa sensación de angustia se agudizaba y se hacía más corrosiva, tanto más cuanto que el compromiso ya había sido anunciado y se había fijado fecha para la boda. En estas dos ocasiones se le había presentado como una poderosa ola que podría haber menguado y retrocedido, pero que se había instalado en su corazón como una turbia marejada que crecía de nuevo y aún con más fuerza cada vez que, en compañía de su prometida o de otra persona, reparaba en algún detalle -como una elocuente sonrisa, una insinuación, algún arreglo del traje de boda, miradas indiscretas o cualquier otra menudencia- que apretara aún más fuerte el nudo y, por así decirlo, le acercara un paso más al definitivo e indisoluble vínculo. La médula de su amor había sido devorada trozo a trozo, y no le restaba nada más que la idea obsesiva de que estaba atado a aquella mujer y de que la desgracia acechaba tras la puerta, de modo que no le quedaba otro remedio que huir. En los momentos en que la angustia amainaba de puro agotamiento y su alma atormentada caía abatida, le parecía estar fuera de todo y que la situación no le concerniera en absoluto: esa conciencia de que el proceso de disolución se completaría por sí solo era lo único que consolaba su espíritu; su espíritu que, por lo demás, no era sino una herida constantemente removida y hurgada.

El fin del verano había llegado y era su última noche juntos. Sentados en un banco en el soportal, mientras dentro, en el salón, alguien tocaba el piano, la tierra constituía un oscuro y pequeño disco bajo un cielo que se cernía como un gran buitre luminoso. La luna llena roja se alzaba con su dibujo al carboncillo sobre el lindero del bosque, y en todo el paraje reinaba esa pesada calma que se asemeja a un sordo e inefable dolor de corazón. Paró la música y por unos segundos se hizo un silencio tan penoso y acuciante que parecía contener una sofocada agonía dentro de sí. Entonces de súbito ella se abalanzó hacia él echándole los brazos al cuello en un sollozo de deseo, de ternura, de dolor, tan violento, apasionado y directo como el aullido de una hembra en la selva en un arranque primitivo e inconsciente. En ese instante él percibió dentro de sí todo el implacable y misterioso tormento de la existencia, que emanó hacia ella en forma de irrefrenable sentimiento de compasión. Mas al momento siguiente se halló contemplando el gigantesco panorama de la vida y el mundo expandiéndose con calma hasta dimensiones colosales, las cumbres graníticas de las montañas coronando los valles, los grandes ríos fluyendo caudalosos hacia los océanos, y las metrópolis bullendo como pequeños hormigueros en un enorme bosque. Se buscó a sí mismo, pero no halló ni rastro. Hasta que de un fogonazo la imagen cambió y se transformó en un remolino de agua hirviendo que bajaba por un precipicio y que los esperaba, a él y a ella, para transportarlos a la otra orilla: entonces de repente notó al insidioso fantasma a sus espaldas, y creyó que su intención era escabullirse aprisa entre ambos, y con tono de advertencia y voz ronca susurrar su nombre. Así que la soltó, dio un paso atrás y se vino abajo, agotado, débil y exangüe.

1 ... 4 5 6 7 8 9 10 11 12 ... 14
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)