Sensitiva Amorosa
- Автор: Hansson Ola
- Язык: испанский
- Жанр: Романы для взрослых
Электронная книга - «Sensitiva Amorosa». Краткое содержание книги:
¿Conduce la posesión física irremediablemente al desamor y al hastío? ¿Qué fuerzas inconscientes gobiernan nuestros impulsos eróticos y provocan su muerte? ¿Es que sólo en el silencio y la distancia puede florecer el amor? Los sucesivos episodios de esta atípica novela plantean con una extraordinaria penetración psicológica estas cuestiones que, si bien no escandalizan como hace un siglo, son aún capaces de causar un profundo impacto en el lector de hoy.
Con Sensitiva amorosa, Hansson, al igual que su compatriota y coetáneo Strindberg, rompió con las convenciones sociales y artísticas, creando una única y personal prosa poética que hoy es considerada una de las cumbres de la literatura sueca.
Desembarcaron en Vitznau, a fin de subir al monte Rigi para ver el amanecer.
V
¿Qué es esto, este miedo perpetuo, esta opresión del espíritu, esta lacerante llaga en el ser que causa tanto dolor como un afilado bisturí hurgando en las trémulas fibras de carne de una herida reciente, esta angustia vital generalizada que asuela a tantos de nuestra generación? ¿Qué es, cuál es su esencia y su origen? ¿Una mera propensión fisiológica, un secreto proceso patógeno de la sangre y los nervios? De acuerdo, pero, ¿cuáles son esas oscuras latitudes en las que la mirada interior busca con tanta ansiedad algo que siente amenazante y al acecho? ¿Cuál es, para ser precisos, la composición de este estado anormal pero constante del espíritu, cuál es la oculta fuente de veneno de la que toma su alimento? ¿Qué clase de parásito monstruoso es el que se ha adherido al núcleo del organismo emocional para poner ahí sus huevos y reproducirse? ¿Es la decadencia la que se ha acercado al hombre contemporáneo, es la muerte la que le persigue como si fuera su propia sombra, caminando a sus espaldas con paso silencioso, exhalándole al cuello su gélido aliento, es esa calavera andante la que le aproxima a la cara sus blancas mandíbulas desdentadas y sus negras y huecas cuencas oculares? ¿O se trata del destino, del cruel y demente destino que alza su cabeza de Gorgona ante el fatalista moderno? ¿O bien se trata del concreto espectáculo de la lucha por la existencia, la apisonadora imparable del tiempo y los millones de insectos humanos que son pisoteados hasta la muerte? ¿Es quizá la propia naturaleza enferma del universo la que el hombre moderno con su aguda sensibilidad percibe dentro de sí?
A esa persona, cuya historia voy más abajo a relatar, la angustia le había despojado de todo lo que hace a un ser humano crecer y formar parte de la vida. Era como si una espora micótica se hubiera escondido en el esperma de su padre y en el óvulo de su madre, y después de la fecundación hubiera comenzado a crecer en el embrión para después invadir todo el tejido celular, incrustándose en él tan a fondo que era capaz de hacer brotar alguna que otra raicilla en todas las manifestaciones de su actividad, en toda percepción, toda sensación, todo estado de ánimo, todo pensamiento, todo acto de voluntad y todo impulso de acción. Había consumido su infancia en una cavilación angustiosa y febril, y su juventud en espasmódicos e impotentes esfuerzos por atrapar el momento presente: quería disfrutarlo con todo su ser, abandonarse tranquilamente a él como un ave en su nido, o moverse dentro del mismo como pez en el agua, pero siempre se le desmenuzaba entre los dedos. Era como la medusa que, tras relucir con esplendor en las profundidades marinas, al ser sostenida en la mano no es sino una masa viscosa: le parecía siempre haber olvidado algo, algo que estaba obligado a hacer, aunque no podía recordar el qué por mucho que se atormentase hasta transpirar sudores fríos; le parecía que algo le estaba esperando, no sabía dónde ni el qué, pero la vida y el futuro se lo traerían en forma de desgracia, de modo que ya casi lo sentía agónicamente como una abrasadora herida en el corazón. Esa sensación se alojaba en su interior como un ascua palpitante, y no podía librarse de ella siquiera una fracción de segundo, pues incluso cuando aún no se había tornado en angustia consciente, habitaba en su inconsciente como una opresión nerviosa, pesada y convulsa. Podía con todas sus fuerzas abandonarse al trabajo o al placer, concentrar todo su ser en la actividad de su cerebro o sus sentidos, mas aun así, quizás en el preciso instante en que todos sus más lúcidos pensamientos convergían en un único vértice afilado y brillante, en un ansiado punto focal, o cuando el material al rojo estaba listo para ser moldeado en la fragua del cerebro, quizás en medio de un intimísimo trato carnal, la ansiedad emergía dentro de él y le paralizaba. Se sentía repentinamente vacío, frío, agotado, algo así como una cadena que se tensa en torno a una rueda y luego se afloja cuando de súbito ésta gira en sentido contrario. Por la noche solía despertarse con el corazón encogido y gimiendo de ansiedad, cuando las alucinaciones lanzaban fuertes destellos y se extinguían sin ruido ante él como un relámpago previo al trueno. Era como si toda esa silenciosa oscuridad que le rodeaba fuera una única masa reptante, como si el fantasma de la existencia le acechara en la almohada, susurrándole y risoteando como un loco. Cuando se hallaba en alegre compañía o con un grupo de gente, en medio de alguna conversación que le captara el interés, la angustia podía súbitamente hacer acto de presencia: y entonces le parecía que algo en lontananza le exhortaba e invocaba, algo que presagiara un infortunio, algo sobre lo que debía meditar y averiguar qué era. Esto invadía toda su vida emocional como un cáncer, provocando que la maquinaria de sus sentimientos se parase o funcionara anómalamente, y haciéndole tener miedo de la alegría que encendía su mente hasta el delirio y desnudaba sus nervios, pues ésta enseguida mostraba su reverso, que era la angustia y le dejaba siempre una sensación de desasosiego, mientras él apretaba la tristeza y la adversidad contra su regazo igual que lo hace una hembra con sus crías enfermas. La angustia goteaba su veneno sobre las cosas triviales y cotidianas, así como sobre los sucesos clave de su destino; fagocitaba su amor y todos los demás aspectos de su vida: y esto es lo que paso a relatar ahora.
Él creía haber llegado a un punto en que podía resistir críticamente cualquier faible [7] hacia el otro sexo y retirarse a tiempo, ya que había empezado a vivir la vida a una edad muy temprana y ahora se aproximaba a la treintena: cuando, durante una estancia veraniega en un pequeño y apartado balneario de Smáland, se le cruzó en el camino una joven que habría de enseñarle que las maneras del dios Amor son siempre impredecibles, así como resucitaría una vez de entre los muertos y sacaría a la luz ese doloroso amasijo de intensos sentimientos que es la auténtica pasión. De acuerdo con un fenómeno psicológico extraño e inexplicable, y sin embargo bastante frecuente, dicha mujer a la que la pasión le había unido con tanta fuerza, era totalmente opuesta a él tanto en lo externo como en lo interno. El, con su figura esbelta, su rostro de mignon [8], y su atuendo cuidado con una meticulosidad casi excesiva, recordaba una delicada figurita de porcelana de Dresde; mientras que ella pertenecía a esa clase de mujeres de concentrada fuerza y pasiones reprimidas, de formas que casi poseen la dureza elástica del acero, abundantes pero al mismo tiempo firmes. Su cabeza noble, engastada en un robusto cuello, emergía bellamente torneada entre unos hombros algo elevados que daban a su busto un aspecto poderoso. El pelo negro y opaco le caía hacia un lado sobre una de esas frentes bajas y delicadas que son propias de las féminas; tenía la mitad inferior de la cara particularmente desarrollada; una pelusilla oscura sobre el labio superior; y unos ojos de color gris oscuro, no demasiado grandes, cuyo turbio brillo insinuaba una intensa vida sexual, al igual que había una peculiar sensualidad en su caminar y en sus gestos, en sus palabras y en su mirada. Naturalmente, no pasó mucho tiempo hasta que él, con su ojo entrenado en aquellos asuntos, y su agudo intelecto, notara que ella era capaz de ver en su interior y se sentía atraída por éclass="underline" incluso entonces, en las primeras fases de esa relación, antes de que ninguna promesa ni ninguna señal de tierno y mutuo afecto hubieran sido expresadas verbalmente o a través de miradas o gestos, cuando él constataba que cada vez iban estando más cerca el uno del otro, lo hacía con una sensación de miedo y de inquietud que invadía su estado de ánimo y recorría a la velocidad del rayo todo su ser.
[7] «Debilidad», «atracción» (en francés en el original).
[8] En francés en el originaclass="underline" Les Mignons («los queridos», «los delicados») fue un término acuñado para designar a los favoritos del rey Enrique III de Francia (1574-1589). Los Mignons eran jóvenes frívolos, elegantes y supuestamente homosexuales. En la actualidad la palabra «mignon» significa como adjetivo «mono», «lindo» o como sustantivo «monada».