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Fan Club

Электронная книга - «Fan Club». Краткое содержание книги:

Sharon Fields, estrella de cine, es una mujer cuyo éxito parece irresistible a todo el mundo. Existe un silecioso grupo masculino de fans que está planeando raptarla. Su meta retorcida, sus aspiraciones, son satisfacer sus más oscuros deseos y frustraciones con ella. Sharon, a quien la vida sonreía, se ve secuestrada, atada, humillada y, lejos de rendirse, planea su propia escapada. Uno por uno engatusa a los secuestradores para salir sana y salva de su prisión.
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Pero por lo que a nosotros respecta es mercancía de segunda mano. Ya basta de idioteces acerca de lo que debemos y lo que no debemos hacer. Ya ha sido vencida.

A partir de ahora es miembro del Club de los Admiradores con plenitud de derecho y no ya una simple fotografía en la pared. Es un trasero vivo, muchacho, y está deseando actuar. A partir de esta noche será una fiesta de constantes diversiones. Ya es hora. No tardarás mucho en besarme los pies para darme las gracias.

Malone estaba furioso.

– ¿Darte las gracias??Por haber cometido un delito despreciable contra una persona indefensa? ¿Por no haber cumplido con la palabra dada? ¿Por ponernos a todos en peligro? Mierda, me das asco.

Se tocó el bolsillo de la camisa, introdujo los dedos en él, extrajo un aplanado cigarrillo de hierba, se lo metió en la boca y Brunner le ofreció nerviosamente fuego.

Malone se reclinó en el sofá dando chupadas al cigarrillo y fue entonces cuando Brunner miró a Shively torciendo la boca.

– No quisiera agravar la situación, Kyle, pero estoy de acuerdo con Adam. Has quebrantado las normas. No debieras de haberte dejado dominar por tus impulsos. No has tenido consideración ninguna hacia nosotros, tus amigos. Involuntariamente y sin nuestro consentimiento nos hemos convertido en cómplices.

– ¿Que sois cómplices? Bueno, ¿y qué? -dijo Shively lamiéndose la cerveza del labio superior-. Muy bien, pues, gozad de ello igual que yo.

Yost había estado observando a Shively atentamente y con cierto respeto disimulado. Estaba jugueteando con el cordón de los pantalones del pijama.

– Sí, yo creo que Shiv tiene razón en cierto sentido -dijo dirigiéndose a Malone y a Brunner, procurando mostrarse conciliador y actuar de árbitro razonable-.

A partir de ahora, sería mejor que nos calmáramos y aceptáramos mutuamente nuestras respectivas fuerzas y debilidades. Así vive la gente en el mundo. -Se detuvo y después prosiguió-: A Shively le reconozco un mérito: es realista y no se deja acobardar por innecesarios sentimientos de culpabilidad.

Ya habéis oído lo que ha dicho. Lo hecho hecho está y no puede deshacerse. Y, una vez hecho, cambia la situación. Podemos contemplarla desde una nueva perspectiva.

– No te expresas con demasiada claridad, Howard -dijo Brunner con aire preocupado.

– Digo que la situación ha cambiado y que tal vez fuera razonable que modificáramos nuestra actitud en relación con este asunto. -Se puso en pie y dio la vuelta para mirar a Shively.

Estaba claro que la aparente neutralidad de Yost se había convertido en una admiración patente-, Shiv, ¿no nos estarás tomando el pelo? ¿De veras has entrado y te has acostado con ella?

– Howie, ¿por qué iba a mentirte, siendo así que basta con que entréis y lo averiguéis vosotros mismos?

– Lo has hecho -dijo Yost como si hubiera dicho "amén". Pareció dudar un poco y añadió-: Muy bien, Shiv, pues ya podrías contarnos qué tal ha sido.

Malone contrajo los ojos para ver mejor a través del humo de la marihuana y dijo tartamudeando:

– Yo no quiero, no quiero oírlo.

– No he pedido información para ti -le dijo Yost con cierto tono de irritación-sino para mí. -Volvió a dirigir su atención al tejano-. Bueno, Shiv, cuéntanos. ¿Qué tal ha sido?

– Estupendo. Fantástico. Un viaje extraordinario. Me lo he pasado en grande.

– ¿No bromeas?

– No bromeo. La chica es todo lo que se dice que es. Resulta fabulosa.

– ¿De veras? ¿Ha colaborado?

– Yo la he invitado a hacerlo -repuso Shively con un gruñido-, pero ni siquiera le he dado tiempo a responder. A partir de ahora colaborará mejor.

Parece como construida en ladrillo pero yo la he hecho entrar en razón. Me parece que he conseguido hacerle entender que si nos lo pone difícil no irá a ninguna parte.

– Estoy seguro de que tienes razón -dijo Yost rápidamente-. ¿Entonces tú crees que no opondrá mucha resistencia?

– ¿Después de lo que yo le he dado? No. A partir de ahora será tan fácil como una abuela. Te digo que está vencida, domada. Estamos a punto de convertirla en un animalillo doméstico.

– Bueno, puesto que tenía que ocurrir, bienvenido sea -dijo Yost con los ojos brillantes-. ¿Y dices que es tal como suponíamos?

– Mejor -repuso Shiv apartando a un lado el vaso vacío. Se levantó y se desperezó-.

Howie, muchacho -dijo apoyando una mano fraternal sobre el hombro de Yost-espera a posar los ojos en aquel manguito. Es la cosa más bonita que hayas visto. De primera categoría. Es más, lleva el castor arreglado, un poco rasurado por los lados, una preciosidad.

Brunner, veterano de los espectáculos nocturnos de El Traje de Cumpleaños de Frank Ruffalo, aportó espontáneamente una explicación:

– Las bailarinas y las coristas suelen rasurarse los lados del pubis porque resulta más presentable cuando lucen mallas o braguitas. Mmm… y la señorita Fields creo que interpreta unas danzas muy atrevidas en su última película.

– Sí, -dijo Shively estudiando a Brunner en calidad de posible aliado-, sí, de eso se trata, Leo. -Volvió a darle a Yost unas palmadas fraternales en el hombro-.

Y lo demás unas aldabas de las que podríais colgar el sombrero. Es la octava maravilla del mundo. ¿Pero por qué fiaros de mi palabra? Id a verlo con vuestros propios ojos.

– Tal vez lo haga -dijo Yost ansiosamente-, lo estaba pensando.

– Pues que te diviertas mucho -dijo Shively soltando una risotada-. Yo voy a disfrutar de un merecido descanso. Buenas noches, consocios, hasta mañana.

Y abandonó la estancia bostezando. Una vez se hubo marchado el tejano, Yost sacudió la cabeza con admiración.

– Vosotros diréis lo que queráis -dijo sin dirigirse a nadie en particular-, pero hay que admirar a Shiv por haber tenido el valor de vivir la experiencia.

– Luego cualquiera puede cometer una violación -dijo Malone con voz pastosa.

– Eso estaba pensando yo -dijo Yost.

– Tal vez debiéramos acostarnos -dijo Brunner removiéndose en su asiento.

– Tú y Adam podéis iros a dormir -dijo Yost-, a mí no me apetece. Me siento estimulado.

– ¿No irás a entrar allí? -le preguntó Brunner.

Yost se rascó pensativo la entrepierna.

– ¿Y por qué no? -dijo-. Shiv no tiene por qué monopolizarla.

Brunner se puso en pie de un salto.

– Es cierto que no podemos deshacer el mal que se ha hecho. Pero dos males no suman un bien, Howard. No debiéramos agravar el delito. -Hizo ademán de agarrar el brazo de Yost-. Piénsalo. Mañana estaremos más tranquilos y podremos discutirlo.

Yost eludió su mano.

– Tal como ha dicho Shiv, ya hemos hablado bastante.

– Piénsalo, Howard, por favor.

– Ya lo he pensado. Y acabo de otorgarme un voto de confianza. Voy a echarle un vistazo a nuestra invitada de honor.

Malone fue a levantarse del sofá pero no lo consiguió.

– Howie, no.

Yost agitó la mano en dirección a él.

– Vosotros dos seguid hablando o acostaros. No os preocupéis por mí. Estamos en un país libre. Un hombre, un voto. Y yo ya sé por qué he votado. Se volvió y se encaminó hacia el pasillo.

Estaba tendida de espaldas sobre la cama, agotada por el ataque y el acceso de histerismo que posteriormente había sufrido, y le resultaba imposible pensar en nada. Sólo deseaba el olvido pero éste no se producía.

Mantenía los ojos cerrados como para convencerse de que aquel mundo no existía y había sufrido una pesadilla y pronto se despertaría a salvo en Bel Air.

Desde que había dejado de sollozar no había escuchado más rumor que los irregulares latidos de su corazón.

Corazón, detente, por favor, y líbrame de eso, rezaba.

El primer ruido que escuchó fue el de la puerta del dormitorio al cerrarse y el del pestillo al correrse. Por segunda vez, alguien había entrado en el dormitorio. No abrió los ojos inmediatamente.

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