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Asesina Oscura

Электронная книга - «Asesina Oscura». Краткое содержание книги:

Un rumor ha persistido en el mundo de los vampiros acerca de un oscuro asesino -una mujer- que viaja con una manada de lobos y cualquier vampiro que la encuentre es asesinado. Misteriosa, esquiva y aparentemente imposible de matar, ella es la única cazadora que infunde terror en los corazones de los vampiros.
Ivory Malinov es esa mujer, traicionada por su propia gente, por su familia, por todos los que ella aprecia y caza durante la noche con sólo su manada para mantener su cordura. No ha hablado o estado con cualquier otra persona durante cien años salvo aquellos de los que se alimenta o asesina. Ella tropieza accidentalmente con un cuerpo mientras regresa a su guarida y descubre… a su compañero.
Él es Razvan, conocido como un criminal odiado, detestado, temido y aborrecido por todos los Cárpatos. También es un Buscador de Dragones, uno de los más grandes linajes de todos los Cárpatos. Mantenido cautivo durante casi toda su vida por su abuelo, el enemigo más encarnizado de los Cárpatos busca el amanecer para acabar con su terrible existencia.
Ésta es una historia de dos personas, horrendamente traicionadas, heridas en espíritu, luchadores a muerte, quienes deben pelear para unirse en contra de un enemigo común.
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– Tu descripción lo describe tan bien. Viví con él y creía que lo conocía mejor que nadie, pero… -señaló hacia el libro y hacia las fluidas palabras de ella, obviamente ofensivas-… te las has arreglado para expresar su mismísima esencia.

– Razvan, espero que tengas razón. Estoy apostando nuestras vidas a eso.

Ella tomó su mano y tiró hasta que la siguió fuera de la habitación. Se hundieron en las sillas de la habitación memorial…

– Tengo que saber que estás en esto conmigo, Razvan. No será fácil y no puedo tenerte dudando cuando nos enfrentemos a él.

Él se reclinó hacia atrás en su silla y la contempló fijamente.

– Nunca tendrás que preocuparte de que dude. Estamos juntos en esto. Es mi elección. La tomé cuando me pediste que viviera. Sabía que íbamos a ir tras él.

Ella se permitió un suspiro de alivio. No debería haber dudado de él. Tenía el coraje necesario para ser cualquier cosa que ella necesitara. No veía ninguna vergüenza en seguir su liderazgo. No dudaba en aceptar su destino. Era más hombre que nadie que conociera.

– ¿Sabes lo que pienso, Razvan? Creo que Xavier tiene que encontrar otro cuerpo. No estaba meramente poseyéndote, dejando piezas suyas para mantener el control. Creo que estaba buscando un cuerpo que lo hospedara y una forma de entrar en él, para reclamarlo completamente y hacerlo suyo. Quería ser Cárpato. Tú naciste con sangre de Buscador de Dragones corriendo por tus venas, se sabe que es uno de los linajes más poderosos, si no el más. Él codiciaba esa línea de descendencia. Por eso fue a por Rhiannon. Y por eso bebía la sangre de sus hijos y nietos. Ansiaba un cuerpo del linaje de Buscador de Dragones.

– Ningún Buscador de Dragón se ha convertido -no había ningún orgullo en su voz. Era simplemente una declaración-. No le habría permitido que me hicera ser el primero.

Ella le sonrió, su sonrisa levantándolo del lugar sombrío en el que había caído.

– No, no lo permitiste. Y nos salvaste a todos. Nadie sabrá lo que hiciste, pero yo sí, Razvan. Si hubiera adquirido un cuerpo de Buscador de Dragones como era su objetivo, no hay forma de juzgar el daño que podría haber hecho.

Él tomó sus manos, jugueteando con sus dedos, y sacudiendo un poco la cabeza.

– Es mi testarudez.

– Es tu coraje inconmensurable -lo corrigió ella-. No es como si cualquiera pudiera haber aguantado como lo hiciste tú.

Él se llevó a la boca los dedos de ella y los mordió suavemente.

– Vas a hacer que me ruborice.

Lo dudaba. Él no tenía ego. Nada. Simplemente aceptaba la vida y vivía el momento, concentrando su atención absoluta en lo que estaba haciendo y dando lo mejor a cualquier tarea que tuviera entre manos. Se ruborizó un poco pensando en cómo se había concentrado tan completamente en ella cuando hacían el amor. Nada más ocupaba su mente salvo darle placer. Era una experiencia intoxicante y estimulante, y una a la que ya era adicta. Estaba perdida en él, y se encontraba deseando dedicarle la misma completa concentración.

– Mi entrada en ese diario es la fórmula con la cual lo venceremos.

Todo en él se detuvo.

– Vamos a tenderle una trampa.

Ella mantuvo sus ojos fijos en los de él.

– Sí, lo haremos. Necesita un cuerpo. Y también sangre de corazón. Sangre de Buscador de Dragones.

– Vas a pedirme que me ponga nuevamente en sus manos.

Su voz era estrictamente neutra y su mente estaba firmemente cerrada a la de ella. El corazón se le contrajo. No había expresión. No había condena. Ni tampoco juicio. Simplemente esperaba su respuesta, sus dedos todavía en los de ella. A veces, como ahora, su coraje la aterrorizaba. Le sorprendía cuánto creía en ella.

– Te pondrías nuevamente en sus manos si yo te lo pidiera, ¿verdad? -dijo, mientras su estómago se anudaba.

– Sí.

Ella sacudió la cabeza.

– Nunca podría concebir ponerte en algún lugar cerca de donde ese mago malvado pudiera ponerte las manos encima.

Por primera vez él se movió y algo cruzó por su rostro tan velozmente que casi no lo captó, pero la puso nerviosa.

– ¿Qué o quien es el cebo?

– Ahora tengo sangre de Buscador de Dragones corriendo por mis venas. Cuando me las abra y deje rastros, será incapaz de resistirse. Soy una mujer y pensará que soy fácil de controlar.

Él se recostó en su silla, sus labios formaron una línea apretada e implacable. Pequeñas brasas ardían en las profundidades de sus ojos, pero nuevamente, permaneció en silencio… esperando.

– Lo he pensado bien, Razvan -le explicó apresuradamente-. Está todo ahí. Él vendrá por mí, oscuramente atractivo, tomando tu forma, utilizando su mente para arrastrarme hacia él. Querrá seducirme, y abrirá sus brazos para acercarme a él.

– No.

– Sabes que tengo razón. Ha de ser así.

– No. -Razvan se levantó y llamó a la manada-. Me llevo a los lobos a correr. ¿Te importaría unirte a nosotros?

– Tenemos que discutir esto.

– No hay discusión. ¿Vienes?

Se alejó de ella con largas y veloces zancadas, chasqueando sus dedos y llamando a la manada.

Ivory permaneció de pie un largo rato, no estaba segura de si sentirse feliz o enojada de que fuera tan protector. Nadie había querido protegerla, no desde que era una niña pequeña y sus hermanos y los De La Cruz la rodeaban de amor. Diez hombres adorándola la hacían sentirse como una princesa… a veces sofocada, pero aún así una princesa. Razvan había pasado por mucho con Xavier. Solamente necesitaba hacerse a la idea.

Quedó asombrada cuando lo vio separar los brazos como hacía ella y Blaez y Rikki saltaron a su espalda, fundiéndose en su piel como tatuajes. Por un momento se sintió un poco molesta. La manada nunca se había separado. Eran su familia.

– La manada no está dividida -dijo Razvan-. Somos una familia.

Había vuelto a su calma habitual. Con total naturalidad. O tal vez siempre lo había estado. Aún diciéndole un firme no, no había levantado la voz ni sonado molesto, solo implacable.

Ella asintió en acuerdo.

– Sí, lo somos. Está bien que ambos carguemos a los lobos. Nos cuidarán las espaldas.

Él le lanzó un pequeña sonrisa tentativa, que le quitó años del rostro hasta que casi pareció un muchachito.

– Es impresionante ser tan aceptado por ellos.

Ivory sintió ese particular tirón que a menudo le provocaba él en las cercanías del corazón. Su placer simple la conmovía.

– ¿Adónde vamos?

– Quiero ir al lugar donde encontraste la tierra para nuestro dormitorio.

– La cueva de las gemas.

Él asintió.

– La tierra es pura, por lo que sabemos que Xavier no tuvo oportunidad de extender su veneno por todos lados. Me gustaría descubrir cuán lejos se ha extendido la infección, cuán grande es el área donde está en realidad. No puedo creer que ese sea el único lugar. Una vez que sepamos qué buscamos, podemos avisar a otros Cárpatos para que revisen su suelo.

– ¿Crees que podemos limpiarlo?

– Creo absolutamente que puedes -dijo.

Ella trató de no sentir una ridícula alegría, pero allí estaba, una tonta brasa que se extendía por su cuerpo como calor. Verdaderamente era escalofriante cómo reaccionaba a él. Avergonzada, abrió los brazos y permitió que lo que quedaba de la manada se fundiera con su piel antes de escanear sobre ellos para asegurarse de que no hubiera nadie que los pudiera ver abandonando su refugio.

Salieron a la noche, pasando como una centella por el cielo oscuro y despejado. Sobre sus cabezas las estrellas brillaban, desplegando sobre ellos una manta de fantasía, envolviéndolos en una belleza que nunca dejaba de conmover a Razvan. La maravilla. La majestuosidad. El milagro.

Ella nunca había mirado de esa forma lo que la rodeaba, pero con Razvan, ambos veían todo a través de nuevos ojos. Él se sentía como si estuviera navegando por la luna, deslizándose como un cometa, y jugando al escondite entre las constelaciones. Corrió a través de los trozos dispersos de vapor que se elevaban de la cinta de un río y ella lo experimentó todo con él. Había volado como un búho miles de veces, pero ni una vez había sido tan divertido o excitante.

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