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Casino: Amor y honor en Las Vegas

Электронная книга - «Casino: Amor y honor en Las Vegas». Краткое содержание книги:

Frank Rosenthal, El Zurdo, tuvo algo de simbólica: como la traca final de una era en la historia de la capital mundial del juego, Las Vegas.
Rosenthal, formado en la escuela de las apuestas deportivas ilegales llegó, como otros muchos, a Las Vegas con el propósito de hacer olvidar su pasado y seguir trabajando en lo que siempre había hecho: ser jugador. La pequeña ciudad de Nevada, sumidero de esperanzas bajo una capa febril y brillante, era una verdadera mina de oro, ideal para quienes patrocinaron la mudanza de Rosenthal, como también la de su viejo amigo Tony Spilotro, tan amante del dinero como de la violencia. Ambos fueron símbolos de una etapa frenética, trufada de violencia e ilegalidades, marcada por los intentos de la Mafia de establecer su hegemonía sobre los casinos. Una ciudad sin sitio para el amor, por lo que éste -como el que sentía Rosenthal hacia Geri, su esposa- estaba abocado al fracaso.
Casino, basada en hechos reales es, más allá de una novela de ritmo casi cinematográfico, un fascinante documento sobre el mundo del juego, sus leyes y sus corruptelas. Amor y adulterio, negocio y delito se entremezclan en una obra intensa y original, reveladora y absorbente.
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Geri se llevó un millón en joyas cuando dejó a Frank. Él tuvo que ponerse en contacto con ella para recuperar su dinero, pero Geri se quedó con las joyas, y todas desaparecieron.

Después de instalarse en Los Ángeles quiso volver con Frank. Echaba de menos el lujo, la protección, la seguridad. Le gustaba llamarle «señor R».

Después de la muerte de Geri, mi padre fue a los lugares donde ella solía comprar. Una de las amigas de Geri le dijo que había estado en manos de un psicólogo durante dos meses y que ya casi estaba bien.

Geri consiguió de El Zurdo cinco mil dólares al mes, además de las tarjetas de crédito y el Mercedes. Pero no le gustaba estar sola. Iba de bares y bebía toda la noche. Cuando Geri volvió, Lenny se había casado, y un negro que conoció le pegó unas palizas atroces. Para sacarle dinero y joyas.

Nos enteramos de que había muerto porque mi esposo, Mel, y yo estábamos de visita en casa de papá y llamó el propietario. Unos amigos suyos habían visto una esquela a nombre de Geraldine McGee Rosenthal y se preguntaron si se trataba de mi hermana. Llamamos a Robin y ella no paró de repetirnos que no había tenido tiempo de hablar con nosotros. Por fin dijo que el funeral se celebraría al cabo de dos días. Mi hermana había estado una semana entre el hospital y el depósito, y nadie nos había dicho nada.

Geri fue enterrada en el Mount Sinai Memorial Park, en el 5950 de Forest Lawn, en una ceremonia privada. El Zurdo y sus dos hijos no asistieron a ella.

«No quise que mis hijos pasaran el mal trago», declaró él.

En enero de 1983, el forense del condado de Los Ángeles afirmó que la muerte había sido accidental, una clara combinación letal de cocaína, Valium y whisky Jack Daniel's.

Unos documentos del archivo del tribunal de testamentarías de Los Ángeles puntualizaban:

La finada murió sin dejar un patrimonio efectivo; sus pertenencias se reducían a numerosas monedas depositadas en la caja de seguridad 107 de la sucursal Maryland Square del First Interstate Bank sita en el 3681 de South Maryland Parkway, Las Vegas. Las monedas fueron valoradas por el tribunal en 15.468 dólares.

Entre las 125 monedas se incluían, entre otras, 4.000 dólares de plata; 1.200 dólares en dólares de plata de 1887; 133 dólares en fichas del casino Stardust; 6.000 dólares en dólares de plata de 1887; 100 dólares en monedas 22 centavos Indian Head, de 25 centavos Liberty, de cinco centavos Shield, y un gran centavo de 1797.

La mitad de las monedas de la caja pasaron a El Zurdo, siguiendo los acuerdos del divorcio, la otra mitad se dividió en tres partes iguales para sus hijos: Robin, Steven y Stephanie. Según documentación judicial, cada uno de los herederos de Geri recibió 2.581 dólares.

Se acercaba el fin para todo el mundo. A la explosión de El Zurdo y a la muerte de Geri le siguieron procesos, condenas y más muertes.

Los innumerables pinchazos telefónicos del Departamento de Justicia dieron como resultado el proceso -y la posterior condena- de los principales jefes del hampa implicados en el desvío de dinero en los hoteles Stardust y Tropicana.

Se cortaron delicados lazos. El 20 de enero de 1983, dispararon contra Allen Dorfman, de sesenta años, causándole la muerte, cuando salía de un restaurante situado en un barrio de las afueras de Chicago. Poco antes habían condenado a Dorfman, junto con Joey Lombardo, Joe Aiuppa, Jackie Cerone, Maishe Rockman y Roy Williams, presidente del Sindicato de Camioneros, por la utilización del fondo de pensiones de dicho sindicato en un intento de soborno al senador Howard Cannon de Nevada con el fin de conseguir una legislación que les fuera favorable. Era aquélla la segunda condena que pesaba sobre Dorfman por delito grave en relación con el fondo de pensiones, y el juez le había garantizado una larga permanencia en la cárcel.

Dorfman acababa de salir del restaurante con Irwin Weiner, un corredor de seguros de sesenta y cinco años, ex fiador, persona que había contratado primeramente a Tony Spilotro años antes como fiador en Chicago. Dorfman había entrado en un videoclub y había escogido la cinta de Absence of Malice para verla aquella noche en su casa. La película cuenta la historia de un hombre a quien la prensa acusa sin fundamento de estar relacionado con la mafia.

Weiner declaró a la policía que oyó que se les acercaban dos hombres por detrás y decían: «¡Esto es un atraco!» y que cuando se agachó oyó unos disparos y no pudo ver bien lo que había sucedido. Los hombres armados se dieron a la fuga. El asesinato nunca se esclareció.

El 13 de marzo de 1983, Nick Civella murió de cáncer de pulmón. Había salido del Centro Médico Penitenciario Federal Springfield, en Missouri, quince días antes para poder «tener una muerte digna».

Joe Agosto fue condenado por un negocio turbio de peloteo de cheques que le había permitido extraer fondos en las mermadas arcas del Tropicana para aumentar el desvío. El 12 de abril de 1983, Agosto decidió convertirse en testigo del gobierno. A raíz de sus testimonios -junto con los cuadernos de notas de DeLuna- se condenó, en algunos casos con duras sentencias, a Carl Civella y Carl DeLuna, a cada uno de los cuales le cayeron treinta años; Carl Thomas, le cayeron quince años, y por su parte, a Frank Balistrieri, trece.

Joe Agosto murió de un ataque al corazón unos meses después. Para la segunda fase del caso Argent -en la que se acusaba a algunos de los mismos inculpados del desvió de cerca de dos millones de Argent- se requirió un testigo de excepción. El gobierno otorgó inmunidad a Allen Glick, quien subió al estrado.

En dicho caso, estuvieron presentes en la sala los capos de Chicago Joe Aiuppa, de setenta y siete años, y Jackie Cerone, de setenta y uno; el jefe subalterno de Cleveland, Milton Maishe Rockman, de setenta y tres años; y el jefe de Milwaukee, Frank Balistrieri, de sesenta y siete años, así como sus hijos abogados, John y Joseph. La condena de éstos habría significado con toda certeza que los capos más ancianos morirían en la cárcel.

Glick subió al estrado y declaró durante cuatro días, precisando con toda suerte de detalles sus entrevistas con Frank Balistrieri y el proceso que siguió su préstamo. Explicó también que se vio obligado a firmar la cesión de más de un 50% de las acciones de la empresa a los hijos de Balistrieri a cambio de 25.000 dólares. Declaró que se vio obligado a promocionar a Frank Rosenthal y haber recibido amenazas de Nick Civella en una oscura habitación de hotel de Kansas City y de Carl DeLuna en el bufete de Oscar Goodman situado en el centro de Las Vegas.

Glick fue un testigo contundente. Se mostró preciso e imperturbable. Irradió una gran honradez. Carl Thomas se había convertido asimismo en testigo del gobierno, con la esperanza de conseguir benevolencia en el cumplimiento de su condena de trece años por el caso Tropicana. Declaró sobre el desvío de dinero y la influencia de la mafia en el Sindicato de Camioneros. Los federales apresaron también a Joe Lonardo, ex segundo de Cleveland, de setenta y siete años, quien declaró haber ejercido la función de mensajero con Rockman y explicó cómo se llevó a cabo la concesión del crédito a Glick y quién sacó provecho de aquél.

Incluso Roy Williams, tras ser sentenciado a cincuenta y cinco años por el caso de soborno a Cannon, decidió cooperar en el proceso de Argent. Lo llevaron en silla de ruedas a la sala, conectado a una botella de oxígeno, y declaró que Nick Civella le había pasado durante siete años mil quinientos dólares en efectivo al mes como compensación por haber votado la concesión del préstamo del fondo de pensiones a Glick.

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