Perdona Pero Quiero Casarme Contigo
- Автор: Моччиа Федерико
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Perdona Pero Quiero Casarme Contigo». Краткое содержание книги:
Alex y Niki están más enamorados que nunca, acaban de volver del faro en la isla de Blu donde han vivido días inolvidables. Niki se reencuentra con sus amigas, pero el grupo de las Ondas deberá afrontar grandes cambios que pondrán a prueba su amistad. Alex retoma su vida de siempre, sus viejos amigos. Ellos, Flavio, Enrico y Pietro han pasado de ser maridos serenos y seguros a tener que afrontar muchas difi cultades que han puesto en peligro sus matrimonios. Y ahora todas esta personas, hombres y mujeres de diferentes edades, cada uno a su manera se encuentran para refl exionar sobre el amor. Pues, ¿existe el amor? ¿Es cierta la crisis del séptimo año? ¿Tienen razón los que dicen que un amor no puede durar más de tres años? Y después, la pregunta más difícil: ¿un amor puede durar para siempre?
Y, más que el de la guillotina, le parece un extraño juego del destino.
Setenta y nueve
Un ruido martilleante llega procedente de la calle. Olly se despierta molesta. Se tapa la cara con la almohada. En vano. El ruido se oye igual. Resopla y se incorpora en la cama. Mira a su alrededor. El dormitorio. Está decorado con gusto, es moderno y el suelo está cubierto por parquet de abedul del mismo tono que la puerta y las ventanas. A los pies de la cama, que es baja, redonda y muy grande, hay una alfombra suave. Olly mira a su izquierda. Lo ve. Ve su hermosa espalda morena cubierta con varios tatuajes. Chris sigue durmiendo. No. No es posible. Lo he hecho. Me he acostado con él. Y la verdad es que no tengo la impresión de que haya sido nada espectacular. Me siento como si hubiese dormido mucho. Olly ve la Nikon sobre una mesita. Se levanta. Camina descalza hacia la cámara fotográfica. La enciende. Pasa las fotografías. Son preciosas. Ella aparece en todo tipo de poses. Sí, Chris es realmente un buen fotógrafo. Acto seguido deambula por la habitación. Las paredes están tapizadas con fotografías de modelos. Y de él. Las poses también son de lo más variopintas. Olly arquea las cejas. Sale de la habitación. Camina lentamente por el apartamento de Chris, que es enorme. Y muy bonito. Tiene un altillo al que se accede por una escalera metálica. Olly sube por ella. Arriba hay varias estanterías con libros y unos cuantos aparatos de gimnasia. Vuelve a bajar. En otra repisa ve unas notas enmarcadas. Las coge y las lee. Están escritas a mano con distintas caligrafías. «¡Chris…, te adorooo!», «Llámame cuando quieras», «Ya te echo de menos…», «Estás buenísimo, ya sabes dónde encontrarme…», y otros cumplidos por el estilo.
Junto a ellas hay un bloc y un bolígrafo. Las amigas de Chris deben de haber arrancado las hojas enmarcadas de ahí. No es posible. O sea, que cada vez que viene una de esas tipas, ¿le deja una nota y él la enmarca? Qué asco. ¿Qué clase de tipo es? Olly mira alrededor y de repente se percata de que en ese apartamento vive un auténtico Narciso. En un abrir y cerrar de ojos toma una decisión. Se precipita hacia el dormitorio. Chris sigue durmiendo. Se viste a toda velocidad, va al cuarto de baño, ni siquiera se peina. Se calza las botas, coge el bolso y sale de la casa. En un principio se encamina hacia el ascensor, pero luego le entran ganas de caminar y baja la escalera a pie. Casi corriendo.
Nada más llegar al patio enciende su móvil. En ese preciso instante oye que alguien la llama.
– Olly.
Es Simone, que sale de uno de los edificios contiguos.
– No me lo puedo creer…, ¿qué haces tú aquí? -le pregunta ella mientras trata de sobreponerse.
Simone la mira estupefacto. Nota que se ha vestido a toda prisa. No es propio de ella.
– Yo vivo aquí.
Olly lo mira.
– ¿De verdad?
– Sí, de verdad. Y ahora voy camino del trabajo. ¿Y tú? ¿Qué haces aquí? -mientras lo dice, Simone mira hacia el edificio del que ha salido ella. Sabe de sobra quién vive ahí. Ese tipo. El fotógrafo. No obstante, opta por no decir nada. Quizá no sea así… Quizá se equivoque.
– Oh, no, nada… -La verdad es que no sabe qué decir.
– ¿Te acompaño al trabajo?
Olly se aturrulla.
– No, no, gracias… Me tomaré un par de horas libres… Iré a casa…, me cambiaré… Nos vemos más tarde, discúlpame tú con los del despacho… -dice, y se aleja a toda prisa. Confusa. Avergonzada. Incrédula.
Simone vive allí. Precisamente él. Caramba. Menudo ridículo. Llega a la calle. Busca el móvil y llama un taxi. Lo espera paseando nerviosa por la acera.
Ochenta
Es sábado por la mañana. Niki se ha bebido un zumo y no ha probado bocado debido a los nervios.
– Mamá, papá, ¿estáis ahí? ¿Estáis listos? -Entra en su habitación.
Simona todavía no ha acabado de preparar la maleta.
– ¡Mamá! ¡Nos esperan para tomar el té!
– Lo sé, pero no sé cómo pueden ser las diferentes veladas, de manera que he preferido buscar los vestidos que me parecen más adecuados.
Roberto sale del cuarto de baño con un neceser en la mano.
– Yo he acabado. Todo en orden.
Entra Matteo.
– ¿Puedo llevarme al menos la pelota? Así me aburriré menos.
Los tres le responden al unísono:
– ¡No!
Al menos en eso están todos de acuerdo. Luego se echan a reír.
– ¡Venga, salgamos!
Roberto coge la maleta de Simona.
– Pero ¿cuánto tiempo piensas quedarte? -le pregunta al comprobar lo que pesa-. ¿Un mes?
– Si el sitio es bonito y me quieren, ¿por qué no?…
Matteo lleva la cazadora vaquera desgarrada. Su madre lo aferra por los hombros y lo obliga a dar media vuelta y a volver a su habitación.
– Ponte la nueva azul oscuro que te compré la semana pasada.
– ¡Pero, mamá, es demasiado elegante!
– ¡Precisamente por eso!
– ¡Y péinate!
– ¿También?
– Sí, si no, me ocuparé yo misma de hacerlo.
– ¡Ni hablar! -Matteo se pone la cazadora nueva, entra en el cuarto de baño, coge el cepillo, lo moja ligeramente y se peina-. Ya está… ¿Salimos?
Roberto también se ha puesto un abrigo de color azul oscuro. Simona, una preciosa chaqueta negra que hacía tiempo que no usaba, y Niki, un Fay, sencillo, pero muy elegante.
Poco después salen del portal del edificio y se encuentran con el portero, que está metiendo el correo en los buzones.
– Buenos días -los saluda con una agradable sonrisa; la familia Cavalli le resulta muy simpática. Después pregunta, curioso-: Pero ¿adónde van ustedes tan peripuestos? ¿A una boda?
Niki se vuelve y sonríe antes de subir al coche.
– ¡Sí, a la mía!
El Volvo familiar arranca tranquilamente y se adentra en el escaso tráfico del sábado por la mañana mientras el portero sigue contemplándolos y piensa: Qué simpáticos son, ¡siempre con ganas de bromear!
Roberto conduce con calma, Simona tiene las manos apoyadas en las piernas y sujeta el elegante bolso que ha elegido. Niki mira por la ventanilla. Matteo es el único que de verdad está sereno. Se entretiene jugando con su Game Boy. Tras sortear un muro y obtener una puntuación inmejorable, mira un momento alrededor antes de pasar al siguiente nivel.
– Vaya, ni que fuéramos a un funeral…
Simona se vuelve de golpe.
– ¡Matteo!
– Está bien, está bien… Fingiré que todo es normal.
Niki lo fulmina con la mirada.
– Sólo me faltaba el hermanito aguafiestas.
– Oh, ya os dije que prefería no ir… ¡Pero me habéis obligado! Deberías considerarme vuestra mascota… Venga, Niki, hasta el momento todo ha ido bien, lo peor que puede pasar es que este fin de semana nos llevemos un planchazo.
– Pero…
Roberto los interrumpe antes de que estalle una discusión.
– ¿Os pongo música?
Enciende la radio. Suena la voz de Tiziano Ferro y todos se relajan un poco. El Volvo recorre la via Aurelia a toda velocidad. El paisaje cambia rápidamente en los sucesivos tramos de carretera. Primero predomina un verde suave, después aumenta la presencia de olivos, del Lacio a la Toscana, con el aroma a mar cada vez más presente. Por fin llegan a Maremma.
– Casi hemos llegado… -Roberto sonríe a Simona.
– Justo a tiempo.
Matteo ha llegado al undécimo nivel y deja de jugar por un momento. Se vuelve hacia Niki, que sigue mirando por la ventanilla.
– Oye, hermanita… -Le estrecha una mano-. Perdona por lo de antes… -Se percata de su nerviosismo y le sonríe-. Ya verás como todo va bien…
Niki le devuelve la sonrisa y piensa: La verdad es que si incluso mi hermano trata de animarme es porque estoy realmente preocupada, mejor dicho, agobiada…, ¡y porque, sobre todo, se me nota!
– ¡Hemos llegado!
Roberto abandona la Aurelia y, tras dar varias vueltas, enfila un camino de tierra que asciende hacia una finca grande. Al fondo del camino hay una verja con un letrero de bronce con una inscripción: «Villa Belli dei Cedri.»