Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Научная фантастика » Gente de barro [Kiln People - es]
Gente de barro [Kiln People - es] - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Gente de barro [Kiln People - es]

Электронная книга - «Gente de barro [Kiln People - es]». Краткое содержание книги:

Dentro de cincuenta años, las nuevas copiadoras-horno permitirán hacer copias perecederas de las personas. Esas copias, los llamados “ídem”, la gente de barro, tienen una vida prevista de un día, carecen de derechos legales o sociales, y son de diverso color según su función. Se les encargan las ocupaciones menos interesantes o las más peligrosas, todas las que rechazan los seres humanos verdaderos. Al final de su existencia, si es posible, los ídem “descargan” en su personaje original, el arquetipo o “archi”, las memorias recopiladas de ese día. Gente de barro narra las peripecias del detective Albert Morris y sus múltiples duplicados de barro en esa nueva sociedad. En el idemburgo se están haciendo copias pirata de una famosa cortesana, Gineen Wammaker, y Morris debe impedirlo. Un trabajo que no parece excesivamente difícil, pero que le llevará a descubrir una intrincada red de conspiraciones en en esa sociedad del futuro donde los ídem carecen de derechos y de todo tipo de consideración.
David Brin, galardonado ya con diversos premios Nebula y Hugo, utiliza una narración detectivesca, del tipo hard-boiled, para mostrar las complejidades de una sociedad en la que existe una curiosa versión de los “replicantes” del Blade Runner cinematográfico.
Novela finalista del premio Hugo 2003.
Novela finalista del premio Arthur C. Clarke 2003.
1 ... 67 68 69 70 71 72 73 74 75 ... 142
Перейти на страницу:

La ídem roja aulló con una desesperación tan grande que me maravillé de las implicaciones.

Creía que una «abeja de colmena» tendría un ego personal bajo, como una hormiga. O una abeja obrera. ¡Pero Irene es exactamente lo opuesto! Cada parte de ella quiere continuar de manera desesperada. Un ego rugiente y frenético fue la fuente de la fuerza de frene, y de su caída.

Horus parecía molesto. Algunas de las otras rojas estaban abriendo los ojos.

—Vamos —insté a la que todavía quedaba, que temblaba mientras idPal mordisqueaba la gorra de malla y la hacía pedazos. Sus ojos oscuros parecían salvajes.

—Ayúdeme a encontrar a Beta —imploré—. Podría cambiar el equilibrio del karma…

Con un grito, ella se dio media vuelta (tuve que saltar atrás para evitar otro amago de las brillantes garras), y luego salió corriendo, esquivando los cables del callejón. Pronto oímos ruidos de golpes.

—¿Qué demonios? —gritó Honus—. Eh, ¿qué está haciendo? ¡Salga de mi furgoneta!

Corriendo tras ella, el púrpura dejó su maquinaria en marcha mientras un brusco gemido empezaba a alzarse, en un inminente crescendo. Me acerqué, tanto para ver lo que estaba pasando fuera como para echar un vistazo a reallrene… la mujer orgánica que estaba tendida sobre la plataforma, ansiosa por expirar de la manera adecuada, para que su Onda Establecida pudiera volar, encadenada al ciclo.

¿Cómo lo expresó la ídem roja?

Hay ritmos puros allá en el espacio… similares a una Onda Establecida… como barro de goleo fresco… Las primeras mentes en imponer sus ondas…

«Oh, tío.»

Subí a la plataforma. ¡Fuera, la desesperada ídem roja subía a la furgoneta, seguida de cerca por Horus, cuya túnica aleteaba alrededor de sus piernas desnudas de manera poco digna mientras trataba de agarrarla! Al mismo tiempo, intensas energías fluían entre el nido de chispeantes tentáculos que rodeaban la cabeza de realIrene.

—Señor Morris…

Fue poco más que un croar húmedo, apenas audible por encima del gemido nucleoeléctrico. Tratando de no tocar nada, me acerqué a la mujer moribunda. Su tez pálida estaba hinchada y marcada de pequeñas pústulas. Por una vez, me alegré de no poder oler.

—Albert…

No era una persona que me gustara. Sin embargo, su sufrimiento era genuino y se merecía piedad, supongo.

—¿Hay algo que pueda hacer por usted? —inquirí, preguntándome cuándo estaba programada la maquinaria para soltar toda esta fuerza acumulada. Tal vez no fuera seguro estar allí.

—He oído… lo que… dijo…

—¿Qué, lo del karma y todo eso? Mire, no soy ningún cura. Cómo puedo saber…?

—No… tiene razón… —boqueó en busca de aire—. Tras la barra… abra el tapón de ketone… atrape al hijo de… hijo de pu…

Sus párpados aletearon.

—Será mejor que salgamos de aquí, colega —me instó Pal. Ya estaba en la puerta con el sol a la espalda. Bajé corriendo de la plataforma para reunirme con él, mirando atrás a tiempo de ver una erupción de suaves luces que empezaban a destellar. El cuerpo de Irene se convulsionó. Lo mismo hicieron el puñado de golems rojas, en perfecta sincronía. No faltaba ya mucho.

Tras retirarnos al callejón, vimos la otra conmoción que tenía lugar en lo alto de la furgoneta. La última ídem de frene, la que estaba a punto de quedar huérfana, se agarraba ala gran antena y sollozaba de manera bastante realista mientras Horus la sujetaba por el tobillo. El, a su vez, se aferraba a la parrilla de carga, intentando arrastrarla.

—¡Suelta! —gritaba, enfurecido—. ¡La vas a estropear! ¿Tienes idea de cuánto he ahorrado para comprar una franquicia…?

IdPal saltó a mi hombro mientras yo me apartaba, poniendo más distancia entre nosotros y… lo que estuviera a punto de suceder.

Unos truenos resonaron dentro de la habitación trasera del Salón Arco Iris, corno un batir de tambores… o tal vez un millón de sapos gigantes con malas condiciones tiroidales. Muy bien, las comparaciones no son mi fuerte, pero cualquiera nacido en este siglo reconocería la cadencia grave de una Onda Establecida enormemente amplificada. Tal vez una caricatura ridícula, impresionante pero carente de sutileza. 0 bien una versión colosalmente aumentada de la real. ¿Quién podría decirlo?

Tal vez Irene… dentro de unos pocos segundos.

Su última golem chilló en el techo de la furgoneta, luchando contra la presa de Horus para poder meter la cabeza en la antena. —¡No me dejéis! —gimió—. ¡No me dejéis atrás!

—No creía que a las hormigas obreras les preocupara tanto sus yoes individuales —comentó Pal secamente.

—Yo me estaba preguntando lo mismo —repliqué—. Tal vez la metáfora de la colmena no es adecuada, al fin y al cabo. La personalidad humana mejor equipada para su forma de vida es todo ego. Ella nunca pudo renunciar ni siquiera a una pequeña parte de sí misma. Supongo que ser grande puede resultar tan adictivo como…

—¡Ahí viene! —interrumpió el ídem de Pat.

Nos apartamos callejón abajo hasta que sentí la verja contra mi espalda y luego vi cómo una luz brillante brotaba por las puertas traseras del Salón Arco Iris, de la cámara donde yacían Irene y sus copias.

La luz reverberó, proyectando sombras incluso sobre el asfalto iluminado por el día. Instintivamente, alcé una mano para protegerme.

La lucha en lo alto de la furgoneta terminó cuando Horus cayó al suelo con un grito. En ese mismo momento, algo corrió por los cables superconductores. La última ídem roja gritó, agarrándose a la antena desesperadamente, haciendo que la construcción chisporroteara cuando aquella brillante energía envolvía la furgoneta. Una aurora moteada de chispas las cubrió a ella y la antena, mientras su peso derribaba el delicado aparato, haciendo que gimiera…

Un rayo visible brotó hacia delante, atravesando el cuerpo de barro, que se estremeció, se endureció rápidamente y se desgajó para luego desplomarse sobre la delicada parabólica, derribarla, rompiendo el soporte de metal con chasquidos secos. Vi con Pal (y el pobre Horus, que aullaba) cómo la antena giraba… y luego se caía por un lado de la furgoneta.

Una cegadora oleada sin sonido se extendió hacia fuera, como una onda radiante de luz pura. Nos barrió a Pallie y a mí, provocando temblores por mi espalda. Me estallaron los oídos dolorosamente. Descargas estáticas siguieron a la onda, derribando las puertas traseras de la furgoneta y lanzando a la calle nubes de equipo.

La transmisión terminó, no dirigida al cosmos de arriba, sino al suelo de un callejón mugriento.

Horas se desplomó, gimiendo desesperado hasta que todo quedó en silencio.

—Sabes, Gumby —murmuró mi pequeño amigo en forma de hurón desde su asidero en mi hombro, cuando por fin pudimos sacudirnos de la deslumbrada sorpresa del espectáculo—. Sabes, esta ciudad está construida sobre ricas capas de arcilla pura. Es un motivo por el que Eneas Kaolin construyó aquí su primer laboratorio de animación, hace mucho tiempo. Así que no es tan descabellado imaginar…

—Cállate, Pal.

No quería compartir la perversa idea que pudiera acabar de ocurrírsele. De todas formas, cl humo se despejaba y no vi rastros de fuego. Nadie nos impediría volver a entrar en el Salón Arco Iris.

—Vamos dije, frotándome la mandíbula, que me dolía por debajo de las orejas—. Vamos a ver el regalo de despedida que nos ha dejado frene.

—¿Mm? ¿De qué estás hablando?

No estaba seguro. ¿Había dicho «tapa de ketome«? ¿O «que tome?

Traté de no pensar mal de Irene. A pesar de todo lo que había hecho, no parecía justo. Sobre todo cuando entrarnos y dejamos atrás los restos de una plataforma calcinada rodeada por montones de estatuas tendidas y humeantes.

1 ... 67 68 69 70 71 72 73 74 75 ... 142
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)