Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Ужасы » Los Caminantes
Los Caminantes - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Los Caminantes

Электронная книга - «Los Caminantes». Краткое содержание книги:

Los Caminantes es un desgarrador relato que recoge los últimos días de la civilización tal y como la conocemos. Tras sobrevivir a la sobrecogedora pandemia que hace que los muertos vuelvan a la vida, los supervivientes se enfrentan al reto de llegar al final de cada día. La novela narra con un lenguaje visual y directo como los destinos de estos supervivientes se entretejen en torno a un misterioso personaje: El Padre Isidro.
Los Caminantes nos sumerge en un entorno de indecible presión psicológica, explorando la oscuridad del alma humana a medida que se enfrenta a sus peores pesadillas.
1 ... 65 66 67 68 69 70 71 72 73 ... 80
Перейти на страницу:

Entonces, un súbito golpe contra la puerta le arrancó de su hilo de pensamiento. Fue un golpe fuerte, que hizo temblar la hoja entre las jambas. Incapaz de controlarse por más tiempo, Carmen soltó un grito. Dozer la miró con ojos despavoridos; era como si acabara de enarbolar una bandera roja indicando su posición. En ese mismo instante, Jaime abrió los ojos, todavía mecido por una modorra infinita; dijo algo ininteligible y volvió a cerrar los párpados muy despacio, dejándose vencer de nuevo por la somnolencia.

Permanecieron en silencio, alertas, aguantando la respiración sin ser apenas conscientes de ello. Entonces se produjo un segundo golpe, igual de contundente, seguido de un tercero y un cuarto en rápida sucesión. Carmen rompió a llorar, abrazándose a sí misma con ambas manos y retrocediendo unos pasos. El hecho fascinante de que aún no hubieran hecho girar el pomo les indicaba, muy a las claras, que al otro lado se encontraba uno de los muertos vivientes.

De pronto, con su cerebro evolucionando pensamientos a un ritmo frenético, Dozer tuvo una idea.

Al otro lado de la puerta, tres zombis se arrastraban con una parsimonia exasperante. Uno de ellos se había enredado con sus propios pies y cayó de bruces contra la puerta que les separaba de la habitación donde Dozer y los demás vivían algunos de los peores momentos de su vida. El ruido despertó el interés del zombi que le venía siguiendo. Tenía el cuello quebrado por un lado, así que la cabeza le bamboleaba, laxa. Se acercó a la puerta, movido por un inesperado arrebato de rabia, y la golpeó dos veces con una fuerza inusual. Esos golpes, a su vez, hicieron que el tercer espectro se volviera con un gruñido inhumano y arremetiera frenético contra la misma puerta. A los pocos segundos, los tres cadáveres se concentraban en descargar sus puños contra la madera, que vibraba violentamente. La pieza exterior del dintel cayó sobre ellos, arrancada de los pequeños tornillos que la sujetaban.

Por fin, una de las hojas cedió, empujando la cama que la aguantaba. Se deslizó, lenta pero inexorable, con un ruido rechinante. Los zombis irrumpieron así en la habitación, recorriendo la sala con ojos muertos y codiciosos. Pero estaba vacía. Deambularon por ella, alrededor de las camas deshechas, escrutando cada esquina y enseres con hostilidad inexplicable. Al pasar por al lado del armario, uno de los espectros le propinó un inesperado golpe con todo el brazo, provocando su sacudida. Las cajas de vendas, inyecciones y medicamentos cayeron al suelo armando un pequeño estrépito. Una segunda embestida provocó que el armario cayera hacia el frente, donde se hizo trizas con un sonido enervante. El zombi gritó, se sacudió con grandes espasmos y pareció por fin entrar de nuevo en un estado mucho más calmo.

Dozer y los demás, escondidos debajo de las camas, se mantenían tan quietos como les era posible. Jaime estaba despierto, había abierto los ojos cuando el doctor y Carmen lo movieron abajo. Había un riesgo evidente de que volvieran a abrirse las viejas heridas, o algo incluso peor, pero si lo mantenían sobre la cama lo único seguro es que acabaría devorado o descuartizado tan pronto esas cosas le pusieran los ojos encima. Dozer pudo bajar por sus propios medios, descubrió con grata sorpresa que el costado no le dolía tanto. Agacharse para tumbarse y arrastrarse después debajo de la cama fue otra historia diferente: la presión sobre el pecho fue tremenda, y ese pequeño esfuerzo le dejó fatigado y respirando entrecortadamente.

Cuando los espectros consiguieron atravesar las puertas, estaban ya todos bajo las camas: dos y dos. Dozer mantenía a Carmen a su lado, con una mano tapándole la boca. Sentía las lágrimas cálidas cayendo sobre sus dedos, pero por el momento no podía hacer nada por ella; no podían arriesgarse a que se le escapara otro grito.

Esperaron, aterrorizados, viendo los pies de los tres zombis evolucionar a su alrededor. Dozer se dijo a sí mismo que jamás volvería a ir a ninguna parte sin llevar al menos una pistola pequeña consigo… entonces las cosas habrían sido muy diferentes.

Después de unos interminables momentos, uno de los zombis salió por fin de la sala, dando pequeños pasos dubitativos. El segundo salió detrás, arrastrando uno de los pies, como si ya no le respondiera. No llevaba zapatos, y la carne de la planta hacía tiempo que se había raspado, revelando un espectáculo atroz. Se perdió por el corredor, zigzagueando de una pared a otra como si estuviera ebrio.

Todas las miradas se concentraron en el tercer zombi. Había permanecido quieto todo ese tiempo. Sus pies no se movían lo más mínimo. Dozer echó un vistazo a Jaime y el doctor, tendidos bajo la otra cama, y casi pudo oler la tensión que todos experimentaban. Esperaron un buen rato, inamovibles, sin atreverse a desplazar ni siquiera un pie. A su lado, Carmen seguía temblando; emanaba un olor fuerte a sudor caliente.

La siguiente vez que echó un vistazo a la otra cama, el doctor Rodríguez le buscaba con los ojos. Le hizo un gesto de duda, como expresando qué iban a hacer a continuación. Dozer negó con la cabeza: no era buena idea intentar nada.

Estaban atrapados.

XXXVIII

A la misma hora en la que Iván despertaba sobresaltado de su pesadilla, Peter se encaramaba a una de las torres de iluminación situadas entre las pistas, a unos doscientos metros de los edificios principales. Llevaba puesto un impermeable de color oscuro y suficiente ropa de abrigo como para pasar el día entero sin acusar frío; además llevaba un termo de té caliente y, escondida en los calcetines, una cajetilla de tabaco. Naturalmente no había nadie en el campamento que le prohibiese fumar, pero aquélla era una vieja costumbre que le resultaba muy difícil abandonar.

No le importaba demasiado aquel trabajo. Aunque prefería tareas donde pudiera conversar con alguien, de vez en cuando le apetecía pasar ratos a solas, y aquellas guardias aburridas eran una excelente oportunidad para hacerlo. El fusil no le gustaba mucho; tan pronto se instaló, lo dejó apoyado contra una esquina. Tampoco era demasiado bueno con él, aunque, dada su edad, su pulso resultaba ser bastante mejor que el de muchos de los jóvenes. Le gustaba escuchar a Dozer diciéndole que si hubiera tenido veinte años menos se lo habrían llevado con ellos a sus incursiones; eso le hacía sentirse útil.

Sacó un cigarro y lo encendió, dando tres pequeñas y presurosas caladas. Era un ritual que amaba profundamente, el primer cigarro del día. Le hacía toser, claro que sí, pero le llenaba de una sensación de relajación tan reconfortante que ya no podía prescindir de ella.

Expiró una buena bocanada de humo.

– Va por vosotros, cabrones -dijo, mirando las filas de muertos vivientes. De repente, se quedó mirándolos como si algo estuviese fuera de lugar. ¿No había…? Sí, eso era… ¿no había demasiados esa mañana? Era como asistir a la maldita Carrera Urbana anual. Se agolpaban contra las vallas, formando una caterva informe que se movía como un mar picado en un día de viento.

– Jesús… -dijo, inquieto.

Se giró sobre sí mismo, siguiendo las filas de muertos, y entonces dejó caer el cigarro, que había quedado prendido al labio inferior. Se apagó casi inmediatamente al contacto con la madera húmeda del suelo. Eran los zombis… estaban entrando en el complejo.

1 ... 65 66 67 68 69 70 71 72 73 ... 80
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)