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Juego del Depredador

Электронная книга - «Juego del Depredador». Краткое содержание книги:

Después de ser torturado, el ex SEAL y Caminante Fantasma, Jess Calhoun, regresa a su ciudad natal en Sheridan, Wyoming, donde posee una estación de radio local. Sus intenciones son vivir tranquilamente, escribir canciones y realizar su fisioterapia.
Saber Wynter contesta a un anuncio para la estación de radio… el trabajo perfecto de noche para ella. Es afortunada al alquilarle a Jess, el segundo piso de la estación, en donde también puede trabajar como un ama de casa de medio jornada.
Jess pasa la mayor parte de su tiempo encerrado y aislado en su oficina privada. Pero frente a la fragilidad e inocencia de Saber se despierta en su alma, el poderoso deseo de protegerla, cuidarla y… amarla.
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La irritación cruzó la cara de Lambert.

– Esta es tu casa Jess. He estado aquí cientos de veces durante el último año. Ella no es como el resto de vosotros y tú deberías saberlo mejor que nadie. Y francamente, si alguien debería sentirse incomodo en este momento, eres tú. Porque mientras ella viva aquí, estarás poniendo tu vida y las vidas de todos los que vienen aquí en peligro.

– ¿Qué demonios quieres decir?

Jess giró una vuelta completa la silla para lanzar una mirada de odio al médico.

Eric se puso derecho, lanzando una mirada en defensa, rechazando ser intimidado.

– ¿Qué crees que quiero decir? Ella mata con un toque. ¿Qué ocurre si está un poco cansada de un hombre? ¿O si se está enfadada y fuera de control? Podría matarte cuando duermes. Simplemente sosteniendo tu mano. Inclinándose para darte el beso de buenas noches. El resto de vosotros, estáis entrenados. Disciplinado. Ella es un riesgo, Jess, y uno que ninguno de los Caminantes Fantasma puede permitirse.

– No sabes de que demonios estás hablando.

– Ese es el problema y tú lo sabes. Es una máquina de matar. Lily también piensa así, pero es demasiado educada para decirlo. Soy tu amigo y no quiero que mueras.

– Todos nosotros somos máquinas de matar, Eric.

El médico sacudió la cabeza.

– No como ella. Ella es mortal, Jess, y te ha tenido girando alrededor de su pequeño dedo hasta que no solo puedes pensar, no puedes considerar la idea de eso. ¿Qué crees que va a pasar aquí? Tú la conoces. Eres una carga para ella. En el momento que decida recoger y largarse, eres hombre muerto. Ella no puede ser controlada.

– ¿Y el resto de nosotros puede? -Dijo bruscamente Lily.

– En alguna medida, si. Vosotros tenéis lealtad y disciplina. Vosotros servís a vuestro país. Tenéis ideales y objetivos. Sois un equipo, y esos hombres y mujeres son tu familia y los únicos en quienes confías ¿A que es leal ella? ¿En quien confía? No en ti. En ninguno de vosotros. Y seguro que ella no quiere servir a su país.

– ¿Cómo demonios sabes lo que ella quiere o no quiere? -Gruñó Jess.

– Salió por sí misma. Huyó de Whitney pero seguro como el infierno que no intentó venir ¿verdad?, no fue al fuerte más cercano y dijo que tenía que hablar con un comandante. Y también sé que ella es algo que nunca debería haber sido creado.

Jess no escuchó ningún ruido pero instintivamente supo que Saber estaba allí. Levantó la vista, encontró su mirada azul-violeta, sombría y afligida. Ella parpadeó y su cara se transformó en una máscara.

– Voy a dar un paseo, Jess. Volveré cuando tus amigos se hayan ido… todos tus amigos.

Giró sobre sus talones y salió.

Esta hecho, Saber. Ve a la cama. Iré pronto.

No quiero estar en la misma casa que ellos. Mientras estén aquí, me iré.

Los necesitamos.

Tú los necesitas.

La voz de ella se estranguló y el corazón de Jess se hundió. Él juró y le lanzó una mirada a Lily. Ella tenía lágrimas brillando en sus ojos.

Ella le tendió la mano.

– Nos vamos. Se lo que es sentirse como un monstruo. Tener que vivir de modo distinto a todos los demás. Todos nosotros lo hacemos. No importa que dones tengamos, la gente va a mirarnos de la misma forma que Eric lo hace.

– Eso no es verdad -denegó Eric, obviamente ofendido-. Nunca te he visto de otra forma que como una amiga y colega.

Pero estaba Dahlia, una de las mujeres que Jess había adiestrado, una mujer que iniciaba fuegos cuando la energía acumulada era demasiado fuerte. Ella no podía salir sana y salva en público sin un ancla. Sin duda Eric la consideraría un monstruoso fenómeno también. Jess apretó dos dedos contra los pulsantes puntos sobre sus ojos. ¿Por qué no se había dado cuenta de que Eric podría pensar de ellos de esa manera, y si Eric, un médico que los ayudaba, lo hacía, que pensaría la mayoría de la población?

Las paredes se movieron dentro y fuera y la tierra se onduló de nuevo.

– Maldito seas, Eric. ¿Qué demonios fue eso? No puedes venir a mi casa e insultar a mi mujer…

– ¿ mujer?

– Sí, mi mujer, y luego pensar que voy a estar muy bien. Quiero arrancarte tu jodido corazón en este momento -en realidad Jess movió su silla más cerca del médico pero se detuvo y miró la cara de Lily-. ¿Sabes qué? No importa lo que tú pienses. No conoces a Saber -levantó la mano para adelantarse a cualquier respuesta-. Mira Eric, gracias por todo lo que has hecho, pero quizás sería mejor si no volvieras.

– Por Dios, Jess, hemos sido amigos desde hace años.

Jess se frotó los ojos.

– Saber está en mi vida para quedarse, Eric. No se va a ir, y sabiendo cómo te sientes sobre ella… bueno, se ha dicho suficiente. -Porque todavía quería aplastar el puño en la cara de Eric por hacer que Saber pareciera tan perdida.

– Habladlo pronto -dijo Lily-. Necesitas descansar.

– Sí, estoy cansado. Necesito dormir un poco -asintió Jess-. Gracias por remendarme.

Lily recogió su bolsa.

– Sé muy cuidadoso, Jess. Hasta que puedes tener los biónicos trabajando correctamente, no deberías arriesgarte a practicar sin alguien contigo.

Él agitó las manos en reconocimiento, pero no replicó. Necesitaba que se fueran. Y avisó a los otros de que la casa era segura y podían irse. Ken protestó, junto con Logan, pero dejó claro que quería que se fueran. Porque necesitaba que Saber estuviera bien más de lo que necesitaba cualquier otra cosa. Quería que se sintiera a salvo y segura, quería que su casa fuera un refugio y un santuario para ella.

No importaba que Eric tuviera algún tipo de extraño sentido. No le preocupaba. Quizás algún día ella se cansaría de él y quisiera irse, pero no podía imaginar, no en ese momento, a Saber matando a nadie por el gusto de matar. Saber lo detestaba. Temía cometer errores. No era la asesina que Eric creía que era.

Saber esperó hasta que el último Caminante Fantasma partió. Se habían ido con reluctancia y ella solo pudo asumir que Jess los había despachado. Aún así, esperó hasta la oscuridad antes de volver a la casa, e incluso entonces se deslizó, no queriendo verlo. Él era la única persona en el mundo a la que había llamado amigo,la única persona que había amado, pero ¿cómo podía escuchar aquellas cosas sobre ella y no tener dudas? Incluso ella tenía dudas.

Se detuvo durante un momento, cubriéndose la cara con las manos, escuchando la respiración de Jess, el latido de su corazón. No podía enfrentarlo. Podría no tener el coraje de hacerle frente otra vez.

En el momento que puso los pies en el rellano, Saber empezó a desnudarse. No había sido capaz de dejar de llorar y entre las lágrimas y la lluvia, estaba empapada. Usó el segundo baño, evitando por completo su habitación. No podía hacer frente a la idea de que alguien había estado allí tocando sus cosas, incluso después de que los limpiadores hubieran eliminado toda la evidencia.

Entró en la ducha, permitiendo que la cálida agua cayera en cascada sobre ella, calentando su fría piel, no haciendo nada con el profundo frío dentro de ella. Estaba molesta con Jess, con sus amigos, pero sobre todo con ella misma. ¿Qué había esperado? ¿Qué todos ellos la aceptaron en sus vidas? ¿Que quisieran que fuera una parte de ellos? ¿Qué ella pudiera encajar en algún lugar?

Nunca había estado segura de lo que quería. De acuerdo, eso no era verdad. Había estado asustada de desearlo. Asustada de que no fuera real. No debería tener esperanza. La esperanza era para los locos. La esperanza era para la gente, no para los monstruos.

Un escalofrío recorrió su cuerpo y su herido pecho, comprimiendo debajo algo enorme, desgarrando sentimientos. El crudo fuego en su garganta rehusaba irse, no importaba cuantas veces tratara de tragarse el nudo. Se reclinó contra los azulejos, las rodillas débiles, las piernas temblando tanto que estaba asustada de que le fallaran.

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