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Juego del Depredador

Электронная книга - «Juego del Depredador». Краткое содержание книги:

Después de ser torturado, el ex SEAL y Caminante Fantasma, Jess Calhoun, regresa a su ciudad natal en Sheridan, Wyoming, donde posee una estación de radio local. Sus intenciones son vivir tranquilamente, escribir canciones y realizar su fisioterapia.
Saber Wynter contesta a un anuncio para la estación de radio… el trabajo perfecto de noche para ella. Es afortunada al alquilarle a Jess, el segundo piso de la estación, en donde también puede trabajar como un ama de casa de medio jornada.
Jess pasa la mayor parte de su tiempo encerrado y aislado en su oficina privada. Pero frente a la fragilidad e inocencia de Saber se despierta en su alma, el poderoso deseo de protegerla, cuidarla y… amarla.
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– Buen consejo. -La diversión teñía su voz, una leve sonrisa curvo su boca, pero no abrió los ojos.

Jess la abandonó dormida, luego se duchó y vistió, eligió su silla de carreras, en lugar de la eléctrica que era más pesada para usarla en la oficina. Se necesitaron veinte minutos para que Logan y Neil hicieran acto de presencia, y pudo decir por sus rostros que Neil había logrado extraer algo del disco.

– Vas a odiar esto -saludó Neil.

Logan echó un vistazo alrededor.

– ¿Dónde está ella?

– ¿Ella? -Jess lo miró ceñudo-. ¿Querrás decir Saber? ¿Realmente quieres cabrearme, Max? Porque sólo he pasado un par de horas observando las contusiones en su cara y cuerpo. La he visto tirada en la tierra en posición fetal, por el contragolpe psíquico después de disparar un arma y matar a un hombre… por mí, por Patsy. No estaba lo suficiente cerca para protegerla de la energía, tú y yo sabemos que sin un ancla, ni siquiera un escudo ayudará. Ella también lo sabía, pero continuó haciéndolo.

Logan se sirvió taza de café de la cafetera en el escritorio.

– Seguiré alerta te guste o no.

– Entonces terminemos con esto. Dime en que es diferente ella. Eric Lambert tiene la misma objeción hacia ella, pero él no es un Caminante Fantasma. Tú puedes matar. Yo puedo. En realidad todos nosotros lo hacemos. ¿Es en verdad una diferencia en cómo lo hacemos? No tienes ninguna objeción con Mari o Briony.

Logan suspiró.

– Mari es un soldado y Briony no tiene un hueso falso en el cuerpo.

Neil se limpió la garganta.

– ¿Y qué con las otras mujeres? ¿Flame y Dahlia?

Logan pasó una mano por su pelo.

– Conozco a Dahlia. Esto es diferente. Para ser sincero, no confié en ella al principio. Y Flame, puede matar con el sonido. Así que, ella también me pone un poco nervioso.

– Puedo matar con el sonido -señaló Neil.

– No es la misma cosa.

– ¿Por qué?

– Porque las mujeres no deben combatir. No deberían corretear matando gente. Se supone que son el sexo débil. Debemos cuidarlas. Deberían tener bebés y preparar la cena, no matar a la gente. ¿Qué demonios pasa con el mundo cuando pensamos que es bueno que las mujeres manejen armas?

– Flame, Dahlia, y Saber no necesitan, ni quieren armas, hermano -indicó Neil.

– Bien eso sólo es un gran alivio de mierda para mí -gruñó Logan.

Hubo un aturdido silencio y luego tanto Neil como Jess se echaron a reír.

– Supongo que no deberían permitirles votar tampoco -dijo Neil.

– ¿Te sentirías mejor si te dijo que ella puede cocinar? -Preguntó Jess.

Logan los fulminó con la mirada.

– Vamos sigan así y ríanse. Eso no está bien.

– Bendito Dios, Max. Eres un puñetero machista -dijo Jess.

– ¿Y qué si lo soy? ¿Y qué contigo? No finjas que no te vuelve loco un poco que esta mujer pueda matar con un toque. ¿Y si tiene su periodo? ¿Alguna vez has visto a una mujer con un auténtico SMP? [2] Mi madre solía perder el juicio. Yo me iba a la casa de un amigo por una semana hasta que ella llamaba y decia que era seguro regresar a casa.

– Bien, tengo que concordar con Mac en eso -sostuvo Neil-. Piensa en eso, Jess. La capacidad de matar con un toque y una mujer con SMP. Tienes que tener pelotas muy grandes para vivir con una amenaza como esa.

Jess suspiró.

– Confesaré, que nunca pensé en eso.

– Podría ponerse feo -dijo Logan-. Realmente feo

– Tendré que mantenerla embarazada.

– Sí. Eso funcionara -Logan puso los ojos en blanco-. ¿No ves las películas? ¿Alguna vez has visto a una mujer de parto? ¿O teniendo a un bebé? Una contracción dura, hombre, y estarás frito. La vida del marido ya está en peligro sin que una mujer sepa como matar. En serio, Jess, tienes que pensar largo y tendido en esto, y pensar con el cerebro, no con otras partes de tu anatomía.

– Sólo intentais asustarme -dijo Jess, fulminándolos con la mirada.

Logan y Neil se echaron a reír.

– Iros al infierno, vosotros dos -Jess se sirvió una taza de café-. Sois un par de tontos. ¿Nos ponemos a trabajar o qué?

– Traje a esto para ti -Neil sacó un disco de su bolsillo, la sonrisa se desvaneció de su cara-. Te dejaré escucharla. Tomó un rato limpiarla y conseguir la conversación. Todavía hay algún ruido de fondo, pero creo que reconocerás un par de voces -él insertó el disco en el ordenador-. El original está a buen resguardo y verás por qué.

Hubo un momento de silencio y luego el sonido de pasos.

– No podemos permitirnos dejar a cualquiera de ellos vivo, Senador, a ninguno. No me importa si son responsables de esto o no. Tiene que cerrar ese programa. El peligro más grande para nosotros ahora mismo consiste en ese megalómano, Whitney, y las abominaciones que crea. -La voz estaba amortiguada, y un poco deformada, pero Neil había logrado amplificar lo suficiente el sonido para captar las palabras.

– Lo intento.

– Intentelo más fuerte. Whitney sabe de nosotros. Va a encontrar un modo de derribarnos y usted caerá con el resto de nosotros, Senador. Todos seremos acusados de traición y mi conjetura es, que algunos de nosotros seremos eliminados o recibiremos un tiro antes que nos abran un proceso. ¿Cree usted que el presidente va a querer que alguien sepa que hemos estado vendiendo secretos a terroristas y financiándolos durante años? Nadie querrá que esa información se haga pública. Nos matarán, y los súper soldados de Whitney serán quienes apreten los gatillos. El hombre está mal de la cabeza pero no se desharán de él. Tenemos a unas personas en sitios claves que nos proporcionan información, pero no es suficiente. Tiene que encontrar un modo de eliminarlo.

– Haré todo lo posible. -La voz era más clara, como si quizás estuviera más cerca del grabador de voz.

Jess se inclinó para hacer una pausa en la grabación.

– Es el Senador Ed Freeman. Esto debió suceder antes que le pegaran un tiro. ¿Quién es el otro hombre?

Neil sacudió la cabeza.

– No tengo ni idea. He estado intentando emparejar la voz con huellas de voces que tengo, pero hasta ahora, no hay suerte.

– El senador suena como si tuviera miedo de algo.

– Escucha el resto -sugirió Neil y una vez más activó la grabación.

– Whitney continuará hasta que sea asesinado. No hay otra forma de detenerlo. Tiene que matar a todas las mujeres en su programa de cría… a todas. No podemos añadirlas en este lío.

– Él no confía en mí. Creó que está intentando matarme.

– Debe saber que usted contribuyó decisivamente al envío de un par de sus Caminantes Fantasmas al Congo. Debe hacerlo. Y cuando digo que todas las mujeres tienen que morir, quiero decir todas ellas.

– Violet nos está ayudando -siseó el senador.

– Ella es la única que le contó sobre Higgens. Si no le hubiera informado habríamos conseguido al bastardo en esa oportunidad. En cambio, Higgens está muerto y Whitney está suelto.

– Ella no hizo…

Hubo un sonido alguien tocando la puerta, goznes crujiendo, y luego más pasos. Ambos hombres guardaron silencio al instante. Las sillas chirriaron.

– No, no, sigan sentados.

El grabador se apagó repentinamente. Jess y Logan se miraron el uno al otro. La tensión en la oficina se elevó.

– ¿Es quién pienso que es? -Preguntó Logan.

– Ese era el vicepresidente -dijo Jess-. Tiene una voz muy distintiva. Simplemente entró caminando en ese cuarto. ¿No creerás que quienquiera que estuviera hablando con el senador está en la Casa Blanca, verdad?

– ¿Llegará tan alto la podredumbre? -Logan respiró hondo-. Hablaban traición a nuestro país desde la Casa Blanca.

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