Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Космическая фантастика » El aprendiz de guerrero [The Warrior's Apprentice - es]
El aprendiz de guerrero [The Warrior's Apprentice - es] - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El aprendiz de guerrero [The Warrior's Apprentice - es]

Электронная книга - «El aprendiz de guerrero [The Warrior's Apprentice - es]». Краткое содержание книги:

La primera aventura de Miles Vorkosigan, un genio de la estrategia dotado de gran inteligencia pero encerrado en un cuerpo defectuoso. Un personaje entrañable e inolvidable, protagonista de la serie de mayor éxito de la moderna space opera. Sus azañas son un agradable retorno a los temas y al tono ameno de la ciencia ficción campbelliana, y componen la más famosa creación de una de las mejores escritoras de la ciencia ficción de aventuras que ha aparecido en los últimos años.
1 ... 67 68 69 70 71 72 73 74 75 ... 85
Перейти на страницу:

— No estás en la descendencia de ninguno que se me ocurra — sonrió Miles.

Trató de recobrar el hilo de su conversación, pero las observaciones de Ivan le hacían representar en su cabeza mapas de líneas hereditarias. Trazó su propio origen; desde su abuela Vorkosigan al príncipe Vax y de éste al emperador Dorca Vorbarra en persona. ¿Había previsto alguna vez el Gran Emperador el giro que su tataranieto daría a su ley, que proscribía por fin para siempre los ejércitos privados y las guerras privadas de los condes?

— ¿Quién es tu heredero, Ivan? — preguntó Miles, como ausente, mirando las naves Dendarii pero pensando en las montañas Dendarii —. Lord Vortaine, ¿no?

— Sí, pero espero sobrevivirle en cualquier momento. Su salud no andaba muy bien, según lo último que he oído. Lástima que esta cosa de la herencia no funcione para atrás, tendría parte de la pasta.

— ¿Quién se llevará el dinero?

— Su hija, supongo. Lo títulos irán… déjame pensar… al conde Vordrozda, quien ni siquiera los necesita. Por lo que he oído de Vordrozda, él preferiría llevarse el dinero. No sé si llegaría tan lejos como para casarse con la hija para conseguirlo, sin embargo; la chica tendrá unos quince años.

Ambos contemplaron el espacio.

— Dios — dijo Ivan después de un rato —. Espero que esas órdenes que recibió Dimir cuando yo desaparecí no hayan sido volver a casa o algo así. Pensarán que he estado «ausente si permiso» durante tres semanas… no habrá sitio suficiente en mi expediente para todos los deméritos. Gracias a Dios que han eliminado los alardes disciplinarios de antaño.

— ¿Estabas cuando Dimir recibió las órdenes? ¿Y no te quedaste a ver cuáles eran? — preguntó Miles asombrado.

— Conseguir que me diera el permiso fue como sacarle un diente. No quería arriesgarlo. Estaba esa chica, ya sabes… Ahora desearía haberme llevado mi transmisor.

— ¿Dejaste tu transmisor?

— Estaba esa chica… casi me lo olvido de verdad, pero en ese momento el capitán Dimir estaba abriendo el asunto y no quise volver adentro y que me agarraran.

Miles sacudió la cabeza con un gesto de impotencia.

— ¿Puedes recordar alguna cosa fuera de lo común en relación con esas órdenes? ¿Algo inusual?

— Oh, seguro. Era un paquete de lo más extraordinario. En primer lugar, fue entregado por un correo de la Casa Imperial, todo librea. Déjame ver, cuatro discos de datos, uno verde para Inteligencia, dos rojos para Seguridad, uno azul para Operaciones. Y el pergamino, por supuesto.

Ivan tenía la memoria de la familia, al menos. ¿Cómo sería tener una mente que lo retiene casi todo, pero que nunca se molesta en ponerlo en ninguna clase de orden?

Exactamente como vivir en el cuarto de Ivan, determinó Miles.

— ¿Pergamino? — preguntó —. ¿Un pergamino?

— Sí, me pareció que era algo inusual.

— ¿Tienes idea de hasta qué punto lo es?

Se levantó, volvió a sentarse y presionó sus sienes con la palma de las manos, como esforzándose por poner su cerebro en movimiento. Ivan no sólo era un idiota, sino que generaba un campo telepático amortiguador que volvía idiotas a las personas que estaban cerca. Informaría de eso a la Inteligencia de Barrayar, lo cual convertía a su primo en el arma más moderna del arsenal barrayarano…

— Ivan, hay sólo tres tipos de cosas que siguen escribiéndose en pergaminos: los Edictos Imperiales, los originales de los edictos oficiales del Consejo de Condes, y ciertas órdenes del Consejo de Condes a sus propios miembros.

— Ya sé eso.

— Como heredero de mi padre, yo soy miembro cadete de ese Consejo.

— Mis condolencias — dijo Ivan, con la mirada vagando hacia el exterior —. ¿Cuál de esas naves crees que será más rápida, el crucero Illyrica o…?

— Ivan, soy adivino — anunció repentinamente Miles —. Soy tan adivino que puedo decir de qué color era la cinta que tenía el pergamino sin haberla visto nunca.

— Yo sé de qué color era — dijo irritado Ivan —. Era…

— Negra — se anticipó Miles —. ¡Negra, idiota! ¡Y nunca se te ha ocurrido mencionarlo!

— Mira, tengo que aguantar ese trato de mi madre y de tu padre, no tengo por qué aguantarlo también de ti… — Hizo una pausa —. ¿Cómo lo supiste?

— Conozco el color porque conozco el contenido. — Miles se levantó y empezó a pasearse nerviosamente de un lado a otro —. Tú también lo sabes, o lo sabrías si te hubieras detenido alguna vez a pensar. Tengo una adivinanza para ti: ¿Qué es blanco, sacado del lomo de la oveja, atado con lazos negros, despachado a miles de años luz, y perdido?

— Si esa es tu idea de una broma, eres más raro que…

— La muerte. — La voz de Miles se hizo un susurro, sobresaltando a Ivan —. Traición. Guerra civil. Engaño, sabotaje, casi seguramente asesinato. Maldad…

— No has tomado más de ese sedante que te produce alergia, ¿no? — preguntó Ivan con inquietud.

El ir y venir de Miles se volvió frenético. El impulso de espabilar y sacudir a Ivan, en la esperanza de que toda la información que flotaba caóticamente en su cerebro comenzara a cristalizar en alguna sucesión razonable, era casi abrumador.

— Si las varas Necklin del correo de Dimir hubieran sido sabotedadas durante la parada en Colonia Beta, pasarían semanas antes de que se supiese que la nave se había perdido. Todo lo que podía saber la embajada barrayarana es que la nave salió para su misión, e hizo el salto… No habría manera de saber en Colonia Beta si apareció o no al otro lado. Qué manera tan perfecta de deshacerse de la evidencia.

Miles imaginó el desaliento y el terror de los hombres a bordo a medida que el salto empezara a ir mal, a medida que sus cuerpos comenzaran a diluirse y a borrarse como acuarela en la lluvia… Hizo un esfuerzo para volver otra vez su mente al pensamiento abstracto.

— No comprendo. ¿Dónde crees que está Dimir? — preguntó Ivan.

— Muerto. Completamente muerto. Se suponía que tú también lo estarías, pero perdiste la nave. — Una aguda y sonora risa se escapó de la boca de Miles. Se reprimió, literalmente, abrazándose el pecho con fuerza —. Creo que ellos pensaron que, ya que iban a tomarse todo ese trabajo para deshacerse del pergamino, se desharían de ti al mismo tiempo. Hay una cierta economía en el complot… podría esperarse eso de una mente que ha ido a parar a Gestión.

— Aguarda un poco — le pidió Ivan —. ¿Qué crees qu era el pergamino, por un lado… y quién demonios son ellos? Estás empezando a parecer tan paranoico como el viejo Bothari.

— La cinta negra. Tiene que haber sido un cargo capital. Una orden imperial para mi arresto presentada en el Consejo de Condes. ¿El cargo? Tú mismo lo dijiste: Violación de la ley de Vorloupulous. ¡Traición, Ivan! Ahora, pregúntate, ¿quién se beneficiaría con mi condena por traición?

— Nadie — respondió rápidamente Ivan.

— Está bien — dijo Miles poniendo los ojos en blanco —. Míralo de este modo. ¿Quién sufriría con mi condena por traición?

— Oh, eso destruiría a tu padre, por supuesto. Quiero decir, su despacho da a la Plaza Mayor. Se pasaría todo el día viéndote morir de inanición. — Una embarazosa sonrisa se escapó de sus labios —. Eso le volvería loco.

Miles se paseaba.

— Quítale a su heredero, por exilio o ejecución, quebrántale la moral, humíllale, y a su coalición centrista con él… o… fuérzale a hacer real la acusación falsa, intentando mi rescate. Entonces, te lo cargas a él también por traición. ¡Qué maniobra tan estupenda, tan demoníaca!

Su intelecto admiró la abstracta perfección del complot, si bien la ira ante tal crueldad le dejó casi sin aliento.

1 ... 67 68 69 70 71 72 73 74 75 ... 85
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)