El aprendiz de guerrero [The Warrior's Apprentice - es]
- Автор: Буджолд Лоис Макмастер
- Серия: Barrayar (es) #5
- Год: 1991
- Язык: испанский
- Год: Ediciones B
- ISBN: 84-406-1783-6
- Переводчик: Paola Tizzano
- Жанр: Космическая фантастика
Электронная книга - «El aprendiz de guerrero [The Warrior's Apprentice - es]». Краткое содержание книги:
— El sargento estaba haciendo las cosas correctamente… haciéndolo bien, hasta… Tú ibas a ser su expiación, ¿no puedes verlo?
— ¿Qué, un sacrificio por sus pecados? ¿Debo formarme a mí misma en el molde de una doncella barrayarana perfecta, como tratando de conseguir un encanto mágico para la absolución?¡Podría pasarme toda la vida efectuando ese ritual y no llegar al final de él, maldita sea!
— No el sacrificio — probó a decir —, el altar, quizás.
— ¡Bah!
Elena empezó a pasarse, como un leopardo encadenado. Sus heridas emocionales parecían abrirse solas y sangrar delante de Miles. Él trató de restañarlas.
— ¿No ves? — acometió otra vez, con apasionada convicción —, estarías mejor conmigo. Actuando o reaccionando, le llevamos a él en nosotros. No puedes alejarte de él más de lo que yo puedo. Sea que vayas hacia adelante o lejos, él será la brújula. Será la lente, llena de colores sutiles y astigmáticos, a través de la cual serán vistas todas las cosas nuevas. Yo también tengo un padre que me acecha y sé lo que es.
Quedó estremecida, temblando.
— Me haces sentir muy mal.
Cuando Elena se estaba yendo, Ivan Vorpatril surgió por el pasillo.
— Ah, aquí estás, Miles.
Ivan eludió cautamente a Elena al cruzarse con ella, llevando sus manos a la entrepierna, en un gesto inconsciente de protección. Elena frució de forma venenosa un rincón de su boca e inclinó la cabeza en un saludo cortés. Ivan agradeció el gesto con una rígida y nerviosa sonrisa. Eso bastaba, pensó Miles, a sus caballerescos planes de las indeseables atenciones de su primo.
Ivan se paró junto a Miles con un suspiro.
— ¿No has sabido nada todavía del capitán Dimir?
— Ni una palabra. ¿Estás seguro de que venían a Tau Verde y de que no le ordenaron repentinamente ir a otra parte? No veo cómo un expreso rápido puede demorarse dos semanas.
— Oh, Dios, ¿crees que es eso posible? Voy a tener un gran problema…
— No lo sé. — Miles trató de mitigar su alarma —. Vuestras órdenes eran encontrarme, y hasta ahora eres el único que parece haber tenido éxito en cumplirlas. Menciona eso, cuando le pidas a mi padre que te saque del entuerto.
— ¡Ja! — murmuró su primo —. ¿Cuál es la ventaja de vivir en un sistema de poder heredado si uno no puede tener un poco de nepotismo de vez en cuando? Miles, tu padre no le hace favores a nadie. — Miró afuera, a la flota Dendarii, y agregó elípticamente —: Eso es impresionante, ¿sabes?
Miles estaba imperceptiblemente animado.
— ¿Realmente lo crees? — Y añadió jocosamente —: ¿Quieres alistarte? Parece ser la última moda por aquí.
— No, gracias. No quiero servir de alimento al emperador. La ley Vorloupulous, ya sabes… — dijo Ivan ahogando la risa.
La sonrisa de Miles se borró de sus labios. La risa de Ivan se escurrió como algo yéndose a pique. Se miraron el uno al otro en un aturdido silencio.
— Oh, mierda… — dijo Miles finalmente —. Me olvidé de la ley Vorloupulous. En ningún momento se me cruzó por la mente.
— Seguro que nadie podría interpretar eso como organizar un ejército privado — le tranquilizó débilmente Ivan —. No hay propiamente entrega ni mantenimiento. Quiero decir, ellos no son vasallos que te han prestado juramento ni nada, ¿o sí?
— Sólo Baz y Arde — respondió Miles —. No sé cómo podría interpretarse un contrato mercenario de acuerdo a la ley barrayarana. No es un contrato de por vida, después de todo… a menor que uno resulte muerto…
— ¿Quién es ese tipo Baz, de todas formas? Parece ser tu mano derecha.
— No podría haber hecho esto sin él. Era un ingeniero de máquinas del Servicio Imperial, antes de… — Miles se interrumpió — retirarse.
Trataba de imaginarse cuáles podrían ser las leyes con respecto a encubrir desertores. Después de todo, originalmente se había propuesto no ser atrapado por ello. Cuanto más lo pensaba, su nebuloso plan de volver a casa con Baz y pedirle a su padre que dispusiera alguna suerte de perdón empezaba a parecerse cada vez más a un hombre que cae de un avión y piensa en aterrizar en esa blanda y mullida nube que está debajo de él. Lo que a cierta distancia parecía sólido, bien podría resultar niebla visto de cerca.
Miles miró a Ivan. Luego, le observó. Luego, le examinó. Ivan pestañeó con un gesto de inocente interrogación. Había algo en ese alegre y franco rostro que a Miles le hacía sentirse terriblemente incómodo.
— ¿Sabes? — dijo Miles finalmente —. Cuanto más pienso en tu presencia aquí, más rara me parece.
— No lo creas — contestó Ivan —. Tuve que trabajar para ganarme el pasaje. Esa vieja pájara era casi insaciable…
— No me refiero al hecho concreto de que estés aquí… me refiero, en primer lugar, a que te hayan enviado. ¿Desde cuándo sacan a cadetes de primer año y los mandan en misiones de Seguridad?
— No lo sé. Supuse que querían a alguien que pudiera indentificar el cadáver o algo por el estilo.
— Sí, pero tienen casi tantos datos médicos míos como para hacerme de nuevo. Esa idea sólo tiene sentido si no la piensas demasiado.
— Mira, cuando un almirante del Estado Mayor llama a un cadete en mitad de la noche y le dice que vaya, uno va. No te paras a debatir con él. No lo apreciaría.
— Bueno… ¿qué decían las órdenes en el registro?
— Piénsalo un poco, nunca he visto el registro de las órdenes. Supuse que el almirante Hessman debió de dárselas personalmente al capitán Dimir.
Miles pensó que su incomodidad provenía de las veces que la palabra «supuse» estaba apareciendo en esa conversación. Había algo más… casi lo tenía…
— ¿Hessman? ¿Hessman te dio las órdenes?
— En persona — respondió con orgullo Ivan.
— Hessman no tiene nada que ver ni con Inteligencia ni con Seguridad. Está a cargo de la Gestión. Ivan, esto se está poniendo cada vez más jodido.
— Un almirante es un almirante.
— Este almirante está en la lista de mierda de mi padre, sin embargo. Por una cosa, es el conducto del conde Vordrozda al Cuartel General del Servicio Imperial, y mi padre odia que sus oficiales se involcren con los partidos políticos. Mi padre también sospecha de él por malversación de fondos del Servicio, algún tipo de prestidigitación en los contratos con los armadores de naves. En la época en que me fui de casa, mi padre estaba lo suficientemente impaciente para poner al capitán Illyan a investigar personalmente a Hessman; y sabes que no malgastaría los talentos de Illyan en nada de poca monta.
— Eso está fuera de mi capacidad. Ya tengo bastantes problemas con las matemática de navegación.
— No debería estar fuera de tu capacidad; sí, como cadete, seguro… pero también eres lord Vorpatril. Si algo me ocurriera, heredarías de mi padre el Condado de nuestro distrito.
— Dios no lo permita. Quiero ser un oficial y viajar y ligar con chicas, no salir de cacería por esas montañas tratando de cobrar impuestos a homicidas analfabetos o de evitar que casos de robos de gallinas se conviertan en guerras de guerrillas menores. No intento insultar, pero tu distrito es el más huraño de Barrayar. Miles, hay gente detrás de la garganta Dendarii que vive en cuevas. — Ivan se estremeció —. Y encima les gusta.
— Hay cuevas grandiosas allí — Miles se mostró de acuerdo —. Colores magníficos cuando les da la luz adecuada a las formaciones rocosas. — Recuerdos nostálgicos le punzaron.
— Bueno, si alguna vez heredo un Condado, ruego que sea en una ciudad — concluyó Ivan.