Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Триллеры » El Jardinero Nocturno
El Jardinero Nocturno - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El Jardinero Nocturno

Электронная книга - «El Jardinero Nocturno». Краткое содержание книги:

La obra maestra de pelecanos y la que le convirtió un Best-Séller en Estados Unidos.
Cuando el cadáver de un adolescente aparece en un parque público de Washington, el detective Gus Ramone revive con intensidad una investigación en la que participó veinte años atrás. El asesino, a quien los mede víctimas los parques de la ciudad y salió impune. El nuevo crimen reunirá a los tres hombres que participaron en aquel caso y les dará la oportunidad de cerrarlo. Tal vez ahora consigan atrapar al Jardinero Nocturno…
1 ... 62 63 64 65 66 67 68 69 70 ... 85
Перейти на страницу:

– ¿De dónde dices que has sacado esto? ¿De los archivos del historial del ordenador? -preguntó Ramone.

– Básicamente son las páginas por las que estuvo navegando la semana antes de su muerte. Tenía programado borrar el historial una vez a la semana.

– Esto es…

– Son sólo ejemplos de las páginas de inicio. Si te metes un poco más, la cosa se pone bastante fuerte. Explícito del todo, créeme. Rollo homosexual, básicamente. Primeros planos de pollas, penetración anal, mamadas. También muchas pajas.

– Asa era gay.

– Seguro.

Ramone se acarició el bigote.

– Yo creo que ya me lo imaginaba desde el informe de la autopsia. No sé por qué no me centré más en ello. Supongo que no quería que fuera verdad.

Wilkins tiró el cigarrillo al suelo.

– No quiero quitarle importancia. La verdad es que me llevé un palo al ver los archivos, sabiendo que conoces al chico y todo eso.

– Buen trabajo.

– Ojalá hubiera averiguado más. Quiero decir que no había nada de correspondencia. O tenía mucho cuidado con los e-mails o no utilizaba el correo electrónico. Los adultos pescan a los chicos en los chats, así conectan con ellos. Yo mismo lo he hecho. -Wilkins advirtió la mirada de Ramone-. Con mujeres, Gus. Mujeres casadas, en su mayoría, si quieres saberlo. Son las más fáciles de… conocer. Las maravillas de Internet.

– ¿Has hablado con Terrance Johnson?

– Joder, no. De esto no. De todas formas estaba borracho. No hacía más que preguntarme por el caso, si hemos encontrado ya el arma, todo eso. Yo me largué echando chispas con los papeles bajo el brazo.

– Borracho a las nueve de la mañana.

– La verdad es que lo entiendo -comentó Wilkins.

– ¿Sabes? A mí también me preguntó si habíamos encontrado el arma.

– ¿No creerás…?

– No. ¿Con qué motivo? Terrance Johnson puede ser un auténtico gilipollas, pero es imposible que matara a su hijo. -Ramone miró a través del parabrisas-. Pero eso sí explica lo de la guerra civil.

– ¿Cómo?

– Los sitios esos que Asa visitaba sobre los fuertes y cementerios locales.

– Ya. Sitios de encuentro y de ligue.

– Ya me los imagino quedando por Internet. Un adolescente no tiene casa propia, y supongo que muchos de los adultos no quieren que la gente vea a un niño entrando en su casa. Seguro que la mayoría de esos pedófilos están casados.

– Fort Stevens sería un buen sitio. Entre la Trece y Quackenbos, no lejos de la casa de Johnson. Y con todos esos terraplenes y, ¿cómo se llaman?, parapetos para esconderse.

– ¿No habrá allí un monumento a Lincoln-Kennedy?

– Que yo sepa no. Aunque bueno, al presidente Lincoln le dispararon durante la famosa batalla que hubo allí. La única vez que estuvo en un campo de batalla durante toda la guerra civil. Pero no hay ningún monumento, que yo recuerde. Igual en ese cementerio nacional que hay un poco más arriba.

– ¿En Georgia Avenue?

– El que da con Venable Place. Es un cementerio pequeño, donde enterraron a los soldados caídos en aquella batalla.

– Bill, eres…

– Ya lo sé. Vosotros pensáis que a mí sólo me interesan las tías y la cerveza. Pues que sepáis que me gusta leer. Te juro que cuando estoy en casa no hago otra cosa.

Ramone ordenó sus pensamientos.

– Tú sabes lo que me preocupa, ¿no?

– ¿Qué?

– Vale, Asa era gay. Pero ¿tiene eso algo que ver con su asesinato?

– ¿No crees que estamos algo más cerca?

– Sí, pero no lo veo.

– ¿Y el sospechoso de Rhonda?

– Ahí está la cosa. La novia de Dominique Lyons lo está acusando del asesinato de Jamal White. Pero dice que Dominique no compró el arma hasta la noche que mató a Jamal. A Asa lo mataron la noche anterior.

– Así que hay que encontrar al tío que le vendió a Lyons la pistola.

– Rhonda está en ello.

– ¿Sargento?

– Dime.

– Has dicho que estoy haciendo un buen trabajo. -Es cierto.

– Estoy haciendo muchas horas extras.

– Vale.

– ¿Me firmarás el once-treinta cuando entremos?

– Bésame el culo.

Ramone se miró el reloj. Eran más de las doce.

Ramone y Wilkins entraron en la sala de vídeo. Bo Green y Antonelli miraban, en la pantalla dos, a Rhonda Willis y a Darcia. En la uno estaba Dominique Lyons solo en el box, con la cabeza en la mesa y los ojos cerrados.

– ¿Qué pasa? -preguntó Ramone.

– Bo ha dejado al chulo por imposible -contestó Antonelli-. Pero Rhonda ha conseguido que la chica cante.

– ¿Y el arma?

– Dominique sacó el tambor del revólver y lo tiró por el puente Douglass. Luego tiró el resto en el Sousa. Así que está en pedazos en el río Anacostia, para siempre. Pero la chica nos ha dado el nombre y dirección del vendedor. Un tal Beano. Eugene está ahora buscando la ficha.

– Mira a Dominique -comentó asqueado Green.

– El hijoputa se está echando la siesta.

– Ya sabéis lo que dice el capitán -apuntó Wilkins-. Si pueden dormir en el box es que son culpables. Porque si no estarían berreando su inocencia a grito pelado.

– Deja que duerma -dijo Green-. El tío se cree que se va a ir de rositas. Pero ése a donde va a ir es al talego. Y yo pienso quedarme aquí sólo para verle la cara cuando se lo digamos.

– ¿Y la chica? -preguntó Wilkins-. ¿La van a acusar también?

– Tenemos que hablar con el fiscal -dijo Green-. Pero me imagino que con lo que ha cooperado, y con su testimonio, quedará en libertad condicional. Rhonda le ha prometido protección de testigos. Es un comienzo.

– Parece que la putilla va a quitar el culo de la calle justo a tiempo para el día de la madre -saltó Antonelli.

– ¿Tú es que nunca te callas? -le espetó Ramone.

Mientras Rhonda grababa la hora para la cámara, Ramone y Wilkins salieron. Antonelli se volvió hacia Bo Green.

– ¿Yo qué coño he hecho?

– Supongo que es que no le gustan los gilipollas. No sé por qué, la verdad.

Ramone y Wilkins se encontraron con Rhonda en su cubículo. Ramone le tocó el brazo.

– Buen trabajo.

– Gracias.

– Tú ya terminas por hoy, ¿no?

– Sí. ¿Y tú, qué tal?

1 ... 62 63 64 65 66 67 68 69 70 ... 85
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)