El Jardinero Nocturno
- Автор: Пелеканос Джордж
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «El Jardinero Nocturno». Краткое содержание книги:
Cuando el cadáver de un adolescente aparece en un parque público de Washington, el detective Gus Ramone revive con intensidad una investigación en la que participó veinte años atrás. El asesino, a quien los mede víctimas los parques de la ciudad y salió impune. El nuevo crimen reunirá a los tres hombres que participaron en aquel caso y les dará la oportunidad de cerrarlo. Tal vez ahora consigan atrapar al Jardinero Nocturno…
– De momento ha sido un día interesante. A mi hijo lo han echado del colegio, así que me planté allí, le monté un pollo a la directora y luego cuestioné la hombría del subdirector.
– Todo un diplomático.
– Además Bill ha encontrado cosas en el ordenador de Asa Johnson que vienen a demostrar que el chico era gay.
– Seguro que tú ya te lo imaginabas.
– Sí.
– Pero ¿qué tiene eso que ver con su muerte?
– Pues no sé si tendrá algo que ver. Espero que entre los dos podamos localizar al tío que le vendió a Lyons la pistola a ver si averiguamos de una vez qué ha pasado.
Eugene Hornsby se unió al grupo. Había buscado en la base de datos el nombre de Beano. El programa era capaz de localizar el apodo callejero y dar el nombre real, la última dirección conocida y los antecedentes. Hornsby pasó copias de la información. Había encontrado dos Beanos, pero uno estaba en la cárcel.
– Aldan Tinsley. Nuestro hombre tiene antecedentes por haber recibido y vendido propiedades robadas. Además de una detención reciente por conducir borracho.
– Darcia ha dicho que fueron con Dominique a un callejón detrás de una calle perpendicular a Blair Road -informó Rhonda-. No recordaba el cruce.
– Su última dirección conocida está en una manzana de Milmarson -comentó Hornsby.
– Eso está al lado de Fort Slocum, donde encontraron a Jamal.
– Y a tiro de piedra del jardín comunitario de Oglethorpe -dijo Ramone.
– Tengo que llamar a mis hijos, que no se me desmanden -advirtió Rhonda.
– Nos vemos en el parking.
Ramone y Rhonda Willis fueron a la parte alta de la ciudad en el Taurus. Iban por South Dakota Avenue en dirección a North Capitol pasando por Michigan, la mejor ruta hacia el norte a través de Northeast. Rhonda se estaba pintando los labios mirándose en el espejo de cortesía.
– Es una pena lo de Asa -comentó-. Es una pena que los padres, encima, tengan que lidiar con esto.
– Y eso no es lo peor -dijo Ramone-. Una de las muchas cosas que le hizo Terrance Johnson a su hijo fue llamarle maricón. A ver ahora cómo lo asimila.
– ¿Tú crees que Johnson lo sabía?
– No. No se enteraba de nada.
Milmarson Place era una manzana de casas coloniales de ladrillo y piedra, bien conservadas, que iba de Blair Road a la calle Primera, entre Nicholson y Madison. Era una calle de dirección única, de manera que tuvieron que entrar desde Kansas Avenue y Nicholson. Un complicado sistema de circulación conectaba una calle con otra. Ramone seguía una de estas calles que trazaba un semicírculo. Pasaron por delante de varios garajes, verjas de madera y metálicas, cubos de basura volcados y varios perros mezcla entre pitbull y pastor alemán, bien ladrando o bien tirados en silencio en pequeños jardines. Aquella parte de la calle salía cerca de Blair. En cuanto llegaron vieron un coche patrulla del Distrito Cuatro mirando hacia el oeste. Ramone aparcó el Taurus detrás. La residencia de los Tinsley estaba en el otro extremo de la calle.
Rhonda se llevó un walkie-talkie. El agente de uniforme salió de su Ford para acercarse a ellos. Era joven y tenía el pelo rubio, muy corto, con un remolino. En la placa del pecho anunciaba su nombre: Conconi. Rhonda había llamado pidiendo asistencia.
– Arturo Conconi -se presentó el agente, tendiendo la mano.
– Detective Ramone. Ésta es la detective Willis.
– ¿Qué tenemos?
– Un tal Aldan Tinsley. Creemos que puede haber vendido una pistola que más tarde se usó en un homicidio. No tiene antecedentes violentos.
– No es razón para correr riesgos -dijo el joven.
– Exacto. ¿Cómo andas de la vista?
– Muy bien.
– Pues vigila la casa desde aquí. Si te llama la detective Willis, entra en el callejón.
Conconi se sacó la radio del cinto para ajustar las frecuencias con Rhonda.
– ¿Te llaman Art o Arturo? -preguntó ella.
– Turo.
– Muy bien.
Ramone y Rhonda echaron a andar por la calle.
– Un compatriota tuyo.
– No se lo tengas en cuenta -dijo Ramone.
Subieron unos escalones de cemento hasta el patio de una casa de ladrillo al final de Milmarson. Rhonda señaló la puerta con el mentón.
– Dale el toque policial, Gus.
– ¿Todavía te duele la mano?
– De contar todo el dinero que tengo.
Ramone golpeó la puerta con el puño, dos veces, hasta que le abrieron.
Apareció un veinteañero de la altura de Ramone, de cabeza grande, brazos largos y estrecho de pecho. Llevaba una camiseta We R One y unos tejanos, y un móvil pegado a la oreja.
– Un momento -dijo al teléfono, antes de dirigirse a Ramone-. ¿Sí?
Ramone y Rhonda se adentraron un paso. Ramone enseñó la placa mientras su compañera echaba un vistazo sobre su hombro queriendo ver si había alguien más en la casa. Le pareció oír movimientos al fondo.
– Soy el detective Ramone y ésta es la detective Willis. ¿Es usted Aldan Tinsley?
– No. Ahora mismo no está.
– ¿Y quién es usted?
– Su primo.
Ramone le miró, recordando la fotografía que había visto en la ficha. Parecía Aldan Tinsley, pero también podía haber sido su primo.
– ¿Tiene alguna identificación? -preguntó Rhonda. -Eh, ¿sigues ahí? -dijo el joven al teléfono.
– Le tengo que pedir que termine con esa llamada.
– Te llamo luego, está aquí la policía. Buscan a mi primo.
– ¿Podemos ver alguna identificación? -insistió Rhonda.
– ¿De qué va todo esto?
– ¿Es usted Aldan Tinsley? -repitió Ramone.
– Oigan, ¿tienen una orden? Porque, si no, se han metido en mi casa y eso es allanamiento.
– ¿Es usted Aldan Tinsley?
– Que les den por culo. Ya le digo que mi primo no está.
– ¿Que nos den por culo? -sonrió Ramone.
– Lo que digo es que no tienen derecho a entrar así y yo no tengo tiempo para estas chorradas, así que tendrán que perdonarme.
El joven intentó cerrar, pero ellos no se movieron, de manera que la puerta le dio a Rhonda en el hombro, haciéndole perder el equilibrio. Ramone abrió de nuevo con una violenta patada y entró del todo en la casa.
– Eso ha sido agresión.
Agarró al hombre por la camiseta y lo puso contra la pared. El otro se debatió intentando liberarse, pero Ramone lo levantó en el aire para tirarlo al suelo, y mientras caía, echó su peso sobre él y lo estampó contra el suelo de madera. Mientras tanto Rhonda llamaba al agente de uniforme por la radio. Ramone sacó las esposas e hizo girarse al tipo, advirtiendo que tenía sangre en los labios y los dientes. Se había dado un golpe en la cara al caerse. Con una rodilla en su espalda, le puso las esposas, mientras el otro mascullaba alguna obscenidad.