El Jardinero Nocturno
- Автор: Пелеканос Джордж
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «El Jardinero Nocturno». Краткое содержание книги:
Cuando el cadáver de un adolescente aparece en un parque público de Washington, el detective Gus Ramone revive con intensidad una investigación en la que participó veinte años atrás. El asesino, a quien los mede víctimas los parques de la ciudad y salió impune. El nuevo crimen reunirá a los tres hombres que participaron en aquel caso y les dará la oportunidad de cerrarlo. Tal vez ahora consigan atrapar al Jardinero Nocturno…
– Ya se lo preguntaremos -aseguró Green.
Antonelli bajó los pies al suelo y señaló la pantalla dos, donde aparecían Rhonda y Aldan Tinsley.
– Vuestro hombre no dice gran cosa.
– Ya hablará -aseguró Ramone.
– ¿Rhonda está bien?
– La puerta apenas la tocó. Pero se echó atrás como si la hubiera atropellado un camión.
– Esa mujer es toda una actriz.
– Entre otras muchas cosas.
Rhonda seguía forcejeando verbalmente con Aldan Tinsley sin hacer progresos. Ramone se comió el bocadillo de pollo con la ferocidad de un animal, apuró el refresco y tiró la lata a la basura.
– Creo que voy a entrar.
Antonelli vio en la pantalla que Rhonda volvía la cabeza al oír la puerta. Ramone entró al box, se sentó junto a su compañera y puso las manos sobre la mesa.
Por tercera vez en el día, Ramone se aflojó la corbata. Hacía calor en la sala y percibía su propio olor corporal. Unas horas antes había estado jugando al baloncesto con aquella misma ropa. Había forcejeado con Tinsley. Tenía la sensación de llevar aquel traje desde hacía una semana.
– Hola, Aldan -saludó.
Aldan Tinsley hizo un gesto con la cabeza. Tenía los labios hinchados del golpe que se había dado contra el suelo. Parecía un pato.
– ¿Estás cómodo?
– Me duele la boca. Creo que me has aflojado un diente.
– El asalto contra un policía es una acusación muy grave.
– Ya le he pedido disculpas aquí a la agente, ¿no es verdad?
– Verdad -dijo Rhonda.
– No quería darle con la puerta. Es que estaba cabreado. No me dijeron por qué querían verme y últimamente he tenido demasiados encontronazos con la policía. Estoy harto, nada más. Estoy harto de que me acosen también. Pero yo no quería hacer daño a nadie.
– Pues, por muy grave que sea, la acusación de asalto es la menor de tus preocupaciones ahora mismo.
– Quiero un abogado.
– Dominique Lyons, ¿te suena el nombre?
– No me acuerdo.
– Hace cinco minutos Dominique Lyons nos dijo que el miércoles por la noche le vendiste una pistola. Una treinta y ocho Special. La chica que estaba con él cuando la compró nos ha confirmado que el vendedor fuiste tú.
A Tinsley le tembló el labio.
– Esa misma noche Lyons utilizó la pistola para cometer un homicidio.
– ¿Es que no me has oído? ¡Quiero un puto abogado!
– Lo entiendo -dijo Ramone-, yo en tu lugar me buscaría a todo un equipo de abogados. Posesión ilegal de armas, cómplice de homicidios…
– Tío, yo no sé nada de ningún puto homicidio, me cago en la hostia. Yo compro y vendo cosas, no soy un asesino.
Ramone sonrió.
– He dicho homicidios, Beano.
– No, ni hablar.
– ¿Nos podrías decir dónde estabas este martes por la noche?
– ¿El martes por la noche?
– Sí, el martes -repitió Rhonda.
– El martes por la noche fui a ver a una chica. -En la cara se le notaba claramente el alivio por el cambio de tema.
– ¿Cómo se llama la chica?
– Flora Tolson. La conozco desde hace tiempo. Ella os lo puede confirmar.
– ¿Dónde estuvisteis?-preguntó Ramone.
– Flora vive en Kansas Avenue.
– ¿En qué parte de Kansas? -interrogó Rhonda.
– Pues no sé exactamente. Más arriba de Blair Road.
Ramone y Rhonda se miraron.
– ¿Y qué hacías allí? -preguntó Rhonda.
– Bailar, no te jode.
– ¿Y a qué hora te marchaste de su casa?
– Era ya tarde. Estuve allí mucho tiempo. Pasadas las doce, supongo.
– ¿Y luego qué, te fuiste derecho a tu casa en el coche?
– No… -Tinsley se calló de pronto.
– Te fuiste andando -adivinó Ramone.
– Ya hemos visto en tu ficha que te habían detenido por conducir borracho -apuntó Rhonda.
– Ahora no tienes carnet de conducir -le confirmó Ramone.
– Vaya, vaya, un chulito como tú, que tiene que ir andando -le pinchó Rhonda.
– Quiero un abogado.
– Y el camino hacia tu casa por Milmarson -prosiguió Ramone- atraviesa el jardín comunitario de la calle Oglethorpe.
– Que os den por culo a todos. Yo no maté a ese chico.
– ¿A qué chico? -preguntó Ramone.
– Acepto la acusación por armas. Pero no un asesinato.
Ramone se inclinó.
– ¿A qué chico?
Tinsley relajó los hombros.
– La pistola me la encontré.
– ¿Dónde?
– En ese jardín de Oglethorpe. Siempre atajo por ahí cuando vuelvo de casa de Flora. Es el camino más corto a la casa de mi madre.
– Cuéntanos qué pasó.
– Pues nada, que iba yo por el jardín y me tropecé con algo en el camino. Al principio pensé que era un tío durmiendo, pero cuando se me acostumbraron los ojos a la luz vi que era un chico. Tenía los ojos abiertos y sangre en la cabeza. Era evidente que estaba muerto.
– ¿Qué llevaba puesto? -Ramone advirtió la emoción en su voz.
– Una chupa North Face. Le vi el logo a la luz de la luna. Y no me acuerdo de más.
– ¿No te acuerdas de nada más del chico?
– Bueno, estaba la pistola.
– ¿Qué pistola?-preguntó Ramone.
– El revólver del treinta y ocho que tenía el chaval en la mano.
Ramone lanzó una especie de grave gemido. Rhonda no dijo nada. Sólo se oía el rumor del aire que salía del hueco de la ventilación.
– ¿La tocaste?
– Me la llevé.
– ¿Por qué?
– Para sacar una pasta.
– ¿No te diste cuenta de que estabas destruyendo pruebas en el escenario de un crimen?
– Yo sólo veía unos trescientos dólares.
– Así que robaste la pistola.
– Bueno, al negrata ya no le hacía ninguna falta.
Ramone se levantó de la silla con el puño apretado.
– Gus -advirtió Rhonda.
Ramone se marchó precipitadamente. Rhonda se levantó y miró el reloj.