Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Научная фантастика » La memoria de la Tierra [The Memory of Earth - es]
La memoria de la Tierra [The Memory of Earth - es] - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La memoria de la Tierra [The Memory of Earth - es]

Электронная книга - «La memoria de la Tierra [The Memory of Earth - es]». Краткое содержание книги:

Desde hace 40 millones de años la colonia humana del planeta Armonía ha sido regida por un poderoso ordenador conocido como Alma Suprema, que es venerado casi como un dios. Su misión consiste en mantener alejado al hombre de la capacidad destructiva que le obligó a abandonar la Tierra. La tecnología apenas existe en Armonía. Hay ordenadores y placas solares, pero el medio de transporte es el caballo y la única arma, la espada «energética». Alma Suprema, sin embargo, ha detectado fallos en sus propios sistemas y sólo podrá evitar una guerra catastrófica viajando a la Tierra de nuevo. Para ello debe escoger a un hombre íntegro y revelarle el antiguo conocimiento de los viajes a través de las estrellas.
1 ... 58 59 60 61 62 63 64 65 66 67
Перейти на страницу:

—Quédate conmigo —ordenó Nafai. Notó con un escalofrío que su voz ya no se parecía a la de Gaballufix. ¿Zdorab había enarcado las cejas al oírle? ¿Le llamaría la atención la voz? Muévete, pensó Nafai. Sigue andando y no digas nada. Apuró el paso. Zdorab, de piernas más cortas, tuvo que andar al trote.

—Nunca he asistido a una reunión como ésta, señor —dijo Zdorab. Ahora jadeaba por el esfuerzo—. No tendré que decir nada, ¿verdad? Es decir, no soy miembro del consejo. ¡Oh, qué estoy diciendo! Quizá no me dejen presenciar la reunión, de cualquier modo. Simplemente aguardaré fuera. Por favor, perdóname por estar tan nervioso, yo nunca… Paso el tiempo en la bóveda y la biblioteca, haciendo cuentas y otros menesteres, y tienes que comprender que no salgo mucho, y como vivo solo converso poco, así que lo único que sé sobre política es lo que oigo por ahí. Toda la gente de la casa se enorgullece de trabajar para un hombre tan famoso. Pero es peligroso, ¿verdad…? Considerando que esta noche han asesinado a Roptat. ¿No temes por tu seguridad?

¿De veras es tan tonto?, se preguntó Nafai. ¿O sospecha que Gaballufix es el asesino de Roptat, y éste es su torpe modo de tratar de sonsacar información?

De cualquier modo, Nafai pensaba que Gaballufix no respondería a estas preguntas, así que mantuvo la boca cerrada. Al fin se aproximaban a la puerta.

Los guardias estaban muy alerta. Claro… Zdorab sospecharía si esta vez estuvieran distraídos. Nafai se maldijo por haber llevado a Zdorab. Tendría que haberse librado de aquel hombre cuando tuvo la oportunidad.

Los guardias ocuparon su puesto, sacando las pantallas de identificación. Y tenían aspecto huraño. El traje de soldado transformaba a Nafai en enemigo, o al menos en rival. La pantalla de identificación revelaría su verdadera identidad, pero como ahora Nafai era sospechoso de haber asesinado a Roptat no sería una gran ayuda.

Mientras él era presa de la indecisión, Zdorab intervino.

—¿No insistiréis en que mi amo apoye el pulgar en esa pantallita, verdad? —gruñó. Y puso su pulgar en la pantalla—. Ahí tenéis. ¿Sabéis quién soy? ¡El tesorero de Gaballufix!

—La ley establece que todos deben apoyar el pulgar —declaró el guardia. Pero ahora parecía menos seguro. Una cosa era intercambiar miradas arrogantes con los soldados de Gaballufix y otra muy distinta enfrentarse al hombre en persona—. Lo siento, señor, pero perderé el trabajo si no lo exijo.

Nafai aún no se movía.

—Esto es un agravio —exclamó Zdorab—. Eso es. Miraba de soslayo a Nafai, pero no podía ver ninguna expresión en la impasible máscara holográfica.

—Hay asesinos sueltos esta noche —murmuró el guardia—. Tú mismo denunciaste que el hijo menor de Wetchik asesinó a Roptat, así que debemos registrar a todos los que pasan.

Nafai avanzó un paso y tendió la mano hacia la pantalla. Sin embargo, al mismo tiempo acercó la cabeza al guardia y murmuró:

—¿Y si el hombre que hizo esa denuncia tan absurdamente falsa era el mismo asesino?

El guardia se sobresaltó ante la voz, sin entender las palabras. Miró la pantalla y vio el nombre que le mostraba el ordenador de la ciudad. Vaciló.

Alma Suprema, dale entendimiento. Hazle comprender la verdad.

—Gracias por someterte a la ley, señor Gaballufix —dijo el guardia. Pulsó el botón de borrado y el nombre de Nafai desapareció de la pantalla. Nadie más lo había visto.

Sin mirar atrás, Nafai atravesó la puerta. Zdorab parloteaba a sus espaldas.

—¿Lo he hecho bien, señor? Es decir, me pareció que no querías mostrar el pulgar, así que yo… ¿Adonde vamos? ¿No está un poco oscuro para atravesar estos matorrales? ¿No podríamos seguir por el camino, señor Gaballufix? Claro que hay luna, así que no está tan oscuro, pero…

Con el parloteo de Zdorab, era imposible ser sigiloso mientras enfilaban hacia el lugar donde Nafai había dejado a sus hermanos. Y Zdorab lo había llamado Gaballufix en voz alta. Nafai no se sorprendió de ver movimientos furtivos y oír pasos que se alejaban. Creían que habían apresado a Nafai, que él los había traicionado, que Gaballufix acudía a matarlos. ¿Qué podían ver excepto el traje?

Nafai tocó los controles. ¿Cómo saber si estaba desactivado o no? Al fin se quitó el manto y llamó en voz alta, con su propia voz:

—¡Elemak! ¡Issya! ¡Meb! ¡Soy yo! ¡No corráis! Dejaron de correr.

—¡Nafai! —exclamó Meb.

—¡Con la ropa de Gaballufix! —dijo Elemak.

—¡Lo lograste! —rió Issib.

Un jadeo recordó a Nafai que esta enternecedora reunión familiar resultaría poco conmovedora para Zdorab, quien acababa de descubrir que había seguido al hombre acusado de asesinar a Roptat pocas horas antes, y que seguramente había hecho lo mismo con Gaballufix.

Nafai se volvió y vio que Zdorab daba media vuelta y echaba a correr. «Tengo pies muy ágiles», había dicho antes Zdorab, pero Nafai comprobó que no era verdad. No tardó en alcanzarlo. Lo derribó y forcejeó con él en el suelo pedregoso hasta que logró dominarlo y le tapó la boca. Los guardias estaban a cincuenta metros. Sin duda el Alma Suprema les había impedido prestar atención a los gritos, pero la capacidad del Alma Suprema tenía sus límites.

—Escucha —jadeó Nafai—. Si obedeces mis órdenes, Zdorab, no te mataré. ¿ Comprendes ? Zdorab asintió con la cabeza.

—Te juro por el Alma Suprema que no asesiné a Roptat. Tu amo Gaballufix causó la muerte de Roptat y dio órdenes de matarme a mí y a mis hermanos. Él era el asesino, pero ahora he matado a Gaballufix y se ha hecho justicia. ¿Comprendes? No soy alguien que mate por placer. No quiero hacerte daño. ¿Guardarás silencio si te destapo la boca?

Otro cabeceó. Nafai le destapó la boca.

—Me alegra que no quieras matarme —susurró Zdorab—. No quiero morir.

—¿Te fías de mis palabras? —preguntó Nafai.

—¿Creerías en mi respuesta? —replicó Zdorab—. Es uno de esos trances donde alguien diría lo que el otro quiere oír. ¿No te parece?

Tenía razón.

—Zdorab, no puedo permitir que regreses a la ciudad, ¿entiendes? De esto se trata… Si eres hombre de Gaballufix, uno de los matones que contrata para hacer el trabajo sucio en Basílica no puedo confiar en lo que digas y más me valdría matarte y dar por terminado el asunto. Pero no creo que sea así. Creo que eres un bibliotecario, un archivista, un escribiente que no tenía ni idea de lo que significaba trabajar para Gaballufix.

—Veía cosas pero nadie parecía considerarlas extrañas y nadie respondía a mis preguntas, así que opté por callarme. En general.

—Iremos al desierto. Si nos acompañas y te quedas con nosotros, si me das tu palabra en nombre del Alma Suprema, serás un hombre libre, parte de nuestra casa, igual a cualquier otro. No te queremos como sirviente, sino como amigo.

—Por supuesto que prestaré el juramento. ¿Pero cómo sabrás si haces bien en creerme?

—Júralo por el Alma Suprema, amigo Zdorab, y lo sabré.

—Por el Alma Suprema, pues, juro quedarme contigo y ser tu leal amigo para siempre. A condición de que no me mates. Aunque si me mataras el resto sería ridículo, ¿verdad?

Nafai notó que sus hermanos se reunían alrededor. Habían oído el juramento y tenían su propia opinión.

—Métalo —dijo Meb—. Es hombre de Gaballufix, no puedes fiarte.

—Lo haré yo, si es preciso —intervino Elemak.

—¿Cómo podemos saber? —terció Issib. Pero Nafai no los oyó. Estaba escuchando al Alma Suprema, y la respuesta era clara. Confía en este hombre.

—Acepto tu juramento. Y juro por el Alma Suprema que ni yo ni nadie de mi familia te dañará mientras cumplas con tu palabra. Todos vosotros… juradlo.

—¡Es absurdo! —protestó Mebbekew—. Nos pones en peligro.

1 ... 58 59 60 61 62 63 64 65 66 67
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)