La historia secreta
- Автор: Кемпбелл Рэмси
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «La historia secreta». Краткое содержание книги:
– Joan y Red -las presentó Vincent.
El pelo rojo de la musculosa ingeniera de sonido le cubría poco más que la cabeza. Dudley no quería conocer más de su persona.
– ¿Seréis capaces de hacer una película con estas condiciones?
– Así es como lo hacemos -dijo Joan ensanchando cada vez más los ojos hasta que una gota de humedad se deslizó entre dos arrugas de su alta y pálida frente-. Grabamos rápido y con poco peso. Somos independientes.
– Desde luego somos tan buenas como tu guión -le dijo Red.
No le gustó nada aquel tono ni que Vincent dijera:
– Se lo demostraremos, ¿no es así? Vamos a ensayar todas las tomas.
Dudley tenía la insatisfactoria sensación de que todo el mundo sabía de aquello más que él. Observó cómo la cámara se dirigía hacia Lorna, que estaba en la barandilla y al girarse encontró al señor Matagrama tras ella.
– ¿Ha salido a por un soplo? [6] -preguntó el señor Matagrama.
El ferri navegaba hacia Seacombe y la boca del río.
– He salido a hacer cualquier cosa que pueda sentarme bien -dijo Lorna.
– ¿Como hablar con hombres desconocidos en los ferris? -dijo el señor Matagrama.
– No me parece un extraño.
– Quizá los más extraños no lo aparentan.
– Dígame lo extraño que es usted.
– ¿Alguna vez ha oído hablar del señor Matagrama?
Dudley casi aplaudió. No solo tras haber escuchado aquella frase, sino por cómo el señor Matagrama la había condimentado con su toque secreto de diversión y entusiasmo.
– No puedo decir que sí -dijo Lorna.
– Entonces será la única muy pronto -dijo el señor Matagrama y, para deleite de Dudley, dirigió el siguiente comentario a la cámara.
– Voy a ser famoso.
– ¿Quién lo dice?
– No me conoce, pero lo hará. Soy escritor.
A Dudley la sonrisa de Lorna le pareció insufriblemente condescendiente y trató de convencerse de que no podía ir dirigida a él.
– ¿Puedo haber oído hablar de usted? -preguntó.
– Solo llámeme señor K.
– Estaba pensando que puedo decirles a mis amigos que he conocido a un escritor.
No tenía que resultar irónico, pero no se lo iba a contar a nadie de todas maneras.
– ¿Le gustaría ayudarme con la investigación? -preguntó el señor Matagrama.
Aunque aquellas no eran las palabras exactas de Dudley, el señor Matagrama les había infundido más intensidad.
– Depende de lo que me esté pidiendo -dijo Lorna.
– ¿Alcanza a ver dónde está la hélice?
Dudley se acordó de Patricia y de cómo le había excitado la energía con la que había hablado de ser carne picada. Entonces Lorna dijo:
– Creo que está detrás.
– ¿Puede asomarse por mí?
– No sabría dónde. Yo no construyo barcos, soy estudiante.
– ¿Qué estudia?
– Derecho. Hay demasiados criminales y quiero estar en el bando correcto.
– ¿Cree que lo hará bien?
– La gente buena tiene que intentarlo.
Dudley no soportaba aquellas adiciones que había hecho Vincent ahora que las escuchaba y estuvo a punto de decirlo cuando el señor Matagrama dijo:
– ¿No me quiere ayudar? Me duele la espalda.
– ¿Y por qué le duele? -preguntó Lorna con algo de lástima.
– Por la postura de estar sentado en mi escritorio.
– Debería salir más -dijo Lorna ablandándose al ver el gesto de dolor del señor Matagrama-. ¿De verdad le duele?
– Demasiado como para agacharme.
– De acuerdo, usted será mi buena acción del día -dijo inclinándose sobre la barandilla-. No veo nada.
– Tienes que inclinarse un poco más. Te tengo. Eso es. Un poco más. Ahora no mucho más. Ahí.
– Saca el plano de la cara de Colin. Genial, Colin. Sonríe un poco -dijo Vincent-. Después de lo de Lorna, la cortaremos en escenas retrospectivas. Solo son unos cuantos fotogramas a la vez, pero llegarán bien al público. ¿A ti qué te parece? -le dijo a Dudley.
– ¿Puedo decir que quiero ayudar a proteger a la gente? -preguntó Lorna-. Así la gente estará más implicada. También podría decir que quiero que mis padres estén a salvo.
– Ya has dicho bastante -contestó Dudley sin apartar la mirada de Vincent-. Creo que dice demasiadas cosas. Me aburre.
– Quieres deshacerte de la chica lo antes posible, ¿eh? -dijo Lorna.
El murmullo de apoyo femenino hizo que Dudley mirara a Vincent aún más fijamente.
– No nos desharíamos de ti ni en sueños -dijo el director-. No podríamos hacer la película sin ninguno de vosotros. ¿Qué te ha parecido a ti, Colin?
– Yo estaré contento cuando todo el mundo lo esté.
Era tan improbable que el señor Matagrama dijera aquello que Dudley tuvo que convencerse de que se trataba de una estratagema.
– Quizá podríamos acelerarlo un poco más -dijo Vincent-. ¿Y si Lorna dice: «Derecho. Hay demasiados criminales sueltos» y después Colin va directo al grano y le pide su ayuda?
– Eso sería más probable -dijo Dudley.
Se había esperado un poco más de reconocimiento por su voluntad por estar de acuerdo, pero lo único que recibió fue una sonrisa de complicidad por parte del señor Matagrama cuando Vincent dijo:
– Hagamos una toma con el Pier Head de fondo.
Dudley observó como el equipo llevaba a cabo la indicación de Vincent sin necesidad de instrucciones. O eso, o que Vincent aprobaba lo que hacían. Se había imaginado que un director llevaba su trabajo más allá de lo humano. Quizá Vincent se estaba poniendo a prueba cuando le dijo al señor Matagrama que había comenzado la toma demasiado pronto. Dudley pensó que aquella prisa era una responsabilidad y tuvo que contener su impaciencia mientras el señor Matagrama esperaba a que la cámara regresara al punto de partida. Nada más girarse hacia él dijo:
– ¿Ha salido a por un soplo?
– Sigues entrando demasiado pronto -interrumpió Vincent-. Espera a que Joan os dé la entrada y aguanta un poco. No te preocupes, tenemos todo el día.
Dudley se acordó de aquella posibilidad y de que el paquete estaría a salvo y callado mientras esperaba su regreso. No sabía decir cuánta impaciencia de la que estaba experimentando pertenecía al señor Matagrama.
– Tomaos vuestro tiempo. Disfrutadlo -dijo.
– Créeme, lo estoy haciendo -dijo su otro yo.
Y no dijo nada más hasta:
– ¿Ha salido a por un soplo?
Aquella repetición fue tan buena que Dudley apenas se dio cuenta de que su casa se acercaba a sus espaldas. El señor Matagrama casi había llegado a su última frase cuando le sonrió a Lorna burlonamente.
– ¿Me estoy confundiendo? -Vosotros dos no parecéis demasiado convencidos.
Antes de que Dudley pudiera advertirles de que quizá hubiera sido mejor que sí, Lorna dijo:
– ¿Se supone que esta chica es tonta?
– No mucho más que otras víctimas, ¿no, Dudley?
– Entonces posee un alto grado de estupidez -dijo Lorna-. Hay un gráfico detrás de ti que explica dónde se encuentra la hélice. No habría necesidad de que se asome por aquí.
– No lo vamos a sacar -dijo Vincent-. El público no se enterará de que está ahí.
– La gente que utilice el ferri sí. Y yo también.
Dudley visualizó la hélice separando su persistente expresión de los huesos e hizo lo posible por contentarse con la perspectiva de diversión que le aguardaba en casa.
– Se llame como se llame, no lo es -dijo.
– Esa es otra cuestión. ¿Por qué no sabemos su nombre? Es como decirle al público que no es mucho más que una víctima y que ni siquiera merece uno, como si no fuese un ser humano.
Dudley estaba de acuerdo con aquello y a lo mejor habría sugerido que la llamasen Lorna si no llega a ser porque Vincent comentó:
– Dice que es estudiante y lo que estudia. El guión no da lugar a que ella se presente. Podemos darle un nombre para los créditos del final. Quizá a Dudley no le importe que elijas uno.
[6] N. de la T: El original juega con varios de los significados de blow: «soplo de aire», «fumar», «hacer una felación» y «matar».