Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Научная фантастика » Tiempos de gloria [Glory Season - es]
Tiempos de gloria [Glory Season - es] - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Tiempos de gloria [Glory Season - es]

Электронная книга - «Tiempos de gloria [Glory Season - es]». Краткое содержание книги:

La joven Maia, una descastada nacida en verano, debe abandonar el clan de sus privilegiadas medio hermanas clones nacidas en invierno. Su difícil y peligroso viaje iniciático arranca en los muelles de Puerto Sanger y prosigue a bordo de uno de los barcos tripulados por los escasos hombres (menos de un veinte por ciento) que forman la población de Stratos, un mundo creado por y para las mujeres. Sólo el difícil y lejano éxito le permitirá ser la fundadora de un nuevo clan. Las manipulaciones genéticas de la Madre Fundadora Lysos han creado en Stratos un mundo nuevo y distinto, dominado por mujeres que se reproducen por clonación. Una nueva opción sociopolítica, tecnológica, ecológica y, sobre todo, en el ámbito de la relación entre ambos sexos. En la senda de la literatura que denuncia las relaciones entre los sexos o propone establecer nuevos vínculos, Tiempos de gloria se une a obras ya clasicas como La mano izquierda de la oscuridad de Ursula K. Le Guin.
1 ... 60 61 62 63 64 65 66 67 68 ... 180
Перейти на страницу:

Ahora, más de un año después, mientras se esforzaba por controlar un peso lejano que se sacudía y agitaba como un pez al final de una caña, Maia gimió:

—¡Lo hago… lo mejor… que puedo!

Su respiración silbaba mientras aguantaba, soltando cuerda e intentando convertir el impulso en un péndulo que parecía reacio a alzarse más allá de la horizontal y que seguía tirando de sus doloridos hombros a cada sacudida hacia abajo.

Al ser interrogada al día siguiente, Leie insistió en que actuaba sola. Se negó a implicar a Maia, aunque estaba claro que no podría haberlo hecho sin ayuda. Todo el mundo sabía que Maia había sostenido la cuerda. Todo el mundo sabía que fue incapaz de seguir aguantando cuando una losa se rompió, aflojando su tenaza, haciendo que Leie se precipitara con un estruendo de pintura y polvo y yeso.

Tras soportar estoicamente su castigo, Leie nunca volvió a tratar el tema, ni siquiera en privado. Era suficiente que todo el mundo lo supiera.

Sombríamente, Maia aguantó. Renna, pensó, apretando los dientes e ignorando el dolor. Ya voy…

El garfio había alcanzado ya la balaustrada de piedra en su punto más alto. Pero no sobrepasó el saliente, aunque lo tocó varias veces. Maia intentó girar la tabla para que la cuerda se acercara a la pared al final de cada oscilación, pero la curva de la ciudadela la desafiaba.

Obviamente, la idea podía ser puesta en práctica. Alguna combinación de giros y balanceos lo conseguiría. Si se tomaba tiempo y practicaba varias noches seguidas…

—¡No! —susurró—. ¡Tiene que ser esta noche!

Dos veces más el garfio casi se enganchó a la balconada con un suave sonido de roce. Dolorida, Maia se dio cuenta de que sólo podría realizar un par de intentos más antes de tener que dejarlo.

Otro roce. Luego un fallo evidente.

Ya está, aceptó, derrotada. Tengo que descansar. Tal vez pueda intentarlo de nuevo dentro de unas cuantas horas.

Resignada, con el entumecimiento extendiéndose por sus hombros, empezó a reducir el ritmo de la acción, dejando que el movimiento del péndulo se agotara. A la siguiente oscilación, el fardo no llegó a alcanzar el nivel de la balaustrada. A la otra, su pico fue aún más bajo.

Al ciclo siguiente, el garfio se detuvo una vez más… lo bastante alto y el tiempo suficiente para que alguien extendiera una mano desde la balconada y lo agarrara.

La sorpresa fue total. Temblando por la fatiga, estremecida de frío, por un momento Maia no pudo hacer más que apoyarse en la abertura de piedra y contemplar la áspera superficie de la ciudadela, mirando hacia la inesperada silueta de arriba, que se asomaba, agarrando la cuerda y eclipsando una porción de las constelaciones del invierno.

El primer pensamiento de Maia fue que Tizbe o las guardianas debían de haber oído algo, acudido a investigar, y que la habían sorprendido con las manos en la masa. No tardarían en llegar para quitarle las herramientas, las cajas, incluso las cortinas que había destejido para hacer la cuerda, dejándola aún peor que antes. Entonces advirtió que la figura del pórtico no llamaba a nadie, como haría una guardiana, sino que empezaba a hacer furtivos movimientos con la mano. Maia no pudo entenderlos en la oscuridad, pero comprendió una cosa. La persona que le hacía señas estaba tan preocupada por el silencio como ella.

¿Renna? La esperanza destelló, seguida por la confusión. La celda de su amiga se encontraba algo más lejos, más abajo. A menos que su compañera reclusa hubiera elaborado también un inspirado plan de última hora…

La figura en sombras empezó a moverse a lo largo de la balaustrada, hacia el oeste, y de camino envolvió la cuerda de Maia en torno a las columnas. Al alcanzar un punto situado directamente encima de ella, la silueta indicó a Maia con un gesto que esperara, y luego desapareció unos instantes. Cuando regresó, algo empezó a serpentear a lo largo de la cuerda tejida a mano.

Ah, comprendió Maia. No le gusta el aspecto de mi trabajo. Muy bien. Utilizaré la suya. Como si me importara.

De hecho, Maia se sentía aliviada. Se paró a considerar si regresar a la celda para coger… ¿qué? Sólo había cuatro libros y el tablero del Juego de la Vida, nada de lo cual valía mucho. A excepción del sextante, que llevaba atado a la muñeca, estaba libre de la tiranía de las posesiones.

Tras atarse la nueva cuerda bajo los hombros, Maia se arrastró hacia afuera hasta que la mayor parte de su peso quedó colgando del tenso cable. En aquel momento se le ocurrió que podía tratarse de una trampa. Tizbe podía estar jugando con ella, mientras preparaba que su caída a la muerte fuera un intento de huida.

¿Qué opción tengo?, advirtió, mientras apartaba la idea.

Apoyó los pies contra la pared, las piernas rectas, y se preparó para empezar a escalar, avanzando mientras tiraba mano sobre mano. Entonces, para su sorpresa, la cuerda se tensó rápidamente y Maia sintió que la izaban directa y rápidamente. Debe de haber todo un grupo allá arriba, pensó. O una polea.

Mientras la balconada se acercaba, se preparó para que su rostro no mostrara la menor decepción si finalmente resultaban ser Tizbe y las guardianas. Lucharé, se juró. Me liberaré y les plantaré una batalla que nunca olvidarán.

Unas manos se extendieron para izarla por el lado… y Maia perdió la compostura cuando vio quién la había ayudado.

—¡Kiel! ¡Thalla!

Sus antiguas compañeras de la Casa Lerner sonrieron mientras la liberaban de la cuerda. Los oscuros rasgos de Kiel se dividieron en una amplia y blanca sonrisa.

—¿Sorprendida? —dijo en un susurro—. No pensarías que íbamos a dejar que te pudrieras en este agujero Perkinita, ¿verdad?

Maia sacudió la cabeza, abrumada porque se habían acordado de ella, después de todo.

—¿Cómo sabíais dónde…?

Se interrumpió al ver que no estaban solas. Detrás de las dos mujeres var, enroscándose una cuerda al hombro, había… ¡un hombre! Sin barba y esbelto para su especie, le sonrió con una intimidad que le pareció descarada y desconcertante.

La participación de un hombre explicaba cómo entre los tres habían podido izarla con tanta rapidez, pero planteaba otras preguntas aún más complejas… como qué hacía un miembro de su raza tan lejos, implicado en disputas entre mujeres.

Thalla se rió en voz baja, y palmeó a Maia en el hombro.

—Digamos que llevamos buscando algún tiempo. Ya te lo explicaremos más tarde. Ahora hay que largarse.

Se volvió para abrir el camino. Pero Maia sacudió la cabeza, plantando los pies en el suelo y señalando en la otra dirección.

—¡Todavía no! ¡Hay alguien más a quien tenemos que rescatar! ¡Otra prisionera!

Thalla y Kiel se miraron mutuamente, y luego se volvieron hacia el hombre.

—Pensaba que sólo eran dos —dijo Thalla.

—Lo eran —respondió el hombre—. Maia…

—¡No! Vamos, sé dónde está. Renna…

—Maia. Estoy aquí.

Se había vuelto y había dado varios pasos por el oscuro corredor cuando las palabras la detuvieron en seco. Maia giró, y miró más allá de Thalla y Kiel, que sonreían divertidas. El hombre avanzó hacia ella, con una suave expresión de ironía en el rostro. Alzó los ojos y se encogió de hombros con un gesto y una expresión que ella reconoció bruscamente. Abrió la boca.

1 ... 60 61 62 63 64 65 66 67 68 ... 180
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)