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Tiempos de gloria [Glory Season - es]

Электронная книга - «Tiempos de gloria [Glory Season - es]». Краткое содержание книги:

La joven Maia, una descastada nacida en verano, debe abandonar el clan de sus privilegiadas medio hermanas clones nacidas en invierno. Su difícil y peligroso viaje iniciático arranca en los muelles de Puerto Sanger y prosigue a bordo de uno de los barcos tripulados por los escasos hombres (menos de un veinte por ciento) que forman la población de Stratos, un mundo creado por y para las mujeres. Sólo el difícil y lejano éxito le permitirá ser la fundadora de un nuevo clan. Las manipulaciones genéticas de la Madre Fundadora Lysos han creado en Stratos un mundo nuevo y distinto, dominado por mujeres que se reproducen por clonación. Una nueva opción sociopolítica, tecnológica, ecológica y, sobre todo, en el ámbito de la relación entre ambos sexos. En la senda de la literatura que denuncia las relaciones entre los sexos o propone establecer nuevos vínculos, Tiempos de gloria se une a obras ya clasicas como La mano izquierda de la oscuridad de Ursula K. Le Guin.
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Para cuando terminó la segunda transmisión, tenía las manos demasiado entumecidas incluso para soltar los cables; así que permaneció allí sentada, contemplando la lisa pared de piedra, percibiendo la tensión en su espina dorsal desenroscarse lentamente. No habría un tercer intento. Aunque las baterías y ella tuvieran fuerza, sería demasiado arriesgado. Las guardianas podían estar acostumbradas a unos cuantos chasquiditos por la noche, como los de un grillo amistoso. Pero un cambio demasiado grande en la rutina no podía ser.

Una súbita chispa le hizo dar un respingo. Tardó un momento en darse cuenta de que no la había provocado ella al colocar mal los cables. ¡No, procedía de la pared! Siguieron más chispas. Maia cogió la libreta y el lápiz.

Cada diminuto arco iluminaba su marca subsiguiente. Anotaba una raya por cada oscuridad. Era más fácil copiar que transmitir, aunque ahora le dolían los ojos más que nunca. Con creciente excitación, Maia advirtió que no se trataba de una repetición, sino de un mensaje completamente nuevo. ¡Había establecido contacto!

Entonces, tan bruscamente como antes, se acabó, y ella permaneció allí en silencio, contemplando varias hojas de código misterioso.

La frustración hizo que sus músculos, ya tensos, se estremecieran. Aunque acercara el tablero a la ventana, no habría luz suficiente para repetirlo adecuadamente. No hasta la mañana siguiente.

¡No puedo esperar hasta mañana, no puedo! Maia combatió una asfixiante oleada de impaciencia. Puedes hacer lo que tengas que hacer, se respondió a sí misma, se obligó a relajar su tenso cuerpo, músculo a músculo. Finalmente, respiró de forma regular otra vez.

Bueno, al menos puedo arreglar esto, pensó, mirando la transcripción que había garabateado. Se puso en pie y se desperezó. Luego, con cuidado, escaló la pirámide de cajas hasta llegar a la rendija.

Durga ya no estaba a la vista. Una luna menor, Aglaia, apenas brillaba lo suficiente para permitirle trabajar. Gradualmente, línea a línea en una página nueva, dibujó cada chasquido como una casilla negra. Tradujo cada pausa como una blanca. Al final de la primera fila de cincuenta y nueve, pasó a la siguiente y empezó en sentido inverso. De esta forma, si conseguía reparar el aparato de juego mañana, podría cargar las condiciones de inicio inmediatamente, y poner rápidamente el juego en movimiento para leer el mensaje.

Fue un trabajo duro. Después de aquello podría incluso dormir.

Tan concentrada estaba copiando casillas en largas filas que tardó un rato en advertir la diferencia en la pauta. Finalmente, cayó en la cuenta. Al contrario que antes, los chasquidos parecían estar ya en grupos apretados. Parpadeando, Maia se echó hacia atrás y vio:

Por supuesto. ¡Ha transmitido igual que yo, sin codificar! ¡Puedo leerlo esta noche!

Maia aceleró el ritmo. Dos filas más tarde, podía leer el mensaje entero.

… HOLA MAIA. MÑANA. —RENNA…

Se levantó viento que agitó sus papeles y los hizo caer por la plataforma improvisada como una cascada de naipes. Todos menos la única hoja que agarraba con ambas manos y que pronto estuvo manchada de lágrimas calientes y agradecidas.

Algunas de las miembros más radicales de nuestra organización piensan que no soy lo bastante dura para liderar este esfuerzo. Que no odio o temo a los varones lo suficiente para diseñar un mundo donde su función quede reducida al mínimo. A esas acusaciones, yo replico: ¿Qué esperanza tiene ninguna empresa que esté basada en el odio y en el miedo? Admito, orgullosamente declaro, que me han atraído y he admirado a ciertos hombres durante mi vida. ¿Y qué? Aunque nuestros hijos y nietos serán pocos, en el mundo que vayamos a crear debe haber también un lugar para ellos.

Otras críticas sostienen que lo que me interesa realmente es el desafío de la autoclonación y de aumentar la gama de opciones para la reproducción humana. Dicen que si los varones fueran físicamente capaces de hacer copias de sí mismos, sin máquinas, también les habría dado a ellos esa capacidad.

Esto es posiblemente cierto. Pero claro, ¿qué es un hombre al que has dotado de una barriga? Un hombre preñado adquiriría necesariamente otras características de la mujer, y ya no podría ser considerado del todo un hombre. Esto no es una innovación atractiva ni práctica.

Al final, todos nuestros inteligentes diseños genéticos, y los planes correspondientes para el condicionamiento cultural, acabarán en nada si somos vengativas o rígidas. La herencia que dejemos a nuestras hijas, y los mitos que les transmitamos para sostenerse, deben trabajar con las tensiones y la presión de la vida, o fracasarán. La capacidad de adaptación tiene que ser reverenciada junto con la estabilidad, o el fantasma de Darwin volverá a acecharnos, susurrándonos al oído el castigo de la soberbia.

Deseamos la felicidad de nuestras descendientes. Pero con el tiempo sólo un criterio juzgará nuestros esfuerzos.

La supervivencia.

12

A lo largo de los días siguientes, Maia y su nueva amiga aprendieron a comunicarse a pesar de las gruesas paredes que las separaban. Desde el principio, Maia se sintió estúpida y lenta, sobre todo cuando Renna volvía a enviar mensajes codificados, diseñados para ser descifrados por el tablero del Juego de la Vida. Maia no podía reprochárselo, ya que el método era más eficaz, y permitía enviar una pantalla entera en sólo unos minutos. Sin embargo, eso hacía que las respuestas de Maia parecieran torpes en comparación. Una línea de texto era todo lo que podía conseguir tras todo un día de trabajo, y transmitirla la dejaba agotada y frustrada.

… NO… TE… PREOCUPES… MAIA…
TE ENSEÑARÉ OTRO CÓDIGO…
PARA LETRAS SENCILLAS… PALABRAS…

Agradecida, Maia copió el sistema que Renna le transmitió: uno llamado Morse. Estaba segura de que había oído hablar de él. Algunos clanes basaban sus códigos comerciales en variantes de sistemas muy antiguos. Otro tema que debería haber estado incluido en el programa de estudios de Lamatia, pensó sombría.

O= +++, P=—+—+, Q= ++—+

El código parecía bastante simple: cada signo de adición representaba un golpe largo y cada guión uno corto. Eso aceleró enormemente la siguiente intervención de Maia, aunque siguió siendo torpe y cometiendo errores.

SI SABES MORSE POR QUÉ USAS CÓDIGO DE VIDA
ES MÁS DIFÍCIL

A esta pregunta, Renna respondió:

MÁS DIFÍCIL. MÁS SUTIL. OBSERVA

Y para asombro de Maia, el tablero empezó a sacudir las letras de su amiga en pautas convergentes, como los fuegos artificiales del Día de las Fundadoras.

Maia encontró aún más sorprendente el siguiente mensaje que envió Renna. Aunque compacto, era largo, y ocupaba treinta y una filas cuando Maia terminó de colocar una serpenteante cadena de casillas blancas y negras. Pulsar el botón de arrance provocó una salvaje y hambrienta «ecología» de pseudoentidades que se devoraban mutuamente y al final, tras muchos giros, se convirtieron en lo que parecía una imagen… un rudo boceto de llanuras y montañas lejanas, vistas a través de una estrecha ventana. Estaba claro que se trataba de una escena vista desde aquella misma torre de piedra, no el mismo panorama que el de la ventana de Maia, pero similar.

La otra prisionera la complementó con:

VIDA ES ORDENADOR UNIVERSAL
PUEDE HACER MÁS QUE EL MORSE
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