Las Baladas Del Ajo
- Автор: Янь Мо
- Язык: испанский
- Переводчик: Carlos Osses Torron
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Las Baladas Del Ajo». Краткое содержание книги:
La trama tiene lugar en el Condado Paraíso, una zona rural de China que apenas ha conocido cambios sociales en las últimas generaciones. Pero la pobreza desatará pasiones feroces que rompen con las antiguas tradiciones.
El Gobierno ha animado a los granjeros a plantar grandes campos de ajo. Éstos recorren enormes distancias con su cosecha, pagan elevados impuestos y, al final, descubren que es imposible venderlo porque los almacenes estatales están repletos. Los campesinos se sublevan y la represión se acentúa pero, incluso encarcelados, aún florecen entre ellos el amor y la lealtad.
– Ponle boca arriba, Número Dos -dije.
Mi hijo dio la vuelta a mi marido, dejando que mirara sin ver nada al cielo. El bueno del viejo Gao Zhileng fue a casa a coger un par de cuerdas para atar el cuerpo. Después los chicos llevaron a su padre al recinto municipal, el mayor de ellos cojeando por delante y el más joven detrás, llevándome a mí a su espalda. Los aldeanos se congregaron a mi alrededor y hasta ese cabrón de Gao Ma apareció. Pero, por mucho que los demás hablen mal de él, sigue siendo nuestro yerno. Bueno, apareció por allí y le quitó el palo de las manos a mi hijo mayor. Como Gao Ma y mi segundo hijo son de la misma altura, la puerta se niveló y la cabeza del anciano dejó de ir de un lado a otro.
Pero cuando llegamos al recinto, el portero trató de impedirnos la entrada, así que Gao Ma le llevó a un lado. El complejo municipal estaba desierto, salvo por un enorme perro que ladraba y permanecía agachado junto a la puerta de la cocina. El coche que había asesinado a mi marido se encontraba allí aparcado. El techo estaba cubierto casi por completo de una carretada de ajo verde y el capó aparecía manchado de sangre.
Los tres esperamos en el recinto junto al cuerpo de mi marido. Esperamos y esperamos hasta el mediodía, pero nadie vino a preguntarnos qué era lo que queríamos. Las moscas revoloteaban por encima del rostro de mi marido, tratando de penetrar en las cuencas de los ojos, en la boca, en los orificios nasales y en las orejas para depositar las larvas en su interior. ¿Qué es una larva? Ya sabes, gusanos. No tardaron mucho en empezar a revolotear por allí. Estaban por todas partes. Cuando una bandada de moscas se iba, otra ocupaba su lugar. Después, se alejaban volando. Traté de cubrir el rostro del anciano con una hoja de periódico, pero las moscas seguían encontrando la forma de llegar hasta él. Los aldeanos de todas partes vinieron a curiosear -de la Aldea del Este, del Caserío del Oeste, de la Villa del Norte y de la Ciudad del Sur-, todo el mundo salvo los oficiales, que eran los que deberían estar allí.
Mi hijo menor se dirigió al café local y compró unos cuantos buñuelos, los trajo envueltos en un periódico, y trató de hacerme comer. Pero me resultó imposible, no mientras mi marido yaciera cadáver delante de mí. Llevaba allí toda la mañana y estaba empezando a oler. Mi hijo mayor tampoco podía comer. De hecho, su hermano era el único que tenía apetito. Sacó un puñado de ajo del coche y permaneció allí con el ajo en una mano y los buñuelos en la otra, dando un bocado a lo que tenía en la mano izquierda, luego a lo que tenía en la derecha, una y otra vez. Tenía los ojos abiertos de par en par y las mejillas hinchadas y estaba segura de que, en lo más profundo de su interior, se sentía muy desdichado.
Por fin, nuestra espera dio sus frutos. Apareció un oficial, aunque por entonces el sol estaba ya rojo. Se trataba del adjunto Yang, un pariente lejano que nos repudió por permitir que nuestra hija se fuera con Gao Ma. Pero al menos no se trataba de un extraño. De hecho, mi hijo mayor le llama Octavo Tío y el menor le ayuda en los quehaceres domésticos, como ayudarle a construir su casa, levantar paredes, extender el abono, cosas así. Se podría decir que era su mano derecha.
El diputado se montó en la bicicleta y se dirigió hacia la puerta. Al fin, pensé. ¡Después de esperar a que salieran las estrellas y la luna, nuestro salvador que está en los cielos había llegado! Mis hijos se dirigieron a saludarle, conmigo pegada a sus talones. Pero ¿cómo se supone que debería llamarle? «Octavo Tío» parece lo más apropiado, pensé.
– Octavo Tío, necesitamos tu ayuda. Me arrodillo ante ti y te suplico. Como dice el refrán, arrodillarse es la forma más solemne de mostrar respeto.
El adjunto Yang no consintió que me postrara ante él y rápidamente me ayudó a levantarme. Hasta unos minutos después, no me di cuenta de que todo aquello sólo lo hacía para impresionar. Incluso sacó un pañuelo y me secó los ojos. Luego levantó la hoja de periódico y se quedó mirando el rostro de mi esposo. Las moscas, que salieron emitiendo un zumbido, hicieron que retrocediera asustado.
– Cuarta Tía -me dijo-, no puedes dejarlo aquí. Eso no solucionaría nada.
Mi segundo hijo dijo:
– Como el secretario Wang ha matado a mi padre, lo menos que podría hacer es dejarse ver y admitirlo. Mi padre puede que haya sido un hombre pobre, procedente de un estrato social humilde, pero era un ser vivo. ¡Si huyes como un perro, al menos ofrece tus disculpas a su propietario!
Entornando los ojos, el adjunto Yang dijo:
– Número Dos, cuando tu hermana se fugó con otro hombre y rompió el contrato de matrimonio, mi pobre sobrino sufrió una terrible conmoción. Ahora se pasa el día llorando como un bebé o riendo como un perturbado. Pero ni siquiera eso altera el hecho de que seamos familia. Como se suele decir, un contrato que se ha agriado no afecta a la justicia ni a la humanidad. No me malinterpretes, pero lo que dices demuestra que no estás usando la cabeza. El secretario Wang no conducía el coche así que ¿cómo pudo haber matado a tu padre? El chófer se equivocó al atrepellar a tu padre y los tribunales se ocuparán de él. Pero lo único que consigues transportando el cuerpo al recinto municipal y atrayendo a cientos de transeúntes curiosos es obstruir el trabajo del municipio. Cuando digo «municipio» me estoy refiriendo al gobierno, así que obstruir al municipio es obstruir al gobierno, y eso es ilegal. Al principio estabas en el lado correcto de la ley, pero si sigues así acabarás pasándote al lado equivocado. ¿Tengo o no razón?
Sin conmoverse lo más mínimo por su argumento, Número Dos replicó:
– No me importa. El secretario Wang es el responsable de lo que sucedió, ya que iba montado en el coche oficial y estaba negociando con el ajo cuando atropello a mi padre. Y ahora ni siquiera es capaz de dar la cara. Ese tipo de conducta es inaceptable, sea donde sea.
– Número Dos, cada vez que abres la boca metes la pata -dijo el adjunto Yang-. ¿Quién te dijo que el secretario Wang estaba haciendo negocios con el ajo? ¡Eso es una calumnia! El secretario Wang se encuentra en una reunión de emergencia sobre seguridad pública en el pleno del Condado. ¿Qué es más importante, una reunión de emergencia sobre seguridad pública o este asunto de tu padre? Cuando regrese de su reunión, anunciará las medidas que vaya a tomar respecto a la conducta criminal que altera nuestro orden social. Lo que estás haciendo aquí es un perfecto ejemplo de ello.
Eso hizo que el chico cerrara la boca, así que fue el turno de su hermano mayor.
– Octavo Tío, nuestro padre está muerto, algo que no es extraño en un hombre cuando cumple los sesenta. Debe haber sido cosa del destino. De lo contrario, ¿cómo si no de todos los millones de personas que hay sobre la faz de la Tierra fue el único al que le atropello el coche? El destino había planeado para él este trágico final desde hacía mucho tiempo. Si el rey Yama del Inframundo quiere reclamar a un mortal durante la tercera guardia, ¿quién se atreve a aguardar hasta la quinta? Supongo que el inframundo tiene sus normas y sus reglas, como cualquier otro sitio. Así que dinos lo que debemos hacer, Octavo Tío.
– En mi opinión -dijo el adjunto Yang-, deberíais llevarle a casa e incinerarle lo antes posible, tal vez a primera hora de la mañana, ya que hoy es demasiado tarde. Puedes hacer que el crematorio envíe un coche fúnebre por cuarenta yuan. El precio de todo lo demás es más elevado, pero contratar el coche fúnebre sólo cuesta cuarenta yuan. Una verdadera ganga. Creo que deberías lavarle, afeitarle y vestirle con ropas de funeral decentes, luego velar el cadáver durante toda la noche, como buenos hijos que sois. Tendrás el coche fúnebre en la puerta de casa a primera hora de la mañana. Tu padre nunca montó en coche mientras estaba vivo, así que no vendría mal derrochar un poco ahora que se ha ido. Mientras tanto, voy a hablar con la persona que se ocupa del crematorio y a pedirle que llene la urna más de lo habitual con las cenizas de tu padre. A continuación, después de que lo llevéis a casa, llama a tus amigos y a tus parientes para celebrar el velatorio. Eso debería reportaros algo de dinero en metálico. El cabeza de familia ha muerto, pero el resto de ella tiene que seguir viviendo, ¿verdad? Pero si seguís con esta actitud, no sólo echaréis por tierra vuestra reputación, sino que conseguiréis que las cosas os vayan mal durante el resto de vuestra vida. ¿Tengo o no razón, Cuarta Tía?