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MI CONFESION CARLOS CASTAÑO revela sus secretos

Электронная книга - «MI CONFESION CARLOS CASTAÑO revela sus secretos». Краткое содержание книги:

Este libro es algo más que las confesiones de Carlos Castaño, uno de los principales actores de la guerra colombiana hasta su misteriosa desaparición, en abril de 2004. El testimonio de este criminal de guerra es un reflejo de la descomposición de la sociedad colombiana, de la suciedad de un conflicto armado que hace años dejó de ser ideológico. Un documento periodístico que ayuda a conocer mejor a una persona que, desafortunadamente, influyó de manera decisiva en la Colombia actual y que ha sido uno de los protagonistas de los episodios más trágicos de las dos últimas décadas. Contribuye también, a comprender que las Autodefensas Unidas de Colombia no son los hijos díscolos del gobierno de turno y de los militares, sino que funcionan de manera autónoma, aunque con frecuencia las autoridades no las han combatido, se han beneficiado de sus actuaciones e inlcuso les han facilitado la comisión de actos ilegales.
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-��Est� hecho con el oro de las minas que le quitamos al ELN en la serran�a!

Juli�n sonri�. Le ped� que me lo dejara ver y, en efecto, las iniciales de las AUC se apreciaban hechas a mano y labradas por orfebres de la mina.

Luego, sin m�s pre�mbulos, Casta�o retom� la historia:

-�La guerra en el Sur de Bol�var la gan� el comandante Juli�n, sin incursiones con objetivos m�ltiples que llaman �masacres�. No s� c�mo hizo pero no ejecut� a muchos enemigos. Logr� que ellos r�pidamente cambiaran de bando. La �ltima vez que lo visit� aqu�, contamos 170 patrulleros de la Autodefensa desertores de la guerrilla. Se escaparon de tres frentes de ELN: �Jos� Solano Sep�lveda�, �Compa��a H�roes de Santa Rosa� y la �Mariscal Sucre�.

La llegada de la Autodefensa no ocurri� violentamente, porque en esta regi�n la gran mayor�a de los civiles que colaboraban con el ELN se volte� muy r�pido. Los campesinos se sent�an asfixiados por la guerrilla y no soportaba m�s la presi�n de la subversi�n.

Casta�o se detuvo como invitando al comandante del Sur de Bol�var a hacer alg�n comentario, y Juli�n dijo:

-��Hay que reconocer la colaboraci�n de los civiles que encontramos en el camino. Nos ayudaron a avanzar militarmente para tomarnos el cerro de Burgos, Simit� y otras poblaciones, ampliando el control de la Autodefensa en la zona, casi sin resistencia de la guerrilla�.

Entr� en la conversaci�n Gustavo, segundo comandante de la Autodefensa en del Sur de Bol�var. Hab�a permanecido callado desde nuestra llegada:

-��Cuando entramos en la regi�n, la gente reaccionaba aterrorizada. Muchos corr�an despavoridos al vernos, unos se tiraban al r�o y otros hu�an hacia la ci�naga. Logramos reunir a la gente y le dijimos que la Autodefensa no era como se la hab�a pintado la guerrilla. Pensaban que les cortar�amos la cabeza con motosierras y todos morir�an con nuestra sola presencia.�

De nuevo intervino Juli�n:

-�Nosotros tuvimos una estrategia distinta con los campesinos. Les ayudamos en lo que necesitaron y respondieron con su apoyo. Sin los civiles nunca hubi�ramos impedido el despeje que el gobierno de Pastrana quiso otorgarle al ELN para que recuperara la zona.

Entonces habl� Casta�o:

-�El ELN tambi�n perdi� el control de la zona con esa rapidez, a ra�z de la condonaci�n de la deuda que ten�an los campesinos con la guerrilla. Al llegar la Autodefensa, reun� a los cultivadores de coca de la regi�n y les dije: �Por favor, se organizan y por cada vereda se presenta un delegado para una reuni�n importante�.

A la cita asistieron unos sesenta representantes. Seg�n las cuentas le deb�an al ELN m�s de cinco mil millones de pesos. La guerrilla los hab�a prestado para sembrar los cultivos il�citos.

En la zona obraba un comandante subversivo con el alias de �Gallego�, al que conoc�an por �el gerente del Banco Agrario�.

Aprovech� la situaci�n y les dije a todos: �Se�ores, el les dicen a todos los campesinos de la regi�n que la deuda ha quedado condonada�.

La gente hizo tremenda algarab�a y festej� varios d�as. Ent�rese, que tampoco todo es color de rosa y que el campesino no nos quiere porque s�

-��Pero se present� otro combate fuerte con el ELN? -le pregunt� a Casta�o.

-�No se�or, como le dije antes: contactos leves. Los hombres del ELN no se encontraban preparados para el combate; muchos guerrilleros no estaban bien entrenados. Desde el punto de vista militar, el ELN era un mito, y su poder, s�lo terrorismo.

Adem�s, la mayor�a de los grandes golpes militares que la Autodefensa le ha propinado fue con sus ex combatientes, algo fatal para cualquier organizaci�n.

Cuando estos guerrilleros de relleno sintieron la presi�n de la Autodefensa, las deserciones de subversivos en la zona rural fueron masivas. Esto no se daba con frecuencia cuando los persegu�a el Ej�rcito porque al llegar la fuerza p�blica, s�lo encontraba campesinos que encaletaban sus fusiles. Pero cuando lleg�bamos los de la Autodefensa, entr�bamos con informaci�n y les pregunt�bamos por los fusiles; ellos, asustados, nos dec�an d�nde lo ten�an.

A Barrancabermeja lo llamaban el pueblo rebelde de Colombia, y hoy es el pueblo rebelde. Hoy lo es pero contra los que los dominaron. La historia de la entrada de la Autodefensa all� se la cuenta Juli�n.

Un d�a se me acerc� y me dijo: �Comandante Casta�o, d�jeme trazar mi estrategia para recuperar la cuidad�.

Yo sonre�, incr�dulo al principio, pero lo autoric� para ver qu� suced�a. En cuesti�n de un a�o, m�s de la mitad de la poblaci�n apoyaba a la Autodefensa que hab�a recuperado la mayor�a de los barrios de la periferia.

Cu�ntele al periodista c�mo lo hizo, Juli�n, pues fue obra suya.

Comenz� recordando a Camilo Morantes:

-�En Barranca operaba la Autodefensa de Camilo Morantes, quien fue dado de baja por orden del Estado Mayor despu�s de cometer repetidos abusos. �l ejecutaba de manera indiscriminada a todo lo que le ol�a a guerrilla, una estrategia equivocada y m�s en una cuidad donde est�n todas las ONG de izquierda que existen; adem�s, all� tambi�n permanecen las autoridades: la Polic�a, la Dij�n, el Das, la Fiscal�a, la Sij�n, el Ej�rcito. Es muy dif�cil moverse.

Me parec�a incre�ble que los barrios de Barranca estuvieran llenos de guerrilleros. La gente le ayudaba a los milicianos de la subversi�n por obligaci�n. A esas personas necesit�bamos protegerla y ponerla de nuestro lado.

La mejor forma de ganarle terreno a la subversi�n consist�a en incursionar cuadra por cuadra y ganarnos a la gente, asfixiada por la extorsi�n. Comenzamos por la Comuna Dos, el comercio de la ciudad.

La gente all� era �vacunada� por todos los lados. A unos les ped�a dinero el ELN y a otros las milicias de las FARC. En algunos casos los extorsionaban ambos grupos subversivos o un grupo de delincuencia com�n que aparec�a. �La gente ya no aguantaba m�s!

En esa �poca nadie visitaba a Barranca. Los hoteles permanec�an solos y al comerciante que no pagaba la extorsi�n lo mataban.

Avanz�bamos poco a poco, pero con informaci�n exacta comenzamos a dar de baja a los que manejaban los negocios de la guerrilla y �vacunaban� a los comerciantes.

El nivel de penetraci�n de la guerrilla era tan fuerte que muchos de los negocios eran propiedad de la subversi�n y la gente era obligada a manejarle el dinero.

Pero esa primera lucha por controlar la cuidad no se logr� tan f�cil como se lo cuento. La Autodefensa tambi�n sufri� bajas. La recuperaci�n del comercio fue una �poca de pistoleo de lado y lado, los milicianos de la guerrilla tambi�n se defendieron.

-��Cu�ntos milicianos de la subversi�n murieron en Barrancabermeja? -le pregunt� a Juli�n.

-�No sostendr� que en Barranca no ejecutamos militantes de la guerrilla -contest� Juli�n. La verdad, murieron muchos.

-��Pero cu�ntos ejecutaron ustedes? -insist�.

Entonces interrumpi� Casta�o para dar una cifra:

-�Si quiere saber cu�ntos muertos hubo para recuperar Barranca, le dir� la cifra totaclass="underline" cerca de cien milicianos de la guerrilla fueron ejecutados por las AUC.

Otra vez rein� el silencio por algunos segundos y Juli�n retom� la conversaci�n:

-�Estas ejecuciones se produjeron peri�dicamente para evitar generar temor en las comunidades. De a dos o tres ejecuciones cada semana. A la fija. Los que de verdad eran subversivos.

As� obtuvimos la confianza y la credibilidad de la gente buena. Luego recuperamos los barrios nororientales, cuadra a cuadra tambi�n. All� la guerra urbana entre la Autodefensa y la guerrilla se llev� a cabo con fusil, truflay y granadas de 45 mil�metros. Se armaron tremendos combates en pleno barrio, hasta expulsar a los milicianos de sus casas.

En los barrios de Barranca se vivi� una cl�sica guerra de guerrillas, pues nosotros trabaj�bamos como lo hace la subversi�n. Nos infiltr�bamos entre la gente y pas�bamos como poblaci�n civil, sobre todo, ante las autoridades. Escond�amos nuestros fusiles en las casas y los sac�bamos a los enfrentamientos con milicianos del ELN, que hac�an lo mismo.

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