MI CONFESION CARLOS CASTAÑO revela sus secretos
- Автор: MOLINA MAURICIO ARANGUREN
- Язык: испанский
- Жанр: Биографии и мемуары
Электронная книга - «MI CONFESION CARLOS CASTAÑO revela sus secretos». Краткое содержание книги:
A las once de la ma�ana vol� en helic�ptero con mi escolta personal hacia el campamento. Desembarqu� a cinco de mis hombres en el per�metro entre Casta�o y la guerrilla para brindarle seguridad al comandante. Estos patrulleros hab�an estado conmigo desde el nacimiento de la Autodefensa y dieron su vida por sacar ileso a nuestro l�der, pues horas m�s tarde fallecieron en combate, mientras Casta�o hu�a.
Los subversivos lo segu�an con fuerza y de cerca. Carlos avanzaba sin parar. La misi�n de los hombres de su escolta y la m�a era servirle de retaguardia. Disparaban contra los guerrilleros, corr�an treinta metros y volv�an a enfrentarse.
Yo me march� a otro lugar y viaje varias veces a la zona de combate, donde increment� la tropa. Dej� en puntos estrat�gicos los �nicos treinta patrulleros que encontr� en ese instante. Conmigo permaneci� uno de mis hombres de confianza con quien ametrallamos a la guerrilla desde el helic�ptero. Parec�an hormigas esparci�ndose por todos lados. Con la M-60 disparamos cananas en serie. Cada una puede tener mil tiros y se acaban en dos minutos. Mont�bamos m�s y el patrullero segu�a disparando. Tambi�n les arrojamos bombas pero continuaron avanzando.
-��Y c�mo no le dieron a su helic�ptero?
-�Sobrevol�bamos a una altura superior a los dos mil pies, las balas no nos alcanzaban y efectu�bamos c�rculos colocando el helic�ptero en posici�n de ataque.
Me impresion� c�mo cayeron cantidades de guerrilleros muertos. Como m�nimo, fallecieron setenta. La zona escond�a cargas de dinamita que se activan al paso de intrusos.
Durante el combate la comunicaci�n era deficiente y por momentos perd�amos la voz de Carlos. Adem�s nos ve�amos obligados a interrumpir las conversaciones frecuentemente para evitar que escanearan la frecuencia y ubicaran a Casta�o. Conocer�an para d�nde se mov�a y cu�ntos hombres le cuidaban la espalda. Desde el aire observaba c�mo la guerrilla lo cercaba. Yo necesitaba conocer el tiempo exacto que demorar�a Casta�o en llegar al �nico claro de la selva donde se pod�a aterrizar. Apareci� por el radio diciendo: �Estoy a siete minutos del sitio de encuentro�. Prohib� ametrallar m�s, pues parte de su escolta estaba efectuando maniobras para enga�ar a las FARC. Al final, con los tres hombres que le quedaban dej� de disparar y corri� hasta el sitio.
Llegu� al claro, que no era tan despejado, sino un hueco en medio de la selva; un espacio de treinta metros cuadrados donde apenas cab�a el helic�ptero. Sin pensarlo dos veces, inclin� el aparato bajando al sitio en forma de espiral. Cada vez deb�a lograr giros m�s cerrados, la �nica forma de acercarme al lugar. Al divisar �rboles cerca, solt� el aparato y lo met� de frente. Para no estrellarme contra el piso, fren� al m�ximo y la m�quina comenz� a temblar como si se fuese a caer pero se sustent� de manera incre�ble. El ametrallador le tendi� la mano a Carlos que subi� con dos de sus hombres y yo les grit�:!No se puede subir nadie m�s, si no, esta m�quina no despega!�.
Aterrizar hab�a resultado complicado y suicida, pero salir era a�n m�s dif�cil; depend�a de la potencia del helic�ptero y cualquier cosa pod�a suceder. Tuve que forzar el aparato al m�ximo debido a los �rboles inmensos. Una vez fuera del hueco sobrevolamos a ras la copa de los �rboles. Era un vuelo t�ctico de escape. La guerrilla te puede disparar desde la selva y nunca alcanzar�an a impactar un helic�ptero que pasa a doscientos kil�metros por hora, unos ciento veinte nudos.
El rescate se llev� a cabo en un minuto y, lejos ya de la zona de combate, el �Pelao� se acerc�, me abraz� por el cuello y dijo: ��Bien, muy bien!�.
Al aterrizar en una finca en zona liberada y tranquila, nos abrazamos de nuevo y le dije al �Pelao�: Gracias a Dios no le pas� nada. Todav�a me falta mucho por vivir, me contest�.
Le propuse liderar la situaci�n para que descansara pero reaccion� exaltado: ��No, no. Nos quedamos juntos!�.
Yo rescat� a Carlos a las cinco y treinta de la tarde y donde no hubiera reaccionado con rapidez ignoro qu� habr�a sucedido. El error fue exceso de confianza.
Periodista, ya aterrizaremos en la finca. Mis hijos deben estar molestos porque no les di una vuelta en el helic�ptero.
Al descender en el potrero, los dos ni�os permanec�an detr�s de la cerca. El menor, el m�s ansioso, se secaba las l�grimas de los ojos por lo que hab�a dicho su padre. Nos bajamos y se acercaron corriendo. Mancuso le dijo al piloto:
-�Capi, ll�vate a los �pelaos� y hazles bastantes maldades, que les fascina.
Atravesamos la cerca y mientras nos desplaz�bamos hacia la casa de la finca, el helic�ptero realizaba piruetas y volaba a ras. Camin�bamos en silencio por la carretera sin asfaltar. Comenzamos a hablar de la Autodefensa; Mancuso dijo:
-��No existe un camino distinto al de convertirnos en un problema para nuestros gobernantes, no para el pueblo, los colombianos saben que somos parte de la soluci�n. Tenemos que parecer un dolor de cabeza para que se dignen tenernos en cuenta en el proceso de paz y el enemigo reconozca nuestra independencia. Si no se incluye a todos los actores del conflicto en la negociaci�n, jam�s se acabar� la guerra.
-�Afortunadamente miles de personas nos expresan su gratitud porque alguien est� liderando el restablecimiento del orden, ya que ni los gobernantes ni las Fuerzas Militares afrontan la situaci�n. La gente conf�a en nosotros por comprometernos a devolverle la seguridad a varias zonas y continuaremos cumpliendo. La palabra nuestra y la de la Autodefensa pesa.
-�No s�lo nos interesa derrotar a la guerrilla; tambi�n deseamos el progreso de nuestras zonas y si esto implica que se les acabe el fort�n a numerosos pol�ticos, se acabar�. Los que m�s se quejan son los corruptos de la regi�n pues ahora les resulta imposible mantener sus intereses particulares. Deseamos que los pol�ticos de la Costa Atl�ntica recapaciten y comprendan que con su actitud y desempe�o no le han producido ning�n beneficio a la regi�n que representan. Si el pueblo no est� contento con ellos, nosotros tampoco. En algunas regiones, la Autodefensa ha demostrado que es posible mejorar las v�as, la salud, el empleo, tener maestros y generar progreso en la regi�n. Logramos lo que los pol�ticos nunca alcanzaron, tener la regi�n en el momento de desarrollo que nosotros la tenemos.
-�Casta�o dice como ejemplo: �C�rdoba fue declarada zona libre de aftosa en Latinoam�rica por la intervenci�n de la Autodefensa con los ganaderos. La autoridad que impuls� el cumplimiento de las normas fuimos nosotros: confiscamos ganado infectado, retuvimos animales temporalmente y hasta reprendimos a algunos ganaderos. La campa�a de Fedeg�n no padeci� ning�n tropiezo�.
-�Hoy, la Autodefensa les paga a m�s de doscientas personas por ser los veedores que controlan el funcionamiento de los municipios donde operamos.
-��Para alcaldes, podr�amos llamarlos? -pregunt�.
-�Algo as�. Vigilan que los municipios funcionen y el dinero del Estado no se desperdicie. La mayor�a de estas personas son j�venes universitarios de diferentes regiones del pa�s. La administraci�n municipal los emplea y nosotros les brindamos un aliciente econ�mico que compense su calidad profesional.
Mancuso interrumpi� la conversaci�n, pues ya hab�amos atravesado la casa hasta llegar a un kiosco. Prendi� los ventiladores para apaciguar los 38 grados de temperatura y luego nos sentamos.
-��Cu�l es la diferencia entre usted y Carlos Casta�o? -le pregunt�.
-�Existen varias. Yo he permanecido m�s tiempo en combate y me gusta liderar las tropas en las batallas y liberar zonas controladas por guerrilla. Desarrollo conceptos militares en las operaciones. Utilizo estrategias nuevas e invento artima�as para derrotar al enemigo. Me gusta dirigir las incursiones, pero a Casta�o le molesta: �Usted tiene prohibido luchar en el frente de la batalla. No s�lo va a dejar hu�rfanos a sus hijos, sino a la Autodefensa�.
-�El �Pelao� me discute y se pone bravo. Yo hago caso, pero de vez en cuando me le vuelo y me echo mis plomitos por ah�, eso me reduce el estr�s.