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MI CONFESION CARLOS CASTAÑO revela sus secretos

Электронная книга - «MI CONFESION CARLOS CASTAÑO revela sus secretos». Краткое содержание книги:

Este libro es algo más que las confesiones de Carlos Castaño, uno de los principales actores de la guerra colombiana hasta su misteriosa desaparición, en abril de 2004. El testimonio de este criminal de guerra es un reflejo de la descomposición de la sociedad colombiana, de la suciedad de un conflicto armado que hace años dejó de ser ideológico. Un documento periodístico que ayuda a conocer mejor a una persona que, desafortunadamente, influyó de manera decisiva en la Colombia actual y que ha sido uno de los protagonistas de los episodios más trágicos de las dos últimas décadas. Contribuye también, a comprender que las Autodefensas Unidas de Colombia no son los hijos díscolos del gobierno de turno y de los militares, sino que funcionan de manera autónoma, aunque con frecuencia las autoridades no las han combatido, se han beneficiado de sus actuaciones e inlcuso les han facilitado la comisión de actos ilegales.
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Eso explicaba el escueto saludo al verme algo que ley� lo hab�a sacado de casillas. Escasamente se par� de la hamaca y me dio la mano. Me sent� en una banca aleda�a y cuando comenzaba a balancearse impulsado por sus botas militares, me mir� y solt� su enojo:

-��El gobierno Pastrana es traicionero! No hubo conversaci�n seria con nosotros y nos trat� como a unos serviles. De ahora en adelante cualquier gobierno que quiera hablar con la Autodefensa deber� hacerlo de cara al pa�s y a la comunidad internacional. De otra manera no me interesa dialogar con nadie. Ya estoy cansado de este tratamiento de prostituta. Mire lo que se public� en la revista del maestro Gabriel Garc�a M�rquez: hasta discurso de candidato se fue a dar Pastrana al instituto Alfred Nobel, en Noruega. �ste es un extracto de lo que dijo el Presidente: �Hoy puedo decir que, a pesar de los recientes tropiezos, hemos avanzado en dos a�os lo que fue impensable durante d�cadas. Con las FARC, el grupo guerrillero m�s grande y antiguo del planeta, hemos iniciado un proceso de negociaci�n, con una agenda y unos procedimientos definidos��. Qu� mentira, qu� gran enga�o para el pa�s.

El Presidente mintiendo para ir buscando el premio Nobel es un hecho simplemente despreciable. Este hombre est� jugando con los colombianos y el futuro del pa�s. Ahora s� entiendo sus intenciones: �nicamente quer�a mantener contentas a las FARC, al ELN y a las AUC, para obtener el premio Nobel de la Paz. No ha pensado en Colombia; piensa en �l. �Andr�s Pastrana es un sinverg�enza, un irresponsable y un ap�trida!

Quien m�s ha fortalecido a la guerrilla colombiana en los �ltimos a�os es este presidente, de eso no me queda la menor duda. Cuando comenc� a hablar con usted para escribir este libro, no me quer�a referir en esos t�rminos al Primer Mandatario. Siempre cre� que a pesar de su equivocado proceder era un buen hombre. Ahora entiendo que no es as� y revelar� detalles de asuntos que pens� callar, pero ya no puedo creer en la buena fe de alguien como �l.

Recuerde que el maestro �Gabo� en un comienzo apoy� a Pastrana y �l conoce muy bien el �mbito del premio Nobel. Al autorizar que este art�culo se publique en su revista, nos est� diciendo bastantes cosas.

-��Qu� le dice a usted lo publicado?

-��Todo! El maestro comenz� optimista con el gobierno de Pastrana. Dec�a: �Vamos a camellar por el pa�s�. Pero muy pronto se dio cuenta de la falta de seriedad del Presidente y dej� de creer en �l.

-��Por qu� lo dice?

-�El primer acercamiento entre las Autodefensas y este Gobierno se realiz� a trav�s de Gabriel Garc�a M�rquez. Durante los primeros meses del gobierno de Pastrana, �l llam� a la casa de don Rodrigo Garc�a, en Monter�a. Para el viejo, a quien considero mi segundo padre, fue una grata sorpresa o�r el c�lido saludo de Gabito, como se refiere al maestro. Don Rodrigo es contempor�neo del escritor y ambos son coste�os, sin�nimo de mamagallistas. Por eso don Gabriel le dijo por el tel�fono: ��C�mo est�s, primo?�.

Sin reconocerlo, el viejo le dijo: �Bueno, cuando yo tengo un pariente de mucha importancia, primero espero que me reconozca de su familia�.

El Nobel le dec�a �primo� a don Rodrigo, no porque tuvieran alg�n lazo familiar, sino como una forma amable de comenzar la conversaci�n y sacarle partido a la coincidencia de tener el mismo apellido. Adem�s su hijo tambi�n se llama Rodrigo. Al abordar las razones de la llamada, se entendieron por instinto y planearon un encuentro.

A pesar de no ser de p�blico conocimiento este esperanzador acercamiento con el Gobierno, yo me sent�a mejor atendido que la guerrilla. Mientras a las FARC las visitaba un tal V�ctor G. Ricardo, comisionado de paz, a quien s�lo conoc�a uno que otro godito viejo, nosotros comenz�bamos con el pie derecho al reunirnos con el maestro Gabriel Garc�a M�rquez, quien de manera altruista hab�a aceptado ayudarle al Presidente. �l ten�a claro que si el pa�s necesitaba su sincero esfuerzo para lograr la paz, era una obligaci�n prestar su desinteresada ayuda como mediador entre el Gobierno y la Autodefensa.

Con un interlocutor como el maestro �Gabo� para el primer acercamiento, yo pensaba: �Pastrana es el hombre! Pero muy pronto demostr� que no. Me equivoqu� y hasta el Nobel comenz� a desconfiar del Presidente. Antes que yo. El escepticismo del Estado Mayor de la Autodefensa frente a Pastrana siempre se mantuvo y yo continuaba defendi�ndolo porque cre�a haber acertado al confiar que con �l se iba a terminar la guerra.

La primera reuni�n con el maestro de la literatura mundial Garc�a M�rquez se llev� a cabo en ciudad de M�xico y asisti� don Rodrigo en compa��a de su hijo. Recuerdo una an�cdota de la primera carta que le escrib� al Nobel. En ella le manifestaba que yo ejerc�a total autoridad sobre las fuerzas civiles antisubversivas no estatales en Colombia -en ese momento la unidad y subordinaci�n en las AUC eran plenas, hoy no tanto. Cuando el maestro termin� de leer mi mensaje, mir� a don Rodrigo y le coment�: �D�gale a Carlos que esta carta est� muy bien escrita�. Mi satisfacci�n era inmensa cuando me lo contaron. En ella le solicit�bamos al Presidente que no se otorgaran concesiones desenfrenadas a la guerrilla e iniciara di�logos con nosotros. En un principio sentimos que �l, Pastrana, en algo nos escuch� y nos tuvo en cuenta.

La segunda reuni�n significativa se llev� a cabo en el Palacio de Nari�o entre el presidente Andr�s Pastrana y don Rodrigo Garc�a. Elabor� una misiva para el primer mandatario y cuando escrib�a record� a pap� Casta�o que dec�a: �A Colombia lo arregla un presidente conservador y joven� Imag�nese el tono y los t�rminos del mensaje. Cuando Pastrana ley� mi carta le dijo a don Rodrigo: �La negociaci�n con Carlos Casta�o debe durar una tarde�.

El viejo, tambi�n bien godo, a�adi� emocionado: �Claro!

Luego se efectu� la segunda reuni�n entre el Nobel y don Rodrigo. Para esa �poca el maestro ya evidenciaba su delicado estado de salud y cuando lleg� a visitarlo mi emisario, el escritor le dijo a su llegada: ��No te asustes primo que no es un fantasma lo que est�s viendo!� El maestro se ve�a m�s delgado de lo normal por el tratamiento que adelantaba para recuperarse. Desde ese instante el Gobierno nos transmiti� el mensaje de que pronto se iniciar�an los di�logos con nosotros. Aunque el tiempo transcurr�a y a lo nuestro el Presidente nunca se refer�a de manera oficial, yo segu�a con las esperanzas vivas y creyendo en Pastrana. En la reuni�n, el maestro Gabriel Garc�a M�rquez organiz� un encuentro en Espa�a con el ex presidente Felipe Gonz�lez, como un favor que �Gabo� le rend�a al Presidente, el �ltimo eso creo yo. Ya comprender� por qu�.

Antes de terminar la reuni�n el Nobel le dijo a don Rodrigo: �Yo veo a Carlos como un Quijote�. Al conocer estas palabras intent� reflexionar pero fue imposible; segu�a con mi pastranismo alborotado.

A Madrid viajaron en representaci�n de la Autodefensa don Rodrigo y Hern�n G�mez. All� se les uni� un intelectual de la academia europea que colabora con la organizaci�n. Aunque sab�amos que nos confundir�an con los GAL, optamos por asistir. El ex presidente Felipe Gonz�lez fue honesto y pragm�tico, habl� claro sobre lo que �l consideraba nuestra obligaci�n: contribuir con el presidente Andr�s Pastrana. Todas sus preguntas indagaban por la posibilidad de despejarle el Sur de Bol�var a la guerrilla del ELN. Uno de los asistentes a la reuni�n, que dur� cerca de tres horas, le expres� a Felipe Gonz�lez: �Hay algo muy importante: cualquier decisi�n que se tome respecto a esta zona para el ELN debe tomarse pensando en los habitantes de la misma�. Intent�bamos decirle al ex presidente espa�ol que las Autodefensas defend�an y respetaban el Estado pero no eran gobiernistas. Sin embargo, para el se�or Felipe Gonz�lez nosotros deb�amos ayudarle al Presidente y, seg�n �l, al final algo nos quedaba a nosotros. Las palabras del ex mandatario preocupaban y causaban un gran des�nimo entre mis amigos que se sintieron tratados de manera equ�voca como ap�ndices del Gobierno colombiano. Yo cre�a que el proceso de paz iba por buen camino y que mi obligaci�n era dejarlo avanzar y hacerlo crecer. �Dios m�o, qu� equivocado estaba!

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