MI CONFESION CARLOS CASTAÑO revela sus secretos
- Автор: MOLINA MAURICIO ARANGUREN
- Язык: испанский
- Жанр: Биографии и мемуары
Электронная книга - «MI CONFESION CARLOS CASTAÑO revela sus secretos». Краткое содержание книги:
Eso explicaba el escueto saludo al verme algo que ley� lo hab�a sacado de casillas. Escasamente se par� de la hamaca y me dio la mano. Me sent� en una banca aleda�a y cuando comenzaba a balancearse impulsado por sus botas militares, me mir� y solt� su enojo:
-��El gobierno Pastrana es traicionero! No hubo conversaci�n seria con nosotros y nos trat� como a unos serviles. De ahora en adelante cualquier gobierno que quiera hablar con la Autodefensa deber� hacerlo de cara al pa�s y a la comunidad internacional. De otra manera no me interesa dialogar con nadie. Ya estoy cansado de este tratamiento de prostituta. Mire lo que se public� en la revista del maestro Gabriel Garc�a M�rquez: hasta discurso de candidato se fue a dar Pastrana al instituto Alfred Nobel, en Noruega. �ste es un extracto de lo que dijo el Presidente: �Hoy puedo decir que, a pesar de los recientes tropiezos, hemos avanzado en dos a�os lo que fue impensable durante d�cadas. Con las FARC, el grupo guerrillero m�s grande y antiguo del planeta, hemos iniciado un proceso de negociaci�n, con una agenda y unos procedimientos definidos��. Qu� mentira, qu� gran enga�o para el pa�s.
El Presidente mintiendo para ir buscando el premio Nobel es un hecho simplemente despreciable. Este hombre est� jugando con los colombianos y el futuro del pa�s. Ahora s� entiendo sus intenciones: �nicamente quer�a mantener contentas a las FARC, al ELN y a las AUC, para obtener el premio Nobel de la Paz. No ha pensado en Colombia; piensa en �l. �Andr�s Pastrana es un sinverg�enza, un irresponsable y un ap�trida!
Quien m�s ha fortalecido a la guerrilla colombiana en los �ltimos a�os es este presidente, de eso no me queda la menor duda. Cuando comenc� a hablar con usted para escribir este libro, no me quer�a referir en esos t�rminos al Primer Mandatario. Siempre cre� que a pesar de su equivocado proceder era un buen hombre. Ahora entiendo que no es as� y revelar� detalles de asuntos que pens� callar, pero ya no puedo creer en la buena fe de alguien como �l.
Recuerde que el maestro �Gabo� en un comienzo apoy� a Pastrana y �l conoce muy bien el �mbito del premio Nobel. Al autorizar que este art�culo se publique en su revista, nos est� diciendo bastantes cosas.
-��Qu� le dice a usted lo publicado?
-��Todo! El maestro comenz� optimista con el gobierno de Pastrana. Dec�a: �Vamos a camellar por el pa�s�. Pero muy pronto se dio cuenta de la falta de seriedad del Presidente y dej� de creer en �l.
-��Por qu� lo dice?
-�El primer acercamiento entre las Autodefensas y este Gobierno se realiz� a trav�s de Gabriel Garc�a M�rquez. Durante los primeros meses del gobierno de Pastrana, �l llam� a la casa de don Rodrigo Garc�a, en Monter�a. Para el viejo, a quien considero mi segundo padre, fue una grata sorpresa o�r el c�lido saludo de Gabito, como se refiere al maestro. Don Rodrigo es contempor�neo del escritor y ambos son coste�os, sin�nimo de mamagallistas. Por eso don Gabriel le dijo por el tel�fono: ��C�mo est�s, primo?�.
Sin reconocerlo, el viejo le dijo: �Bueno, cuando yo tengo un pariente de mucha importancia, primero espero que me reconozca de su familia�.
El Nobel le dec�a �primo� a don Rodrigo, no porque tuvieran alg�n lazo familiar, sino como una forma amable de comenzar la conversaci�n y sacarle partido a la coincidencia de tener el mismo apellido. Adem�s su hijo tambi�n se llama Rodrigo. Al abordar las razones de la llamada, se entendieron por instinto y planearon un encuentro.
A pesar de no ser de p�blico conocimiento este esperanzador acercamiento con el Gobierno, yo me sent�a mejor atendido que la guerrilla. Mientras a las FARC las visitaba un tal V�ctor G. Ricardo, comisionado de paz, a quien s�lo conoc�a uno que otro godito viejo, nosotros comenz�bamos con el pie derecho al reunirnos con el maestro Gabriel Garc�a M�rquez, quien de manera altruista hab�a aceptado ayudarle al Presidente. �l ten�a claro que si el pa�s necesitaba su sincero esfuerzo para lograr la paz, era una obligaci�n prestar su desinteresada ayuda como mediador entre el Gobierno y la Autodefensa.
Con un interlocutor como el maestro �Gabo� para el primer acercamiento, yo pensaba: �Pastrana es el hombre! Pero muy pronto demostr� que no. Me equivoqu� y hasta el Nobel comenz� a desconfiar del Presidente. Antes que yo. El escepticismo del Estado Mayor de la Autodefensa frente a Pastrana siempre se mantuvo y yo continuaba defendi�ndolo porque cre�a haber acertado al confiar que con �l se iba a terminar la guerra.
La primera reuni�n con el maestro de la literatura mundial Garc�a M�rquez se llev� a cabo en ciudad de M�xico y asisti� don Rodrigo en compa��a de su hijo. Recuerdo una an�cdota de la primera carta que le escrib� al Nobel. En ella le manifestaba que yo ejerc�a total autoridad sobre las fuerzas civiles antisubversivas no estatales en Colombia -en ese momento la unidad y subordinaci�n en las AUC eran plenas, hoy no tanto. Cuando el maestro termin� de leer mi mensaje, mir� a don Rodrigo y le coment�: �D�gale a Carlos que esta carta est� muy bien escrita�. Mi satisfacci�n era inmensa cuando me lo contaron. En ella le solicit�bamos al Presidente que no se otorgaran concesiones desenfrenadas a la guerrilla e iniciara di�logos con nosotros. En un principio sentimos que �l, Pastrana, en algo nos escuch� y nos tuvo en cuenta.
La segunda reuni�n significativa se llev� a cabo en el Palacio de Nari�o entre el presidente Andr�s Pastrana y don Rodrigo Garc�a. Elabor� una misiva para el primer mandatario y cuando escrib�a record� a pap� Casta�o que dec�a: �A Colombia lo arregla un presidente conservador y joven� Imag�nese el tono y los t�rminos del mensaje. Cuando Pastrana ley� mi carta le dijo a don Rodrigo: �La negociaci�n con Carlos Casta�o debe durar una tarde�.
El viejo, tambi�n bien godo, a�adi� emocionado: �Claro!
Luego se efectu� la segunda reuni�n entre el Nobel y don Rodrigo. Para esa �poca el maestro ya evidenciaba su delicado estado de salud y cuando lleg� a visitarlo mi emisario, el escritor le dijo a su llegada: ��No te asustes primo que no es un fantasma lo que est�s viendo!� El maestro se ve�a m�s delgado de lo normal por el tratamiento que adelantaba para recuperarse. Desde ese instante el Gobierno nos transmiti� el mensaje de que pronto se iniciar�an los di�logos con nosotros. Aunque el tiempo transcurr�a y a lo nuestro el Presidente nunca se refer�a de manera oficial, yo segu�a con las esperanzas vivas y creyendo en Pastrana. En la reuni�n, el maestro Gabriel Garc�a M�rquez organiz� un encuentro en Espa�a con el ex presidente Felipe Gonz�lez, como un favor que �Gabo� le rend�a al Presidente, el �ltimo eso creo yo. Ya comprender� por qu�.
Antes de terminar la reuni�n el Nobel le dijo a don Rodrigo: �Yo veo a Carlos como un Quijote�. Al conocer estas palabras intent� reflexionar pero fue imposible; segu�a con mi pastranismo alborotado.
A Madrid viajaron en representaci�n de la Autodefensa don Rodrigo y Hern�n G�mez. All� se les uni� un intelectual de la academia europea que colabora con la organizaci�n. Aunque sab�amos que nos confundir�an con los GAL, optamos por asistir. El ex presidente Felipe Gonz�lez fue honesto y pragm�tico, habl� claro sobre lo que �l consideraba nuestra obligaci�n: contribuir con el presidente Andr�s Pastrana. Todas sus preguntas indagaban por la posibilidad de despejarle el Sur de Bol�var a la guerrilla del ELN. Uno de los asistentes a la reuni�n, que dur� cerca de tres horas, le expres� a Felipe Gonz�lez: �Hay algo muy importante: cualquier decisi�n que se tome respecto a esta zona para el ELN debe tomarse pensando en los habitantes de la misma�. Intent�bamos decirle al ex presidente espa�ol que las Autodefensas defend�an y respetaban el Estado pero no eran gobiernistas. Sin embargo, para el se�or Felipe Gonz�lez nosotros deb�amos ayudarle al Presidente y, seg�n �l, al final algo nos quedaba a nosotros. Las palabras del ex mandatario preocupaban y causaban un gran des�nimo entre mis amigos que se sintieron tratados de manera equ�voca como ap�ndices del Gobierno colombiano. Yo cre�a que el proceso de paz iba por buen camino y que mi obligaci�n era dejarlo avanzar y hacerlo crecer. �Dios m�o, qu� equivocado estaba!