Un Año En Truly
- Автор: Гибсон Рэйчел
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Un Año En Truly». Краткое содержание книги:
– El pasado fin de semana. Pensé que sería bonito que Sophie y yo hiciéramos algo juntas.
Delaney miró alrededor-. ¿Dónde está Sophie?- Por un breve momento se preguntó si Lisa sabía sobre las notas que Sophie le había dejado, pero supuso que de ser así ya lo habrían mencionado a esas alturas.
– Cambiándose. Ayudó a Louie y Nick a trabajar en la escultura de hielo. Cuando la recogí en Larkspur Park, no llevaba puesto el sombrero y el abrigo tenía abierta la cremallera. Será un milagro si mañana no está enferma.
– ¿Qué es lo que va a llevar?
– Un camisón que hicimos. Nos inspiramos “En el día antes de navidad”.
– ¿Cómo te llevas con Sophie ahora que vives con ella?- preguntó Delaney mientras cogía el pelo de Lisa y lo dividía en tres mechones en lo alto de su cabeza.
– Es un cambio enorme para las dos. Me gusta que coma en la mesa de la cocina, y siempre la han dejado comer donde le diera la gana como las gallinas. Sólo son cosas como esa. Si no tuviera trece años, sería más fácil-. Lisa se miró en el espejo y ajustó las sábanas alrededor de su cuello-. Louie y yo queremos tener un bebé, pero pensamos que deberíamos esperar hasta que Sophie se acostumbre a tenerme cerca antes de traer otro niño a la familia.
Un bebé. Usó todos los dedos para hacer la trenza de Lisa. Louie y Lisa planeaban tener familia. Delaney ni siquiera tenía novio, y cuándo pensaba en un hombre en su vida, el único que se le venía al pensamiento era Nick. Pensaba bastante en él últimamente. Incluso mientras dormía. Había tenido otra pesadilla la noche anterior, sólo que esta vez los días avanzaban y su coche no había desaparecido. Podía salir de Truly, pero el pensamiento de que nunca volvería a ver a Nick rompía su corazón. No sabía qué era peor, vivir en el mismo pueblo e ignorarle, o no vivir en el mismo pueblo y no tener que obligarse a ignorarle. Estaba confundida y el patético pensamiento era que tal vez debería ceder a lo inevitable y comprarse un gato-. Supongo que te enteraste de lo de Marty Wheeler -dijo obligándose a dejar esos pensamientos.
– Por supuesto. Me pregunto qué quería demostrar llevando un tanga debajo del traje de Santa. Tú sabes que esas cosas son realmente incómodas.
– ¿Y oíste lo de la liga de encaje?- Delaney agarró una goma y aseguró el final de la trenza.
Lisa se levantó y estiró su disfraz-. Imagínate. ¿Puedes imaginarte la escena?
– Me duele sólo de pensarlo- divisó a Sophie esperando unos metros detrás, intentando no parecer avergonzada y culpable con su camisón largo y el pañuelo en su cabeza-. ¿Quieres que te arregle el pelo?- preguntó.
Sophie negó con la cabeza y apartó la mirada-. Es casi nuestro turno, Lisa.
Después de que Lisa salió a desfilar por la pasarela, Delaney peinó el pelo de Neva Miller en una cola de caballo, luego hizo unas trenzas a sus cuatro hijas. Neva habló sin pausa sobre su iglesia, su marido el reverendo Tim, y Dios. No dejó de hablar de Jesus renacido, que amaba más que sonreía, y Delany quería preguntarle si recordaba cuando se tiraba a la selección de fútbol durante el descanso.
– Deberías venir a nuestra iglesia mañana – dijo Neva mientras reunía a sus chicas preparándolas para salir a la pasarela-. Nos reunimos desde las nueve hasta el mediodía.
Delaney antes prefería quemarse en el infierno toda la eternidad. Recogió el material sobrante y fue en busca de su madre. Ya no vería a Gwen hasta después de año nuevo, y quería despedirse y desearle un buen viaje. Durante años se había pasado las navidades con amigos que se habían apiadado de ella y la habían invitado a su casa para la Cena de Navidad. Este año estaría completamente sola, y se percató mientras abrazaba a su madre y prometía vigilar a Duke y Dolores, que quería pasar la Navidad en casa como antes. Especialmente ahora que Max entraba en el lote. El abogado parecía tener el poder de impedir que su madre criticara todo lo referente a la vida de Delaney.
La nieve cayó encima de su cabeza mientras cargaba todas sus cosas en el Cadillac de Henry. No llevaba guantes y sus manos se congelaron cuando raspó las ventanas. Estaba exhausta y le dolían los hombros, y tomó la curva hacia la parte de atrás de la peluquería demasiado rápido. El Cadillac se deslizó sin rumbo en el aparcamiento patinando hasta que finalmente el guardabarros trasero chocó contra la puerta de Construcciones Allegrezza, bloqueándola. Delaney sabía que los hermanos no iban a trabajar hasta el día siguiente, y de todas maneras, estaba demasiado cansada para que le importara. Se puso un camisón y gateó a la cama. Le pareció que no había dormido demasiado antes de que alguien golpease su puerta. Miró de reojo el reloj en su mesilla de noche mientras el golpeteo continuaba. Eran las nueve y media de la mañana del domingo, y no tenía que ver a Nick para saber quien estaba golpeando la puerta. Cogió su bata roja de seda pero no se molestó en lavarse la cara o cepillar su pelo. Creía que él se merecía el susto por despertarla tan temprano en su día de descanso.
– ¿Qué diablos te pasa?- Fueron las primeras palabras que salieron de su boca cuando irrumpió su apartamento pareciendo la cólera de Dios.
– ¿Yo? No soy yo quien está golpeando la puerta como un lunático.
Él se cruzó de brazos e inclinó la cabeza a un lado-. Tienes intención de deslizarte sobre las carreteras del pueblo todo el invierno, o sólo hasta que te mates?
– No me digas que te preocupas por mí-. Se ató el cinturón de seda con fuerza alrededor de su cintura, después caminó detrás de él hacia la cocina-. Eso quiere decir que realmente te intereso.
Él envolvió su mano alrededor de su brazo y la detuvo-. Hay ciertas partes de tu cuerpo que sí me interesan.
Ella escudriñó su rostro, sus labios apretados en una línea recta, con el ceño fruncido, y el deseo en sus ojos enfurecidos. Él estaba más enojado de lo que alguna vez le había visto, pero no podía ocultar que la deseaba-. Si me deseas, ya sabes mis condiciones. Ninguna otra mujer.
– Ya, y los dos sabemos que me llevaría unos dos minutos hacerte cambiar de idea.
Era cierto y hacía meses que había aprendido que discutir con él era como desafiarlo para que la desmintiera. Quería creer que podría resistirse a la tentación, pero en lo más profundo sabía que el no tardaría ni un minuto y medio en bajar sus defensas. Se liberó de su presa y entró en la cocina.
– Dame las llaves del coche de Henry – dijo él.
– ¿Para qué?- Sacó la jarra de la cafetera y la llenó de agua-. ¿Qué vas a hacer, robarlo?
El portazo de la puerta principal fue su respuesta. Colocó la jarra en el mostrador y entró en la sala de estar. Su bolso había sido vaciado sobre la mesa para café y tuvo el presentimiento de que sus llaves no estaban. Salió corriendo al porche, y sus pies se hundieron en la nieve al dar el primer paso fuera-. Oye – gritó a su espalda, – ¿dónde crees que vas? ¡Devuélveme las llaves, imbécil!
Su risa llegó hasta ella-. Baja y cógelas.
Había varias buenas razones por las que pudiera poner los pies desnudos en la nieve. Que ardiera el edificio, una plaga de ratas, un buen trozo de pastel de chocolate, pero el Cadillac de Henry no era una de ellas.
Nick se metió en el coche plateado y encendió el motor. Raspó el hielo que cubría una parte del parabrisas, y luego se fue. Cuando regresó una hora más tarde, Delaney estaba totalmente vestida y lo esperaba en la puerta.
– Tienes suerte de que no llamara al Sheriff -dijo mientras subía las escaleras hacia ella.
Él tomó su mano y puso las llaves en su palma. Sus ojos estaban al mismo nivel de los de ella-. No corras.
¿No corras? Su corazón corría a toda velocidad y su respiración estaba atrapada en la garganta mientras esperaba que la besara. Estaba tan cerca que si sólo se echaba un poco hacia adelante…