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Электронная книга - «Un Año En Truly». Краткое содержание книги:

QUERER… Cuando la bonita peluquera Delaney Shaw regresó a su hogar de la infancia en Truly, Idaho, para asistir a la lectura del testamento de su padrastro, sólo quería una cosa: presentar sus respetos y alejarse lo más rápido posible de allí. Hasta que escuchó algunas de las inesperadas estipulaciones que contenía el documento: como aquella que decía que si quería la herencia tenía que permanecer allí y no tener absolutamente nada que ver con el atractivo Nick Allegrezza… ¡durante todo un año! …NO SIEMPRE ES PODER. Diez años antes, Delaney perdió literalmente la cabeza por Nick y por su Harley, e hizo lo que se espera de toda adolescente enamorada… se dejó llevar. Pero en esa época Nick también era un muchacho con las hormonas revolucionadas que creía en el lema de aprovecha el momento y vive la vida, y Delaney aprendió la lección de la manera más dura posible -para su Príncipe Azul tan sólo había sido una amiguita más. Ahora, Nick sigue tan irresistible como siempre, y en el momento en que se vuelven a encontrar las chispas saltan entre ellos. Va siendo hora de que Delaney decida si Nick es realmente el hombre de su vida.
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– Sí, tienes algo-. Él se detuvo y llevó su mano a la boca. Pasó sus labios sobre sus nudillos-. Cuándo no soy grosero y arrogante y engreído… ¿qué soy?

Ella no podía ver su cara claramente en la oscuridad, pero no necesitaba ver sus ojos para saber que clavaba los ojos en ella por encima de su mano. Podía sentir su mirada con la misma fuerza que sentía su caricia-. Tú eres…-. Ella sentía como se derretía, allí mismo en el aparcamiento con sus pies congelados y la temperatura bajo cero. Quería estar con él-. Eres el hombre en quien pienso todo el rato-. Ella liberó su mano y se puso de puntillas-. Pienso en tu cara apuesta, tus hombros anchos y tus labios-. Envolvió sus brazos alrededor de su cuello y se apretó contra él. Él subió y bajó la mano por su espalda, manteniéndola cerca. Su corazón latía en sus oídos y ella enterró su nariz fría justo debajo de su oreja-. Luego pienso en lamerte.

Sus manos se pararon.

– Por todas partes-. Tocó con la punta de su lengua un lado de su garganta.

– Jesus, María y José -gimió-. ¿Cuándo tienes que reunirte con tus amigos?

– ¿Qué amigos?

– Dijiste que habías quedado con unos amigos esta noche.

– Ah, bueno-. se había olvidado de su mentira-. No tiene importancia. No se preocuparan si no aparezco.

Él volvió a mirarla-. ¿Y qué pasa con los perros?

– En realidad, tengo que dejarlos salir un rato. ¿Qué pasa con Gail?

– Te dije que no te preocuparas por ella.

– ¿La ves a menudo?

– La Veo.

– ¿Te estás acostando con ella?

Ella podía ver las comisuras fruncidas de su boca-. No.

El corazón de Delaney se hinchó, y plantó su boca en la de él, devorándole con un beso caliente que los dejó a los dos jadeantes-. Ven Conmigo.

– ¿A casa de Henry?

– Sí.

Él no dijo nada durante un momento, y ella no podía imaginarse lo que estaba pensando-. Te encontraré allí – dijo él finalmente-. Necesito hablar con Louie, y pasarme por la farmacia.

No tuvo que preguntarle para qué. Le dio un beso en los labios y se fue. Ella lo observó marcharse, sus zancadas largas y seguras llevándole de vuelta al parque.

Mientras iba en el coche a casa de su madre, se dijo a sí misma que Nick era suyo esa noche y nada más tenía importancia. Sintió la leve vibración de las cadenas de metal incrustándose en la nieve y golpeando el asfalto e intentó convencerse de que esa noche sería suficiente. Tenía que creerlo.

Cuando abrió la verja de la casa de su madre, Duke y Dolores la saludaron con un meneo de rabo y lenguas mojadas. Los dejó salir y estaba de pie sobre la acera cuando se metieron en la nieve hasta la barriga, dos perros dorados en una gruesa manta blanca. Se había acordado de los guantes esta vez y había hecho algunas bolas de nieve para que Duke las atrapara con la boca.

Tal vez podría convencer a Nick de que ella era suficiente para él. Quería creer que no estaba liado con nadie. Quería creerle cuándo había dicho que no se estaba acostando con Gail, pero no podía confiar en él por completo. Lanzó una bola de nieve a Dolores. La golpeó en uno de sus lados y la Weimaraner miró a su alrededor sin saber de donde había venido el golpe. Delaney sabía que había más que sexo entre ellos, y Nick tenía que saberlo también. Lo podía ver en sus ojos cuando la miraba. Era caliente e intenso, y después de esa noche, quizá la querría sólo a ella.

No puedo ser fiel a una mujer, y no has dicho nada que me haga querer intentarlo.

Él la deseaba. Ella le deseaba. Él no la amaba. Pero ella le amaba tanto que le dolía. Sus sentimientos no conducían a un agradable y lento paseo por el túnel de amor. Al igual que todo lo que involucraba a Nick, comprender que lo amaba había sido como un shock, como una bofetada que la había dejado estupefacta. Y tan confundida que tenía la impresión de que estaba riéndose y llorando a la vez y no había vuelta atrás, ya había perdido hasta la cabeza.

Mientras hacía otra bola de nieve, oyó el motor de Jeep antes de ver los focos delanteros iluminando el camino de acceso. El doble tracción paró bajo un charco de luz delante del garaje, y Duke y Dolores atravesaron el patio hasta el lado del conductor, ladrando como locos. La puerta se abrió y Nick saltó el escalón-. Hola, perros-. Se inclinó hacia ellos para acariciarlos detrás de las orejas antes de mirar hacia arriba-. Hola, Fierecilla.

– ¿Vas a dejar de llamarme así alguna vez?

Él volvió a mirar a Duke y Dolores-. No.

Delaney tiró la bola de nieve que tenía en la mano y le dio en la parte superior de la cabeza. La nieve ligera se desintegró con el impacto y se redujo a polvo sobre su pelo oscuro y los hombros de la parka negra. Lentamente él se enderezó, luego sacudió la cabeza, llenando la noche de copos blancos-. Creía que eras lo suficientemente lista como para no empezar una pelea de bolas de nieve conmigo.

– ¿Qué vas a hacer, ponerme un ojo morado?

– No-. Él se movió hacia ella subiendo la acera, el ruido de sus botas sonaba amenazador en el aire tranquilo de la noche.

Ella cogió más nieve y la apretó ágilmente en sus manos enguantadas-. Si intentas cualquier payasada, lo lamentarás.

– Me asustas, Fierecilla.

Ella tiró la bola de nieve que explotó contra su pecho-. Te lo debía-. Ella dio un paso atrás y se hundió en polvo blanco hasta las rodillas.

– Me debes bastante-. la cogió por la parte superior de los brazos y la levantó hasta que las puntas de sus Doc Marten apenas tocaban tierra-. Cuando termine contigo, no vas a ser capaz de caminar durante una semana.

– Me asustas – dijo arrastrando las palabras. Él miró sus párpados bajos, y ella pensó que la estrecharía contra su cuerpo y la besaría. No lo hizo. La lanzó hacia atrás. Un grito alarmado escapó de sus labios mientras volaba unos metros antes de caer sobre la nieve. Fue como aterrizar en una almohada, y se quedó allí atontada, mirando fijamente el negro cielo repleto de estrellas centelleantes. Duke y Dolores ladraron, subiendo sobre su pecho, y lamiendo su cara. Sobre el jadeo pesado de los perros excitados, ella oyó el sonido de una profunda carcajada. Apartó a la fuerza los perros y se enderezó. -Imbécil-. Sacó la mano de la nieve y se sacó el guante-. Ayúdame-. Tendió la mano y esperó hasta que la levantó sobre los pies antes de usar todo su peso y arrastrarlo con ella al suelo. Aterrizó encima de ella con un ouuu. El aturdimiento se reflejó en su entrecejo como si realmente no pudiera creer lo que había sucedido.

Ella trató de respirar profundamente pero no pudo-. Eres muy pesado.

Él rodó sobre su espalda, llevándola con él, lo cuál era exactamente donde quería estar. Colocó las piernas a los lados de él, y le cogió el cuello con ambas manos-. Ríndete y no tendré que lastimarte.

Él la contempló como si estuviera chiflada-. ¿A una chica? No en esta vida.

Los perros saltaron sobre ellos como si fueran obstáculos, y ella cogió un puñado de nieve y la dejó caer en su cara-. Ven y mira esto, Duke. Es el increíble hombre de las nieves vasco.

Con la mano sin guante, él rozó los copos blancos sobre su piel morena y las lamió de sus labios-. Voy a pasar un buen rato haciéndote pagar esto.

Ella bajó la cara y pasó la punta de su lengua sobre su labio inferior-. Déjame hacer eso por ti-. Ella sintió su respuesta en su respiración y el apretón en sus brazos. Ella besó su boca caliente y chupó su lengua. Cuando acabó, se incorporó sobre sus caderas, su abrigo de lana se desplegó alrededor de ellos. A través de sus pantalones vaqueros ella sintió su deseo lleno empujando en ella, duro y patente-. ¿Tienes un carámbano en el bolsillo, o te alegras de verme?

– ¿Carámbano?- Él deslizó sus manos bajo el abrigo y sobre sus muslos-. Los carámbanos están fríos. Tú estás encima de treinta centímetros calientes.

Ella levantó los ojos al cielo de la noche-. Treinta centímetros-. Él era grande, pero no tan grande.

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