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Электронная книга - «Un Año En Truly». Краткое содержание книги:

QUERER… Cuando la bonita peluquera Delaney Shaw regresó a su hogar de la infancia en Truly, Idaho, para asistir a la lectura del testamento de su padrastro, sólo quería una cosa: presentar sus respetos y alejarse lo más rápido posible de allí. Hasta que escuchó algunas de las inesperadas estipulaciones que contenía el documento: como aquella que decía que si quería la herencia tenía que permanecer allí y no tener absolutamente nada que ver con el atractivo Nick Allegrezza… ¡durante todo un año! …NO SIEMPRE ES PODER. Diez años antes, Delaney perdió literalmente la cabeza por Nick y por su Harley, e hizo lo que se espera de toda adolescente enamorada… se dejó llevar. Pero en esa época Nick también era un muchacho con las hormonas revolucionadas que creía en el lema de aprovecha el momento y vive la vida, y Delaney aprendió la lección de la manera más dura posible -para su Príncipe Azul tan sólo había sido una amiguita más. Ahora, Nick sigue tan irresistible como siempre, y en el momento en que se vuelven a encontrar las chispas saltan entre ellos. Va siendo hora de que Delaney decida si Nick es realmente el hombre de su vida.
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Lanna inclinó la cabeza un lado y estudió su reflejo-. ¿Y el flequillo?

– Tu frente es bastante ancha así que en realidad no necesitas llevar flequillo.

Lanna respiró profundamente y expiró con lentitud-. De acuerdo.

Delaney cogió el peine-. No tienes que actuar como si fuera a empastarte un diente.

– No he tenido el pelo corto desde cuarto grado-. Lanna sacó la mano de debajo de la capa plateada y se rascó la barbilla-. No creo que Lonna se lo corte en toda su vida.

Delaney tomó un mechón de pelo de Lanna y lo cortó-. ¿En serio?- Dejó las tijeras-. ¿Tú hermana está viendo a Nick Allegrezza? -preguntó como si no tuviera más que un leve interés.

– Sí. Lo vio para dejarlo.

– Ah-. Delaney no lo había visto en dos semanas, desde la noche de la boda de Lisa. Bueno, lo había visto. Lo había visto a través de una sala abarrotada en una reunión de negocios del centro de la ciudad, y lo había visto cuando estaba parada en el stop del cruce de Main y La Primera, con su Jeep casi pegado al gran Cadillac de Henry. Luego ella había girado a la derecha y él a la izquierda. Ese mismo día dejó un mensaje en su contestador automático: -Pon unas malditas cadenas para la nieve -dijo, luego colgó el teléfono. No lo había visto otra vez hasta ayer cuando Sophie y él salían por la puerta trasera de su oficina mientras ella tiraba basura en el contenedor. Él se había parado al lado de la puerta del Jeep y la había mirado, sus ojos ardientes recorriéndola de arriba abajo. Y ella se había quedado allí, con la papelera que tenía en los brazos olvidada, atontada por la emoción que retorcía su estómago-. Tío Nick, -había llamado Sophie en voz alta, pero él no había contestado. No había dicho nada-. Vamos, tío Nick-. Él miró a su sobrina, luego volvió a mirar a Delaney.

– Veo que todavía no tienes las cadenas.

– Ah… No-. Ella se quedó mirándolo fijamente a los ojos y sintió la cabeza mareada y el estómago revuelto.

– Vamos, tío Nick.

– Ya voy Sophie, -había dicho, y la había mirado una última vez antes de marcharse.

– No creo que Lonna haya visto a Nick desde hace semanas – dijo Lanna, interrumpiendo los pensamientos de Delaney-. Por lo menos no creo que él la haya llamado ni quedado con ella. Me lo hubiera dicho.

Delaney cortó una capa a lo largo de la línea del cuello de Lanna-. ¿Tenéis vosotras dos esa conexión de gemelos y os lo contáis todo?

– No nos decimos todo. Pero sin embargo hablamos del hombre con quien nos acostamos. Pero ella es más promiscua y tiene más historias interesantes. Gail y ella solían sentarse e intercambiar historias sobre Nick. Por supuesto dejaron de hacerlo cuando Gail pensó que tenía alguna oportunidad de ser la Sra. Allegrezza.

Delaney quitó una pinza y lentamente le peinó otro mechón de pelo-. ¿Ya no lo cree?

– Ahora no, y estaba supersegura, pero él nunca pasó la noche con ella.

Tampoco la había pasado con Delaney. La verdad era que ella no había tenido tampoco la intención de pasar la noche con Nick. Sabía la pinta que tenía al despertarse cada mañana, y no tenía intención de hacerlo con alguien que sospechaba se levantaba de la cama pareciendo un modelo de portada de revista. Pero tampoco quería ser otra de sus mujeres. Se había dicho a sí misma que tal vez fuese especial ya que él se arriesgaba a perder Angel Beach y Silver Creek para estar con ella. También recordó otra cosa que Lanna le había dicho una vez. Nick no llevaba mujeres a su casa, pero a ella la había llevado. Esperaba ser diferente de las demás, pero ni siquiera la había llamado, así que suponía que no lo era.

– ¿Vas a estar en el desfile de Navidad?- preguntó Delaney a su cliente. Ya no quería hablar más de Nick.

– No, pero voy a ayudar a los de la fábrica de cerveza a construir su escultura de hielo para el Festival de Invierno.

Dejaron el tema de Nick, y hablaron sobre donde habían pasado el día de acción de gracias. Delaney había ido por supuesto a casa de su madre. Max también estaba allí, y pasaron el primer día de fiesta tranquilo que ella podía recordar. Bueno, casi completamente tranquilo. Su madre había tratado de manipularla con respecto al desfile de Navidad. Había querido saber qué planeaba Delaney, comenzando con el pelo y terminando con los zapatos. Gwen le recomendó chinelas. Delaney horrorizó a su madre al mencionar que tenía un par de botas de caña. Gwen le sugirió un “precioso traje de Anne Klein”. Delaney pensó que podría ponerse un “precioso mono de plástico”, que había hecho ella pero que no se había puesto desde que llegó a Truly. Max intervino en ese momento y se puso a cortar el pavo en rodajas.

Cuando Delaney acabó, a Lanna le gustó tanto su corte nuevo que le dejó diez pavos de propina. En Truly, eso era un raro cumplido. Cuando la peluquería estaba vacía otra vez, barrió el pelo y miró la agenda de citas. Tenía poco menos de una hora antes de la cita de las tres y media. El próximo cliente sería el segundo varón desde que había abierto la peluquería, y estaba un poco aprensiva. Algunos hombres se inclinaban a pensar que como se había pasado media hora metiendo los dedos en su pelo, querría ir de copas y luego a un motel. Nunca sabía qué cliente se insinuaría. El estado civil no contaba. Era extraño, pero no infrecuente.

Mientras esperaba, hizo inventario en el almacén, diciéndose a sí misma que no era para oír llegar cierto Jeep negro, pero lo era.

Contó toallas y botes de champú y escribió con todo detalle un pedido de varias docena más. Necesitaba líquido para permanentes, gracias a Wannetta, y cuando estaba terminando el inventario, el crujido de la grava llegó desde la parte de atrás. Se calmó y escuchó hasta que lo oyó otra vez. Antes de pensarlo bien, cogió un pequeño cubo de basura y lentamente abrió la puerta trasera.

Sophie se incorporó del capó del Cadillac plateado, dejando a la vista el limpiaparabrisas que tenía en la mano. En la otra tenía un sobre blanco. Deslizó el sobre bajo el limpiaparabrisas, y Delaney no tuvo que ver la nota escrita a máquina para saber lo que ponía.

– Eras tú.

Sophie se dio la vuelta, con los ojos muy abiertos, y levantó una mano al pecho de su parka azul. Su boca se abrió involuntariamente, luego se cerró con un ligero sonido. Parecía tan estupefacta como ella. Delaney no sabía si agradecerle que no fuera un psicópata o gritarle por ser una mocosa malcriada.

– Sólo estaba…sólo…- tartamudeó cogiendo el sobre y metiéndolo en el bolsillo.

– Sé lo que “sólo” estabas haciendo. Me estabas dejando otra nota.

Sophie cruzó los brazos bajo el pecho. Trataba de parecer fuerte, pero su cara tenía sólo un poco más de color que la nieve bajo sus pies.

– Tal vez debería llamar a tu padre.

– Está de luna de miel -dijo en lugar de negar nada.

– No para siempre. Esperaré hasta que vuelva.

– Adelante. No te creerá. Se porta bien contigo sólo por Lisa.

– Tu tío Nick me creerá. Ya sabe lo de las otras dos notas.

Sus brazos cayeron a los costados-. ¿Se lo dijiste?- lloró como si Delaney fuera la que había hecho algo malo.

– Si, y él me creerá-. transmitía una seguridad que no sentía-. No le va a gustar cuando le diga que eras quien ponía las notas amenazadoras.

Sophie negó con la cabeza-. No se lo puedes decir.

– Dime por qué has tratado de asustarme, y puede que no llame a Nick.

Sophie clavó los ojos en ella durante un rato y luego dio varios pasos hacia atrás-. Adelante llámalo. Lo negaré.

Delaney vio como la chica desaparecería del aparcamiento, luego se dio la vuelta y entró en la peluquería. No podía dejar que Sophie se escapara de lo que había hecho, pero el problema era que no sabía que hacer al respecto. No tenía experiencia con niños, y no quería decirle a Lisa algo así cuando volviera de su luna de miel. Sospechaba también que Lisa podría tener sus problemas con Sophie, y no quería que aumentaran por su culpa. Quedaba Nick. Se preguntó si él la creería.

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