Un Año En Truly
- Автор: Гибсон Рэйчел
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Un Año En Truly». Краткое содержание книги:
– No corras, no vaya a ser que te mates -dijo, luego se giró y bajó las escaleras.
La desilusión disminuyó la carrera de su corazón con un inquietante ruido sordo. Al lado de la barandilla, lo observó entrar en su oficina, luego se movió hasta el Cadillac estacionado debajo. Miró con atención a través de las ventanas a las latas de gel y espuma que había puesto la noche anterior en el asiento de atrás. Ninguna abolladura. Ni roce. El coche estaba como siempre, pero ahora tenía los cuatro neumáticos preparados para la nieve, con cadenas.
La mañana del lunes hubo tan poco trabajo que Delaney pudo colgar las luces de Navidad en el pequeño árbol que había comprado para la zona de recepción. Era de sólo un metro de altura, pero llenaba la peluquería de olor a pino. A mediodía el negocio no había mejorado y todo el día fue igual hasta que cerró a las cinco y media. El jurado para las esculturas de hielo pasaría por Larkspur Park a las seis, y apresurándose se cambió y se puso unos pantalones vaqueros, un suéter beige de algodón con la bandera americana en el frente y sus Doc Marten. No estaba tan interesada en las esculturas como en encontrar a cierto hombre vasco que se había ocupado de las ruedas del coche de Henry el día anterior.
Cuando llegó a Larkspur, el aparcamiento estaba lleno y el jurado estaba avanzando. El sol se había ocultado y las luces del parque daban brillo a un maravilloso mundo de formas de cristal de imponente altura. Delaney pasó ante una de “La Bella y la bestia” de tres metros, un montañero corpulento con su mulo a remolque, y “Puff el Dragon Mágico”. Cada detalle exquisito había sido tallado, dándoles vida a la negra noche con las luces brillantes. Se movió entre la gente pasando ante Dorothy y Toto, un pato enorme y una vaca del tamaño de un monovolumen. El aire frío congeló sus orejas, y se metió las manos desnudas en los bolsillos de su abrigo de lana. Encontró la escultura de Construcciones Allegrezza en la parte más alejada del lado oeste, rodeada de personas y jueces. Nick y Louie habían esculpido una casita de caramelo con todos los detalles, bolas de chicle de hielo y palotes de caramelo. La casa era lo suficientemente grande como para meterse dentro, pero estaba cerrada hasta después de que los jueces tomaran su decisión. Delaney buscó a Nick y lo vio parado al lado de su hermano. Llevaba una parka negra North Face [55] con forro blanco, pantalones vaqueros, y botas de trabajo. Gail Oliver estaba parada a su lado, su brazo enroscado en el de él. Una oleada ardiente de celos revolvió el estómago de Delaney, y podría haber perdido los nervios y pasado de largo si él no hubiera levantado la vista, fijando su mirada en la de ella.
Se obligó a sí misma a moverse hacia él pero le habló a Louie porque era más fácil-. ¿Está por aquí Lisa en alguna parte?
– Sophie y ella fueron al servicio – contestó Louie, sus ojos oscuros moviéndose de Delaney a Nick, y luego hacia ella otra vez-. Está por ahí, volverá en seguida.
– En realidad quería hablar con Nick-. Se volvió y contempló al hombre responsable de los caóticos sentimientos que colisionaban en su corazón. Miró fijamente su cara, y supo que de alguna manera se había enamorado locamente del niño que la solía fascinar y atormentar al mismo tiempo. Ahora ambos eran adultos, pero nada había cambiado. Sólo había encontrado nuevas y mejores formas de torturarla-. Si tienes un minuto, necesito hablar contigo.
Sin preguntar se apartó de Gail y se movió hacia ella-. ¿Qué hay, Fierecilla?
Ella recorrió con la mirada la gente alrededor de ellos, luego escudriñó su cara. Sus mejillas estaban rojas y podía ver el vaho de su respiración contra la oscuridad-. Quería darte las gracias por las cadenas para la nieve. Te esperé hoy, pero no fuiste a la oficina. Así que pensé que podría encontrarte aquí-. Ella se balanceó sobre los talones y se miró la punta de sus botas-. ¿Por qué lo hiciste?
– ¿El qué?
– ¿Poner cadenas para nieve al coche de Henry?. Nadie me había comprado cadenas nunca-. Una risa nerviosa escapó de sus labios-. Fue algo realmente bonito.
– En realidad soy un tipo agradable.
Una comisura de la boca se curvó-. No, no lo eres-. Negó con la cabeza y levantó la mirada hacia la de él-. Eres grosero y arrogante la mayor parte del tiempo.
Su sonrisa mostró sus dientes blancos y llenó de arrugas las esquinas de sus ojos-. ¿Y qué soy cuando no soy grosero y arrogante?
Ahuecó las manos sobre la boca y respiró sobre sus manos heladas-. Engreído.
– ¿Y?- Él extendió la mano y sujetó sus dedos entre las palmas calientes de de sus manos.
Por el rabillo del ojo ella tuvo un vislumbre de Gail moviéndose hacia ellos-. Veo que he venido en mal momento-. Liberó la mano y la metió en el bolsillo-. Hablaremos otro día, cuando no estés ocupado.
– No estoy ocupado ahora- dijo cuando Gail llegaba a su lado.
– Hola, Delaney.
– Gail.
– No no pude ir la noche del desfile- Gail miró a Nick y sonrió-. tuve algo que hacer, pero oí que hiciste un trabajo muy bueno este año.
– Creo que todos estuvieron muy bien-. Delaney dio un paso atrás. Los celos retorcían como un cuchillo ardiente su vientre y necesitaba apartarse de Nick y Gail y la imagen de ellos juntos-. Ya nos veremos.
– ¿Dónde vas?- preguntó él.
– Tengo que echarle un vistazo a Duke y Dolores – contestó, lo que sonó lamentable incluso a sus oídos-. Después quedé con algunos amigos – continuó mintiendo para rescatar su orgullo y levantó su mano brevemente, luego comenzó a marcharse.
Sin que lo esperara, en tres largas zancadas Nick la alcanzó-. Te acompaño al coche.
– No tienes que hacerlo-. Ella lo contempló, luego miró a Gail sobre el hombro, que los seguía con la mirada mientras caminaban hacia el aparcamiento-. Volverás loca a tu cita.
– Gail no es mi cita, y no necesitas preocuparte por ella-. atrapó la mano de de Delaney en la suya y la metió en el bolsillo de su abrigo-. ¿Por qué tienes que atender a los perros de Henry?
Pasaron delante de un genio de hielo sentado sobre su lámpara. No sabía si creerle lo de Gail, pero por ahora decidió darle el beneficio de la duda-. Mi madre se fue con Max Harrison-. Él entrelazó sus dedos con los suyos y un cosquilleo caliente subió por su muñeca-. Van a celebrar las navidades en uno de esos cruceros tropicales.
Mientras se movían entre la multitud, Nick se paró delante del genio-. ¿Y qué pasa con tus navidades?
El cosquilleo llegó a su codo y siguió subiendo por su brazo-. Las celebraremos cuando vuelva. No es un buen trato. Pero soy capaz de estar sola durante las fiestas. De todas maneras, no he tenido una Navidad de verdad desde que dejé pueblo.
Él no dijo nada durante unos momentos mientras caminaban bajo la luz de una farola del parque y a través de un sendero oscuro-. Las pasabas sola.
– En realidad no. Normalmente encontraba a alguien que se apiadaba de mí. Y además, siempre fue porque quise. Podía haber regresado y disculparme por haber sido una decepción y no la hija que mis padres querían, pero unos regalos y un fuego de Navidad no valían ni mi orgullo ni mi libertad-. Se encogió de hombros y a propósito cambió de tema-. No has contestado a mi pregunta.
– ¿Cúal era?
– Las ruedas. ¿Por qué lo hiciste?
– Nadie estaba a salvo mientras conducías ese gran coche de Henry. Era sólo cuestión de tiempo que atropellaras a un par de niños.
Ella contempló su perfil en la oscuridad-. Mentiroso.
– Cree lo que quieras – dijo, negándose a admitir que quería cuidar de ella.
– ¿Cuánto te debo?
– Considéralo un regalo de navidad.
Llegaron al estacionamiento y caminaron entre un Bronco y un descapotable-. No tengo nada para ti.
[55] Marca de ropa preparada para el frio o las acampadas de invierno (N de T)