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La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)

Электронная книга - «La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)». Краткое содержание книги:

Tras derrotar a Rahl el Oscuro, Richard se dispone a disfrutar de la máxima recompensa a la que podría aspirar, el amor de Calan. Pero, inadvertidamente, el joven rasgó el velo que separa el mundo de los vivos del de los muertos y ahora debe enfrentarse al mal supremo, al temible Custodio del inframundo, que intenta escapar.

Para vencerlo, Richard debe aprender a dominar sus incipientes talentos arcanos, pues de otro modo morirá. A no ser que Richard aprenda a controlar sus poderes, nadie, ni siquiera su amada Calan, la poderosa pero benevolente Madre Confesora, podrá salvar al mundo. El único modo de lograrlo es ponerse en manos de las misteriosas Hermanas de la Verdad, que afirman ser su única esperanza.
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Mientras el mago se arrodillaba, la Hermana alzó una mano. La llama de la antorcha se extinguió, sumiendo la habitación en una total oscuridad.

— El juramento al Custodio debe hacerse en la oscuridad en la que éste habita —susurró la mujer.

14

Suavemente, Kahlan abrió la puerta. Richard estaba despierto y sentado frente al fuego. Cuando la puerta se cerró, el inquietante sonido de los tambores y las boldas que llegaba del centro de la aldea se hizo menos intenso. De pie junto a él, Kahlan inclinó la cabeza del joven contra una pierna y le pasó los dedos por el pelo.

— ¿Cómo va ese dolor de cabeza?

— Mejor. El descanso y la última bebida que me preparó Nissel me han ayudado. Tengo que salir ya, ¿verdad? —preguntó, sin alzar los ojos hacia la mujer.

Kahlan se sentó en el suelo a su lado y le frotó la espalda.

— Sí. Ya es la hora. ¿Estás seguro de que quieres comer la carne ahora que sabes de qué es?

— Tengo que hacerlo.

— Pero es carne. ¿Podrás comer carne?

— Si quiero que se celebre la reunión, tendré que hacerlo. La tradición lo exige. Comeré carne.

— Richard, esta reunión me da muy mala espina. No estoy segura de que debas seguir adelante. Quizás hay otra manera. El Hombre Pájaro también teme por ti. Tal vez no deberías hacerlo.

— Debo hacerlo.

— ¿Por qué?

— Porque todo esto es culpa mía —contestó el joven, mirando fijamente las llamas—. Soy el responsable de que el velo se haya desgarrado. Eso dijo Shota; que era culpa mía.

— No. Fue Rahl el Oscuro quien de algún modo lo provocó.

— Yo también soy un Rahl —susurró.

Kahlan le echó un vistazo, pero él le hurtó la mirada.

— ¿Así que el hijo hereda los crímenes del padre?

— No creo en ese dicho —repuso Richard, con un asomo de sonrisa—, pero hay algo de verdad en él. ¿Recuerdas lo que dijo Shota? —preguntó, mirándola a los ojos—. Que sólo yo podría reparar el velo. Tal vez es porque Rahl el Oscuro lo rasgó a través de la magia del Destino y de mi intervención.

La luz de las llamas parpadeaba en los ojos de Richard.

— ¿Y por eso crees que, puesto que un Rahl lo rasgó, otro Rahl tiene que cerrarlo?

— Es posible. Eso explicaría por qué sólo yo puedo cerrarlo. Quizá no sea ésta la razón, pero no se me ocurre ninguna otra. Me alegro de casarme con una mujer tan lista —añadió, sonriendo.

Kahlan sonrió a su vez. Se sentía feliz al verlo sonreír.

— Bueno, pues esa mujer tan lista no comprende esa razón.

— Puedo estar equivocado, pero es una posibilidad que debo tener en cuenta.

— Entonces, ¿por qué seguir adelante con la reunión?

Los ojos de Richard se iluminaron, excitados, mientras le dirigía una juvenil sonrisa.

— Porque he resuelto nuestro dilema. Ya sé qué vamos a hacer. —El joven se volvió hacia Kahlan y cruzó las piernas—. Mañana por la noche celebraremos la reunión y averiguaremos lo que podamos. Luego, a la mañana siguiente… —Richard agarró el colmillo del dragón y se lo mostró, sonriendo aún más—. A la mañana siguiente llamaré a Escarlata. Así es como viajaremos a Aydindril para reunirnos con Zedd; volando. De este modo, los dolores de cabeza no me impedirán realizar un largo viaje por tierra. Escarlata vuela con ayuda de la magia, lo que le permite cubrir enormes distancias en muy poco tiempo.

»Nos iremos antes de que las Hermanas puedan detenernos, y les costará mucho tiempo seguirnos. Así, por el momento, no tendré que rechazar ninguna oferta más. Me reuniré con Zedd, y él sabrá qué hacer para acabar con los dolores de cabeza. Después de la reunión llamaré a Escarlata. Probablemente le costará gran parte del día llegar hasta aquí. —Richard se inclinó hacia ella y le dio un rápido beso—. Mientras la esperamos, nos casaremos.

— ¿Casarnos? —El corazón le dio un brinco en el pecho.

— Sí, casarnos. Todo el mismo día: pasado mañana. Haremos todo eso y nos marcharemos antes del anochecer.

— Oh, Richard… me encantaría. Hagámoslo ahora mismo. Llama a Escarlata. Así, podríamos casarnos por la mañana, cuando llegue. Sé que la gente barro se daría prisa por nosotros. Zedd nos dirá qué hacer, y tú no tendrás que correr el riesgo de celebrar una reunión.

Pero Richard meneó la cabeza.

— Debo asistir a esa reunión. Shota dijo que sólo yo podía cerrar el velo, no Zedd. ¿Y si Zedd no tiene ni idea de cómo hacerlo? Más de una vez nos ha confesado que apenas sabe nada acerca del inframundo. En realidad, nadie sabe nada sobre el mundo de los muertos.

»Pero los espíritus de los antepasados, sí. Tengo que averiguar todo lo que pueda. No podemos perder tiempo acudiendo a Zedd para que después resulte que está tan a oscuras como nosotros. Primero, debo averiguar lo que pueda. Según Shota, sólo yo puedo reparar el velo. Tal vez sea porque soy el Buscador. Debo hacer mi trabajo y encontrar las respuestas. Aunque para mí no signifiquen nada, pueden ser importantes para Zedd y sabrá qué hacer, sabrá qué puedo hacer.

— ¿Y si llegamos a Aydindril antes que Zedd? Si Escarlata nos lleva en un día, es posible que Zedd todavía no haya llegado.

— Aunque no haya llegado, sabemos que se dirige a Aydindril y lo encontraremos. Zedd verá a Escarlata.

Kahlan lo observó un instante.

— Estás totalmente decidido, ¿verdad?

— Si hay alguien capaz de hacerme dudar, ésa eres tú. ¿Se te ocurre algo mejor?

Finalmente, la mujer negó con la cabeza.

— Ojalá, pero no. Lo único que no me gusta de tu plan es la reunión con los espíritus.

Una ligera sonrisa suavizó el rostro de Richard.

— Me muero de ganas por verte con el vestido de boda que Weselan te está haciendo. ¿Crees que lo tendrá acabado tan pronto? Podríamos pasar nuestra noche de bodas en Aydindril, en tu hogar.

— Claro que lo tendrá acabado. —Kahlan no pudo reprimir una sonrisa—. Y no tiene por qué ser un gran banquete de boda. De todos modos, con los preparativos de la reunión no queda tiempo para organizar un banquete. El Hombre Pájaro estará igualmente encantado de casarnos sin banquete. —Mirándolo con timidez, añadió—: En Aydindril tendremos una cama de verdad. Una cama muy grande y cómoda.

Richard enlazó la cintura de la mujer con un brazo, la atrajo hacia sí y posó en sus labios un suave beso. Kahlan deseó que nunca acabara. Pero Richard la apartó con delicadeza y miró hacia otro lado.

— ¿Richard… y lo que dijo Shota acerca de un hijo tuyo y mío?

— No sería la primera vez que Shota se equivoca. E, incluso, lo que predijo con certeza, no ocurrió exactamente como esperábamos. No pienso renunciar a ti sólo porque ella lo diga. ¿Recuerdas ese proverbio que me dijiste una vez?: «Nunca dejes que una mujer hermosa elija el camino por ti cuando tiene un hombre a la vista». Además, primero podremos hablar con Zedd. Si de algo sabe es de Confesoras y del don.

— Parece que tienes respuesta para todo. ¿Cómo te has vuelto tan inteligente?

Kahlan le acarició el pecho. Richard volvió a atraerla y la besó, esta vez con más pasión.

— Pienso encontrar una respuesta a todo lo que trate de alejarme de ti y de esa cama tan grande y cómoda. Iría incluso al inframundo y lucharía contra el Custodio para estar contigo.

Kahlan se acurrucó contra su hombro. Parecía una eternidad desde que la conociera en la Tierra Occidental cuando la perseguía una cuadrilla. Parecía haber transcurrido toda una vida desde entonces y no unos pocos meses. Juntos habían pasado por tantas cosas… Kahlan estaba agotada de estar asustada, de que la persiguieran y trataran de darle caza. Todo acababa de terminar y ya empezaba de nuevo; no era justo.

La mujer hizo un esfuerzo por no caer en el desánimo. No era ése el modo correcto de mirar las cosas; estaba pensando en el problema y no en la solución. Se forzó a analizar el nuevo problema por él mismo, sin pensar en todo lo ocurrido en el pasado.

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