Ender el Xenocida [Xenocide - es]
- Автор: Кард Орсон Скотт
- Год: 1992
- Язык: испанский
- Год: Ediciones B
- ISBN: 978-84-406-1648-7
- Переводчик: Rafael Marin
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «Ender el Xenocida [Xenocide - es]». Краткое содержание книги:
Nominado a los Premios Hugo y Locus, 1992.
—Nossa Senhora —murmuró Ender—. Es demasiado peligroso. No puede jugar con una cosa como ésta.
—Tal vez ya sea demasiado tarde…, no puedo saber si ha hecho algún daño o no.
—Entonces tenemos que detenerla.
—¿Cómo, rompiéndole los brazos?
—Hablaré con ella, pero es demasiado mayor, o demasiado joven, para atender a razones. Me temo que acabará convirtiéndose en asunto del alcalde, no nuestro.
Sólo cuando Novinha habló se dio cuenta Ender de que su esposa había entrado en la habitación.
—En otras palabras, cárcel —dijo—. Pretendes encerrar a mi hija. ¿Cuándo ibas a informarme?
—La cárcel no se me había ocurrido —protestó Ender—. Esperaba que el alcalde le cerrara el acceso a…
—Ése no es el trabajo del alcalde —objetó Novinha—. Es el mío. Yo soy la xenobióloga jefe. ¿Por qué no acudiste a mí, Elanora? ¿Por qué a él?
Ela permaneció en silencio, mirando fijamente a su madre. Así manejaba los conflictos con su madre, con resistencia pasiva.
—Quara está fuera de control, Novinha —dijo Ender—. Revelar secretos a los padres-árbol ya fue suficientemente malo. Hacerlo con la descolada es una locura.
—Es psicologista, agora? (¿Ahora eres psicólogo?)
—No pretendo encerrarla.
—No tienes que pretender nada. No con mis niños.
—Eso es —asintió Ender—. No voy a hacer nada con niños. Sin embargo, tengo una responsabilidad para hacer algo con un ciudadano de Milagro que está poniendo en peligro la supervivencia de todos los seres humanos de este planeta, y tal vez en todas partes.
—¿Y dónde recibiste esa noble responsabilidad, Andrew? ¿Bajó Dios de la montaña y talló tu licencia para gobernar a la gente sobre tablas de piedra?
—Muy bien —suspiró Ender—. ¿Qué me sugieres?
—Sugiero que te mantengas apartado de asuntos que no te conciernen. Francamente, Andrew, eso lo incluye casi todo. No eres xenobiólogo. No eres físico. No eres xenólogo. De hecho no eres nada, excepto un fisgón profesional de la vida de los demás.
Ela abrió la boca.
—¡Madre!
—Lo único que te da poder es esa maldita joya de tu oído. Ella te susurra secretos, te habla de noche cuando estás en la cama con tu esposa, y cada vez que quiere algo, allá vas a una reunión donde no tienes nada que hacer, diciendo lo que quiera que ella te dice. ¡Y acusas a Quara de cometer traición! Por lo que a mí respecta, tú eres el que está traicionando a personas reales por un pedazo de software demasiado crecido.
—Novinha —dijo Ender.
Se suponía que era el principio de un intento para calmarla. Pero ella no estaba interesada en dialogar.
—No te atrevas a intentar convencerme, Andrew. Todos estos años pensé que me amabas…
—Te amo.
—Pensé que realmente te habías convertido en uno de nosotros, en parte de nuestras vidas.
—Lo soy.
—Pensé que era real…
—Lo es.
—Pero sólo eres lo que el obispo Peregrino nos advirtió desde el principio, Un manipulador. Un controlador. Tu hermano gobernó a toda la humanidad, ¿no es ésa la historia? Pero tú no eres tan ambicioso. Te contentas con un planeta pequeño.
—En el nombre de Dios, madre, ¿te has vuelto loca? ¿No conoces a este hombre?
—¡Eso creía! —Novinha estaba llorando ahora—. Pero nadie que me amara dejaría que mi hijo se marchara a enfrentarse con esos cerdis asesinos…
—¡No podría haber detenido a Quim, madre! ¡Nadie habría podido!
—Ni siquiera lo intentó. ¡Lo aprobó!
—Sí —admitió Ender—. Pensé que tu hijo actuaba de manera noble y valiente, y lo aprobé. Sabía que aunque el peligro no era grande, sí era real, y sin embargo decidió ir… y lo aprobé. Es exactamente lo que tú habrías hecho, y espero que sea lo que yo haría en su mismo lugar. Quim es un hombre, un buen hombre, tal vez un gran hombre. No necesita tu protección, ni la quiere. Ha decidido cuál es la obra de su vida y la está realizando. Lo admiro por eso, y lo mismo deberías hacer tú. ¿Cómo te atreves a sugerir que ninguno de nosotros podría haberse interpuesto en su camino?
Novinha guardó por fin silencio, por el momento al menos. ¿Medía las palabras de Ender? ¿Advertía lo inútil y lo cruel que era por su parte dejar marchar a Quim con su furia en lugar de con su esperanza? Durante ese silencio, Ender aún alentó alguna esperanza.
Entonces el silencio terminó.
—Si vuelves a entrometerte en la vida de mis hijos, acabaré contigo —aseguró Novinha—. Y si algo le sucede a Quim, cualquier cosa, te odiaré hasta el día de tu muerte, y rezaré para que ese día llegue pronto. No lo sabes todo, hijo de puta, y es hora de que dejes de actuar como si fuera así.
Se dirigió a la puerta, pero entonces decidió no hacer una salida teatral. Se volvió hacia Ela y habló con notable calma.
—Elanora, tomaré medidas inmediatas para bloquear el acceso de Quara a los archivos y el equipo que pueda usar para ayudar a la descolada. En el futuro, querida, si vuelvo a oírte hablar de asuntos del laboratorio con cualquiera, sobre todo con este hombre, te prohibiré entrar en el laboratorio de por vida. ¿Comprendes?
Una vez más, Ela respondió con el silencio.
—Ah —suspiró Novinha—. Veo que me ha robado más de mis hijos de lo que yo creía.
Entonces se marchó.
Ender y Ela permanecieron sentados, aturdidos, en silencio. Por fin, Ela se levantó, aunque no dio un solo paso.
—Tendría que hacer algo —dijo—, pero por mi vida que no se me ocurre nada.
—Tal vez deberías ir con tu madre y demostrarle que sigues estando a su lado.
—Pero no lo estoy-replicó Ela—. De hecho, estaba pensando que tal vez debería acudir al alcalde y proponerle que destituya a madre como xenobióloga jefe; está claro que se ha vuelto loca.
—No —dijo Ender—. Si hicieras algo así, la matarías.
—¿A madre? Es demasiado dura para morir.
—No. Ahora mismo es tan frágil que cualquier golpe podría matarla. No a su cuerpo. Su confianza. Su esperanza. No le des ningún motivo para pensar que no estás con ella, no importa lo que pase.
Ela lo miró, exasperada.
—¿Es algo que tú decides o te viene de forma natural?
—¿De qué estás hablando?
—Madre acaba de decirte cosas que deberían haberte enfurecido, o lastimado, o algo…, y te quedas aquí sentado intentando pensar en formas de ayudarla. ¿No te apetece nunca abofetear a nadie? Quiero decir, ¿nunca pierdes los estribos?
—Ela, después de haber matado inadvertidamente a un par de personas con las manos desnudas, aprendes a controlar tus nervios o pierdes tu humanidad.
—¿Tú has hecho eso?
—Sí —respondió él.
Pensó por un momento que ella estaba sorprendida.
—¿Crees que podrías volver a hacerlo?
—Probablemente.
—Bien. Puede que sea útil cuando el infierno se desate.
Entonces se echó a reír. Era un chiste. Ender se sintió aliviado. Incluso se rió débilmente con ella.
—Iré a ver a madre —aseguró Ela—, pero no porque tú me lo hayas dicho, ni por las razones que has mencionado.
—Muy bien, pero hazlo.
—¿No quieres saber por qué voy a quedarme con ella?
—Ya sé por qué.
—Por supuesto. Ella estaba equivocada, ¿verdad? Sí que lo sabes todo.
—Vas a ir a ver a tu madre porque es lo más doloroso que podrías hacerte a ti misma en este momento.
—Haces que parezca feo.
—Es la cosa buena más dolorosa que podrías hacer. Es el trabajo más desagradable que hay. Es la carga más pesada.