Ender el Xenocida [Xenocide - es]
- Автор: Кард Орсон Скотт
- Год: 1992
- Язык: испанский
- Год: Ediciones B
- ISBN: 978-84-406-1648-7
- Переводчик: Rafael Marin
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «Ender el Xenocida [Xenocide - es]». Краткое содержание книги:
Nominado a los Premios Hugo y Locus, 1992.
—Fecha as bocas!-rugió Kovano.
Inmediatamente, guardaron silencio.
—Nossa Senhora —exclamó—. Tal vez Dios quiere destruir Lusitania porque es la única manera que se le ocurre de haceros callar a los dos.
El obispo Peregrino carraspeó.
—O tal vez no —dijo Kovano—. Dios me libre de especular sobre sus motivos.
El obispo se echó a reír, lo cual permitió que los demás se rieran también. La tensión se rompió, como una ola del mar, desaparecida por el momento, pero sin duda para volver.
—¿Entonces el antivirus está casi listo? —le preguntó Kovano a Ela.
—No… o sí, el virus de reemplazo está casi completamente— diseñado. Pero siguen existiendo dos problemas. El primero es cómo esparcirlo. Tenemos que encontrar un medio para que el nuevo virus ataque y sustituya al antiguo. Sigue estando… muy lejos.
—¿Quieres decir que queda un largo camino o que no tienes la menor idea de cómo hacerlo?
Kovano no era ningún tonto. Obviamente, había tratado con científicos antes.
—Más o menos entre una cosa y otra —dijo Ela.
Novinha se agitó en su asiento, apartándose visiblemente de Ela. «Mi pobre hermana —pensó Quim—. Puede que no te hable durante los próximos años.»
—¿Y el otro problema? —preguntó Kovano.
—Una cosa es diseñar el virus sustituto. Otra muy distinto es producirlo.
—Son meros detalles-dijo Novinha.
—Te equivocas, madre, y lo sabes —replicó Ela—. Puedo trazar un diagrama de cómo queremos que sea el nuevo virus. Pero incluso trabajando bajo diez grados absolutos, no podemos cortar y recombinar el virus de la descolada con suficiente precisión. O se muere, porque dejamos fuera demasiado, o inmediatamente se repara en cuanto vuelve a temperaturas normales, porque no quitamos lo suficiente.
—Problemas técnicos.
—Problemas técnicos —repitió Ela bruscamente—. Como construir un ansible sin un enlace filótico.
—Entonces llegamos a la conclusión…
—No llegamos a ninguna conclusión —dijo Novinha.
—Llegamos a la conclusión —continuó Kovano— de que nuestros xenobiólogos están en franco desacuerdo sobre la posibilidad de domar al virus de la descolada. Eso nos lleva a la otra aproximación: persuadir a los pequeninos para que envíen sus colonos sólo a mundos deshabitados, donde puedan establecer su propia ecología peculiarmente venenosa sin matar seres humanos.
—Persuadirlos —masculló Grego—. Como si pudiéramos confiar en que mantengan sus promesas.
—Han mantenido más promesas que tú —alegó Kovano—. Yo no adoptaría un tono moralmente superior si estuviera en tu caso.
Finalmente, las cosas llegaron a un punto en que Quim pensó que sería beneficioso hablar.
—Toda esta discusión es interesante —dijo—. Sería maravilloso si mi misión con los herejes pudiera significar persuadir a los pequeninos de no causar daño a la humanidad. Pero aunque todos lleguemos al acuerdo de que mi misión no tiene ninguna oportunidad de éxito, seguiré adelante. Aunque decidiéramos que existe un serio riesgo de que mi misión empeorara las cosas, iré.
—Me alegra saber que piensas ser tan cooperativo —dijo Kovano con acidez.
—Pretendo cooperar con Dios y la Iglesia —dijo Quim—. Mi misión con los herejes no es para salvar a la humanidad de la descolada, ni siquiera para intentar mantener la paz entre los humanos y pequeninos aquí en Lusitania. Mi misión es para devolverlos a la fe de Cristo y la unidad de la Iglesia. Voy a salvar sus almas.
—Muy bien —asintió Kovano—. Por supuesto ésa es la razón por la que quieres ir.
—Y es la razón por la que iré, y el único baremo que usaré para determinar si mi misión tiene éxito o no.
Kovano miró desesperanzado al obispo Peregrino.
—Dijo usted que el padre Esteváo cooperaría.
—Dije que era totalmente obediente a Dios y la Iglesia.
—Entendí que podría persuadirlo para que esperara a cumplir su misión hasta que supiéramos más.
—Podría persuadirlo, sí. O simplemente prohibirle que vaya —dijo el obispo Peregrino.
—Entonces hágalo —pidió Novinha.
—No lo haré.
—Creía que le preocupaba el bienestar de esta colonia —dijo el alcalde Kovano.
—Me preocupa el bienestar de todos los cristianos a mi cargo —respondió el obispo—. Hasta hace treinta años, eso significaba que preocupaba sólo por los seres humanos de Lusitania. Ahora, sin embargo, soy igualmente responsable del bienestar espiritual de los pequeninos cristianos de este planeta. Envío al padre Esteváo en su misión exactamente como un misionero llamado Patricio fue enviado a la isla de Eire. Tuvo un éxito extraordinario, y convirtió a reyes y naciones. Por desgracia, la Iglesia irlandesa no actuó siempre como habría deseado el papa. Hubo mucha…, digamos controversia entre ellos. Superficialmente se refería a la fecha de la Pascua, pero en el fondo el tema era la obediencia al papa. Incluso se derramó sangre de vez en cuando. Pero ni por un momento imaginó nadie que habría sido mejor que san Patricio nunca hubiera ido a Eire. Nunca nadie sugirió que habría sido mejor que los irlandeses hubieran continuado siendo paganos.
Grego se levantó.
—Hemos encontrado el filote, el auténtico átomo indivisible. Hemos conquistado las estrellas. Enviamos mensajes más rápidos que la velocidad de la luz. Sin embargo, seguimos viviendo en la Edad Media.
Se encaminó hacia la puerta.
—Sal por esa puerta antes de que yo te lo diga —advirtió el alcalde—, y no verás el sol en un año.
Grego se dirigió a la puerta, pero en vez de atravesarla, se apoyó contra ella y sonrió sardónicamente.
—Ya ve lo obediente que soy.
—No te retendré mucho tiempo —dijo Kovano—. El obispo Peregrino y el padre Esteváo hablan como si pudieran tomar su decisión de forma independiente al resto de nosotros, pero por supuesto no pueden. Si yo decidiera que la misión del padre Esteváo con los cerdis no debería llevarse a término, no se realizaría. Seamos todos claros en eso. No temo arrestar al obispo de Lusitania, si el bienestar de la comunidad lo requiere. Y en cuanto a este cura misionero, sólo irá a ver a los pequeninos cuando tenga mi consentimiento.
—No me cabe ninguna duda de que puede interferir con el trabajo de Dios en Lusitania —intervino gélidamente el obispo Peregrino—. No le quepa ninguna duda de que yo puedo enviarlo al infierno por hacerlo.
—Sé que puede. No sería el primer líder político en acabar en el infierno después de un enfrentamiento con la Iglesia. Afortunadamente, esta vez no llegaré a eso. Los he escuchado a todos y he tomado mi decisión. Esperar al nuevo antivirus es demasiado arriesgado. Y aunque supiera con absoluta certeza que el antivirus estaría listo y podría ser utilizado en seis semanas, seguiría permitiendo esta misión. Ahora mismo, nuestra mejor posibilidad de salvar algo de este lió radica en la misión del padre Esteváo. Andrew me ha dicho que los pequeninos sienten gran respeto y afecto por este hombre, incluso los no creyentes. Si puede persuadir a los pequeninos herejes para que olviden su plan de aniquilar a la humanidad en nombre de su religión, eso nos quitará una carga de encima.
Quim asintió gravemente. El alcalde Kovano era un hombre de gran sabiduría. Era una suerte que no tuvieran que luchar, al menos por ahora.
—Mientras tanto, espero que los xenobiólogos continúen trabajando en el antivirus con todo el vigor posible. Cuando el antivirus exista decidiremos si usarlo o no.
—Lo usaremos —aseguró Grego.
—Sólo sobre mi cadáver-dijo Quara.
—Aprecio vuestra disposición a esperar hasta que sepamos más antes de que emprendáis ninguna acción —dijo Kovano—. Lo que nos lleva a ti, Grego Ribeira. Andrew Wiggin me asegura que hay motivos para creer que podría ser posible viajar más rápido que la luz.