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Электронная книга - «Perdona Pero Quiero Casarme Contigo». Краткое содержание книги:

Segunda parte de Perdona si te llamo amor. La historia de amor continúa…
Alex y Niki están más enamorados que nunca, acaban de volver del faro en la isla de Blu donde han vivido días inolvidables. Niki se reencuentra con sus amigas, pero el grupo de las Ondas deberá afrontar grandes cambios que pondrán a prueba su amistad. Alex retoma su vida de siempre, sus viejos amigos. Ellos, Flavio, Enrico y Pietro han pasado de ser maridos serenos y seguros a tener que afrontar muchas difi cultades que han puesto en peligro sus matrimonios. Y ahora todas esta personas, hombres y mujeres de diferentes edades, cada uno a su manera se encuentran para refl exionar sobre el amor. Pues, ¿existe el amor? ¿Es cierta la crisis del séptimo año? ¿Tienen razón los que dicen que un amor no puede durar más de tres años? Y después, la pregunta más difícil: ¿un amor puede durar para siempre?
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Olly coge una bandeja de aceitunas y se pasea entre los invitados imitando a una camarera. Al final se acerca a Niki.

– ¿Le apetece una, señora? -le pregunta haciendo una ligera reverencia.

Niki coge el palillo con la aceituna y le da las gracias.

– Felicidades, lo has organizado todo a la perfección.

– Por usted haría lo que fuese…

Olly está contenta. Sigue caminando y ve a Giampi junto a la contraventana. Está bebiendo algo y en la otra mano sujeta un plato con canapés. Está de espaldas. Olly se acerca a toda prisa a él con una sonrisa en los labios.

– ¡Eh, cariño! -le ofrece la bandeja.

Pero un instante después se percata de que en la terraza, al lado de Giampi, hay una chica morena, con el pelo largo y muy mona que charla amigablemente con él. Olly se detiene en seco. Giampi se vuelve.

– ¡Aquí estás! -Le da un beso en los labios-. Eres fantástica La fiesta no podría ir mejor.

La chica morena sonríe a Olly.

– Es cierto. ¡Todo es perfecto! Hemos salido un momento a fumar. No queríamos hacerlo dentro. Por el humo, ya sabes…

Olly la mira con cara de pocos amigos, y a continuación escruta a Giampi.

– Sí, gracias…, lo he hecho por mi amiga Niki…

– Pues te ha salido genial, ¡Niki debe de estar contentísima! Te presento a Ilenia. Es una amiga de Erica, se conocieron en el trabajo el verano pasado.

Olly le tiende la mano de mala gana.

– Encantada.

– Tu casa es muy mona.

– Gracias…

Pero ¿se puede saber qué quiere ésta? ¿A qué viene tanta amabilidad? ¿Qué pretende, caerme bien? Y, además, ¿por qué Giampi es tan solícito con ella? Olly siente que la rabia se está apoderando de ella y trata de contenerla. Está celosa. Sí, lo reconoce. Celosa de él. De la manera en que las chicas lo miran. Del hecho de que siempre quiera hacer caso a todas.

Olly se despide bruscamente de ellos y se dirige hacia Niki.

Ilenia mira a Giampi disgustada.

– Pero ¿he dicho algo malo? Si quieres voy a pedirle disculpas…

– No, ni hablar, Olly es así. De vez en cuando se pone celosa por nada. Tú no tienes nada que ver… -Da un sorbo a su vaso de vino tinto y se queda absorto contemplando el horizonte.

Ilenia apura su cigarrillo y lo apaga en un gran tiesto de cerámica lleno de arena.

En casa, Olly toca el brazo de Niki.

– ¿Has visto?

Niki, que está hablando con Giulia, se vuelve.

– ¿El qué?

– A esa tipa que está con Giampi…

_¿Eh?

– Se hace la remilgada y él encima le da cuerda…

Niki se vuelve a curiosear.

– Bah, parece una conversación muy normal.

– Dices eso porque no se trata de Alex.

– Bueno, Olly, déjalo ya. Desde que estás con Giampi te has vuelto paranoica… O te fías de él o no te fías y, en caso de que no sea así, te aconsejo que lo dejes. No se puede vivir permanentemente en las trincheras, lista para disparar a todas las mujeres que se le acerquen.

– Pero yo lo quiero, ¿qué puedo hacer?

– En ese caso, relájate, eres una agonías… Así sólo conseguirás perderlo… Me parece que incluso tiene demasiada paciencia.

– Claro, hablas así porque te vas a casar. ¿A ti qué más te da?…

– ¿Y eso qué tiene que ver ahora? Únicamente lo digo por tu bien. O resuelves esos celos o acabarás fatal. Así no disfrutas de nada, ves enemigas por todas partes…

Olly la mira con cara de mala leche. Le hace una mueca y se aleja. Niki sacude la cabeza. ¿Cuándo comprenderá que los celos tan continuos y sin motivo no sirven para nada?

Sesenta y cuatro

Una hora después están todos en el salón, casi arrellanados en el sofá. Alex sirve lo que queda del champán en la copa de Flavio.

Enrico alza la suya.

– ¿Sabéis lo que me apetece hacer en este momento?

– No.

– Un brindis… Un brindis por la única cosa que perdura en el tiempo, la única cosa inoxidable…, que resiste tanto a los éxitos como a los fracasos…, a los vendavales de la vida… Un brindis por la amistad.

El primero con el que hace chocar su copa es precisamente Pietro. Flavio y Alex se unen a ellos en seguida.

– Sí, es cierto…

– Por la amistad…

– Cuánta verdad hay en ese dicho… -Pietro apura su copa y prosigue-: «Las mujeres pasan… Los amigos permanecen…» -A continuación se vuelve hacia Alex-: Oh, disculpa, eh… Quizá tú estés ya fuera de esa categoría.

– ¡Sí, perdona, pero eres la excepción que confirma la regla!

– No lo entiendo… Os he traído champán, y ya veis qué champán… ¡El más caro!

– Madre mía, qué feo es ese vicio tuyo de hacer hincapié en el precio…

– Lo hago para que entendáis hasta qué punto es importante este momento para mí, mientras vosotros…

– Entiendo…, pero estás bromeando, ¿verdad?

Flavio deja su copa sobre la mesa.

– Cristina me ha dejado. Me ha dicho que lo nuestro se ha acabado. No consigo estar alegre, pese a la noticia de que te casas y a la botella de champán.

– Venga, no discutamos ahora. Además, perdona, Flavio, ¿eh? -Enrico se interpone-, pero acabas de decirnos que ella no está con otro, ¿verdad?

– Sí.

– Quiero decir, supongo que habrás echado un vistazo a sus sms, el correo, los e-mails…

Flavio lo mira enojado.

– Pues no.

– ¿No los has comprobado? En ese caso, ¿cómo puedes estar seguro de que te está diciendo la verdad?

– Porque he hablado con ella y eso me parece lo más fiable, no tengo ninguna necesidad de espiarla. Por eso sufro. Porque me basta saber que me lo ha dicho ella… Y es así, ella era la cosa más bonita de mi vida, se lo repetía siempre, era mi isla secreta, mi playa feliz, mi puerto seguro…

Pietro gesticula animadamente.

– Entiendo, hay otro hombre.

– Pero ¿qué dices?

– No lo soportaba más. Considéralo una consecuencia… La isla secreta, la playa feliz, el puerto seguro… ¡Al final se ha arrojado en brazos de un marinero!

Flavio se írrita.

– Tú siempre con ganas de bromear, ¿eh?

Enrico interviene.

– Perdona, Flavio, pero debes conservar la serenidad. La situación todavía se puede remediar. Reconozco que me cuesta admitirlo, pero lo suyo no es como lo de Camilla, que se ha fugado con un abogado a las Maldivas… O como Susanna, que ha pillado a Pietro con esa médica…

Enrico mira a Pietro, que no renuncia a aportar su granito de arena:

– Y eso que le dije que me había subido la fiebre, que era altísima, que tenía las facultades mentales disminuidas… -Sonríe malicioso-. Las físicas, sin embargo, funcionaban a la perfección…

Enrico y Alex sacuden la cabeza.

Enrico mira a Flavio y prosigue:

– ¿Ves? Su caso es patológico… El tuyo, en cambio, no. Se trata de algo pasajero. Quizá incluso sea beneficioso… ¿Cuántos años lleváis casados?

– Ocho…

– Sí, pero antes ¿cuánto hacía que estabais juntos? -lo interrumpe Pietro.

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