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Электронная книга - «Perdona Pero Quiero Casarme Contigo». Краткое содержание книги:

Segunda parte de Perdona si te llamo amor. La historia de amor continúa…
Alex y Niki están más enamorados que nunca, acaban de volver del faro en la isla de Blu donde han vivido días inolvidables. Niki se reencuentra con sus amigas, pero el grupo de las Ondas deberá afrontar grandes cambios que pondrán a prueba su amistad. Alex retoma su vida de siempre, sus viejos amigos. Ellos, Flavio, Enrico y Pietro han pasado de ser maridos serenos y seguros a tener que afrontar muchas difi cultades que han puesto en peligro sus matrimonios. Y ahora todas esta personas, hombres y mujeres de diferentes edades, cada uno a su manera se encuentran para refl exionar sobre el amor. Pues, ¿existe el amor? ¿Es cierta la crisis del séptimo año? ¿Tienen razón los que dicen que un amor no puede durar más de tres años? Y después, la pregunta más difícil: ¿un amor puede durar para siempre?
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Enrico sacude la cabeza.

– Es cierto, la gente necesita ser mala para ser feliz.

Pietro lo sigue, coge unas carpetas abarrotadas de folios y sonríe para sus adentros. No es cierto, nadie ha mencionado por el momento ese tema, pero al menos así, si a alguien se le ocurre sacar a colación su historia con Camilla, ellos ya habrán hablado antes sobre el tema.

– ¿Dónde quieres que las ponga?

– Déjalas ahí, al pie de la escalera.

Enrico deja las dos maletas en el suelo y a continuación mira alrededor.

– ¿Cuántas habitaciones tienes?

– Arriba hay cuatro dormitorios. Más los cuartos de baño. Abajo hay uno, más un salón, un cuarto ahí detrás, otro baño y la cocina al fondo… Además de este salón doble que, como ves, da al jardín interior… -Pietro descorre una cortina y le muestra el gran espacio que hay fuera.

– ¡Es precioso! Por lo visto, ese cliente te debe una pasta…

– Sí, pero algunos tipos son verdaderamente estúpidos. En lugar de alquilarlo y pagarme con ese dinero, ha preferido darme lo que me debe gratis. En realidad sale perdiendo. Pero ¿qué hora es?

– Las ocho.

– Deberían haber llegado ya.

– ¿Quiénes?

– Flavio y Alex. He quedado con ellos a esta hora.

– Bueno, ya aparecerán. Mientras tanto, acabemos de poner en su sitio el resto de las cosas.

– Por eso precisamente quería que viniesen ellos también. ¡Iremos más de prisa!

– Ah…

– A saber lo que nos tendrá que contar Alex… ¡Me ha parecido excitadísimo!

– Yo tengo mis sospechas…

– ¿De qué se trata?

– No, no quiero decir nada para que no traiga mala suerte.

Justo en ese momento llaman a la puerta. Pietro va a abrir.

Es Flavio.

– Ah, es aquí… Sólo faltaba que no te encontrase…

Entra y se tira desconsolado sobre el sofá. Pietro cierra la puerta y se reúne con Enrico en el salón. Los dos miran preocupados al amigo.

– ¿Qué ocurre?

– ¿Has perdido el trabajo?

– No, mucho peor, he perdido a mi mujer.

Enrico se sienta a su lado.

– Coño, tú también. Lo siento -le apoya una mano en la pierna.

Flavio se vuelve hacia él. Está abrumado, mucho. Se abrazan.

– Lo siento mucho, coño. -Pues bien…, aquí estamos… -Pietro abre los brazos-. De una manera u otra, volvemos a estar como cuando íbamos a la facultad.

– ¿Qué quieres decir?

– Solteros.

– Ah, creía que ibas a decir que éramos unos desgraciados.

Pietro se dirige a la cocina.

– ¿Y eso por qué? Volvemos a empezar desde cero. Somos tres…, y estamos llenos de esperanzas. -Abre la nevera.

– No, no… Es verdad… Somos unos auténticos desgraciados.

Flavio y Enrico lo miran.

– ¿Por qué?

Pietro abre por completo la puerta de la nevera.

– ¡No hay nada para beber!

Llaman a la puerta. Es Alex.

– ¡Aquí estoy!

Pietro le arrebata lo que lleva en las manos.

– No me lo puedo creer. Mirad lo que ha traído… -Se lo enseña a los demás-. ¡Una botella de champán!

– ¡Caramba!

– Estupendo.

– ¿Os dais cuenta de que a veces la suerte…? -Pietro empieza a quitar el papel que rodea el tapón.

Alex cierra la puerta y se dirige risueño hacia el centro del salón

– ¿Sabéis lo que quiero celebrar?

– No, suéltalo ya…

– ¡Me caso!

Flavio no da crédito a lo que oye.

– No, no es posible.

Se lleva las manos a la cabeza. Alex lo mira asombrado. Se acerca a Pietro.

– Pero ¿por qué se lo toma así? -le susurra al oído preocupado-. ¿Qué pasa? ¿No le parece bien?

– No… -Pietro quita la redecilla metálica del tapón-. Cristina lo ha dejado hoy…

– Ah, lo siento. Caramba, no lo sabía…

Y mientras lo dice, el corcho de la botella sale disparado con un perfecto sentido de la oportunidad.

Sesenta y tres

La buhardilla de Olly está abarrotada. La fiesta en honor de Niki está yendo de maravilla. Erica está sentada en el sofá. Está bebiendo un Bellini que se ha preparado sola en la mesa donde Olly ha colocado los vasos y las bebidas. Y, sobre todo, mira fijamente a un tipo muy guapo. Después busca a Olly y a Diletta con la mirada y dirige un gesto para que le echen un vistazo. Sus amigas se vuelven, ven a Erica y sacuden la cabeza. Otra vez. Está a punto de empezar una nueva historia. Conocen a Erica y saben de sobra lo que sucederá a continuación. De hecho, Erica entabla conversación con el chico en cuestión.

– Hola…, bonita fiesta, ¿eh?

– Sí, mucho.

– La casa es minúscula…, pero mejor así: resulta más íntima…

– Pues sí… Encantado, me llamo Tiziano -le dice tendiéndole la mano.

Erica se hace ligeramente a un lado, coge el vaso con la mano izquierda y alarga la derecha.

– ¡Erica, mucho gusto! ¿De quién eres amigo?

– Voy a la universidad con Niki, pero conozco mucho a Giulia -y señala a la chica que en esos momentos está bailando en el centro de la habitación.

– ¡Ah, yo, en cambio, soy amiga de la novia!

– Sí, lo sé, se lo he preguntado antes a Niki.

Erica lo mira de reojo y a continuación sonríe.

– ¿Le has preguntado por mí?

– Claro…, ¿te sorprende?

– No…, quiero decir sí…, en el sentido de que… ¿por qué?

– Bah, no lo sé… Eres muy mona y no te conocía. Eso es todo.

– ¡Vaya, gracias! ¿Brindamos? -Erica alza el vaso en dirección a él

– De acuerdo, ¿por qué?

– ¡Por las jóvenes valientes!

Tiziano alza su vaso de whisky con hielo.

– ¡Por ellas!

Brindan risueños y siguen charlando y bromeando. Diletta, Olly y Niki pasan de vez en cuando por su lado para preguntarles si todo va bien, a lo que Erica responde sacándoles la lengua. Tiziano no acaba de comprender lo que está ocurriendo, pero esa chica dulce y morena le resulta simpática y quiere conocerla mejor, de manera que no les hace mucho caso. Después de haber hablado un buen rato, Erica saca el móvil del bolsillo de sus vaqueros.

– ¿Nos intercambiamos los números? Además, estoy en Facebook…

– Yo también.

Tiziano le dicta su número. Erica lo memoriza, y a continuación, hace una llamada perdida para que el suyo aparezca en la pantalla del de Tiziano.

– Estupendo, nos llamamos dentro de unos días, ¿te parece bien?

– Por supuesto. Podríamos salir a tomar una cerveza -le responde Erica mientras se levanta del sofá.

– ¡Perfecto, cuando quieras!

Erica se aleja en dirección a Olly. Se da cuenta de que su amiga está enfadada.

– Eh, ¿qué te pasa?

– Nada… Bebamos un poco, venga.

Olly le sirve un poco de sangría en un vaso de papel. Erica coge el vaso y da un sorbo.

– Mmm…, está muy rica. ¿Quién la ha preparado?

Olly resopla.

– Giampi, esta tarde.

– ¡Qué detalle!

– Sí… -Olly bebe nerviosa.

– ¿Has visto lo guapo que es ese amigo de Giulia con el que estaba hablando, Tiziano?

– Sí-, ¡vaya cháchara, parecía que no iba a acabar nunca! ¿Y Francesco? ¿No viene esta noche?

– No… y, además, uf, siempre estoy con él. No sé cuándo entenderá que no salimos juntos. Que somos amigos y punto.

– Podrías probar a decírselo, tengo la impresión de que todavía no lo sabe…

– Lo sabe, lo sabe. Lo nuestro es como una sociedad.

– Sí, con un único socio mayoritario que hace lo que le viene en gana…, ¡tú!

Erica le da un golpe en el brazo y se echa a reír. Sin dejar de bromear se disponen a observar a los invitados. Niki se está divirtiendo como una loca y sigue el ritmo de la música balanceando la cabeza. Sus canciones preferidas suenan en la buhardilla. Olly ha hecho un espléndido trabajo. Se ha esforzado y se lo ha currado durante tres días. Ha colgado guirnaldas por todas partes, ha preparado tarjetas sorpresa, ha encargado el bufet y ha pensado en las bebidas. Es una pequeña y perfecta ama de su casa que ha organizado una fiesta para celebrar la próxima boda de su amiga. Y la gente se está divirtiendo. Algunos bailan, otros están sentados en el sofá y sobre los diversos pufs que hay desperdigados por la sala mientras hablan, fuman y beben. Sobre la mesa hay canapés, pizzas, pastelitos y pasta fría, además de un cuscús de verduras. Erica está hablando con un compañero de universidad de Niki.

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