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Los cronolitos [The Chronoliths - es]

Электронная книга - «Los cronolitos [The Chronoliths - es]». Краткое содержание книги:

Scott Warden es un hombre perseguido por el pasado… y pronto también por el futuro. En la Tailandia de comienzos del siglo XXI es un vago en una comunidad costera de expatriados, cuando es testigo de un acontecimiento imposible: la aparición en el boscoso interior de un pilar de piedra de casi setenta metros. Su llegada colapsa los árboles en un cuarto de kilómetro alrededor de su base. Parece estar compuesto de una exótica forma de materia y la inscripción tallada muestra la conmemoración de una victoria militar… que tendrá lugar dentro de dieciséis años.
Poco después, un pilar aún mayor aparece en el centro de Bangkok. A lo largo de los siguientes años, la sociedad humana queda transformada por estos misteriosos visitantes, al parecer llegados desde el futuro reciente. ¿Quién es el guerrero “Kuin”, cuyas victorias celebran? Scott sólo quiere reconstruir su vida, pero un extraño bucle le arrastra sin cesar hacia el misterio central… y una fascinante batalla con el futuro.
Tensa, emotiva, rigurosa y emocionante, “Los Cronolitos” es una obra maestra de uno de los mejores autores de ciencia ficción de la actualidad.
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El encargado tecleó el importe de la venta mirándome la frente con tanta intensidad que empecé a pensar que llevaba algo escrito.

—¿Sucede algo? —pregunté.

—Sólo estaba buscando el Número.

—¿Qué número?

—El de la Bestia —respondió, señalando una pegatina que tenía pegada delante del mostrador: ¡ESTOY LISTO PARA ENTRAR EN ÉXTASIS! ¿Y TÚ?

—Supongo que estoy listo para tomar una bebida bien fría — respondí.

—Lo suponía.

Me siguió hasta el exterior de la tienda y miró hacia la hilera de camiones.

—Es como si el circo hubiera venido a la ciudad —escupió distraído al suelo.

—¿Me podría dejar la llave del servicio?

—Está colgada de un gancho al otro lado de la esquina —señaló con el pulgar hacía la izquierda—. Sea piadoso y tire de la cadena cuando termine.

El emplazamiento de la llegada (que había sido identificado por los satélites de vigilancia y concretado a partir de la radiación ambiental de la zona) era tan enigmático y tan poco esclarecedor como la mayoría de los lugares en los que habían aterrizado los Cronolitos.

Los monumentos que llegaban a zonas rurales o pueblos y, por lo tanto, no provocaban daños devastadores, solían etiquetarse como “estratégicos”, mientras que los que asolaban ciudades enteras, como los de Jerusalén o Bangkok, se consideraban “tácticos”. De todas i formas, el hecho de que esta distinción fuera significativa o fortuita estaba abierto al debate.

Era obvio que la piedra de Wyoming podía incluirse en la categoría de Cronoiitos “estratégicos”. Wyoming es, en esencia, una meseta elevada y árida interrumpida por montañas, “la tierra de las altitudes elevadas y las multitudes bajas”, según las palabras de un gobernador del siglo XX. La piedra de Kuin no afectaría demasiado a su economía, basada en las reservas de petróleo y la ganadería; además, la zona en la que estaba prevista ¡a llegada no había ninguno de estos recursos (de hecho, no había nada de nada, excepto perros de ladera y algunas granjas abandonadas). La localidad más cercana, situada a veinticinco kilómetros de distancia, era un pueblo provisto de oficina postal llamado Modesty Creek al que se llegaba por una carretera asfaltada de dos carriles que discurría entre pastos, lechos de basalto y tramos dispersos de álamos americanos. Mientras recorríamos esta carretera secundaria a una velocidad prudente y nos aproximábamos a nuestro destino, Sue se olvidó de su monólogo durante un rato para admirar las ondas que formaba el viento en las praderas de salvia y ortigas.

Le pregunté por qué motivo iba a aterrizar un Cronolito en un lugar como éste.

—No lo sé —respondió—, pero es una buena pregunta. Y razonable. Estoy segura de que tiene que significar algo. Es como cuando juegas al ajedrez y tu contrincante mueve el alfil hacia un lado sin razón aparente. Puede que se trate de un error estúpido… o de una estrategia.

Una estrategia, es decir, una distracción, una falsa amenaza, una provocación, un señuelo. De todas formas, Sue insistió en que eso no importaba, porque fuera cual fuera el propósito de ese Cronolito, nosotros íbamos a evitar su llegada.

—Sin embargo, la causalidad es demasiado confusa —admitió—. Se une y se enreda con fuerza. Kuin juega con la ventaja de la retrospectiva. Puede moverse en nuestra contra de formas que nos resulta imposible prever. No sabemos gran cosa de él, pero estoy segura de que él nos conoce perfectamente.

Al atardecer, nuestros vehículos ya habían abandonado la carretera. Días antes había llegado un grupo que se había encargado de hacer un reconocimiento del terreno y marcar el perímetro de la zona del aterrizaje con palos y cinta amarilla. Como el sol aún proyectaba suficiente luz, Sue nos condujo a unos cuantos hasta la cima de una loma, desde donde pudimos contemplar una pradera tan prosaica como un terreno en el que se han realizado las mediciones pertinentes para construir un centro comercial.

Nos encontrábamos en un terreno agreste que antaño había formado parte de una parcela privada que nunca había sido cultivada. Bajo la penumbra era un lugar solemne, una pradera ondulante cuyo lado oriental estaba bordeado por un escarpado risco. Su suelo pedregoso estaba cubierto de salvia, que empezaba a volverse gris después del árido verano. Si el personal de ingeniería no hubiera estado bombeando aire comprimido en los armazones de una docena de cabañas inflables, nos habría envuelto el más absoluto silencio.

Advertí que en la cima del risco se perfilaba la silueta de un antílope contra ci descolorido azul del cielo. El animal levantó su cabeza, nos olfateó y se alejó trotando hasta desaparecer de la vista.

Ray Mosely se acercó a Sue por la espalda y la cogió del brazo.

—Casi puede sentirse, ¿verdad? —dijo.

Supongo que se refería a la turbulencia tau,peroyo debía ser inmune a ella. Aunque puede que hubiera un ligero olor a ozono en el aire, lo único que sentía con certeza era la refrescante brisa que soplaba en mi nuca.

—Es un lugar hermoso pero sombrío —comentó Sue.

Por la mañana, lo llenamos de excavadoras y niveladores y eliminamos toda su belleza.

La red de telecomunicaciones civil estaba en pésimas condiciones, al igual que muchas otras obras públicas: los satélites se habían desviado de sus órbitas y no habían sido reemplazados, la fibra óptica había envejecido hasta agrietarse y los viejos hilos de cobre se habían deteriorado debido a las condiciones atmosféricas. A pesar de todo, la noche siguiente tuve la suerte de conseguir una línea de voz para hablar con Ashlee.

Nuestro primer día en la excavación había sido sumamente ajetreado pero asombrosamente productivo. En cuanto los técnicos triangularon la zona de la llegada, los ingenieros militares nivelaron el terreno y aplicaron una espesa capa da hormigón que serviría de base para la unidad tau-variable, que llamábamos “el núcleo” para abreviar. Aunque en realidad no se trataba de un verdadero núcleo, había sido diseñado para realizar una fragmentación de materia exótica que requería una protección similar, tanto térmica como magnética.

A continuación, los ingenieros prepararon diversas bases más pequeñas para los generadores diesel de repetición, que suministrarían energía a la unidad, y para otros generadores más pequeños que nos abastecerían de luz y alimentarían los mecanismos electrónicos. Cuando llegó la segunda puesta.de sol, ya habíamos convertido aquella tierra montañosa en un erial industrial en el que reinaba una desolación casi victoriana y ya habíamos visto escapar a una cantidad asombrosa de liebres, perros de pradera y serpientes. Nuestras lámparas brillaban en la oscuridad comí) las antiguas fogatas de los indios Crow o los Pies Negros, los Siux o los Cheyene, y el aire apestaba a humo y plástico.

Sue me había asignado la labor de centinela, pero había preferido cambiarla por otra menos seductora pero mucho más úticlass="underline" excavar hoyos para las letrinas y rellenarlos de cal. Poco antes del crepúsculo, a pesar de que tenía las extremidades entorpecidas por el esfuerzo físico, me dirigí hacia el terreno ascendente que había debajo del risco y conecté mi terminal para llamar a Ashlee. El ancho de banda sólo permitía establecer conexiones de sonido, sin imagen, pero para mí era suficiente, puesto que lo único que necesitaba era oír su voz.

Ashlee me contó que todo iba bien y que había utilizado parte del dinero que le había adelantado Hitch para pagar algunas facturas atrasadas. Ademas, había invitado a Kaitlin al cine en un par de ocasiones. También me dijo que no entendía por qué habíamos dejado a Morris Torrance en la ciudad para que cuidara de ella. En esos momentos estaba sentado en su coche, delante del apartamento y, aunque no era un incordio, se sentía como si la estuvieran vigilando.

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