Tiempos de gloria [Glory Season - es]
- Автор: Брин Дэвид
- Год: 1996
- Язык: испанский
- Год: Ediciones B
- ISBN: 84-406-6585-7
- Переводчик: Rafael Marin
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «Tiempos de gloria [Glory Season - es]». Краткое содержание книги:
Maia recordó la placa de metal en la pared. Chispas en la noche.
El lugar debía de estar preparado para tener teléfono o cualquier otro tipo de enlace de comunicación, supuso Maia. Como antes nunca había estado en un santuario, no tenía motivos para sorprenderse por eso, aunque se sorprendió. Tal vez los hombres lo exigen en el diseño antes de mudarse. Me pregunto para qué lo necesitarán.
Fuera cual fuese el propósito original del cable, la otra prisionera lo estaba usando para algo muy claro… para enviar pulsaciones eléctricas. ¿Pero adónde? Por lo que Maia podía deducir, los cables no estaban conectados a nada.
Otra posibilidad la asaltó. ¿Está la otra prisionera utilizando el cable como… antena? ¿Intenta enviar un mensaje por radio? Maia sabía en teoría que se generaban ondas de radio empujando los electrones rápidamente de un lado a otro de un cable. Pero los aparatos caseros comunes como los que se utilizaban a bordo de los barcos (distanciados incontables generaciones de sus antiguos orígenes) se fabricaban en sólidos bloques y se vendían en unidades más pequeñas que la palma de la mano. Probablemente sólo unas cuantas personas en las universidades comprendían cómo se construían.
Debe de ser una sabia. ¡Retienen prisionera a una sabia en este lugar!
Maia recordó la tarde en Lanargh, cuando Leie y ella vieron el noticiario, y oyeron la misteriosa oferta de una «recompensa por información». ¡Tal vez se trataba de esto!
Tengo que ponerme en contacto con ella. ¿Pero cómo?
Se decidió. Primero tendré que escribir un mensaje.
No podría hacerlo como lo hacía la sabia, codificando condiciones de inicio en las reglas del Juego de la Vida para que se convirtieran en palabras escritas después de un millar de movimientos complejos. Y un tanto asombrada, Maia comprendió que no tenía por qué hacerlo. Después de todo, el truco de enviar un mensaje en una botella, o un mensaje por radio, implicaba codificarlo para que, con suerte, sólo el receptor adecuado lo descifrara. Pero Maia no intentaba comunicarse con nadie que estuviera más allá de los muros de aquel santuario. ¡Podría enviar letras normales!
Con el punzón, marcó las casillas negras en el tablero de juego hasta que pudo leer:
Tras observar lo que había escrito, se puso a pensar. La primera línea era obvia. Y en cuanto a la segunda, tal vez la sabia no supiera que estaba haciendo ruidos por toda la ciudadela cada vez que transmitía, pero eso le quedaría claro cuando recibiera la respuesta de Maia.
Había otro motivo para simplificar. Debía transmitir su mensaje en filas de puntos y rayas, deshaciendo las palabras como las capas de un pastel. Tres líneas de letras requerían veintiuna filas de casillas, cada una de cincuenta y nueve casillas de ancho, por lo que calculó un total de 1.230 intersecciones que tendrían que ser marcadas negras o blancas con una pulsación intermitente. ¡Más de un millar! Cierto, la otra prisionera había enviado aún más, pero no con pausas tan largas como las que requería el mensaje de Maia. Si alargaba una pausa a cinco latidos o más, la receptora sin duda perdería la cuenta.
Finalmente, se decidió por un primer esfuerzo muchísimo más simple.
Seguían siendo 413 pulsaciones, después de que las filas fueran colocadas en una cadena lineal. Pero parecía manejable, sobre todo puesto que sería rítmico.
Ahora el problema era cómo enviarlo.
Había pensado golpear en las paredes, o tal vez en las tuberías. Pero esos sonidos probablemente se transmitirían hasta muy lejos. Si así era, alertarían a las guardianas.
Tendré que hacerlo de la misma forma, concluyó. A través del cable.
Sólo había una fuente posible para la electricidad requerida, y un solo error cortaría su único contacto con el mundo exterior. Maia no vaciló. Ansiosamente, le dio la vuelta al tablero de Vida y abrió la tapa de las pilas.
Decidió esperar a que la transmisión de medianoche hubiera terminado. Agazapada bajo las cortinas, vio cómo el mensaje de la sabia creaba un staccato de chispas contra la pared, y verificó que era el mismo de antes. La serie de chasquidos se detuvo en el momento de costumbre, dejándola a solas en la oscuridad apenas contrarrestada por la luz de la luna que entraba por la ventana. Como ya lo esperaba, Maia había practicado sus movimientos antes. Con todo, le hicieron falta varios torpes intentos para soltar los cables extraídos del reverso del tablero y acercarlos a la placa en la pared.
Ante ella se encontraba el mensaje que planeaba enviar. Maia había utilizado grandes letras mayúsculas y espacios, con la intención de poder leer incluso con poca luz.
Bueno, allá va, pensó.
Colocar un cable en la protuberancia de la pared no tuvo ningún efecto. Pero colocar uno contra la protuberancia y el otro sobre la placa provocó una chispa que la sorprendió. Apretando los dientes, Maia se inclinó hacia delante para ver mejor las hojas de papel, y empezó a enviar señales, creando una chispa por cada casilla negra y descansando un latido por cada blanca.
No sabía si con esto estaba consiguiendo algo más que agotar las baterías. Teóricamente, podría recargarlas acercando el tablero a la ventana para que absorbiera la luz del sol. Pero de hecho, podía estar gastándolas para nada.
Era difícil no perderse, mientras seguía fila tras fila de casillas negras. A pesar del frío, pronto tuvo que parpadear para librarse del sudor, y en un momento dado se saltó una fila entera. No había nada que hacer al respecto. Un error como aquél no impediría que el mensaje fuera legible, pero no podía permitirse que sucediera de nuevo.
Cuando llegó al final de la última fila, Maia suspiró aliviada y se echó hacia atrás, estirando los brazos. Una pausa larga haría saber a la otra persona que el mensaje había concluido. Pero la sabia probablemente había sido pillada por sorpresa. Así que después de un breve descanso, Maia se inclinó hacia delante para repetir todo el ejercicio.
¿Estará llegando algo?, se preguntó. He olvidado lo poco que sé sobre voltajes y similares. Tal vez necesite una resistencia, o un adaptador. Tal vez sólo estoy enviando electricidad al suelo, sin crear chispas en ninguna otra parte.
Click, click, pausa, pausa, pausa, click… Intentó concentrarse, manteniendo un ritmo constante como el que había marcado la sabia. Era especialmente importante contar las largas pausas que componían los márgenes de ambos lados de su sencillo mensaje. Hablar en voz alta pareció ayudar. Por dentro, no dejaba de oír el mensaje que intentaba enviar, como si una parte de sí misma estuviera emitiendo por pura fuerza de voluntad.
Soy Maia… Soy Maia… Soy Maia…
Esta segunda vez le resultó mucho más difícil. Tenía los dedos a punto de sufrir calambres, le dolía el cuello de estar inclinada hacia delante, y los ojos le picaban por el salino sudor. Con todo continuó, tenaz. La comodidad no tenía ningún atractivo. Lo que importaba era la leve esperanza de hablar con alguien.
Por favor, escúchame… Soy Maia… Oh, por favor…