Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Триллеры » El Secreto del Inquisidor
El Secreto del Inquisidor - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El Secreto del Inquisidor

Электронная книга - «El Secreto del Inquisidor». Краткое содержание книги:

El padre Bernard Peyre de la abadía de Lezet, -el inquisidor del título-es el narrador de este bien construido suspense situado en la Francia el siglo XIV, en el que uno de sus superiores, el padre Agustín, es brutalmente asesinado y descuartizado junto con su guardaespaldas. La investigación que inicia el padre Bernard debe desenmascarar al verdadero asesino y revelar las razones de su crimen para salvar a una inocente que ha sido acusada de manera injusta. El Inquisidor, una novela que en ocasiones roza la sátira al hablar de la corrupción eclesiástica y las maquinaciones del clero en la Edad Media, está en la línea del suspense y rigor histórico de El nombre de la rosa. La australiana Catherine Jinks ha conseguido con El Inquisidor dotar de vida, acción y humor una de las épocas más oscuras de la historia francesa y europea.
1 ... 53 54 55 56 57 58 59 60 61 62
Перейти на страницу:

Ahora que he reflexionado sobre todo esto, sé qué habría debido decirle. Habría debido decirle que aquí en la Tierra no existe la bondad, pero que allí donde el espíritu no incurre en el engaño y no existe la dureza de corazón, seguro que la iniquidad cede un pequeño espacio a la virtud. Además, habría debido decirle algo más, que no es más que lo siguiente: allí donde está presente el amor, lo está también el Espíritu Santo, porque el fruto del Espíritu es el amor. ¿Y qué daño puede infligirse con justicia allí donde mora el Espíritu Santo?

Tal vez, en el Juicio Final, Berengaria Donas sea considerada una réproba. Pero si fuera, por azar, una cordera, ¿cómo voy a llevarla al matadero? Dios ha querido reunir a sus corderos con su fuerte brazo y acercárselos al pecho. ¿ Cómo va a hacer otra cosa este humilde siervo suyo? ¿No tengo el deber de proteger a todos aquellos que tienen necesidad de protección?

Eso le diré a Martin la próxima vez que lo vea. Y quiera Dios que los hechos no conspiren para impedir que entienda por qué he sacrificado tanto por su causa.

Extractos de la confesión de Blaise Bouer, sastre de Narbona

1325

Conocí hace cuatro años al hombre que se hacía llamar Helié Seguier. Fue en la fiesta de San Benedicto, en la plaza de Caularia, donde yo había ido a presenciar cómo quemaban en la hoguera a diecisiete beguinos. Allí descubrí a Helié recogiendo restos entre las cenizas. Llevaba una capa de color escarlata y unas elegantes botas españolas. Una de las pocas cosas que observé en él fue que era de baja estatura.

Al pensar que podía ser un compañero en la fe, me acerqué a él para preguntarle si había conocido a la mujer cuyos restos acababa de recoger. Me respondió que no la conocía, aunque le habría gustado haberla conocido. Habló en voz tan baja que no pude determinar su acento. Como temía que pudiera haber agentes de Jean de Beaune espiándonos, lo dejé, aunque no sin preguntarme cómo podría entablar una conversación más reservada con aquel hombre.

Unos días más tarde, mi amigo Guillaume Ademar vio a Helié Seguier en la calle y lo siguió hasta su casa. Después, Berengaria Donas fue a visitarlo. Según me dijo, era indudable que era un seguidor de Pierre Olivi; además, la mujer le había encargado que sirviera una cantidad de pergamino a su tienda. Más adelante me lo encontré en la tienda de Na Berengaria.

Me encontraba con Na Berengaria y Guillelma Roger cuando él se presentó para entregar la mercancía.

Recuerdo que, en aquella ocasión, parecía muy desconfiado con todos nosotros. Esto me hizo creer en su honradez. Por otra parte, no parecía peligroso. Tenía una actitud sumisa y su palidez dejaba traslucir tan escasa sangre y calor que di por sentado que debía tratarse de una persona timorata, lo que se confirmó. No puedo recordar sus rasgos personales. Creo que tenía facciones pequeñas y era de poca estatura. Se pasó la mayor parte del tiempo con los ojos bajos.

En la reunión nos informó de que era de Carcasona y que había sido defensor de los espirituales franciscanos. Daba la impresión de tener mucho miedo del inquisidor Jean de Beaune. Esto me impidió sentir admiración por él, ya que me llevó a pensar que era un hombre débil. Aunque veneraba con fervor nuestras reliquias y donó el pergamino a Na Berengaria, pensé que no poseía la fortaleza necesaria para sufrir el martirio. Comprendí también que era rico. Debía de serlo, aunque no tanto como la familia Donas.

Helié asistió a la reunión siguiente que tuvimos el domingo en la tienda de Na Berengaria. Trajo dinero y su propia reliquia. Na Berengaria, Guillelma Roger, Guillaume Ademar y Pierre (Perrin) Espere-en-Dius también estaban presentes. Acogieron a Helié con gran cordialidad. Berengar Blanchi no asistió. Tampoco Imbert Rubei.

Ya no volví a ver a Helié hasta el Viernes Santo. En dicha ocasión, trajo una carta con una citación del inquisidor Bernard Gui. (Eso, por lo menos, era lo que parecía.) También vino con él su aprendiz, aunque no sé todavía si fue porque Helié le había ordenado que lo siguiera. Ahora me doy cuenta de que el hombre que se hacía llamar Helié Seguier era extremadamente astuto, una especie de zorro. Pero cuatro años atrás no me había dado cuenta.

El aprendiz de Helié fue sorprendido mientras se ocultaba fuera de la tienda de Na Berengaria. El chico se llamaba Martin; desconozco el nombre de su padre. Se declaró creyente. Tampoco en este caso puedo afirmar que lo fuera realmente. Cuando hicieron entrar a Martin en la tienda, Helié Seguier permaneció tranquilo. Por eso no sé muy bien si el chico seguía las instrucciones de su maestro.

Estábamos más preocupados por la carta de la citación que había traído Helié. Quedó decidido que había que sacarlo lo antes posible de Narbona. Yo temía que, si lo detenían, pudiera revelarlo todo. No lo creía capaz de resistir a una inquisición. Así pues, acordé con Na Berengaria que ella se pusiera en contacto inmediatamente con Imbert Rubei para decidir el método que se utilizaría para la huida de Helié. Volviendo ahora la vista atrás, veo con seguridad que Helié participó muy poco en ese debate. Se mantuvo por lo general callado. A veces llegábamos a olvidarnos de que estuviera presente.

Al día siguiente, Na Berengaria vino a mi casa. No la había visto nunca tan angustiada. Me dijo que Helié Seguier era un espía inquisitorial y que Jacques Bonet había sido agente de Jean de Beaune. También me dijo que el padre Sejan Alegre había estado enterado de todo esto durante un tiempo y que a buen seguro Imbert Rubei estaba igualmente al cabo de la calle.

En un primer momento, no di crédito a sus palabras. Quería convencerme de que el padre Sejan había conspirado con un dominico para falsificar la carta de citación. Na Berengaria temía que, conchabados los dos, hubieran dado muerte a Jacques Bonet. Me burlé de esa idea, la consideré descabellada. Pero después me habló de los sagrados huesos de Pierre. A mí no me habían hablado nunca de esos huesos. Me ofendía que no me hubieran hablado nunca de ellos ni tampoco de las sospechas que suscitaba Helié Seguier. Pero cuando me enteré de que habían comprado los huesos a un dominico, comprendí que ya no habría nada que pudiese parar a aquel monje para ocultar su participación en el canje, puesto que los dominicos son violentos, siervos de la puta de Babilonia y se emborrachan con la sangre de los mártires.

No entiendo por qué Helié Seguier decidió de pronto revelárselo todo a Na Berengaria. Ella creyó que lo había tocado el Espíritu Santo, pero yo no estoy tan seguro de eso. Soy de la opinión de que se sentía empujado por pensamientos libidinosos en relación con Na Berengaria, que es una mujer hermosa, aunque no sumisa. Prescindiendo de cuál pueda ser la razón, él había urdido un plan para cazar al amigo dominico del padre Sejan. Y ese plan fue el que me comunicó Na Berengaria,

Ella ya había dispuesto las cosas con Imbert Rubei para que Helié pudiera esconderse en la viña de su propiedad y escapar aquella noche saltando la muralla de la ciudad. (Se trataba simplemente de sobornar a uno de los guardianes con quien yo tenía amistad desde mi época en la milicia.) A mí me pareció un plan bastante bueno, pero, según Helié, no pensaban esconderlo en una barcaza, tal como Imbert Rubei había prometido, sino que era probable que el dominico, que esperaría al otro lado de la muralla, se encargara de darle muerte. Helié, pues, propuso que le tendiéramos una trampa. Quería hacer caer al dominico en una emboscada y obligarlo, entre otras cosas, a decir la verdad con respecto a Jacques Bonet. A Helié se le ocurrió la idea de que si hacíamos saltar primero a Martin, desviarían la atención de nosotros y nos permitiría sorprender al dominico y aplastarlo.

1 ... 53 54 55 56 57 58 59 60 61 62
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)